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Notas del tema

Personajes del Protevangile y del Evangelio de la Infancia

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Comodidad de lectura

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ECR 78.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

78.8 Un viejo dice: «Escucha, Señor. Hace tiempo, hace mucho tiempo, cuando el edicto, tuvimos noticia de que había nacido en Belén el Salvador... y yo fui allí con otros... Vi a un pequeño Niño, en todo igual a los demás, pero le adoré, por fe. Luego supe que hay uno, santo, de nombre Juan. ¿Cuál es el Mesías verdadero?».

«Aquel a quien tú adoraste. El otro es su Precursor. Gran santo a los ojos del Altísimo, pero no Mesías».

«¿Eras Tú?».

«Era Yo. Y ¿qué viste en torno a mí recién nacido?».

«Pobreza y limpieza, honestidad y pureza... un artesano amable y serio de nombre José; artesano, pero de la estirpe de David; una joven Madre rubia y amable de nombre María, ante cuya gracia empalidecen las rosas más hermosas de Engadí y parecen deformes las azucenas de los jardines reales; y un Niño de grandes ojos azul cielo, de cabellos de hilos de oro pálido... No vi nada más... Y oigo todavía la voz de la Madre que me decía: “Por mi Criatura te digo: el Señor esté contigo hasta el eterno encuentro y su Gracia te salga al paso en tu camino”. Tengo ochenta y cuatro años... el camino está terminándose. Ya no esperaba encontrar la Gracia de Dios, y, sin embargo, te he encontrado... y ahora ya no deseo ver más luz que la tuya...»

ECR 78.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

78.8 Un viejo dice: «Escucha, Señor. Hace tiempo, hace mucho tiempo, cuando el edicto, tuvimos noticia de que había nacido en Belén el Salvador... y yo fui allí con otros... Vi a un pequeño Niño, en todo igual a los demás, pero le adoré, por fe. Luego supe que hay uno, santo, de nombre Juan. ¿Cuál es el Mesías verdadero?».

«Aquel a quien tú adoraste. El otro es su Precursor. Gran santo a los ojos del Altísimo, pero no Mesías».

«¿Eras Tú?».

«Era Yo.»

Palabras clave

ECR 79

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús camina con sus discípulos hacia Hebrón. Juan, Judas y Simón el Zelote están presentes. Su objetivo es llegar a los pastores, en particular a Leví e Isaac. Judas refunfuña sobre el incidente de Queriot, donde Saulo murió contra el corazón de Jesús, pero el Señor le reprende. También dice que debemos ser fieles a la Ley y dar ejemplo. El grupo apostólico se reúne de nuevo con los pastores, y Elías les cuenta que Aglaia le dio sus joyas en Hebrón. Discuten qué hacer con ellas, pero Cristo no da ninguna orden por el momento. Les cuenta una breve parábola sobre Aglaia y las almas que se arrepienten como ella. A los apóstoles les gustaría dar media vuelta y volver a verla, pero Jesús no quiere y decide que partan enseguida hacia el Monte de las Tentaciones.

ECR 79.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Dónde vamos a encontrar a los pastores?».

«A cinco millas de Hebrón, en las orillas del río que decías».

«Al otro lado de aquel collado, entonces».

«Al otro lado».

«Hace mucho calor. El verano… ¿A dónde vamos después, Maestro?».

«A un lugar aún más caliente. Pero os ruego que vengáis. Viajaremos de noche. Las estrellas son tan claras, que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…».

«¿Una ciudad?».

«No... Un lugar... que os hará comprender al Maestro... quizás mejor que sus palabras».

ECR 79.1.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.1 Jesús va caminando entre sus discípulos por una vereda que sigue el curso del torrente. Bueno, digo “sigue el curso del torrente” por decirlo de alguna forma. En realidad, el torrente está abajo, mientras que la vereda (una vereda serpenteada, como es fácil encontrar en lugares montañosos) va por arriba, cortando la pendiente.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena. Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya. Simón lleva sólo la suya y los mantos. Jesús viste de nuevo su túnica — la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas — y calza sus sandalias. (...)

[Jesús] Se vuelve hacia Juan: «Pesa mucho y casi no puedes; dame tu carga».

«No, Jesús. Estoy acostumbrado a los pesos, y, además... me lo aligera el pensamiento de la alegría que le dará a Isaac».

79.3

Ya están al otro lado del collado. A la sombra del bosque, en la otra vertiente, están las ovejas de Elías; los pastores, sentados a la sombra, las vigilan. Ven a Jesús y se echan a correr hacia Él.

«Paz a vosotros. ¿Aquí estáis?».

«Estábamos preocupados por ti... y por el retardo... dudando si ir hacia ti u obedecer... hemos decidido venir hasta aquí... para obedecerte a ti y al mismo tiempo a nuestro amor. Pero deberías haber llegado hace muchos días».

«Hemos tenido que detenernos…».

«Pero... ¿nada malo?».

«No, nada, amigo. Sólo la muerte de un fiel en mi pecho».

«¿Qué querías que sucediera, pastor? Cuando las cosas están bien preparadas... Claro, hay que saber prepararlas, y preparar a los corazones para recibirlas. Mi ciudad ha rendido al Cristo toda suerte de honores. ¿No es verdad, Maestro?».

«Es verdad. Isaac, al regreso hemos pasado por casa de Sara. La ciudad de Yuttá, sin ninguna otra preparación aparte de la de su simple bondad y de la verdad de las palabras de Isaac, ha sabido entender la esencia de mi doctrina y amar con amor práctico, desinteresado y santo. Te manda ropa y comida, Isaac; y a los óbolos que se quedaron encima de tu yacija todos han querido añadir algo para ti, que vuelves al mundo y careces de todo. Ten. Yo no llevo nunca dinero; éste lo he cogido porque está purificado por la caridad».

«No, Maestro, tenlo Tú. Yo... estoy acostumbrado a vivir sin él».

«Ahora tendrás que ir por los pueblos a los que te voy a enviar, y te hará falta. El obrero tiene derecho al salario, aunque sea un obrero de alma... porque todavía hay un cuerpo que nutrir, como el asno que ayuda a su amo. No es mucho, pero sabrás desenvolverte... Juan en esa saca tiene ropa y sandalias. Joaquín ha cogido de lo suyo; será grande... ¡pero hay mucho amor en ese regalo!».

Isaac toma la saca y se retira a vestirse detrás de una mata. Estaba todavía descalzo y llevaba su extravagante toga hecha con una manta.

Detalle

Los apóstoles llevaron ropa para el Pastor, que era muy pobre. Se la dio la ciudad de Yutta, donde vivía el discípulo de Cristo. Llegaron tarde a su cita porque la muerte de Saulo de Keriot les había retrasado: tenían que purificarse.

ECR 79.4-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro — dice Elías — esa mujer... esa mujer que está en la casa de Juan... tres días después de tu partida, mientras pastoreábamos las ovejas en los prados de Hebrón — que son de todos y no nos podían echar —, nos mandó a una criada con esta bolsa, diciendo que quería hablarnos... No sé si he hecho bien... pero por primera vez devolví la bolsa y dije: “No tengo nada que escuchar”... Después, ella me envió este mensaje: “Ven en nombre de Jesús”, y fui... Esperó a que no estuviera su... en definitiva, el hombre que la tiene... ¡Cuántas cosas quiso..., o mejor, quería saber! Yo, sin embargo... dije poco... por prudencia... Es una meretriz. Temía que fuera una trampa para ti. Me preguntó quién eres, dónde estás, qué haces, si eras una persona importante... Yo le dije: “Es Jesús de Nazaret, está por todas partes porque es un maestro y va enseñando por Palestina”. Le dije que eres un hombre pobre, sencillo, un obrero a quien la Sabiduría le ha hecho sabio... Nada más».

«Has hecho bien» dice Jesús, y, contemporáneamente, Judas exclama: «¡Has hecho mal! ¿Por qué no dijiste que es el Mesías, que es el Rey del mundo? ¡Aplastar la soberbia romana bajo el fulgor de Dios!».

«No me habría entendido... Y, además, ¿estaba seguro de si era sincera? Tú mismo dijiste lo que era ella, cuando la viste. ¿Podía ofrecer las cosas santas — todo lo que es Jesús es santo — a su boca? ¿Podía poner en peligro a Jesús dando demasiadas noticias? ¡Lejos de mí acarrearle un mal, aunque todos lo hicieran!».

«Vamos nosotros, Juan, a decirle quién es el Maestro, a explicarle la verdad santa».

«Yo no, a menos que Jesús me lo ordene».

«¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Sientes asco? ¡El Maestro no lo ha sentido!».

«Ni miedo ni asco. Tengo piedad de ella. Pero pienso que si Jesús hubiera querido hubiera podido detenerse a instruirla. No lo hizo... no es necesario que lo hagamos nosotros».

«Entonces no había signos de conversión... Ahora...

79.5

A ver, Elías, la bolsa». Y Judas vuelca en un extremo del manto — puesto que se ha sentado en la hierba — el contenido de la bolsa. Anillos, brazaletes, pulseras, un collar... ruedan: amarillo oro sobre el amarillo opaco de la vestidura de Judas. «¡Todas joyas!... ¿Qué hacemos con esto?».

«Se pueden vender» dice Simón.

«Son siempre pejigueras» objeta Judas mostrando, no obstante, admiración por las joyas.

«Se lo he dicho yo también, al cogerlas. También le he dicho que su señor la pegaría. Me ha respondido: “No es suyo, es mío, y hago con ello lo que quiero. Sé que es oro de pecado... pero se transformará en oro bueno si se usa para quien es pobre y santo. Para que se acuerde de mí”, y lloraba».

«Ve, Maestro».

«No».

«Manda a Simón».

«No».

«Entonces voy yo».

«No».

Los noes de Jesús son secos e imperiosos.

«¿He hecho mal, Maestro, al hablar con ella, al tomar ese oro?» pregunta Elías, que ve a Jesús serio.

«No has hecho mal, pero ya no hay nada más que hacer».

79.6

«Pero quizás esa mujer quiere redimirse y tiene necesidad de ser instruida…» objeta una vez más Judas.

«Hay en ella ya muchas chispas capaces de suscitar el incendio en que puede quemarse su vicio para quedar el alma virginizada de nuevo por el arrepentimiento. Hace poco os he hablado de levadura que esparciéndose entre la harina convierte a ésta en santo pan. Escuchad una breve parábola. Esa mujer es harina, una harina en la cual el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno; Yo soy la levadura, o sea, mi palabra es la levadura. Pero, ¿puede hacerse el pan, aún en el caso de que la levadura sea buena, si en la harina hay mucho cascabillo, o si mezclado hay piedras y arena y ceniza? No puede hacerse. Hace falta quitar de la harina, con paciencia, las cascarillas, la ceniza, las piedras y la arena. La Misericordia pasa y ofrece la criba... La primera: hecha con breves verdades fundamentales, necesarias para ser comprendidas por uno que está en la red de la completa ignorancia, del vicio, del paganismo. Si el alma lo acoge, comienza la primera purificación. La segunda es la criba del alma en sí, que confronta su ser con el Ser que se ha revelado, y se horroriza. Y comienza su obra. Por medio de una operación cada vez más minuciosa, después de las piedras, de la arena y de la ceniza, llega incluso a quitar lo que ya es harina pero con granitos todavía grandes, demasiado grandes para producir un óptimo pan. Cuando ya está completamente dispuesta, vuelve a pasar la Misericordia y se introduce en esa harina preparada — también ésta es una preparación, Judas — y la hace fermentar y la hace pan. Pero es una operación larga y de “voluntad” del alma. Esa mujer... esa mujer tiene ya en sí esa mínima cosa que era justo darle y que le puede servir para llevar a cabo su trabajo. Dejemos que lo lleve a cabo, si quiere hacerlo, sin disturbarla. Todo disturba a un alma que se está labrando: la curiosidad, el celo imprudente, las intransigencias y la excesiva compasión».

79.7

«¿Entonces, no vamos?».

«No. Y, para que a ninguno de vosotros le venga la tentación, nos vamos en seguida. Hay sombra en el bosque. Nos detendremos en las faldas del Valle del Terebinto y allí nos separaremos. Elías volverá a sus pastos con Leví. José vendrá conmigo hasta el vado de Jericó. Luego... nos volveremos a reunir. Tú, Isaac, continúa lo que hiciste en Yuttá, yendo desde aquí, por Arimatea y Lida, hasta llegar a Doco. Allí nos volveremos a ver. Judea debe ser preparada, y tú sabes cómo hacerlo; como has hecho en Yuttá».

«¿Y nosotros?».

«¿Vosotros? He dicho que vendréis para ver mi preparación. Yo también me he preparado para la misión».

«¿Yendo a un rabí?».

«No».

«¿Con Juan?».

«De él tomé sólo el bautismo».

«¿Entonces?».

«Belén ha hablado con las piedras y los corazones. También en ese lugar, donde te llevo, Judas, las piedras y un corazón, el mío, hablarán y te responderán».

Detalle

Elías fue llamado por Aglaia en Hebrón. Ella le dio sus joyas. Judas reacciona... muy espontáneamente y se ofrece a volver atrás, pero Jesús se niega y les cuenta una parábola sobre el pecador.

ECR 79.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Nos detendremos en las faldas del Valle del Terebinto y allí nos separaremos. Elías volverá a sus pastos con Leví. José vendrá conmigo hasta el vado de Jericó. Luego... nos volveremos a reunir. Tú, Isaac, continúa lo que hiciste en Yuttá, yendo desde aquí, por Arimatea y Lida, hasta llegar a Doco. Allí nos volveremos a ver. Judea debe ser preparada, y tú sabes cómo hacerlo; como has hecho en Yuttá.

Detalle

Jesús da sus instrucciones después de encontrar a Elías y a Isaac.

ECR 79.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y nosotros?».

«¿Vosotros? He dicho que vendréis para ver mi preparación. Yo también me he preparado para la misión».

«¿Yendo a un rabí?».

«No».

«¿Con Juan?».

«De él tomé sólo el bautismo».

«¿Entonces?».

«Belén ha hablado con las piedras y los corazones. También en ese lugar, donde te llevo, Judas, las piedras y un corazón, el mío, hablarán y te responderán».

Detalle

Jesús da sus instrucciones a los pastores Elías, Leví, José e Isaac después de encontrarlos. En ese momento, Judas interviene y pregunta qué va a hacer el grupo apostólico.

ECR 79.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.8 Elías — que ha traído leche y pan oscuro — dice: «He tratado, mientras esperaba, y conmigo también Isaac, de persuadir a los de Hebrón... Pero... sólo creen en Juan, no juran más que por Juan, no quieren más que a Juan; es su “santo” y sólo le quieren a él».

«Pecado común a muchos pueblos y a muchos creyentes actuales y futuros: miran al obrero y no al patrón que ha enviado al obrero; se dirigen al obrero, sin ni siquiera decirle: “Dile a tu patrón esto”. Se olvidan de que el obrero existe porque existe el patrón y de que es el patrón el que instruye al obrero y le habilita para su trabajo. Olvidan que el obrero puede interceder, pero uno sólo puede conceder: el patrón; en este caso Dios, y su Verbo con Él. No importa. El Verbo siente dolor por ello, pero no rencor. Vamos».

La visión termina.

ECR 80.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Aquí sentí nostalgia de mi Madre lejana, aquí sentí necesidad de que Ella prodigara sus cuidados a mi fragilidad humana, aquí sentí renovarse el dolor de haberme separado de la Única que me amaba perfectamente, aquí presentí el dolor que me está reservado y el dolor de su dolor; pobre Mamá, se le agotarán las lágrimas de tantas como deberá esparcir por su Hijo y por obra de los hombres.

Detalle

Jesús habla de su tentación en el desierto.