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Notas del tema

Familia y parentesco de Jesucristo

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Comodidad de lectura

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ECR 211.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Están todos en un bosquecillo de las cercanías de Hebrón. Conversan, sentados en círculo, mientras comen.

Judas, ahora que está seguro de que María irá a ver a su madre, ha vuelto a sus mejores disposiciones de espíritu, y trata de borrar con mil atenciones el recuerdo de sus malhumores para con sus compañeros y las mujeres. Debe haber ido él al pueblo para comprar. Está contando que lo ha encontrado muy cambiado respecto al año anterior: «La noticia de la predicación y milagros de Jesús ha llegado hasta aquí. La gente ha empezado a recapacitar sobre muchas cosas. ¿Sabes, Maestro, que en esta zona hay una propiedad de Doras? También la mujer de Cusa posee aquí, por estos montes, unas tierras y un castillo propio, de su dote. Se ve que un poco ella y otro poco los campesinos de Doras han preparado el terreno, porque debe haber aquí alguno de los de Esdrelón. Doras ordena que guarden silencio, pero ellos... ¡yo creo que ni ante el tormento callarían! Ha causado estupor la muerte del fariseo, ¿sabes?, así como la excelente salud de Juana, que vino aquí antes de la Pascua. ¡Ah, y también te ha sido útil el amante de Áglae. ¿Sabes que ella se escapó poco después de haber pasado nosotros por aquí? Bueno pues él ha sido un demonio para con muchos inocentes, para vengarse. Así que la gente al final ha pensado en ti como en un vengador de los oprimidos, y desea tu presencia. Quiero decir los mejores...».

«¡Vengador de los oprimidos? Sí, lo soy, pero sobrenaturalmente. Ninguno de los que me ven con el cetro y la segur en la mano, como rey y justiciero según el espíritu de la tierra, juzga con acierto. Sí, claro que he venido a liberar de las opresiones: la del pecado — la más grave —, la de las enfermedades y el desconsuelo; como también de la ignorancia y del egoísmo. Muchos aprenderán que no es justa la tiranía porque el destino le haya colocado a uno arriba; y que, más bien, se debe usar de las posiciones privilegiadas para elevar al que está abajo».

«Lázaro lo hace, y también Juana; pero son dos contra centenares...» dice Felipe lleno de desconsuelo.

«Los ríos, en el nacimiento, no tienen la anchura que presentan en el estuario; son unas gotas, un hilo de agua... pero luego... hay ríos que en la desembocadura parecen mares».

«¡El Nilo, ¿no?! Tu Madre me contaba cosas de cuando fuisteis a Egipto. Siempre me decía: “Créeme: es un mar, un mar verde-azul. ¡Verle durante las crecidas es realmente un sueño!”. Y me hablaba de las plantas que parecían nacer del agua, y de esa abundancia de hierba que parecía nacer también del agua cuando se retiraba...» dice María de Alfeo.

«Pues os digo que, de la misma forma que el Nilo en su nacimiento es un hilo de agua y luego se transforma en un verdadero gigante, esto que ahora es sólo un hilito (Juana, Lázaro, Marta) inclinado con amor y por amor hacia los más pequeños llegará a ser una multitud: ¡cuántos!, ¡oh, cuántos!». Jesús parece como si estuviera viendo a estos que serán misericordiosos para con sus hermanos... y sonríe, absorto en su visión.

211.2

Judas confía que el arquisinagogo quería venir con él, pero que no se ha atrevido a tomar por sí solo la decisión: «¿Te acuerdas, Juan, cómo nos rechazó el año pasado?».

«Sí... pero vamos a decírselo al Maestro».

Le preguntan a Jesús, y responde que entrarán en Hebrón (si desean su presencia y los llaman, se detendrán un tiempo; si no, pasarán sin detenerse). «Así veremos también la casa de Juan el Bautista. ¿De quién es ahora?».

«Creo que de quien quiere. Samay se marchó y no ha vuelto. Ha quitado el mobiliario y la servidumbre. Los habitantes de la ciudad, para vengarse de sus vejaciones, han abierto una brecha en el muro de protección y ahora la casa es de todos; al menos el jardín. Se reúnen allí para venerar a su Juan. Se dice que Samay ha sido asesinado. No sé por qué motivo... parece que por una cuestión de mujeres...».

«¡Alguna trama podrida de la corte, sin duda!» masculla Natanael entre dientes.

Anotación

Judas, ahora que está seguro de que María irá con su madre, ha vuelto a un mejor estado de ánimo. Judas estaba de un humor terrible en laEMV 210.

Incluso la mujer de Kuzah tiene tierras y un castillo aquí, en estas montañas, que le pertenecen personalmente, como parte de su dote. Probablemente el castillo de Béther.

La muerte del viejo fariseo dejó atónito al pueblo. Cf. la dramática muerte de Doras en EMV 126.10.

Igual que la excelente salud de Juana. Cf. la curación de Juana de Kouza en EMV 102.7.

Judas confió que el jefe de la sinagoga quería venir con él, pero que no se atrevía a tomar esta decisión por su cuenta: "¿Recuerdas, Juan, cómo nos echó el año pasado?". Cf. EMV 77.8.

ECR 211.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Todos los apóstoles -excepto Simón el Zelote, que está con María en Elise de Bet-çur- están presentes en el capítulo, aunque no hablen necesariamente. En EMV 211, Judas, Juan, Felipe, Natanael y Tomás intervienen muy brevemente.

ECR 211.3-4 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Se alzan y se ponen en camino en dirección a Hebrón, hacia la casa de Juan el Bautista. Cuando les falta poco para llegar, se ve venir hacia ellos a un grupo compacto de gente de la ciudad. Se acercan un poco vacilantes, curiosos, cohibidos. Pero Jesús los saluda con una sonrisa, lo cual hace que se sientan más seguros. El grupo entonces se escinde, con lo cual deja ver al arquisinagogo irrespetuoso del año anterior.

«¡Paz a ti!» saluda inmediatamente Jesús. «¿Nos permites detenernos en tu ciudad? Vienen conmigo mis discípulos predilectos y las madres de algunos de ellos».

«Maestro, ¿pero no nos guardas rencor, al menos a mí?».

«¿Rencor? No lo conozco, ni sé por qué motivo debería sentirlo?».

«El año pasado fui violento contigo...».

«Fuiste violento con el Desconocido, creyéndote en el derecho de serlo. Luego viste claro y te arrepentiste de lo que habías hecho. Mira, son cosas pasadas, y, de la misma forma que el arrepentimiento anula la culpa, el presente anula el pasado; ahora, para ti, Yo ya no soy el Desconocido. ¿Qué sentimientos tienes, pues, respecto a mí en este momento?».

«De respeto, Señor. De... deseo de...».

«¿Deseo? ¿Qué quieres de mí?».

«Quiero conocerte más de lo que te conozco».

«¿Cómo? ¿De qué forma?».

«A través de tu palabra y de tu obra. Nos ha llegado noticia de ti, de tu doctrina y poder; se ha dicho incluso que contribuiste a la liberación de Juan... Significa que no le odiabas, que no tratabas de suplantar a nuestro Juan. Él mismo no ha negado que por ti volvió a ver el valle del santo Jordán. Hemos ido a verle y le hemos hablado de ti. Nos ha dicho: “No sabéis lo que habéis rechazado. Debería maldeciros, pero os perdono porque Él me ha enseñado a perdonar y a ser manso. No obstante, si no queréis ser anatemas ante el Señor y ante mí, su siervo, amad al Mesías. Y no dudéis. Su testimonio es éste: espíritu de paz, amor perfecto, sabiduría que supera a cualquier otra, doctrina celestial, mansedumbre absoluta, poder sobre todas las cosas, humildad total, castidad angelical. No podréis equivocaros: cuando respiréis paz ante un hombre que se dice Mesías, cuando bebáis amor (el amor que emana de Él), cuando paséis de vuestras tinieblas a la Luz, cuando veáis la redención de los pecadores y la curación de los cuerpos, decid: ‘¡Éste es verdaderamente el Cordero de Dios!’ ”. Pues bien, nosotros sabemos que tus obras son las que dice nuestro Juan; por tanto, perdónanos, ámanos, danos eso que el mundo espera de ti».

«Estoy aquí para esto. Vengo de muy lejos para dar también a la ciudad de Juan lo que ofrezco en todos los lugares en que se me recibe. ¿Qué deseáis de mí? Hablad».

«Nosotros también tenemos enfermos y somos ignorantes, especialmente en lo que concierne al amor y a la bondad. Juan, en su amor total a Dios, tiene mano férrea y palabra de fuego; quiere doblegar a todos como un gigante comba un tallito de hierba; muchos se desaniman porque el hombre es más pecador que santo. ¡Es difícil ser santo!... Se dice que Tú no sometes, sino que elevas; que no cauterizas, sino que aplicas bálsamos; que no trituras, sino que acaricias. Se sabe que eres paternal con los pecadores, que dominas las enfermedades, cualesquiera que sean, sobre todo las del corazón. Los rabíes ya no lo saben hacer».

211.4

«Traedme a vuestros enfermos; luego reuníos en este jardín que fue elevado a templo por la Gracia que en él habitó, y que después quedó abandonado y fue profanado por el pecado».

Los hebronitas se esparcen en todas las direcciones, como golondrinas; se queda el arquisinagogo, que atraviesa con Jesús y sus discípulos la cerca del jardín, para ir a la sombra de una vasta pérgola recubierta de una maraña de rosas y parras que han crecido según su beneplácito. Regresan pronto, trayendo a un paralítico recostado en una camilla, a una joven ciega, a un mudito y a otros dos enfermos de no sé qué que vienen apoyándose en los que los acompañan.

ECR 211.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No es lícito acusar si no se conoce, ni juzgar sin haber oído al acusado. Mas, hoy día, a las acusaciones y condenas debidas a culpas supuestas en todos, o a culpas imaginadas, se ha añadido una nueva serie: la que se dirige y se pronuncia contra los que se presentan en nombre de Dios. Durante los siglos pasados, se ha repetido contra los Profetas; ahora es contra el Precursor del Cristo y contra el Cristo.

Ya lo habéis visto. Juan, atraído con engaño fuera del territorio de Siquem, espera la muerte en las prisiones de Herodes, porque nunca se doblegará ante ninguna mentira ni amaño alguno; de todas formas, se podrá troncar su vida, cortarle la cabeza, mas no podrán quebrar su honestidad, ni separar su alma de la Verdad, a la que él ha servido fielmente en sus más distintas formas (divinas, sobrenaturales o morales). De la misma forma, se persigue al Cristo, con furia doble, diez veces mayor, porque Él no se limita a decir: “No te es lícito” a Herodes, sino que, con vehemencia, va diciendo, en nombre de Dios y por el honor de Dios, esto mismo por todos aquellos lugares donde entra y encuentra pecado o sabe que hay pecado, sin excluir a ninguna categoría.

ECR 211.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pues bien, mi propuesta es una llamada. Os llamo en nombre de vuestro Juan, que se está consumiendo por haber sido santo, que sufre ahora la acción punitiva por ser precursor mío y por haber tratado de quitar de los caminos del Cordero las inmundicias. Venid a servir a Dios. El tiempo está cercano. No os coja desapercibidos la Redención. Haced que llueva en terreno sembrado; si no, en vano caerá la lluvia. Vosotros, habitantes de Hebrón, debéis ir a la cabeza, porque habéis convivido aquí con Zacarías y Elisa, los santos que merecieron del Cielo a Juan; aquí Juan ha esparcido el perfume de su Gracia con verdadera inocencia de párvulo, y, desde su desierto, os ha enviado el incienso anticorruptor de su Gracia, prodigio de penitencia. No defraudéis a vuestro Juan, que ha llevado el amor al prójimo hasta una altura casi divina, de forma que ama al último habitante del desierto cuanto a vosotros, paisanos suyos. Estad seguros de que impetra la Salud para vosotros, y la Salud está en seguir la Voz del Señor y creer en su Palabra. Venid en masa, de esta ciudad sacerdotal, al servicio de Dios. Yo paso y os llamo. No seáis menos que las meretrices, a las cuales les es suficiente una palabra de misericordia para abandonar el camino recorrido precedentemente y tomar el del Bien.

Detalle

Jesús habla a la gente de Hebrón, la ciudad donde creció Juan el Bautista.

ECR 213.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La sinagoga se vacía y todos hablan de la profecía y gesticulan por la estima de Jesús por Judas. Los de Keriot están exaltados por el honor que les ha hecho el Mesías al elegir el lugar de un apóstol, y precisamente el apóstol de Keriot, para comienzo del magisterio apostólico, y también por el regalo de la profecía. A pesar de su triste contenido, es un gran honor haberla recibido, y además con las palabras de amor que la han precedido...

En la sinagoga quedan solamente Jesús y el grupo de los apóstoles; mejor dicho, pasan al jardincito que está entre la sinagoga y la casa del arquisinagogo. Judas, que se ha sentado, llora.

«¿Por qué lloras? No veo el motivo...» dice el otro Judas.

«Bueno, la verdad es que casi me pondría yo también a llorar. ¿Habéis oído? Ahora tenemos que hablar nosotros...» dice Pedro.

«Bien, pero ya hemos empezado un poco en el monte. Lo haremos cada vez mejor. Tú y Juan en seguida os habéis mostrado capaces» dice Santiago de Zebedeo para dar ánimos.

«Lo peor es para mí... pero Dios me ayudará. ¿Verdad, Maestro?» pregunta Andrés.

Jesús, que estaba pasando unos rollos que se había traído, se vuelve y dice: «¿Qué decías?».

«Que Dios me ayudará cuando tenga que hablar. Trataré de repetir tus palabras lo mejor que pueda. Pero mi hermano tiene miedo, y Judas llora».

«¿Estás llorando? ¿Por qué?» pregunta Jesús.

«Porque verdaderamente he pecado. Andrés y Tomás lo pueden decir. Yo he murmurado contra ti y Tú usas conmigo benevolencia llamándome “queridísimo discípulo” y queriendo que adoctrine aquí... ¡Cuánto amor!...».

«¿No sabías que te quería?».

«Sí, pero... gracias, Maestro. No volveré a murmurar pues verdaderamente yo soy tinieblas y Tú Luz...».

En esto regresa el jefe de la sinagoga y le invita a ir a su casa. Mientras van, dice: «Estoy pensando en lo que has dicho. Si no he entendido mal, en Keriot, de la misma forma que has encontrado a un hombre predilecto, nuestro Judas de Simón, has profetizado que encontrarás también a un hombre infame. Me causa mucho dolor. Menos mal que Judas compensará por el otro...».

«Con todo mí mismo» dice Judas, que ya se ha tranquilizado.

Jesús no dice nada, pero mira a sus interlocutores y abre los brazos en un gesto que quiere decir: «Es así».

Detalle

Jesús acaba de lanzar la predicación de los apóstoles en Keriot, diciendo: "En la ciudad de mi discípulo más querido, no haré mi enseñanza habitual. Nos quedaremos aquí unos días y quiero que él os lo traiga. Desde aquí quiero que comience el contacto directo, el contacto continuo entre los apóstoles y el pueblo". La predicación había terminado.

Anotación

Realmente he pecado. Andrés y Tomás pueden decirlo. He hablado mal de vosotros, y me recompensáis llamándome "mi discípulo más querido" y queriendo que enseñe aquí... ¡Qué amor! Judas habló en EMV 210.

ECR 214.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús ya va a sentarse a la mesa en la bonita casa de Judas, junto con todos los suyos, y dice a la madre, que ha venido de la casa que tiene en el campo para recibir dignamente al Maestro: «No, madre, tú también debes estar con nosotros. Aquí somos como una familia. No es un banquete frío y medido, de invitados ocasionales. Yo te he despojado de un hijo y quiero que me tomes como a un hijo, de la misma forma que Yo te tomo como a una madre, porque verdaderamente lo mereces. ¿Verdad, amigos, que así nos sentiremos más contentos y más a nuestras anchas?».

Los apóstoles y las dos Marías asienten con vivacidad. Y así, la madre de Judas, no sin un intenso titileo en sus pupilas, debe sentarse entre su hijo y el Maestro, que tiene enfrente a las dos Marías, y a Marziam entre ellas.

La criada trae las viandas. Jesús hace la ofrenda y bendición de los alimentos y luego los distribuye, porque en esto la madre de Judas se muestra inflexible. Jesús distribuye comenzando siempre por ella, cosa que conmueve cada vez más a la mujer y enorgullece a Judas, aunque al mismo tiempo le pone pensativo.

La conversación versa sobre distintos temas. Jesús trata de que se interese la madre de Judas y de que adquiera familiaridad con las dos discípulas.

214.2

En este sentido Marziam juega un papel importante al declarar que ya quiere mucho a la madre de Judas «porque se llama María como todas las mujeres que son buenas».

«¿Y no vas a querer a la que nos espera a orillas del lago, malandrín?» pregunta Pedro semiserio.

«¡Mucho, si es buena!».

«Puedes estar seguro de ello.»

ECR 214.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego Judas habla de lo que ha hecho durante el día. Por lo que dice, comprendo que ha ido él a avisar a su madre de que venían, y que luego, con Andrés como compañero, ha empezado a hablar por el agro de Keriot. Dice luego: «De todas formas, mañana quisiera que vinierais todos. No quiero destacar solo. Iremos, en la medida de lo posible, un judío y un galileo. Yo con Juan, por ejemplo, y Simón con Tomás. ¡Si viniera el otro Simón!... En vuestro caso — señala a los hijos de Alfeo — podéis ir vosotros dos. A todos, incluso a quien no le interesaba saberlo, les he dicho que sois los hermanos del Maestro. Y también vosotros — señala a Felipe y a Bartolomé — podéis ir juntos. He dicho que Natanael es un rabí que acompaña al Maestro; esto impresiona. Y... quedáis vosotros tres. De todas formas, en cuanto llegue el Zelote se podrá formar otra pareja. Y después nos alternaremos porque quiero que os conozcan a todos...». Judas está lleno de vivacidad. «He hablado del decálogo, Maestro, tratando de ilustrar especialmente aquellos puntos en que sé que en esta zona se cometen más faltas...».

«No tengas mano dura, Judas, por favor. No olvides que consigue más la dulzura que la intransigencia, y que tú también eres hombre; por tanto, examínate y reflexiona en lo fácil que te es también a ti caer, y en cómo te irritas si te reprenden demasiado abiertamente» dice Jesús, mientras la madre de Judas se sonroja y baja la cabeza.

«No temas, Maestro, que yo me esfuerzo por imitarte en todo. Mira, en el pueblo que se ve por aquella puerta — están comiendo con las puertas abiertas y se ve un bonito horizonte desde esta habitación elevada — hay un enfermo deseoso de ser curado; pero no se le puede transportar. ¿Podrías venir conmigo?».

«Mañana, Judas. Mañana por la mañana sin falta. Y, si hay otros enfermos, decídmelo, o traédmelos».

«¿Estás decidido a favorecer a mi tierra, Maestro?».

«Sí. Para que no se diga que fui injusto con quienes no me hicieron el mal. Si hago el bien incluso a los malos, ¿por qué no debería hacérselo a las personas buenas de Keriot? Quiero dejar de mí un recuerdo indeleble...».

«¿Cómo! ¿No vamos a volver aquí?».

«Volveremos, pero...».

214.4

«¡Ahí viene la Madre, la Madre con Simón!» grita jubiloso el niño al ver a María y a Simón, que están subiendo la escalera que conduce a la terraza en que está la sala.