ECR 48.3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Juan decía cosas santas, pero éste habla como Dios. No puede, si no es el Cristo, decir semejantes palabras.
Detalle
Juan de Zebedeo habla de Juan y Jesús. Él dice:
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 48.3
Juan decía cosas santas, pero éste habla como Dios. No puede, si no es el Cristo, decir semejantes palabras.
Juan de Zebedeo habla de Juan y Jesús. Él dice:
ECR 49.5
«¿Tienes sobrinos, Maestro?».
«No tengo sino... una Madre... Pero en Ella están presentes la pureza, la sinceridad, el amor de los niños más santos, junto a la sabiduría, justicia y fortaleza de los adultos. En mi Madre tengo todo, Juan».
«¿Y la has dejado?».
«Dios está por encima incluso de la más santa de las madres».
«¿La conoceré yo?».
«La conocerás».
«¿Y me querrá?».
«Te amará porque Ella ama a quien ama a su Jesús».
ECR 49.11
49.11 ¿Es mi predilecto? Sí. Pero, ¿no tiene también esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas también humilde. Yo me miraba en él y en él veía mis virtudes. Le amaba, por ello, como un segundo Yo. Veía la mirada del Padre depositada en él, reconociéndole como un pequeño Cristo. Y mi Madre me decía: “Siento en él un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.
¡Oh..., la Llena de Sabiduría cómo te conoció dilecto mío! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un único velo para protegerme amorosamente, y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre. Se habían amado porque habían reconocido su mutua similitud: hijos y hermanos del Padre y del Hijo.
ECR 51
Jesús está en casa de Pedro con Simón de Jonás, Santiago, Juan y Porfirio. Llega Andrés, indicando que Judas está allí por él, y su primo entra en la casa. María invitó a su Hijo a las bodas de Caná, y sus parientes también querían que fuera. Jesús accede a la petición de su Madre y entonces adivina que a Jude le pasa algo. Le interrogó y Judas dijo a medias que Jesús tenía que tener cuidado, a causa de las castas poderosas a las que podría molestar su enseñanza. Menciona al Bautista, pero también intuimos que lo hace de boquilla. Además, Jesús supone que fueron sus parientes quienes le dijeron que dijera eso, lo que confirma Judas. Pero Jesús afirma que por encima de la tierra está el Cielo y los intereses de Dios. En cuanto a su Madre, sólo ella podría recordarle sus deberes de Hijo, pero no lo hace. Ella renunció desde el principio a su condición de criatura, y Jesús recuerda su vida en el Templo, alabando su desprendimiento y su entrega a Dios. El Señor predice también que llegará un día en que todos le abandonarán, pero no ella, y es gracias a María que los apóstoles volverán a Jesús. Quiere que comprendamos lo poderosa que es María en el corazón de Dios.
A continuación, Judas le pide que la acompañe a las bodas de Caná. Le entrega un vestido diseñado por el Todo Santo, que Jesús se pondrá en Jerusalén, en el Templo.
ECR 51.1-2
«Vengo de Cafarnaúm. He ido allí en barca, y he venido también en barca para llegar antes. Me envía tu Madre. Dice: “Susana se casa mañana. Te ruego, Hijo, que estés presente en esta boda”. María participa en la ceremonia y con Ella mi madre y los hermanos. Todos los parientes están invitados. Sólo Tú estarías ausente. Los parientes te piden que complazcas en esto a los novios».
51.2 Jesús se inclina ligeramente abriendo un poco los brazos y dice: «Un deseo de mi Madre es ley para mí. Pero iré también por Susana y por los parientes. Sólo... lo siento por vosotros...». y mira a Pedro y a los otros. «Son mis amigos» explica a su primo. Y los nombra comenzando por Pedro. Por último dice: «Y éste es Juan», y lo dice de una forma muy especial, que mueve a Judas Tadeo a mirar más atentamente, y que hace ruborizarse al predilecto. Jesús termina la presentación diciendo: «Amigos, éste es Judas, hijo de Alfeo, mi primo hermano, según dice la usanza, porque es hijo del hermano del esposo de mi Madre; un buen amigo mío en el trabajo y en la vida».
«Mi casa está abierta para ti como para el Maestro. Siéntate». Luego, dirigiéndose a Jesús, Pedro dice: «¿Entonces? ¿Ya no vamos contigo a Jerusalén?».
«Claro que vendréis. Iré después de la fiesta. Únicamente que ya no me detendré en Nazaret».
«Haces bien, Jesús, porque tu Madre será mi huésped durante algunos días. Así hemos quedado, y volverá a mi casa también después de la boda»: esto dice el hombre de Cafarnaúm.
«Entonces lo haremos así. Ahora, con la barca de Judas, Yo iré a Tiberíades y de allí a Caná, y con la misma barca volveré a Cafarnaúm con mi Madre y contigo. El día siguiente después del próximo sábado te acercas, Simón, si todavía quieres, e iremos a Jerusalén para la Pascua».
«¡Sí que querré! Incluso iré el sábado para oírte en la sinagoga».
Judas vino a Jesús para invitarle a las bodas de Caná. Le dijo:
ECR 51.3-4
«¿Ya predicas, Jesús?» pregunta Judas.
«Sí, primo».
«¡Y qué palabras! ¡No se oyen en boca de otros!».
Judas suspira. Con la cabeza apoyada en la mano y el codo sobre la rodilla, mira a Jesús y suspira. Parece como si quisiera hablar y no se atreviera.
Jesús le provoca para que hable: «¿Qué te pasa, Judas? ¿Por qué me miras y suspiras?».
«Nada».
«No. Nada no. ¿Ya no soy el Jesús que tú estimabas? ¿Aquel para quien no tenías secretos?».
«¡Sí que lo eres! Y cómo te echo de menos, a ti, maestro de tu primo más mayor...».
«¿Entonces? Habla».
«Quería decirte... Jesús... sé prudente... tienes una Madre... que aparte de ti no tiene nada... Tú quieres ser un “rabí” distinto de los demás y sabes, mejor que yo, que... las castas poderosas no permiten cosas distintas de las usuales, establecidas por ellos. Conozco tu modo de pensar... es santo... Pero el mundo no es santo... y oprime a los santos... Jesús... ya sabes cuál ha sido la suerte de tu primo Juan... Le han apresado y si todavía no ha muerto es porque ese repugnante Tetrarca tiene miedo del pueblo y del rayo divino. Asqueroso y supersticioso, como cruel y lascivo. ¿Qué será de ti? ¿Qué final te quieres buscar?».
«Judas, ¿me preguntas esto tú, que conoces tanto acerca de mi pensamiento? ¿Hablas por propia iniciativa? No. ¡No mientas! Te han mandado — no mi Madre, por supuesto — a decirme esto...».
Judas baja la cabeza y calla.
«Habla, primo».
«Mi padre... y con él José y Simón... sabes... por tu bien... por afecto hacia ti y María... no ven con buenos ojos lo que te propones hacer... y... y querrían que Tú pensaras en tu Madre...».
51.4
«¿Y tú qué piensas?».
«Yo... yo».
«Tú te debates entre las voces de arriba y de la Tierra. No digo de abajo, digo de la Tierra. También vacila Santiago, aún más que tú. Pero Yo os digo que por encima de la Tierra está el Cielo, por encima de los intereses del mundo está la causa de Dios. Necesitáis cambiar de modo de pensar. Cuando sepáis hacerlo seréis perfectos».
«Pero... ¿y tu Madre?».
«Judas, sólo Ella tendría derecho a recordarme mis deberes de hijo, según la luz de la Tierra, o sea, mi deber de trabajar para Ella, para hacer frente a sus necesidades materiales, mi deber de asistencia y consolación estando cerca de mi Madre. Y Ella no me pide nada de esto. Desde que me tuvo, Ella sabía que habría de perderme, para encontrarme de nuevo con más amplitud que la del pequeño círculo de la familia. Y desde entonces se ha preparado para esto. No es nueva en su sangre esta absoluta voluntad de donación a Dios. Su madre la ofreció al Templo antes de que Ella sonriera a la luz. Y Ella — me lo ha dicho las innumerables veces que me ha hablado de su infancia santa teniéndome contra su corazón en las largas noches de invierno, o en las claras de verano llenas de estrellas — y Ella se ofreció a Dios ya desde aquellas primeras luces de su alba en el mundo. Y más aún se ofreció cuando me tuvo, para estar donde Yo estoy, en la vía de la misión que me viene de Dios. Llegará un momento en que todos me abandonen. Quizás durante pocos minutos, pero la vileza se adueñará de todos, y pensaréis que hubiera sido mejor, por cuanto se refiere a vuestra seguridad, no haberme conocido nunca. Pero Ella, que ha comprendido y que sabe, Ella estará siempre conmigo. Y vosotros volveréis a ser míos por Ella. Con la fuerza de su amorosa, segura fe, Ella os aspirará hacia sí, y, por tanto hacia mí, porque Yo estoy en mi Madre y Ella en mí, y Nosotros en Dios. Esto querría que comprendierais vosotros todos, parientes según el mundo, amigos e hijos según lo sobrenatural. Tú, y contigo los otros, no sabéis quién es mi Madre. Si lo supierais, no la criticaríais en vuestro corazón por no saberme tener sujeto a Ella, sino que la veneraríais como a la Amiga más íntima de Dios, la Poderosa que todo lo puede en orden al corazón del Eterno Padre, que todo lo puede en orden al Hijo de su corazón. Ciertamente iré a Caná. Quiero hacerla feliz. Comprenderéis mejor después de esta hora».
Se le ve a Jesús majestuoso y persuasivo.
Judas le mira atentamente. Piensa. Dice: «Yo también, sin duda, iré contigo, con estos, si me aceptas... porque siento que dices cosas justas. Perdona mi ceguera y la de mis hermanos. ¡Eres mucho más santo que nosotros!...».
«No guardo rencor a quien no me conoce. Ni siquiera a quien me odia. Pero me duele por el mal que a sí mismo se hace.»
Santiago de Alfeo se menciona muy brevemente en 51.4. En este extracto, Judas expresa las aprensiones de su familia sobre el comportamiento de Jesús en nombre de todos los parientes de Jesús.
ECR 51.3
Jesús... ya sabes cuál ha sido la suerte de tu primo Juan... Le han apresado y si todavía no ha muerto es porque ese repugnante Tetrarca tiene miedo del pueblo y del rayo divino. Asqueroso y supersticioso, como cruel y lascivo. ¿Qué será de ti? ¿Qué final te quieres buscar?
Judas, en nombre de su familia que no aprobaba el comportamiento de Jesús, dijo:
ECR 51.4
Yo os digo que por encima de la Tierra está el Cielo, por encima de los intereses del mundo está la causa de Dios. Necesitáis cambiar de modo de pensar. Cuando sepáis hacerlo seréis perfectos».
«Pero... ¿y tu Madre?».
«Judas, sólo Ella tendría derecho a recordarme mis deberes de hijo, según la luz de la Tierra, o sea, mi deber de trabajar para Ella, para hacer frente a sus necesidades materiales, mi deber de asistencia y consolación estando cerca de mi Madre. Y Ella no me pide nada de esto. Desde que me tuvo, Ella sabía que habría de perderme, para encontrarme de nuevo con más amplitud que la del pequeño círculo de la familia. Y desde entonces se ha preparado para esto. No es nueva en su sangre esta absoluta voluntad de donación a Dios. Su madre la ofreció al Templo antes de que Ella sonriera a la luz. Y Ella — me lo ha dicho las innumerables veces que me ha hablado de su infancia santa teniéndome contra su corazón en las largas noches de invierno, o en las claras de verano llenas de estrellas — y Ella se ofreció a Dios ya desde aquellas primeras luces de su alba en el mundo. Y más aún se ofreció cuando me tuvo, para estar donde Yo estoy, en la vía de la misión que me viene de Dios. Llegará un momento en que todos me abandonen. Quizás durante pocos minutos, pero la vileza se adueñará de todos, y pensaréis que hubiera sido mejor, por cuanto se refiere a vuestra seguridad, no haberme conocido nunca. Pero Ella, que ha comprendido y que sabe, Ella estará siempre conmigo. Y vosotros volveréis a ser míos por Ella. Con la fuerza de su amorosa, segura fe, Ella os aspirará hacia sí, y, por tanto hacia mí, porque Yo estoy en mi Madre y Ella en mí, y Nosotros en Dios. Esto querría que comprendierais vosotros todos, parientes según el mundo, amigos e hijos según lo sobrenatural. Tú, y contigo los otros, no sabéis quién es mi Madre. Si lo supierais, no la criticaríais en vuestro corazón por no saberme tener sujeto a Ella, sino que la veneraríais como a la Amiga más íntima de Dios, la Poderosa que todo lo puede en orden al corazón del Eterno Padre, que todo lo puede en orden al Hijo de su corazón. Ciertamente iré a Caná. Quiero hacerla feliz. Comprenderéis mejor después de esta hora».
ECR 51.5
51.5 ¿Qué tienes en esa bolsa?».
«La túnica que tu Madre te manda. Mañana será una gran fiesta. Ella piensa que su Jesús la necesita para no causar mala impresión entre los invitados. Ha estado hilando incansable desde las primeras luces hasta las últimas, diariamente, para prepararte esta túnica. Pero no ha ultimado el manto. Todavía le faltan las orlas. Se siente desolada por ello».
«No hace falta. Iré con éste, y aquél lo reservaré para Jerusalén. El Templo es más que una boda».
«Ella se alegrará».
«Si queréis estar para el alba en el camino que lleva a Caná, os conviene levar anclas en seguida. La Luna sale, la travesía será buena» dice Pedro.
«Vamos entonces. Ven, Juan. Te llevo conmigo. Simón Pedro, Santiago, Andrés, ¡adiós! Os espero el sábado por la noche en Cafarnaúm. ¡Adiós!, mujer. Paz a ti y a tu casa».
Salen Jesús con Judas y Juan. Pedro los sigue hasta la orilla y colabora en la operación de partida de la barca.
Y la visión termina.
Judas se acercó a Jesús en las bodas de Caná y le preguntó:
ECR 52
María ve la casa de bodas de Caná y ve llegar a María al lugar. Ella está ayudando a preparar el lugar para la fiesta. La novia llega por fin, y se produce un cambio en la visión: la mística ve a Jesús, que se dirige a Caná. Sale para complacer a su Madre y llega a la casa. Saluda a los novios y a los invitados, y se sienta con Juan y Judas de Alfeo. Él y María comieron y hablaron poco. Entonces la Virgen se dio cuenta de que se les había acabado el vino, y todo sucedió como en el Evangelio. Jesús realiza su primer milagro, y luego, cuando la atención se vuelve hacia él, dice a todos que den gracias a María.
A continuación, se nos dan dos dictados. Uno se refiere a la famosa frase: "Madre, ¿qué hay ahora entre tú y yo?" y el otro al hecho de que fue María quien obtuvo el primer milagro de Cristo. El Señor nos pide que le demos gracias por todas las gracias que nos obtiene. En cuanto al famoso "desde ahora", Jesús explica que antes era todo de María, pero ahora es todo del Padre, como Siervo de Dios. Los lazos entre Madre e Hijo se rompen para estrecharse aún más y, después de su misión, el Salvador volverá a serlo todo para su Madre.