Ir al contenido

Notas de la palabra clave

Honestidad

Página 1 de 3

Comodidad de lectura

Aa

ECR 7.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Vuestras lagunas de inteligencia son el fruto natural de haber venido a menos en la Gracia y en la honestidad. Perdiendo la Gracia, habéis alejado de vosotros, durante siglos, la Sabiduría. Cual estrella fugaz que se oculta tras nebulosidades de kilómetros, la Sabiduría no ha seguido llegándoos con sus netos destellos, sino sólo a través de neblinas cada vez más oprimentes a causa de vuestras prevaricaciones.

ECR 49.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tenía un poco de miedo...».

«¡No! ¡No miedo a mí! He venido por los buenos y más aún por quien está en el error. Yo quiero salvar, no condenar. Con los honestos seré todo misericordia».

«¿Y con los pecadores?».

«También. Por deshonestos entiendo los que lo son espiritualmente, y con hipocresía fingen ser buenos, mientras que realizan obras malvadas. Y hacen esas cosas, y de esa forma, para obtener algún beneficio propio y sacar algún provecho del prójimo. Con éstos seré severo».

ECR 49.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El tiempo de la Redención ha llegado. Mas, preparad sus vías en vosotros con la buena voluntad. Sed honestos, buenos; amaos los unos a los otros. Ricos, no despreciéis; comerciantes, no cometáis fraudes; pobres, no envidiéis. Sois todos de una sangre y de un Dios. Todos estáis llamados a un destino. No os cerréis con vuestros pecados el Cielo que el Mesías os va a abrir.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.

ECR 61.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No seáis codiciosos. Sea el alma vuestro tesoro, no el dinero. No seáis perjuros. Sea vuestro lenguaje puro y honesto, como también vuestras acciones. La vida no es eterna, la hora de la muerte llega. Vivid de modo que en la hora de la muerte la paz pueda estar en vuestro espíritu, la paz de quien ha vivido como justo.

ECR 70.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Sí te pido que le evangelices con tu fe y caridad, con tu pureza, (...). Es una tierra contaminada por aguas muertas; hay que secarla con el sol del amor, purificarla con la honestidad de pensamientos, deseos y obras, cultivarla con la fe. Tú puedes hacerlo».

Detalle

Jesús habla a Juan sobre Judas. Sus palabras pueden aplicarse potencialmente a todos los evangelizadores y a todos los cristianos.

ECR 80.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las dos potencias enemigas son Satanás y la carne. En la carne incluyo la vuestra y la del mundo, o sea, las pompas y seducciones del mundo, o sea, la riqueza, las fiestas, los honores, el poder que del mundo y en el mundo se tienen, y que no siempre se tienen honradamente, y menos aún se saben usar honradamente si por un complejo de causas el hombre llega a esas cosas.

Satanás, maestro de la carne y del mundo, también habla a través de éste y de la carne; también él tiene sus reglas... ¡Oh, que si las tiene!... Y — dado que el yo está envuelto en carne y la carne tiende a la carne como las limaduras de hierro tienden hacia el imán, y, dado que el canto del Seductor es más dulce que el gorgorito del ruiseñor en celo entre rayos de luna y perfume de rosales — es más fácil ir hacia estas reglas, volverse hacia estas potencias, decirles: “Os considero amigas, entrad”. Entrad... ¿habéis visto alguna vez a un aliado que permanezca siempre honesto, sin pedir el ciento por uno a cambio de la ayuda prestada? Así hacen esas potencias. Entran... Y se hacen las dueñas. ¿Dueñas? No: cómitres. Os atan, ¡oh hombres!, a su banco de galera, os encadenan ahí, no os dejan alzar ya el cuello de su yugo, y su látigo os llena de surcos de sangre, si tratáis de huir de ellas: o dejarse herir hasta llegar a ser un amasijo de carne hecha pedazos (tan inútil, como carne, que hasta su cruel pie la desprecia), o morir bajo ellas.

Si sabéis proporcionaros ese martirio, proporcionaros ese martirio, entonces pasa la Misericordia, la Única que todavía puede tener piedad de esa repugnante miseria de la cual el mundo — uno de sus dueños — siente ahora asco y contra la cual el otro dueño, Satanás, envía sus flechas de venganza. Y la Misericordia, la Única que pasa, se agacha, la recoge, la atiende, la vuelve a sanar y le dice: “Ven, no temas, no te mires porque tus llagas, a pesar de haber cicatrizado ya, son tan innumerables que te causarían horror por lo mucho que te afean. Yo no te las miro, miro tu voluntad; por esa voluntad buena estás marcada así. Por eso Yo te digo: Te amo, ven conmigo”... Y la lleva a su Estado. Entonces podéis entender que Misericordia y Rey amigo son una misma persona. Halláis de nuevo las reglas que Él os había mostrado y que vosotros no habías querido seguir. Ahora lo deseáis... y llegáis a la paz: de la conciencia, primero; a la paz de Dios, después.