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Notas del tema

Discípulos

Página 40 de 47

Comodidad de lectura

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ECR 199.8-9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Sí. Pedro es muy bueno. Por él haría cualquier cosa, porque lo merece».

«Si te oyera, diría con esa sonrisa suya buena y franca: “¡Ah, Señor, eso no es verdad!”. Y tendría razón».

«¿Por qué, Madre?». Mas Jesús ya sonríe, porque ha comprendido.

«Porque no le complaces dándole un hijo. Me ha hablado de todas sus esperanzas, sus deseos... y tus negativas».

«¿No te ha explicado las razones con que las he justificado?».

«Sí. Me las ha dicho, y ha añadido: “Es verdad... pero yo soy un hombre, un pobre hombre. Jesús se obstina en ver en mí a un gran hombre. Pero sé que soy muy mísero, así que... me podría dar un hijo. Me casé para tenerlos... y me voy a morir sin tenerlos”. Y ha dicho — aludiendo al niño, que, contento con el bonito vestido que Pedro le había comprado, le había besado y le había llamado “padre querido” —, ha dicho: “Mira, cuando este pequeñuelo — hace diez días no le conocía — me llama así, siento que me vuelvo más blando que la mantequilla y más dulce que la miel, y me echo a llorar, porque cada día que pasa se me lleva a este hijo...”».

María guarda silencio observando a Jesús, estudiando su rostro, en espera de una palabra... Pero Jesús ha puesto el codo en la rodilla, y la cabeza apoyada sobre la mano, y guarda también silencio mientras mira a la explanada verde del pomar.

María toma una mano de Jesús, se la acaricia, y dice: «Simón tiene este gran deseo... Mientras íbamos juntos, no ha hecho otra cosa sino hablarme de ello, y exponiendo razones tan justas, que... no he podido objetarle nada. Eran las mismas razones que pensamos todas nosotras, mujeres y madres. El niño no es fuerte. Si fuera como eras Tú... ¡Ah, entonces podría afrontar la vida de discípulo sin miedo! ¡Pero, es físicamente tan delicado!... Muy inteligente, muy bueno... pero nada más. A un pichoncillo delicado no se le puede lanzar pronto a volar, como se hace con los fuertes. Los pastores son buenos... pero son hombres; los niños tienen necesidad de las mujeres. ¿Por qué no se lo dejas a Simón? Comprendo que le niegues una criatura nacida de él. Un hijo propio es como una ancla, y Simón — destinado a tan alto sino — no puede estar retenido por ninguna ancla. Pero estarás de acuerdo en que él debe ser “el padre” de todos los hijos que le vas a confiar. ¿Cómo va a poder ser padre si no ha aprendido antes con un niño? Un padre debe ser dulce. Simón es bueno, pero no dulce; es impulsivo e intransigente. Sólo una criaturita le puede enseñar el sutil arte de la compasión hacia el débil... Considera este destino de Simón... ¡Nada menos que tu sucesor! ¡Oh, esta atroz palabra también tengo que decirla! Escúchame, por todo el dolor que me causa el pronunciarla. Jamás te aconsejaría algo que no fuera bueno. Margziam... quieres hacer de él un discípulo perfecto... pero es todavía un niño. Tú... te marcharás antes de que se haga hombre. ¿A quién mejor que a Simón se le podrá entregar para que complete su formación? Y además... ¡pobre Simón!... ya sabes el tormento que ha recibido de su suegra, incluso por causa tuya; pues bien, a pesar de ello, no se ha apropiado ni siquiera de una partícula de su pasado, de su libertad de hace ya un año, para que le dejase en paz su suegra, a la que ni siquiera Tú has podido cambiar. ¿Y su esposa?: ¡pobre mujer!... ¡Desea tanto amar y ser amada...! Su madre... ¡oh!... ¿Y el marido?: encantador pero autoritario... Jamás recibió afecto sin que se le exigiera a cambio demasiado... ¡Pobre mujer!... Confíale el niño. Escúchame, Hijo. Por ahora lo llevamos con nosotros. Yo también iré por Judea. Me llevarás contigo a casa de una compañera mía del Templo, y casi pariente porque procede de David. Está en Betsur. Me alegrará volver a verla, si vive todavía. Luego, cuando volvamos a Galilea, se lo damos a Púrpura: cuando estemos cerca de Betsaida, Pedro lo tomará consigo; cuando estemos aquí, lejos, el niño se quedará con ella. ¡Ah!,... te veo sonreír... Entonces es que vas a contentar a tu Madre. Gracias, Jesús mío».

«Sí, sea como Tú quieres».

199.9

Jesús se levanta y llama con voz potente: «Simón de Jonás, ven».

Pedro reacciona instantáneamente y sube corriendo las escaleras: «¿Qué quieres, Maestro?».

«¡Ven aquí, hombre usurpador y corruptor!».

«¿Yo? ¿Por qué? ¿Qué he hecho, Señor?».

«Has coaccionado a mi Madre. Por este motivo quisiste estar solo. ¿Qué debo hacer contigo?». Pero Jesús sonríe, y Pedro se tranquiliza.

«Me has asustado verdaderamente. Menos mal que te veo sonreír. ¿Qué quieres de mí, Maestro? ¿La vida? Ya sólo me queda la vida, porque me has tomado todo lo demás... Pero, si quieres, te la doy».

«No quiero tomarte nada; quiero darte algo. De todas formas, no te aproveches de la victoria, y no digas este secreto a los demás, astutísimo hombre, que vences al Maestro con el arma de la palabra materna. Tendrás el niño, pero...».

Jesús no puede seguir hablando, porque Pedro — que se había arrodillado — se pone en pie de un salto y besa a Jesús con tal ímpetu que le corta la palabra.

«Agradéceselo a Ella; pero recuerda que esto debe ser una ayuda para ti, no un obstáculo...».

«Señor, no te arrepentirás de este regalo... ¡Oh, María, santa y buena, bendita seas siempre!...». Y Pedro, que de nuevo ha caído de rodillas, llora abiertamente, besando la mano de María...

Anotación

199,9 Jesús se levanta y llama a gran voz:

"¡Simón, hijo de Jonás, ven aquí!".

Pedro se sobresaltó y se apresuró a subir las escaleras:

"¿Qué quieres, Maestro?

- ¡Ven aquí, usurpador y corruptor!

- ¿Yo? ¿Por qué? ¿Qué he hecho, Señor?

- Corrompiste a mi Madre. Por eso querías estar solo. ¿Qué quieres que te haga?".

Pero Jesús sonrió y Pedro se tranquilizó.

Oh -dijo-, me has dado un buen susto. Pero ahora te ríes... ¿Qué quieres de mí, Maestro?

JESÚS AGRADABLE: Este pasaje ha causado controversia entre algunas personas:

- unos incapaces de imaginar a Jesús bromeando como se hace con los mejores amigos (pareciendo acusarles de la antítesis de lo que evidentemente son).

- Los otros dan una lectura parcial que interpreta la corrupción aislada como una práctica indigna y chocante.

MARÍA MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS :

Sobre el primer punto, la broma, hay que señalar que Jesús no utiliza la vulgaridad que suele asociarse a este tipo de bromas, sino que extrae de ellas una santa lección: María, Mediadora de todas las Gracias. Está "evangelizando" nuestra humanidad.

En cuanto al otro, la lectura del contexto despeja cualquier duda sobre la intención de Pedro cuando, al ver negado su deseo más profundo, pide la ayuda y la mediación de María.

ECR 199.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo también iré por Judea. Me llevarás contigo a casa de una compañera mía del Templo, y casi pariente porque procede de David. Está en Betsur. Me alegrará volver a verla, si vive todavía.

Detalle

María habla a su Hijo.

Palabras clave

ECR 200.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús vuelve, solo, a casa de Simón Zelote. La tarde cae, apacible y serena después de tanto sol. Jesús se asoma a la puerta de la cocina, saluda, y sube a meditar a la habitación de arriba, que ya está preparada para la cena.

El Señor no parece muy contento. Suspira bastante y pasea de un lado para otro por la sala, lanzando de vez en cuando una mirada hacia las tierras de los alrededores, visibles desde las muchas puertas de esta amplia habitación, que es un cubo construido encima del piso bajo. Sale también a pasear por la terraza, dando la vuelta a toda la casa, y se queda inmóvil, en el lado posterior, mirando a Juan de Endor, el cual, amablemente, está sacando agua de un pozo para ofrecérsela a Salomé, que está muy atareada. Mira, menea la cabeza y suspira.

La potencia de su mirada despierta la atención de Juan, que se vuelve a mirar, y pregunta: «Maestro, ¿me quieres para algo?».

«No, sólo te estaba mirando».

«Juan es bueno. Me ayuda» dice Salomé.

«Dios le recompensará también esa ayuda».

Jesús, después de estas palabras, entra de nuevo en la habitación y se sienta.

ECR 200.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Hijo, ha llegado a Jerusalén Susana y ha venido inmediatamente acompañando a Áglae. ¿Quieres escucharla ahora que estamos solos?».

«Sí, Madre. En seguida. Y que no suba nadie hasta que haya terminado todo».

Palabras clave

ECR 200.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Está tan absorto, que no advierte el rumor de muchas voces y numerosos pasos en el pasillo de entrada, y luego una pisada ligera que sube la escalerita exterior y se acerca a la sala. Sólo cuando María le llama, levanta la cabeza.

«Hijo, ha llegado a Jerusalén Susana y ha venido inmediatamente acompañando a Áglae. ¿Quieres escucharla ahora que estamos solos?».

«Sí, Madre. En seguida. Y que no suba nadie hasta que haya terminado todo, lo cual espero que sea antes del regreso de los demás. Te ruego que vigiles para que no haya curiosidades indiscretas... en ninguno... y especialmente por lo que se refiere a Judas de Simón».

«Vigilaré con esmero...».

María sale, y vuelve poco después trayendo de la mano a Áglae, que ya no está arrebozada en su grueso manto gris y en su velo echado que le cubría el rostro; ya no lleva las sandalias altas, con su complicado sistema de hebillas y correas. Ahora está transformada; parece en todo una hebrea, con sus sandalias bajas y lisas, simplísimas como las de María; con su túnica azul oscura, y el manto encima formando elegantes pliegues; con un velo blanco colocado como lo usan las mujeres hebreas de clase llana (sencillamente sobre la cabeza y con uno de los extremos echado hacia atrás, de forma que cubre el rostro pero no del todo). Este indumento (como el de una infinidad de mujeres) y el hecho de estar en un grupo de galileos, la han guardado a Áglae de ser reconocida.

Entra con la cabeza baja. Cada paso que da se pone más colorada. Si María no tirase delicadamente de ella hacia Jesús, creo que se habría arrodillado en el umbral de la puerta.

«Mira, Hijo, aquí está la mujer que desde hace tanto tiempo te está buscando. Escúchala» dice María cuando llega adonde Jesús; y se retira, corriendo las cortinas para cubrir los vanos de las puertas, que están abiertas de par en par, y cierra la puerta más cercana a la escalera.

Palabras clave

ECR 200.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Áglae ha estado de rodillas durante todo el tiempo, se curva para besar los pies del Señor. No se atreve a más. Luego coge su fardo y lo vuelca: caen al suelo unos vestidos sencillos, un saquito pequeño, que suena al chocar contra el suelo, y un frasco de un delicado alabastro rosa.

Áglae vuelve a meter los vestidos en el fardo, recoge del suelo el saquito y dice: «Esto es para tus pobres. Es el resto de mis joyas. Sólo me he reservado algunas monedas como viático... Aunque no me lo hubieras dicho, ya tenía pensado irme lejos. Y esto es para ti. No es tan suave como el perfume de tu santidad, pero es lo mejor que puede dar la tierra, aunque me servía para hacer lo peor... Que Dios me conceda perfumar al menos como esto en tu presencia en el Cielo» y, quitando el tapón precioso del frasco, esparce su contenido por el suelo. La preciosa esencia impregna las baldosas, sube a oleadas un penetrante olor a rosas.

Áglae retira el frasco vacío: «Como recuerdo de este momento» dice; luego se agacha una vez más a besar los pies de Jesús; se levanta, se retira caminando hacia atrás, sale, cierra la puerta...

Se oye su paso alejándose en dirección a la escalera, y su voz, que intercambia unas pocas palabras con María, luego el ruido de las sandalias contra los escalones... y nada más. De Áglae sólo queda, a los pies de Jesús, el saquito y, por toda la sala, el intensísimo aroma.

Jesús se alza... recoge el saquito y se lo lleva al pecho; va a uno de los vanos que mira al camino, y sonríe al ver a la mujer, sola, alejándose, con su manto hebreo, en dirección a Belén. Hace un gesto de bendición; luego va a la terraza y desde allí llama a su Madre.

María sube ágilmente la escalera: «La has hecho feliz, Hijo mío. Se ha marchado con fortaleza y paz».

«Sí, Madre. Mándame, el primero, a Andrés, cuando vuelva».

Palabras clave

ECR 200.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pasa todavía otro rato más y suben en grupo los apóstoles con el niño y Juan de Endor. Los siguen las mujeres con las viandas y las candelas. Por último, Lázaro y Simón.

Nada más entrar en la sala exclaman: «¡¡Ah,... entonces provenía de aquí!!» y olfatean el ambiente saturado de perfume de rosas, saturado a pesar de que las puertas estén abiertas de par en par. «Pero, ¿quién ha perfumado de este modo esta habitación? ¿Marta, quizás?» preguntan muchos de los presentes.

«Mi hermana no se ha movido de casa hoy después de la comida» responde Lázaro.

«¿Y quién ha sido entonces? ¿Algún sátrapa asirio?» dice Pedro bromeando.

«El amor de una redimida» dice serio Jesús.

«Podía haberse ahorrado esta inútil ostentosidad de redención y haber dado el coste a los pobres. Son muchos, y saben que nosotros damos. Yo no tengo ya ni un ochavo» dice enfadado Judas Iscariote. «Y tenemos que comprar el cordero, alquilar la sala para el Cenáculo y...».

«Pero si os he ofrecido yo todo...» dice Lázaro.

«No es justo. Pierde su belleza el rito. La Ley dice: “Tomarás el cordero para ti y para tu casa”. No dice: “Aceptarás el cordero”».

Bartolomé se vuelve como movido por un resorte, abre la boca, pero... la cierra. Pedro se pone carmesí por el esfuerzo de guardar silencio. Pero Simón Zelote, que está en su casa, siente que puede hablar y dice: «Eso son sutilezas rabínicas... Te ruego que las olvides y que, eso sí, guardes respeto a mi amigo Lázaro».

«¡Sí señor, Simón!». Pedro, si no habla, explota. «¡Sí señor! Me parece, además, que nos olvidamos demasiado de que el Maestro es el único que tiene derecho a enseñar...». Pedro dice ese “nos olvidamos” haciendo un esfuerzo heroico por no decir “Judas se olvida”.

«Es verdad... pero... es que estoy nervioso. Perdona, Maestro».

«Sí. Y también te respondo. La gratitud es una gran virtud. Yo le estoy agradecido a Lázaro. Como también esta mujer redimida me ha dado las gracias. Derramo sobre Lázaro el perfume de mi bendición, incluso por aquellos, de entre mis apóstoles, que no lo saben hacer; Yo, que soy cabeza de todos vosotros. Esta mujer ha derramado a mis pies el perfume de la alegría por su redención. Ha reconocido al Rey y a Él ha venido, antes que otros muchos, sobre quienes el Rey ha derramado mucho más amor que no sobre ella. Dejadla actuar libremente y no la critiquéis. No podrá estar presente en el momento que me aclamen, como tampoco en el momento de mi unción. Ya lleva sobre sus espaldas su cruz. Pedro, has preguntado que si había venido aquí un sátrapa asirio. Pues bien, en verdad te digo que ni siquiera el incienso de los Magos — tan puro y precioso como era — igualaba en suavidad y valor a éste. La esencia está diluida en el llanto; por eso es tan penetrante: la humildad sostiene al amor y le hace perfecto. Sentémonos a la mesa, amigos...».

Con el ofrecimiento de la comida la visión concluye.

Detalle

Aglaia se presentó a Jesús y derramó perfume en la habitación en señal de su conversión. Cuando los apóstoles subieron, ella ya se había marchado.

Anotación

Libro del Éxodo 12, 3

Ex 12, 3: Habla a toda la congregación de Israel y di: El día diez de este mes, que cada uno tome un cordero por cada familia, un cordero por cada casa

ECR 201.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La comitiva de los apóstoles y las mujeres, encabezada por Jesús y María y el pequeño, que va entre ambos, se está acercando a la Puerta de los Peces. Por tanto, debe ser el miércoles por la mañana. Va con ellos también José de Arimatea, que, fiel a su palabra, ha salido a su encuentro.

Jesús busca con la mirada al soldado Alejandro, pero no le ve.

«Tampoco está hoy. Quisiera saber qué ha sido de él...».

Pero la muchedumbre es tanta, que no hay modo de hablar con los soldados, y quizás sería imprudente, pues los judíos están más intransigentes que nunca ante la inminencia de la fiesta; están, además, resentidos por la captura de Juan el Bautista, y consideran cómplices a Pilatos y a sus hombres de confianza. Deduzco esto por los epítetos y las disputas que continuamente se encienden en la Puerta entre los soldados y la gente, y los insultos... pintorescos, no precisamente urbanos, que estallan a cada momento como el fuego de una girándula perpetua.

Las mujeres de Galilea se sienten escandalizadas y se arrebujan más que nunca en sus velos y mantos. María se ruboriza, pero sigue andando segura, derecha como una palma, mirando a su Hijo, el cual, por su parte, ni siquiera intenta hacer razonar a los exaltados hebreos, o aconsejar a los soldados que tengan piedad de éstos. Y, dado que algún epíteto poco bonito va también a parar al grupo de los galileos, José de Arimatea pasa adelante, al lado de Jesús; de forma que la gente, que le conoce, calla por respeto a él.

Atraviesan por fin la Puerta de los Peces. El río humano que afluye a oleadas a la ciudad, mezclado con burros y hatos de otros animales, se extiende por las calles...

ECR 201.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Qué feliz se le ve a Pedro con su hijo, que ahora es ya un israelita perfecto! Tanto, que no advierte la arruga que se dibuja en la frente de Jesús, ni percibe el silencio, más bien angustioso, de sus compañeros. Sólo cuando están en la sala de la casa de José — cuando el niño, ante la pregunta de rigor acerca de lo que hará en el futuro, declara: «Seré pescador como mi padre» — Pedro, entre lágrimas, se da cuenta y comprende...

«La verdad es que Judas nos ha metido una gota de acíbar en esta fiesta... Estás preocupado, Maestro... y los demás están tristes por esto. Perdonad todos si no me he dado cuenta antes... ¡Ay..., este Judas!...».

Su suspiro creo que está presente en todos los corazones... Pero Jesús, para disolver la amargura, se esfuerza en sonreír, y dice: «No te apenes por esto, Simón. Sólo falta tu mujer en esta fiesta... Estaba pensando también en ella, tan buena y sacrificada como es siempre. Pronto recibirá su parte de alegría, inesperada: ¡te imaginas con qué gozo? Pensemos en lo bueno que hay en el mundo. Ven. Así que Margziam ha respondido perfectamente, ¿eh? Sabía que sería así...».

José da indicaciones a los servidores y luego vuelve a la sala: «Os doy a todos las gracias — dice — por haberme rejuvenecido con esta ceremonia y por haberme concedido el honor de poder recibir en mi casa al Maestro, a su Madre, a los parientes, y a vosotros, queridos condiscípulos. Venid al jardín a disfrutar de aire puro y flores...».

Y todo termina.

Detalle

Marziam acaba de aprobar su examen de mayoría de edad.

ECR 202.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús se vuelve y va hacia los campesinos, que están extasiados ante el cambio que ven en Margziam.

Camina unos pasos, pero se detiene al oír la observación que hace Tomás: «¡Por Yeohvah! Quería ver tu impetuosidad regia... ¡Pues ha quedado servido!...».

«Os ruego que olvidéis todos este incidente, de la misma forma que Yo me esfuerzo en olvidarlo. Y os ordeno que guardéis silencio ante Simón de Jonás, Juan de Endor y el pequeño. Por motivos que vuestra inteligencia puede comprender, no conviene causarles a ninguno de los tres ni dolor ni escándalo. Y silencio también en Betania, ante las mujeres. Que está entre ellas mi Madre, recordadlo».

«Puedes estar tranquilo, Maestro», «haremos de todo para reparar esto», «y para consolarte» dicen todos.

«¡Gracias!...»

Detalle

Jesús acaba de reprender a Judas y lo abandona mientras tanto.