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Notas del tema

Personajes del Protevangile y del Evangelio de la Infancia

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Comodidad de lectura

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ECR 194.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una nueva subida, muy empinada: la comitiva ha dejado el camino principal, polvoriento y lleno de gente, y ha preferido tomar este atajo boscoso. Llegados a la cima, se ve ya claramente en la lejanía resplandecer un mar luminoso suspendido sobre una conglomeración blanca, quizás esplendorosas casas encaladas.

Jesús llama a Yabés: «Ven. ¿Ves aquel punto de oro? Es la Casa del Señor. Allí vas a jurar obediencia a la Ley. ¿Pero la conoces bien?».

«Mi mamá me hablaba de la Ley y mi padre me enseñaba los preceptos. Sé leer y... y creo que sé lo que “ellos” me han dicho... antes de morir». El niño, que había acudido a la llamada de Jesús con una sonrisa, ahora llora, con su cabecita agachada y con su mano, temblorosa, en la mano de Jesús.

«No llores. Mira. ¿Sabes dónde estamos? Esto es Betel. Aquí el santo Jacob tuvo su sueño angélico. ¿Lo sabías? ¿Te acuerdas?».

«Sí, Señor. Vio una escalera que tocaba el Cielo desde la tierra, y subían y bajaban ángeles; mi madre me decía que en el momento de la muerte, si habíamos sido buenos, veríamos eso mismo y que iríamos por esa escalera a la Casa de Dios. Mi madre me decía muchas cosas... pero... ahora ya no me las dirá... Las tengo todas aquí dentro, esto es todo lo que tengo de ella...». Las lágrimas se deslizan por su tristísima carita.

«¡No llores de ese modo, hombre! Mira, Yabés, Yo tengo a mi Madre, que se llama María y que es santa y buena y que sabe también decir muchas cosas. Es más sabia que un maestro, más buena y hermosa que un ángel. Estamos yendo a verla. Te querrá mucho. Te dirá muchas cosas. Y además, con Ella, está la mamá de Juan, que también es muy buena y se llama María, y la madre de mi hermano Judas, dulce igualmente como un pan de miel, y que se llama también María. Te van a querer mucho, muchísimo, porque eres un niño excelente y porque Yo te quiero mucho y ellas me quieren a mí. Luego, crecerás con ellas, y cuando seas mayor serás un santo de Dios, predicarás como un doctor a ese Jesús que te dio de nuevo una madre aquí y que habrá abierto las puertas de los Cielos a tu madre muerta, y a tu padre, y que te las abrirá también a ti a tu hora. Tú no tendrás siquiera necesidad de subir la larga escalera de los Cielos a la hora de la muerte, porque ya la habrás subido durante tu vida, siendo un buen discípulo, y te verás allí, ante la puerta abierta del Paraíso, y Yo estaré allí y te diré: “Ven, amigo mío e hijo de María”, y estaremos juntos».

La fúlgida sonrisa de Jesús, que camina un poco curvado para estar más cerca de la carita alzada del niño — que va andando a su lado con su manita en la de Jesús —, y estas palabras maravillosas, enjugan las lágrimas y hacen brotar una sonrisa.

Anotación

Libro de Génesis 28, 10-19

Gén 28, 10-19 : Jacob salió de Bersabé y se dirigió a Harán. Llegó a un lugar y se quedó allí toda la noche, porque el sol se había puesto. Tomó una de las piedras que había allí, la convirtió en su lecho y se acostó en aquel lugar. Soñó que había una escalera sobre la tierra, cuya parte superior llegaba hasta el cielo, y que por ella subían y bajaban ángeles de Dios, y que Yahvé estaba de pie en la parte superior. Dijo: "Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. Yo te daré a ti y a tu descendencia esta tierra sobre la que yaces. Tu descendencia será como el polvo de la tierra; te extenderás al oeste y al este, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán bendecidas en ti y en tu descendencia. He aquí que yo estoy con vosotros, y os guardaré dondequiera que vayáis, y os haré volver a esta tierra. Porque no te dejaré hasta que haya cumplido lo que te he dicho. "

Jacob despertó de su sueño y dijo: "¡Ciertamente Yahvé está en este lugar, y yo no lo sabía! " Temeroso, añadió: "¡Qué terrible es este lugar! Esta es la casa de Dios, esta es la puerta del cielo. "Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había hecho para su cabecera, la erigió en monumento y derramó aceite sobre su cima. Llamó al lugar Betel, pero el nombre original de la ciudad era Luz.

ECR 194.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Vamos adelante, a la Ciudad santa. Tenemos que llegar hacia el atardecer de mañana. ¿Por qué tanta prisa? ¿Me lo sabrías responder? ¿No sería lo mismo llegar pasado mañana?».

«No, no sería lo mismo. Mañana es la Parasceve. Después del ocaso sólo se puede andar seis estadios; más no se puede, porque ya ha empezado el sábado con su correspondiente reposo».

«¿Se está entonces sin hacer nada los sábados?».

«No. Se reza al Señor altísimo».

«¿Cómo se llama?».

«Adonái. Pero los santos pueden pronunciar su Nombre».

«También los niños buenos. Dile, si le sabes».

«Iaavé» (este pequeñuelo lo pronuncia así: es una Y muy suave, casi una I, y la a muy alargada).

«Y, ¿por qué se reza al Señor altísimo el sábado?».

«Porque Él se lo dijo a Moisés cuando le dio las tablas de la Ley».

«¡Ah! ¡Sí? ¿Y qué dijo?».

«Dijo que se santificara el sábado. “Trabajarás durante seis días, pero el séptimo descansarás tú, y los demás contigo, porque es lo que hice Yo después de la creación”».

«¿Cómo! ¿El Señor descansó? ¿Estaba cansado por haber creado? ¿Creó realmente Él? ¿Por qué lo sabes? Yo sé que Dios no se cansa nunca».

«No se había cansado porque Dios no anda ni mueve los brazos. Lo hizo para enseñar a Adán y enseñarnos a nosotros, y para que tuviéramos un día en el que no pensásemos en otra cosa sino en Él. Y Él lo ha creado todo; seguro. Lo dice el Libro del Señor».

«Pero, ¿el Libro lo ha escrito Él?».

«No, pero es la Verdad, y hay que prestarle fe para no ir con Lucifer».

«Me has dicho que Dios ni anda ni mueve los brazos. ¿Entonces, como creó? ¿Cómo es? ¿Es una estatua?».

«No es un ídolo, es Dios; y Dios es... Dios es... déjame pensar y recordar cómo decía mi mamá y, mejor todavía, ese hombre que va en tu nombre a visitar a los pobres de Esdrelón... Mi mamá decía, para hacerme comprender a Dios: “Dios es como mi amor por ti; no tiene cuerpo, y, sin embargo, existe”. Y ese hombre pequeño, con una sonrisa muy dulce, decía: “Dios es un Espíritu eterno, uno y trino, y la segunda Persona se ha encarnado por amor a nosotros, que somos pobres, y su nombre...”. ¡Oh, mi Señor! Pero... ahora que me doy cuenta... ¡eres Tú!». El niño, lleno de estupor, se arroja al suelo adorando.

Todos acuden, creyendo que se ha caído; pero Jesús hace un gesto de silencio llevándose el dedo a los labios, y dice: «¡Levántate, Yabés! ¡Los niños no deben tener miedo de mí!».

El niño levanta la cabeza, lleno de veneración, y mira a Jesús con expresión cambiada, casi de miedo.

Jesús sonríe y le tiende la mano diciendo: «Eres sabio, pequeño israelita.»

Anotación

Tras la puesta de sol, sólo se pueden recorrer seis estadios. 6 x 185 m = 1,110 km.

El niño lo pronuncia así: una J muy suave que casi se convierte en Y, y una a muy larga. Mientras que la é es dura, cortada -añade MV en una copia mecanografiada-, a diferencia de los galileos, que dicen la primera consonante como una sgi [ésta es, al parecer, la forma toscana correspondiente a la fonética (ʃ) = ch] muy arrastrada y la última vocal muy abierta, como si fueran dos 'e' con acento grave, como en 'père' en francés. Véase la pronunciación del Nombre Divino.

Y Dios es... Dios es... déjame pensar y recordar lo que dijo mamá y, aún mejor que ella, este hombre que va en tu nombre a buscar a los pobres de Esdrelón .. . Jonás.

ECR 194.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Al final no me has dicho quién habla de mí en el Libro».

«Los Profetas, Señor; y antes todavía. Habla de ti el Libro desde la expulsión de Adán del paraíso. Luego cuando Jacob y cuando Abraham y Moisés... Me decía mi padre, que había ido a visitar a Juan — no a éste, sino al otro Juan, al del Jordán —, que él, el gran Profeta, te llamaba el Cordero... Ahora entiendo, sí, el cordero de Moisés... ¡La Pascua eres Tú!».

ECR 194.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) ¡Oh, Señor... Señor! ¿Y me quieres mucho?».

«Sí, Yabés».

«No. No me llames ya Yabés. Dame un nombre que signifique que me has querido, que me has salvado...».

«El nombre lo elegiré junto con mi Madre. ¿Te parece bien?».

«Pero que quiera decir exactamente eso. Lo tomaré desde el mismo día que me haga hijo de la Ley».

«Lo tomarás ese día».

Detalle

Yabeç, un huérfano al que Jesús acogió, acaba de descubrir que es el Mesías y comprende por qué le abrirá la puerta del Limbo.

Palabras clave

ECR 196.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La mayor parte de la mañana del sábado ha estado ocupada en dejar descansar a los cansados cuerpos y en arreglar la ropa, polvorienta y arrugada por el viaje. En las vastas cisternas del Getsemaní — colmadas de agua de lluvia — y en el Cedrón — verdadera sinfonía entre los cantos, espumoso, lleno, por los chaparrones de los últimos días — hay tanta agua que es una verdadera incitación. Uno tras otro, los peregrinos, desafiando el fresco, bajan a zambullirse en el torrente; luego se ponen vestidos nuevos, de los pies a la cabeza, y, con el pelo todavía un poco tieso por las rociadas del torrente, van a sacar agua de las cisternas y la vierten en unas pilas grandes donde tienen la ropa, separada por colores.

«¡Bien! ¡bien!» dice Pedro contento. «Ahí se purgará y María la podrá lavar con menos esfuerzo». Supongo que es la mujer que está en Getsemaní. «Pequeñuelo, tú eres el único que no puede ponerse vestidos nuevos. Pero mañana...». En efecto, el niño tiene una tuniquita limpia que ha sacado de su talego (tan pequeño, que le podría ir bien a una muñeca), pero está aún más descolorida y rota que la otra. Pedro observa, preocupado, la túnica, diciendo en tono apenas perceptible : «¿Cómo le llevo así a la ciudad? Estoy por dividir en dos mi manto... con un manto se taparía todo».

Jesús oye este soliloquio paterno y dice: «Ahora es mejor que descanse. Al atardecer iremos a Betania...».

«Quiero comprarle la túnica. Se lo he prometido».

«Lo harás. Ciertamente. Pero es mejor pedirle a mi Madre su opinión. Ya sabes... las mujeres... están más dotadas que nosotros para las compras... además, será una satisfacción para Ella ocuparse de un niño... ¡Iréis juntos!».

El apóstol se siente raptado al séptimo cielo por la idea de ir con María a comprar. No sé si Jesús ha expresado todo lo que piensa o si se reserva una parte (es decir, que su Madre tiene un gusto más fino, que evitaría desentonos de colores horrendos); comoquiera que sea, obtiene el fin sin que su Pedro se sienta humillado.

ECR 196.2-3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús pasea y observa a Yabés, que está jugando, alegre, con Juan y los más jóvenes. También Judas Iscariote — ya se le ha pasado el enojo de ayer — está alegre y juega. Los más mayores observan sonriendo.

«¿Qué dirá tu Madre de este niño?» pregunta Bartolomé.

«Yo digo que dirá: “Está muy delgado”» dice Tomás.

«¡No! Dirá: “¡Pobre niño!”» responde Pedro.

«No, lo que dirá es: “Me alegro de que le quieras”» objeta Felipe.

«La Madre no lo pondría nunca en duda. Yo creo que no hablará. Le estrechará contra su corazón» dice Simón el Zelote.

«¿Y Tú, Maestro, qué dices que dirá?».

«Hará lo que habéis dicho, pero lo pensará y lo dirá sólo en su corazón; al besarle no dirá sino: “¡Bendito seas!”, y le cuidará como si fuera un pajarillo caído del nido.»

ECR 196.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Un día me habló de cuando era pequeñita. Todavía no tenía tres años, pues no estaba aún en el Templo, y ya se le rompía el corazón de amor y exhalaba, cual flor y aceituna, aplastada o rota en la prensa, todos sus óleos y perfumes. En un delirio de amor, le decía a su madre que quería ser virgen para agradar más al Salvador, pero que querría ser pecadora para poder ser salvada, y casi lloraba porque su madre no la entendía y no sabía darle la solución para ser la “pura” y la “pecadora” al mismo tiempo. Le trajo la paz su padre, con un pajarillo que había salvado del peligro que corría en el borde de una fuente: le contó la parábola del pajarillo, diciéndole que Dios la había salvado anticipadamente y que, por tanto, Ella debía bendecirle por doble motivo. Y la pequeña Virgen de Dios, la grandísima Virgen María, ejercitó su primera maternidad espiritual hacia ese pajarillo caído del nido, y le echó a volar cuando fue fuerte; este pajarillo no dejó ya jamás el huerto de Nazaret, consoló con sus vuelos y trinos la casa triste y los corazones tristes de Ana y Joaquín cuando María fue al Templo; murió poco antes de que expirase Ana: había concluido su misión.

Detalle

Jesús cuenta un episodio de la infancia de la Virgen María.

Anotación

Le contó la par ábola del pajarillo: Véase la paradoja del "pecador por amor" expresada por el Sin pecado y la parábola del pajarillo: véase EMV 7.5.

ECR 196.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mi Madre se había consagrado a la virginidad por amor, pero, siendo criatura perfecta, poseía en su sangre y en su espíritu la maternidad; porque la mujer está hecha para ser madre, y comete aberración cuando se hace sorda a este sentimiento, que es amor de segunda potencia...

Anotación

Sobre las distintas potencias del amor, véaseEMV 196.4-6.

ECR 196.7-8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Síguenos hablando de tu Madre. ¡Es tan luminosa su infancia!: de reflejo hace vírgenes a nuestras almas. Y yo, ¡pobre de mí, tengo mucha necesidad de ello!» exclama Mateo.

«¿Qué queréis que os diga... si son muchos los episodios, y a cuál más delicioso...!».

«¿Te los ha contado Ella?».

«Alguno sí, pero muchos más José, que me los contaba, siendo Yo niño, como los más bellos cuentos; y también Alfeo de Sara, que, siendo pocos años más mayor que mi Madre, fue amigo suyo durante los breves años en que Ella estuvo en Nazaret».

«¡Háblanos...!» dice Juan en tono suplicante.

Se han colocado todos en círculo, sentados a la sombra de los olivos; Yabés está en el centro, mirando fijamente a Jesús, como si fuera a escuchar una fábula paradisíaca.

«Os voy a narrar la lección de castidad que dio mi Madre, pocos días antes de entrar en el Templo, a su pequeño amigo y a muchos otros.

Aquel día se había casado un joven de Nazaret, pariente de Sara. Joaquín y Ana también habían sido invitados a la boda, y con ellos la pequeña María, que, junto con otros niños, tenía el encargo de echar pétalos deshojados por el camino de la novia. Dicen que era una niña guapísima. Todos se la disputaban después de la festiva entrada de la novia. Era muy difícil ver a María, porque pasaba mucho tiempo en casa (amaba más que cualquier otro lugar una pequeña gruta, que incluso hoy día sigue llamando “la gruta de su desposorio”). Así que, cuando se la veía, rubia, rosada, delicada, la anegaban en caricias. La llamaban “la flor de Nazaret”, o “la perla de Galilea”, o también “la paz de Dios”, en memoria de un enorme arco iris que apareció improvisamente con su primer vagido. En efecto, era, y es, todo eso y más aún: es la Flor del Cielo y de la creación, es la Perla del Paraíso, es la Paz de Dios... Sí, la Paz. Yo soy el Pacífico porque soy Hijo del Padre e hijo de María: la Paz infinita y la Paz suave.

Pues bien, aquel día todos querían besarla y tenerla en el regazo. Entonces Ella, mostrándose reacia a besos y demás contactos, con delicada gravedad, dijo: “Por favor, no me chaféis”. Creyeron que se refería a su vestido de lino, ceñido con una cinta azul en la cintura, en los estrechos puños, en el cuello...; o a la pequeña guirnalda de florecillas azules con que Ana la había coronado para mantener sus leves ricitos. Entonces, le aseguraron que no le iban a chafar ni el vestido ni la guirnalda. Pero Ella, segura, mujercita de tres años, erguida, rodeada de un corro de adultos, dijo seria: “No me refiero a lo que se puede reparar. Estoy hablando de mi alma. Es de Dios y no quiere ser tocada sino por Dios”. Objetaron: “Pero si te besamos a ti, no a tu alma”. Y Ella replicó: “Mi cuerpo es templo del alma y su sacerdote es el Espíritu; el pueblo no es admitido al recinto sacerdotal. Por favor, no entréis en el recinto de Dios”.

A Alfeo, que había superado ya los ocho años y que la quería mucho, le impresionó esta respuesta, y, al día siguiente, habiéndola encontrado junto a su pequeña gruta buscando flores, le preguntó: “María, cuando seas mujer, ¿me querrías por esposo?” (todavía le duraba la emoción de la fiesta nupcial a la que había asistido). Ella respondió: “Yo te quiero mucho, pero no te veo como hombre. Te diré un secreto: yo veo sólo las almas de los seres vivientes, y las amo mucho, con todo mi corazón. Y veo sólo a Dios como ‘verdadero Ser viviente’ a quien ofrecerme”. Bien, éste es un episodio».

«¡¡¡“Verdadero Ser viviente”!!! ¡Sabes que es profunda esa palabra?» exclama Bartolomé.

Y Jesús, humildemente y con una sonrisa: «Era la Madre de la Sabiduría».

«¡Era?... ¡Pero no tenía tres años?».

«Era. Yo vivía ya en Ella, siendo Dios en Ella, desde su concepción, en la Unidad y Trinidad perfectísima».

Detalle

Mateo pide a Jesús que hable de su Madre.

Anotación

Os voy a contar la lección de castidad que mi Madre dio, pocos días antes de entrar en el Templo, a su novio y a muchos otros. Probablemente a Alphée de Sara.

Era Dios en ella, desde el momento de su concepción, en su Unidad y en su perfectísima Trinidad. Dios en ella: María Valtorta anota en una copia mecanografiada: María, santuario perpetuo y purísimo en el que Dios uno y trino hizo su perpetua morada, nunca estuvo separada de la Sabiduría: el Verbo de Dios estuvo siempre en ella, verdadera Arca portadora del Verbo eterno, y ninguna criatura conoció tan bien como ella este Verbo que es la Sabiduría divina, que había de encarnarse en ella, y que aún y siempre había de permanecer en ella.

El dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por Pío IX el 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus. Había sido objeto de controversia durante siglos y fue una de las razones de la feroz oposición de la teología establecida a María de Ágreda, que expresó esta revelación en sus visiones.

(...) La Toda Hermosa de Dios, coronada de estrellas, vestida con los rayos de la luna menos pura que ella, y sostenida por las estrellas, la Reina de lo creado y de lo increado; porque en su Reino, Dios Rey tiene a María como Reina. Cf. Apocalipsis 12, 1-2.

Libro del Apocalipsis 12, 1-2

Ap 12, 1-2 : "Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna bajo sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Estaba encinta y gritaba con dolores de parto".

ECR 196.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro, síguenos hablando de tu Madre. ¡Es tan luminosa su infancia!: de reflejo hace vírgenes a nuestras almas. Y yo, ¡pobre de mí, tengo mucha necesidad de ello!» exclama Mateo.

«¿Qué queréis que os diga... si son muchos los episodios, y a cuál más delicioso...!».

«¿Te los ha contado Ella?».

«Alguno sí, pero muchos más José, que me los contaba, siendo Yo niño, como los más bellos cuentos; y también Alfeo de Sara, que, siendo pocos años más mayor que mi Madre, fue amigo suyo durante los breves años en que Ella estuvo en Nazaret».