Ir al contenido

Notas del tema

El destino del ser humano

Página 59 de 85

Comodidad de lectura

Aa

ECR 174.13 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Ay de vosotros, los ricos, los que os gozáis la vida y nada más, porque precisamente entre vosotros fermenta la mayor impureza, recostada sobre el ocio y el dinero! Ahora estáis ahítos; hasta la garganta os llega el alimento de las concupiscencias, y os estrangula. Un día sentiréis hambre, una hambre espantosa, insaciable, sin posibilidad de ser atenuada, para toda la eternidad. Ahora sois ricos. ¡Cuánto bien podríais hacer con vuestra riqueza! Sin embargo, con ella hacéis un gran daño, a vosotros y a los demás. Un día sin final conoceréis una pobreza atroz. Ahora reís; os creéis los triunfadores; sin embargo, vuestras lágrimas llenarán los estanques de la Gehena, y no se enjugarán jamás.

ECR 174.13 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Dónde anida el adulterio? ¿Dónde, la corrupción de muchachas? ¿Quién tiene dos o tres lechos licenciosos, además del suyo propio como esposo, en los cuales disipa su dinero y el vigor de un cuerpo dado por Dios para que trabaje para su familia y no para debilitarse en repelentes uniones que le rebajan a nivel inferior al de una bestia inmunda? Habéis oído que se dijo: “No cometas adulterio”. Pues Yo os digo que quien mire a una mujer con concupiscencia, o quien vaya a un hombre con deseo, aun sólo con esto, ha cometido ya adulterio en su corazón. Ninguna razón justifica la fornicación. Ninguna; ni el abandono o repudio del marido, ni la conmiseración hacia la repudiada. Tenéis sólo un alma: no mienta, una vez que se ha unido a otra por pacto de fidelidad; pues, de ser así, ese hermoso cuerpo a través del cual pecáis irá con vosotros, almas impuras, a las inexhaustas llamas. Mutiladlo, antes que matarlo eternamente condenándolo. Vosotros, los ricos, sentinas de vicio llenas de gusanos, sed de nuevo hombres, para que el Cielo no sienta repulsa de vosotros...

ECR 174.18 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

(...) Por tanto, os digo: “El que haya mirado a una mujer con concupiscencia ha cometido ya adulterio con ella, porque su pensamiento ha cometido ya el acto de su deseo”. Antes que esto, si tu ojo derecho te ha sido motivo de escándalo, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale quedarte tuerto que hundirte en las tinieblas infernales para siempre. Y si tu mano derecha ha pecado, ampútala y arrójala. Más te vale tener un miembro menos que pertenecer entero al infierno.

ECR 174.18 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Es verdad que ha sido dicho que los deformes no podrán seguir sirviendo a Dios en el Templo; pero, pasada esta vida, los deformes de nacimiento santos, o los deformes por virtud, serán más hermosos que los ángeles y servirán a Dios amándole en el gozo del Cielo.

ECR 174.19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Se os dijo también: “Quienquiera que repudie a su mujer le dará libelo de divorcio”. Pues bien, esto debe ser reprobado. No viene de Dios. Dios dijo a Adán: “Ésta es la compañera que te he formado. Creced y multiplicaos sobre la tierra, llenadla y dominadla”. Y Adán, lleno de inteligencia superior porque el pecado todavía no había ofuscado su razón — que había salido de Dios perfecta —, exclamó: “¡Por fin el hueso de mis huesos y la carne de mi carne! Ésta se llamará Varona, o sea, otro yo, porque fue sacada del hombre. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y serán los dos una sola carne”. Y la eterna Luz, en un creciente esplendor de luces, aprobó con una sonrisa lo que había dicho Adán, lo cual vino a ser la primera, imborrable ley. Pues bien, el hecho de que, por la dureza cada vez mayor del hombre, el legislador tuviera que estatuir un nuevo código; el hecho de que, por la versatilidad cada vez mayor del hombre, tuviera que poner un freno y decir: “Pero si la has repudiado no puedes volver a tomarla”; ello no cancela la primera, genuina ley, nacida en el Paraíso terrenal y aprobada por Dios.

Anotación

La llamaremos Virago. Esta palabra latina viene de vir (hombre) y se refiere a una mujer que es como un hombre. No se utiliza aquí en el sentido peyorativo francés de mujer estridente.

El legislador humano aquí es Moisés.

Deuteronomio 24, 1 y 24, 3-4

Dt 24,1: Cuando un hombre toma esposa y se casa con ella, y ella deja de serle agradable porque descubre en ella un defecto, le escribirá una carta de repudio y se la entregará, enviándola fuera de su casa.

Dt 24, 3-4: Pero si le desagrada a su último marido y le escribe una carta de repudio y se la da y la despide de su casa, o si muere el último marido que la tomó por mujer, 4 entonces el primer marido que la despidió no podrá repudiarla.Porque es abominación delante de Yahvé, y no pecarás en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia.

Libro del Génesis 1, 28 y 2, 22-24

Gn 1, 28 : Dios los bendijo y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. Dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

Gn 2, 22-24 : Con la costilla que había tomado del hombre, modeló una mujer y se la trajo al hombre. El hombre dijo: "¡Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! La llamarán Ishsha, la mujer que vino de Ish, el hombre. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán uno solo.

Evangelio de Mateo 5, 31-32

Mt 5, 31-32 : También se ha dicho: "Si alguno despide a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pero yo os digo que todo hombre que repudia a su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la induce a adulterio; y si alguien se casa con una mujer repudiada, es un adúltero.

ECR 174.19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Os digo: “Quienquiera que repudie a su propia mujer, excepto el caso de probada fornicación, la expone al adulterio”. Porque, efectivamente, ¿qué hará en el noventa por ciento de los casos la mujer repudiada? Se casará de nuevo. ¿Con qué consecuencias? ¡Mucho habría que decir acerca de esto! ¿No sabéis que podéis provocar con este sistema incestos involuntarios? ¡Cuántas lágrimas derramadas por la lujuria! Sí, lujuria. No tiene otro nombre. Sed francos. Todo se puede superar cuando el espíritu es recto, mas todo se presta a ser motivo de satisfacción de la carnalidad cuando el espíritu es lujurioso. La frigidez femenina, la pesadez de ella, la falta de habilidad respecto a las labores de la casa, la lengua criticona, el amor al lujo... todo se supera, incluso las enfermedades, e incluso la irascibilidad, si se ama santamente. Pero, dado que después de un tiempo no se ama como el primer día, lo que es más que posible se ve imposible, y se pone en la calle a una pobre mujer, abocada a la perdición. Comete adulterio quien la rechaza. Comete adulterio quien se casa con ella después del repudio.

Sólo la muerte rompe el matrimonio. Recordad esto. Y, si vuestra elección ha sido desafortunada, cargad con las consecuencias como cruz, siendo dos infelices, pero santos, y sin hacer de los hijos — que, siendo inocentes, son los que más sufren por estas situaciones desgraciadas — unos infelices aún mayores que vosotros. El amor a los hijos debería haceros meditar muchas veces, muchas, incluso en el caso de la muerte del cónyuge. ¡Oh, si supierais contentaros con aquel que habéis tenido y al que Dios ha dicho: “Basta”! ¡Oh, si supierais, vosotros viudos, vosotras viudas, ver en la muerte no una mengua sino una elevación a mayor perfección como procreadores! Ser padre o madre — además de lo que ya se es — en lugar de la madre o el padre muertos. Ser dos almas en una. Recoger el amor hacia los hijos del labio helado del cónyuge agonizante y decir: “Ve en paz. No temas por los que de ti vinieron. Yo los seguiré amando por ti y por mí, amándolos doblemente. Seré padre y madre. No se sentirán infelices bajo el peso de su orfandad, ni sentirán los innatos celos de los hijos de cónyuges unidos en segundas nupcias respecto a aquel, o a aquella, que ocupa el sagrado lugar de la madre, o del padre, que Dios llamó a otra morada”.

ECR 174.19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Todo se puede superar cuando el espíritu es recto, mas todo se presta a ser motivo de satisfacción de la carnalidad cuando el espíritu es lujurioso. La frigidez femenina, la pesadez de ella, la falta de habilidad respecto a las labores de la casa, la lengua criticona, el amor al lujo... todo se supera, incluso las enfermedades, e incluso la irascibilidad, si se ama santamente.

ECR 174.20 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Sed buenos para con los débiles. No juzguéis, para no ser juzgados. Acordaos de que podría llegar el momento en que Dios os recordase: “Así juzgaste. Por tanto, sabías que estaba mal hecho. Cometiste, entonces, pecado teniendo conciencia de lo que hacías. Paga ahora tu pena”.

ECR 174.21 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Muchas cosas os he dicho, hijos míos. Escuchad mis palabras: quien las escucha y las pone en práctica es comparable a un hombre reflexivo que, queriendo construir una casa, eligió un lugar rocoso. Sin duda le costó construir los cimientos. Tuvo que trabajar a base de pico y cincel, hacerse callos en las manos, cansar sus lomos. Pero luego pudo colar su argamasa en los huecos abiertos en la roca, y meter en ellos los ladrillos bien apretados, como en muralla de baluarte, y así la casa se fue alzando sólida como un monte. Vinieron las inclemencias del tiempo, los turbiones; las lluvias desbordaron los ríos, silbaron los vientos, azotaron las olas... y la casa resistió todo. Así es el hombre que tiene una fe bien cimentada. Sin embargo, quien escucha con superficialidad y no se esfuerza en grabar en su corazón mis palabras — porque sabe que para hacerlo debería esforzarse, padecer dolor, extirpar demasiadas cosas — es semejante a aquel hombre que por pereza y necedad edifica su casa sobre la arena. En cuanto llegan las inclemencias, la casa, pronto construida, cae pronto, y el necio se queda mirando, desolado, sus ruinas y la quiebra de su capital. Pues bien, en nuestro caso es peor que un derrumbamiento — que se podría, no sin gastos y esfuerzos, reparar todavía—; en este caso, una vez derrumbado el edificio mal construido de un espíritu, nada queda para volver a edificarlo. En la otra vida no se construye. ¡Ay de quien se presente allí con escombros!