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Notas del tema

¿Quiénes son los apóstoles?

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ECR 49.9-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.9 Respecto a esta visión, me dice esta mañana (14 de octubre) Jesús:

«Quiero que tú y todos os fijéis en la actitud de Juan, en un aspecto que siempre pasa desapercibido. Le admiráis porque es puro, amoroso, fiel. Pero no os dais cuenta de que fue grande también en humildad. Él, primer artífice de que Pedro viniera a mí, modestamente, calla este detalle.

El apóstol de Pedro y, por tanto, el primero de mis apóstoles, fue Juan; primero en reconocerme, primero en dirigirme la palabra, primero en seguirme, primero en predicarme. Y, sin embargo, ¿veis lo que dice?: “Andrés, hermano de Simón, era uno de los dos que habían oído las palabras de Juan [el Bautista] y habían seguido a Jesús. El primero con quien se encontró fue su hermano Simón, al cual le dijo: ‘Hemos encontrado al Mesías’, y le condujo adonde estaba Jesús”.

Justo, además de bueno, sabe que Andrés se angustia por tener un carácter cerrado y tímido, sabe que querría hacer muchas cosas pero que no logra hacerlas, y desea para él, en la posteridad, el reconocimiento de su buena voluntad. Quiere que aparezca Andrés como el primer apóstol de Cristo respecto a Simón, a pesar de que la timidez y la dependencia respecto a su hermano le hubieran creado un sentimiento de derrota en el apostolado.

49.10 ¿Quiénes, entre los que hacen algo por mí, saben imitar a Juan y no se autoproclaman insuperables apóstoles, pensando que su éxito proviene de un complejo de cosas, que no son sólo santidad, sino también audacia humana, fortuna, y la circunstancia de estar junto a otros menos audaces y afortunados, pero quizás más santos que ellos?

Cuando tengáis algún éxito en el campo del bien, no os gloriéis de ello como si fuera mérito sólo vuestro. Alabad a Dios, señor de los apostólicos obreros, y tened ojo limpio y corazón sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde. Ojo límpido para discernir a los apóstoles que cumplen holocausto, y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demás. Sólo Dios los ve a éstos que, tímidos, parece que no hacen nada, y son, sin embargo, los que le roban al Cielo el fuego de que están investidos los audaces. Corazón sincero en cuanto a decir: “Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: ‘... dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles, descenderá también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota.

Aprended todos.

49.11 ¿Es mi predilecto? Sí. Pero, ¿no tiene también esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas también humilde. Yo me miraba en él y en él veía mis virtudes. Le amaba, por ello, como un segundo Yo. Veía la mirada del Padre depositada en él, reconociéndole como un pequeño Cristo. Y mi Madre me decía: “Siento en él un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.

¡Oh..., la Llena de Sabiduría cómo te conoció dilecto mío! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un único velo para protegerme amorosamente, y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre. Se habían amado porque habían reconocido su mutua similitud: hijos y hermanos del Padre y del Hijo».

Anotación

Juan 1:39-42:

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos discípulos que habían oído la palabra de Juan y seguían a Jesús. Primero encontró a Simón, su propio hermano, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que significa Cristo. Andrés llevó a su hermano a Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas", que significa Pedro.

ECR 50.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.1 A las nueve y media de la mañana debo describir esto.

Juan llama a la puerta de la casa donde hospedan a Jesús. Se asoma una mujer y, viendo quién es, avisa a Jesús.

Se saludan con un gesto de paz. Y luego: «Has venido solícito, Juan» dice Jesús.

«He venido a comunicarte que Simón Pedro te ruega que pases por Betsaida. He hablado de ti a muchos... No hemos pescado esta noche; orado sí, como sabemos hacerlo, renunciando con ello al lucro porque... el sábado todavía no había terminado. Luego, esta mañana, hemos ido por las calles hablando de ti. Hay gente que quisiera oírte... ¿Vienes, Maestro?».

«Voy. Aunque debiera ir a Nazaret antes que a Jerusalén».

«Pedro te llevará desde Betsaida a Tiberíades, con su barca. Llegarás incluso antes».

«Vamos, entonces».

Jesús coge manto y bolsa. Pero Juan le toma esta última. Y, después de saludar a la dueña de casa, se marchan.

50.2 La visión me muestra la salida del pueblo y el comienzo del viaje hacia Betsaida. Pero no oigo la conversación, e incluso la visión se interrumpe hasta la entrada de Betsaida. Comprendo que se trata de esta ciudad porque veo a Pedro, Andrés y Santiago, y con ellos algunas mujeres, esperando a Jesús donde empiezan las casas.

«La paz sea con vosotros. Aquí me tenéis».

«Gracias, Maestro, en nombre nuestro y de los que esperan. No es sábado, pero ¿no les vas a hablar a los que esperan tus palabras?».

«Sí, Pedro. Lo haré. En tu casa».

Pedro se muestra jubiloso: «Ven, entonces: ésta es mi mujer, ésta es la madre de Juan, éstas son amigas de ellas. Pero también te esperan otros: parientes y amigos nuestros».

«Diles que partiré esta noche y que antes les hablaré».

No he dicho que, habiendo salido de Cafarnaúm cuando se estaba poniendo el Sol, los he visto llegar a Betsaida por la mañana.

ECR 50.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.2 La visión me muestra la salida del pueblo y el comienzo del viaje hacia Betsaida. Pero no oigo la conversación, e incluso la visión se interrumpe hasta la entrada de Betsaida. Comprendo que se trata de esta ciudad porque veo a Pedro, Andrés y Santiago, y con ellos algunas mujeres, esperando a Jesús donde empiezan las casas.

«La paz sea con vosotros. Aquí me tenéis».

«Gracias, Maestro, en nombre nuestro y de los que esperan. No es sábado, pero ¿no les vas a hablar a los que esperan tus palabras?».

«Sí, Pedro. Lo haré. En tu casa».

Pedro se muestra jubiloso: «Ven, entonces: ésta es mi mujer, ésta es la madre de Juan, éstas son amigas de ellas. Pero también te esperan otros: parientes y amigos nuestros».

«Diles que partiré esta noche y que antes les hablaré».

No he dicho que, habiendo salido de Cafarnaúm cuando se estaba poniendo el Sol, los he visto llegar a Betsaida por la mañana.

«Maestro... te ruego que te quedes una noche en mi casa. Es largo el camino hacia Jerusalén, aunque te lo abrevie hasta Tiberíades con mi barca. Mi casa es pobre, pero honesta y amiga. Quédate con nosotros esta noche».

Jesús mira a Pedro y a todos los demás que esperan. Los mira escrutador. Sonríe y dice: «Sí».

Nueva alegría de Pedro.

Algunos miran desde las puertas y se hacen señas. Un hombre llama por el nombre a Santiago y le habla en voz baja señalando a Jesús. Santiago asiente y el hombre va a hablar aparte con otros que están parados en un cruce de caminos.

Entran en la casa de Pedro. Una cocina amplia y humosa. En un rincón, redes, sogas y cestas para pesca; en medio, el hogar ancho y bajo, por ahora apagado. Por las dos puertas, una frente a otra, se ve el camino y el huerto, pequeño, con la higuera y la vid; más allá del camino, el celeste ondear del lago; más allá del huerto, la pared oscura de otra casa.

«Te ofrezco cuanto tengo, Maestro, y de la forma que sé hacer­lo...».

«No podrías ni mejor ni más, porque me lo ofreces con amor».

Le dan a Jesús agua para refrescarse y luego pan y aceitunas. Jesús come un poco (en realidad para que vean que lo acepta) y luego, con un gesto de agradecimiento, indica que no quiere más.

Unos niños curiosean desde el huerto y el camino. No sé si son o no hijos de Pedro. Sólo sé que él mira severamente a estos niños impetuosos, para que no se acerquen. Jesús sonríe y dice: «Déjalos».

«Maestro, ¿quieres descansar? Ahí está mi habitación, allí la de Andrés. Elige. No haremos ruido mientras estés reposando».

«¿Tienes una terraza?».

«Sí; y la vid, aunque esté todavía casi sin hojas, da un poco de sombra».

«Llévame a la terraza. Prefiero descansar arriba. Pensaré y oraré».

«Como quieras. Ven».

Desde el huertecillo, una pequeña escalera sube hasta el tejado, que es una terraza rodeada por una pared baja. También aquí hay redes y sogas. ¡Cuánta luz de cielo y cuánto azul de lago!

Jesús se sienta en un taburete con la espalda apoyada en el murete. Pedro trata de ingeniárselas extendiendo una vela por encima y al lado de la vid para hacer un sitio donde poder uno resguardarse del sol. Se siente brisa y silencio. Jesús se deleita en ello.

«Yo me voy, Maestro».

«Vete. Tú y Juan id a decir que a la hora de la puesta del Sol hablaré aquí».

Jesús se queda solo y ora durante mucho tiempo. Aparte de dos parejas de palomas que van y vienen desde los nidos, y un trinar de gorriones, no hay ruido o ser vivo alrededor de Jesús orante. Las horas pasan calmas y serenas.

ECR 50.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Un hombre bastante anciano se ha acercado, curioso. Jesús se vuelve para acariciar a un niño que le está tirando del vestido, y le ve. Detiene en él intensamente su mirada. El anciano se limita a saludar ruborizándose.

«¡Ven! ¡Sígueme!».

«Sí, Maestro».

Jesús bendice a los niños y, al lado de Felipe (le llama por el nombre), vuelve a casa. Se sientan en el huertecillo.

«¿Quieres ser mi discípulo?».

«Lo quiero... y no oso esperar serlo».

«Yo te he llamado».

«Lo soy, entonces. Heme aquí».

«¿Tenías conocimiento de mí?».

«Me ha hablado de ti Andrés. Me ha dicho: “Aquel por quien tú suspirabas ha venido”. Porque Andrés sabía que yo suspiraba por el Mesías».

«No queda frustrada tu espera. Él está delante de ti».

«¡Mi Maestro y mi Dios!».

«Eres un israelita de recta intención. Por esto me manifiesto a ti.

50.6 Otro amigo tuyo — como tú, sincero israelita — espera. Ve a decirle: “Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, hijo de José, de la estirpe de David, aquel de quien hablaron Moisés y los profetas”. Ve».

Jesús se queda solo hasta que vuelve Felipe con Natanael-Bartolomé.

«He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. La paz sea contigo, Natanael».

«¿Cómo me conoces?».

«Antes de que Felipe fuera a llamarte, te he visto debajo de la higuera».

«¡Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel!».

«¿Porque he dicho que te he visto pensando debajo de la higuera, crees? Cosas mucho más grandes que éstas verás. En verdad os digo que los Cielos están abiertos y vosotros, por la fe, veréis a los ángeles bajar y subir sobre el Hijo del Hombre: Yo, quien te está hablando».

«¡Maestro! ¡Yo no soy digno de tanto favor!».

«Cree en mí y serás digno del Cielo. ¿Quieres creer?».

«Quiero, Maestro».

Anotación

Juan 1:43-51:

Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme. Felipe era de Betsaida, la aldea de Andrés y Pedro. Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Le hemos encontrado, como está escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas: Jesús, hijo de José de Nazaret. Natanael replicó: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?". Felipe le contestó: "Ven y verás". Jesús, al ver que Natanael se le acercaba, dijo de él: "Este sí que es israelita: no hay engaño en él." Natanael le pregunta: "¿De dónde me conoces?". Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, te vi debajo de la higuera". Natanael le dijo: "¡Rabí, tú eres el Hijo de Dios! Tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: "Te digo que te vi debajo de la higuera, ¡y por eso crees! Verás cosas aún mayores. Y añadió: "Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

ECR 50.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Te vas mañana, Maestro?».

«Mañana al amanecer, si no te desagrada».

«Desagradarme el que te vayas, sí, pero la hora no; es incluso propicia».

«¿Vas a ir a pescar?».

«Esta noche, cuando salga la Luna».

«Has hecho bien, Simón Pedro, en no pescar durante la pasada noche. Todavía no había terminado el sábado. Nehemías, en sus reformas, quiso que en Judá se respetara el sábado. Ahora también demasiada gente en sábado prensa en los lagares, transporta haces, carga vino y fruta, y vende y compra pescado y corderos. Tenéis seis días para esto. El sábado es del Señor. Sólo una cosa podéis hacer en sábado: el bien a vuestro prójimo, pero sin ningún tipo de afán de lucro. Quien viola por lucro el sábado sólo puede obtener de Dios el castigo. ¿Gana algo?: lo perderá con creces en los otros seis días. ¿No lo gana?: se ha esforzado en vano el cuerpo, no concediéndole ese reposo que la Inteligencia ha establecido para él, airándose el espíritu por haber trabajado inútilmente, llegando incluso a proferir imprecaciones. Sin embargo, el día de Dios debe transcurrirse con el corazón unido a Dios en dulce oración de amor. Hay que ser fieles en todo».

«Pero... los escribas y doctores, que son tan severos con nosotros..., no trabajan durante el sábado. Ni siquiera le dan al prójimo un pan por evitar el trabajo de dárselo... y, sin embargo, fían préstamos abusivos aun en sábado, ¿Se puede hacer esto en sábado porque no sea trabajo material?».

«No. Nunca. Ni durante el sábado ni durante los otros días. Quien presta abusivamente es deshonesto y cruel».

«Los escribas y fariseos, entonces...».

«Simón no juzgues. Tú no lo hagas».

«Pero tengo ojos para ver...».

«¿Sólo el mal está ante nuestros ojos, Simón?».

«No, Maestro».

«Entonces, ¿por qué mirar sólo el mal?».

«Tienes razón, Maestro».

Detalle

Contextualización: Pedro habla con el Maestro y éste viene a hablar del sábado.

ECR 50.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.9 «Entonces mañana al amanecer partiré con Juan».

«Maestro...».

«Simón, ¿qué te sucede?».

«Maestro... ¿vas a Jerusalén?».

«Ya lo sabes».

«Yo también voy a Jerusalén para la Pascua... y también Andrés y Santiago...».

«¿Y entonces?... Quieres decir que desearías venir conmigo ¿no? ¿Y la pesca? ¿Y la ganancia? Me has dicho que te gusta tener dinero, y Yo me ausentaré durante muchos días. Primero voy donde mi Madre, y a Jerusalén a la vuelta. Me quedaré allí predicando. ¿Cómo te las arreglarás?...».

Pedro se muestra dudoso, vacilante... pero al final se decide: «Por mí... voy contigo. ¡Te prefiero a ti antes que al dinero!».

«Yo también voy».

«También yo».

«Y nosotros también, ¿verdad, Felipe?».

«Venid, pues. Me serviréis de ayuda».

«¡Oh!... — Pedro se emociona ante esta idea —. ¿En qué te podremos ayudar?».

«Os lo diré. Para actuar bien sólo tendréis que hacer cuanto os diga. El obediente siempre actúa bien. Ahora oraremos y luego cada uno irá a realizar sus cometidos».

«¿Y Tú, Maestro?».

«Oraré más. Soy la Luz del mundo, pero también soy el Hijo del hombre. Por ello siempre tengo que beber de la Luz para ser el Hombre que redime al hombre. Oremos».

Jesús dice un salmo. El que comienza: «Quien reposa en la ayuda del Altísimo vivirá bajo la protección del Dios del Cielo. Dirá al Señor: “Tú eres mi protector, mi refugio. Es mi Dios, en Él está mi esperanza. Él me libró del lazo de los cazadores y de las palabras agresivas” etc. etc.». Lo encuentro en el libro 4°. Es el segundo del libro 4°, me parece que es el núm. 90 (si leo bien el número romano).

La visión cesa así.

Detalle

Jesús dijo a los discípulos presentes (Felipe y Bartolomé, Santiago de Zebedeo, Andrés y Pedro):

ECR 51

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en casa de Pedro con Simón de Jonás, Santiago, Juan y Porfirio. Llega Andrés, indicando que Judas está allí por él, y su primo entra en la casa. María invitó a su Hijo a las bodas de Caná, y sus parientes también querían que fuera. Jesús accede a la petición de su Madre y entonces adivina que a Jude le pasa algo. Le interrogó y Judas dijo a medias que Jesús tenía que tener cuidado, a causa de las castas poderosas a las que podría molestar su enseñanza. Menciona al Bautista, pero también intuimos que lo hace de boquilla. Además, Jesús supone que fueron sus parientes quienes le dijeron que dijera eso, lo que confirma Judas. Pero Jesús afirma que por encima de la tierra está el Cielo y los intereses de Dios. En cuanto a su Madre, sólo ella podría recordarle sus deberes de Hijo, pero no lo hace. Ella renunció desde el principio a su condición de criatura, y Jesús recuerda su vida en el Templo, alabando su desprendimiento y su entrega a Dios. El Señor predice también que llegará un día en que todos le abandonarán, pero no ella, y es gracias a María que los apóstoles volverán a Jesús. Quiere que comprendamos lo poderosa que es María en el corazón de Dios.

A continuación, Judas le pide que la acompañe a las bodas de Caná. Le entrega un vestido diseñado por el Todo Santo, que Jesús se pondrá en Jerusalén, en el Templo.

ECR 51.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

51.1 Veo la cocina de Pedro. En ella, además de Jesús, están Pedro y su mujer, y Santiago y Juan. Parece que acaban de terminar de cenar y que están conversando. Jesús muestra interés por la pesca.

Entra Andrés y dice: «Maestro, está aquí el dueño de la casa en que vives, con uno que dice ser tu primo».

Jesús se levanta y va hacia la puerta, diciendo que pasen. Y, cuando a la luz de la lámpara de aceite y de la lumbre ve entrar a Judas Tadeo, exclama: «¡¿Tú, Judas?!».

«Yo, Jesús». Se besan.

ECR 51.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Judas Tadeo es un hombre apuesto, en la plenitud de la hermosura viril. Es alto — si bien no tanto como Jesús —, de robustez bien proporcionada, moreno, como lo era San José de joven, de color aceitunado, no térreo; sus ojos tienen algo en común con los de Jesús, porque son de tono azul pero con tendencia al violáceo. Tiene barba cuadrada y morena, cabellos ondulados, menos rizados que los de Jesús, morenos como la barba.

Detalle

Descripción física de Jude