48.7 Habla, habla más de Él mientras vamos. ¿Dónde está?».
«En una casa pobre; deben de ser personas amigas suyas».
«¿Pero es pobre?».
«Un obrero de Nazaret. Así dijo».
«Y ¿cómo vive ahora, si ya no trabaja?».
«No lo hemos preguntado. Quizá le ayudan los parientes».
«Sería mejor llevar algo de pescado, pan, o fruta..., algo. ¡Vamos a consultar a un rabí — porque es como un rabí, y más que un rabí — con las manos vacías!... Nuestros rabinos no quieren que se actúe así...».
«Pero Él quiere. No teníamos más que veinte denarios entre yo y Santiago, y se los ofrecimos, como es costumbre para con los rabinos. No los quería, pero ya que insistíamos, dijo: “Dios os lo pague en bendiciones de los pobres. Venid conmigo”. Y en seguida los distribuyó entre algunos pobres que Él sabía dónde vivían; y a nosotros, que preguntábamos: “Y para ti, Maestro, ¿no guardas nada?”, nos respondió: “La alegría de hacer la voluntad de Dios y de servir a su gloria”».