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Notas del tema

La Sagrada Familia

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ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.1 Veo la larga sala donde presencié el encuentro de los Magos con Jesús y su acto de adoración. Comprendo que me encuentro en la casa hospitalaria que ha acogido a la sagrada Familia. Asisto a la llegada de Zacarías. Isabel no está.

La dueña de la casa sale presurosa, por la terraza que circunda la casa, al encuentro del huésped que está llegando... Le acompaña hasta una puerta y llama; luego, discreta, se retira.

José abre y, al ver a Zacarías, exulta de júbilo. Le pasa a una habitacioncita pequeña, de las dimensiones de un pasillo. «María está dándole la leche al Niño. Espera un poco. Siéntate, que estarás cansado». Y le deja sitio en su recostadero, sentándose a su lado.

Oigo que José pregunta por el pequeño Juan, y que Zacarías responde: «Crece vigoroso como un potrillo. De todas formas, ahora está sufriendo un poco por los dientes. Por eso no hemos querido traerle. Hace mucho frío. Así que tampoco ha venido Isabel. No podía dejarle sin la leche. Lo ha sentido mucho; pero, ¡está siendo una estación tan fría...!».

«Sí, efectivamente, muy fría» responde José.

«Me dijo el hombre que me enviasteis que cuando nació el Niño estabais sin casa. ¡Lo que habréis tenido que pasar!...».

«Sí, verdaderamente lo hemos pasado muy mal; pero era mayor el miedo que la precariedad en que nos encontrábamos. Teníamos miedo de que esta precariedad le pudiera perjudicar al Niño. Y los primeros días tuvimos que pasarlos allí. A nosotros no nos faltaba nada, porque los pastores habían transmitido la buena nueva a los betlemitas y muchos vinieron con dones. Pero faltaba una casa, faltaba una habitación resguardada, un lecho... y Jesús lloraba mucho, especialmente por la noche, por el viento que entraba por todas partes. Yo encendía un poco de fuego, pero poco, porque el humo le hacía toser al Niño... y así el frío seguía. Dos animales calientan poco, ¡y menos todavía en un sitio donde el aire entra por todas partes! Faltaba agua caliente para lavarle, faltaba ropa seca para cambiarle... ¡Oh! ¡Ha sufrido mucho! Y María sufría al verle sufrir. ¡Sufría yo... conque te puedes hacer una idea Ella, que es su Madre! Le daba leche y lágrimas, leche y amor... Ahora aquí estamos mejor. Yo había hecho una cuna muy cómoda y María había puesto un colchoncito blando. ¡Pero la tenemos en Nazaret! ¡Ah, si hubiera nacido allí, habría sido distinto!».

«Pero el Cristo tenía que nacer en Belén. Así estaba profetizado».

ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Me dijo el hombre que me enviasteis que cuando nació el Niño estabais sin casa. ¡Lo que habréis tenido que pasar!...».

«Sí, verdaderamente lo hemos pasado muy mal; pero era mayor el miedo que la precariedad en que nos encontrábamos. Teníamos miedo de que esta precariedad le pudiera perjudicar al Niño. Y los primeros días tuvimos que pasarlos allí. A nosotros no nos faltaba nada, porque los pastores habían transmitido la buena nueva a los betlemitas y muchos vinieron con dones. Pero faltaba una casa, faltaba una habitación resguardada, un lecho... y Jesús lloraba mucho, especialmente por la noche, por el viento que entraba por todas partes. Yo encendía un poco de fuego, pero poco, porque el humo le hacía toser al Niño... y así el frío seguía. Dos animales calientan poco, ¡y menos todavía en un sitio donde el aire entra por todas partes! Faltaba agua caliente para lavarle, faltaba ropa seca para cambiarle... ¡Oh! ¡Ha sufrido mucho! Y María sufría al verle sufrir. ¡Sufría yo... conque te puedes hacer una idea Ella, que es su Madre! Le daba leche y lágrimas, leche y amor... Ahora aquí estamos mejor. Yo había hecho una cuna muy cómoda y María había puesto un colchoncito blando. ¡Pero la tenemos en Nazaret! ¡Ah, si hubiera nacido allí, habría sido distinto!».

«Pero el Cristo tenía que nacer en Belén. Así estaba profetizado».

ECR 31.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.2 María ha oído que hablaban y entra. Está toda vestida de lana blanca. Ya no lleva el vestido oscuro que tenía durante el viaje y en la gruta. Con este de ahora está enteramente blanca, como ya la he visto otras veces; no lleva nada en la cabeza. En sus brazos sí, a Jesús, que está durmiendo, satisfecho de leche, envuelto en sus blancos pañales.

Detalle

Descripción física de María después de la Natividad.

Palabras clave

ECR 31.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.2 María ha oído que hablaban y entra. Está toda vestida de lana blanca. Ya no lleva el vestido oscuro que tenía durante el viaje y en la gruta. Con este de ahora está enteramente blanca, como ya la he visto otras veces; no lleva nada en la cabeza. En sus brazos sí, a Jesús, que está durmiendo, satisfecho de leche, envuelto en sus blancos pañales.

Zacarías se alza reverente y se inclina con veneración. Luego se acerca y mira a Jesús dando señales de un grandísimo respeto. Está inclinado, no tanto para verle mejor, cuanto para rendirle homenaje. María se lo ofrece. Zacarías le toma con tal adoración que parece como si estuviera elevando un ostensorio. Efectivamente, está cogiendo en brazos la Hostia, la Hostia ya ofrecida, que será inmolada sólo cuando se haya dado a los hombres como alimento de amor y de redención. Zacarías devuelve Jesús a María.

ECR 31.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.3 Se sientan. Zacarías refiere de nuevo — esta vez a María — el motivo por el cual Isabel no ha venido, y cómo ello la ha apenado. «Durante estos meses ha estado preparando ropa para tu bendito Hijo. Te lo he traído. Está abajo, en el carro».

Se levanta y va afuera. Vuelve con un paquete voluminoso y con otro más pequeño. De uno y de otro — José en seguida le ha liberado del grande — saca inmediatamente los presentes: una suave colcha de lana tejida a mano, pañales y vestiditos. Del otro, miel, harina blanquísima, mantequilla y manzanas, para María, y tortas amasadas y cocidas por Isabel y muchas otras cositas que manifiestan el afecto maternal de la agradecida prima hacia la joven Madre.

«Le dirás a Isabel que le quedo agradecida, como también a ti. Me habría gustado mucho verla, pero comprendo las razones. También me hubiera gustado ver de nuevo al pequeño Juan...».

«Le veréis para la primavera. Vendremos a veros».

«Nazaret está demasiado lejos» dice José.

ECR 31.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.4 «¿Nazaret? Pero si debéis quedaros aquí. El Mesías debe crecer en Belén. Es la ciudad de David. El Altísimo le ha traído, a través de la voluntad de César, a nacer en la tierra de David, la tierra santa de Judea. ¿Por qué llevarle a Nazaret? Ya sabéis qué es lo que piensan los judíos de los nazarenos. El día de mañana este Niño deberá ser el Salvador de su pueblo. La capital no debe despreciar a su Rey por el hecho de despreciar a su ciudad de proveniencia. Vosotros sabéis como yo lo insidioso que es en sus razonamientos el Sanedrín y lo desdeñosas que son las tres castas principales... Además aquí, no lejos de mí, podré ayudaros bastante, y podré poner todo lo que tengo — no tanto de cosas materiales cuanto de dones morales — al servicio de este Recién Nacido. Y cuando esté en edad de entender me sentiré dichoso de ser maestro suyo, como de mi hijo, para que así, incluso, cuando sea mayor, me bendiga. Tenemos que pensar en el gran destino suyo, y que, por tanto, debe poderse presentar al mundo con todas las cartas para poder ganar fácilmente su partida. Está claro que Él poseerá la Sabiduría, pero el solo hecho de que haya tenido a un sacerdote por maestro le hará más acepto a los difíciles fariseos y a los escribas, y le facilitará la misión».

31.5 María mira a José, José mira a María. Por encima de la cabeza inocente del Niño, que duerme rosado y ajeno a lo que le rodea, se entreteje un mudo intercambio de preguntas. Son preguntas veladas de tristeza. María piensa en su casita; José, en su trabajo. Aquí habría que partir de cero, en un lugar en que, apenas unos días antes, nadie los conocía. En este lugar no hay ninguna de esas cosas amadas dejadas allí, y que habían sido preparadas para el Niño con gran amor.

Y María lo dice: «¿Cómo hacemos? Allí hemos dejado todo. José ha trabajado para mi Jesús sin ahorrar esfuerzo ni dinero. Ha trabajado de noche, para trabajar durante el día para los demás y ganar así lo necesario para poder comprar las maderas más bonitas, la lana más esponjosa, el lino más cándido, para preparar todo para Jesús. Ha hecho colmenas, ha trabajado hasta de albañil para darle otra distribución a la casa, de forma que la cuna pudiera estar en mi habitación hasta que Jesús fuese más grande, y que luego pudiese dar espacio a la cama; porque Jesús estará conmigo hasta que sea un jovencito».

«José puede ir a recoger lo que habéis dejado».

«¿Y dónde lo metemos? Como tú sabes, Zacarías, nosotros somos pobres. No tenemos más que el trabajo y la casa. Y ambos nos dan para tirar adelante sin pasar hambre. Pero aquí... trabajo encontraremos, quizás, pero tendremos que pensar de todas formas en una casa. Esta buena mujer no nos puede hospedar permanentemente, y yo no puedo sacrificar a José más de lo que ya lo está por mí».

«¡Oh, yo! ¡Por mí no es nada! Me preocupa el dolor de María, el dolor de no vivir en su casa...».

Le brotan a María dos lagrimones.

«Yo creo que debe amar esa casa como el Paraíso, por el prodigio que allí tuvo lugar en Ella... Hablo poco, pero entiendo mucho. Si no fuera por este motivo, no me sentiría afligido. A fin de cuentas, lo único es que trabajaré el doble, pero soy fuerte y joven como para trabajar el doble de lo acostumbrado y cubrir todas las necesidades. Si María no sufre demasiado... si tú dices que se debe hacer así... por mí... aquí estoy. Haré lo que estiméis más justo. Basta con que le sea útil a Jesús».

«Ciertamente será útil. Pensad en ello y veréis los motivos».

«Se dice también que el Mesías será llamado Nazareno...». objeta María.

«Cierto. Pero, al menos hasta que se haga adulto, haced que crezca en Judea. Dice el Profeta: “Y tú, Belén Efratá, serás la más grande, porque de ti saldrá el Salvador”. No habla de Nazaret. Quizás ese apelativo se le dará por un motivo que desconocemos. Pero su tierra es ésta».

«Tú lo dices, sacerdote, y nosotros... y nosotros con dolor te escuchamos... y seguimos tu consejo. ¡Y qué dolor!... ¿Cuándo veré aquella casa donde fui Madre?». María llora quedo. Y yo entiendo este llanto suyo... ¡Vaya que si lo entiendo!

La visión me termina con este llanto de María.

Detalle

Después de la Natividad, Zacarías fue a visitar a José y María. Se opuso a que la Sagrada Familia regresara a Nazaret.

ECR 31.5

El Evangelio como me ha sido revelado

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Si María no sufre demasiado... si tú dices que se debe hacer así... por mí... aquí estoy. Haré lo que estiméis más justo. Basta con que le sea útil a Jesús.

ECR 31.6

El Evangelio como me ha sido revelado

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Por el momento voy a aliviar tu espíritu mostrándote la santidad de José, que era hombre, o sea, que no tenía más ayuda de su espíritu que su santidad. Yo, en mi condición de Inmaculada, tenía todos los dones de Dios; no sabía que lo era, pero en mi alma éstos eran acti­vos y me daban fuerza espiritual. Él, sin embargo, no era in­macu­lado. La humanidad estaba en él con todo su peso gravoso, y debía elevarse hacia la perfección con todo ese peso, a costa del esfuerzo continuo de todas sus facultades por querer alcanzar la perfección y ser agradable a Dios.

¡Oh, sí, verdaderamente santo era mi esposo! Santo en todo, incluso en las cosas más humildes de la vida: santo por su castidad de ángel, santo por su honestidad de hombre, santo por su paciencia, por su laboriosidad, por su serenidad siempre igual, por su modestia, por todo.

Esa santidad brilla también en este hecho acaecido. Un sacerdote le dice: “Conviene que te establezcas aquí”; y él, aun sabiendo que su decisión le acarreará el tener que trabajar mucho más, dice: “Por mí no es nada. Lo que me preocupa es el sufrimiento de María. Si no fuera por esto, yo, por mí, no me afligiría; es suficiente con que le sea útil a Jesús”. Jesús, María: sus angélicos amores. Mi santo esposo no tuvo otro amor en este mundo... y se hizo a sí mismo siervo de este amor.

Le han hecho protector de las familias cristianas, de los trabajadores, de muchas otras categorías (moribundos, esposos...); pues bien, a mayor razón, debería hacérsele protector de los consagrados. Entre los consagrados de este mundo al servicio de Dios, quienquiera que sea, ¿habrá alguno que se haya ofrecido como él al servicio de su Dios, aceptando todo, renunciando a todo, soportándolo todo, llevando todo a cabo con prontitud, con espíritu gozoso, con constancia de ánimo como él? No, no lo hay.

ECR 31.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo, en mi condición de Inmaculada, tenía todos los dones de Dios; no sabía que lo era, pero en mi alma éstos eran acti­vos y me daban fuerza espiritual.