ECR 122.11
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Notas de la palabra clave
Comodidad de lectura
ECR 122.11
Traducción en curso
ECR 154.2
ECR 154.5
Traducción en curso
ECR 154.5
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ECR 159.2
Traducción en curso
ECR 172.4
ECR 182.5 · Volumen 3
Pensad que Dios ve las acciones y las lágrimas de todos los hombres, y todo lo tiene en cuenta para premiar y castigar.
ECR 185.6 · Volumen 3
Mas vosotros, bienquistos hombres, podríais objetar: “¿Y por qué permites que se formen tempestades en el individuo o en la colectividad?”.
Si con mi poder destruyese el Mal (del tipo que fuera), acabaríais creyéndoos autores del Bien — que en realidad es un don mío — y no os volveríais a acordar jamás de mí, jamás.
Tenéis necesidad, bienquistos hijos, del dolor para acordaros de que tenéis un Padre; como el hijo pródigo, que se acordó de que lo tenía cuando sintió hambre. Las desventuras sirven para convenceros de vuestra nada, de vuestra insipiencia — causa de tantos errores — y de vuestra maldad — causa de tantos lutos y dolores —, de vuestras culpas — causa de castigo que vosotros mismos os proporcionáis — y de mi existencia, potencia y bondad.
Esto es lo que os dice el Evangelio de hoy, “vuestro” evangelio de la hora presente, pobres hijos míos. Llamadme. Jesús duerme sólo porque está angustiado de ver vuestro desamor hacia Él. Llamadme y acudiré».
El significado de la desgracia.
ECR 204.6
Existe pecado cuando uno, a sabiendas, se rebela contra el mandato de Dios y dice: “Sé que lo que hago está mal, pero lo quiero hacer de todas formas”. Dios es justo. No puede castigar a quien hace el mal creyendo que está haciendo el bien; castiga a quien habiendo tenido cómo conocer el Bien y el Mal, elige este último y en él persiste.
ECR 455