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Notas del tema

El séquito de Jesús

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Comodidad de lectura

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ECR 30.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El pastor abre la boca, pero se limita a farfullar unos sonidos.

30.7 José se vuelve y va a la puerta. «¿Quiénes sois?».

«Pastores. Os traemos comida y lana. Venimos a adorar al Salvador».

«Entrad».

Entran. Las teas iluminan el establo. Los viejos empujan a los niños delante de ellos.

María se vuelve y sonríe. «Venid» dice. «¡Venid!» y los invita con la mano y la sonrisa; toma al que había visto al ángel y le acerca hacia sí, hasta el mismo pesebre. El niño mira con beatitud.

Los otros, invitados también por José, se arriman con sus dones y los depositan, con breves y emocionadas palabras, a los pies de María. Luego miran al Niño, que está llorando quedo, y sonríen emocionados y dichosos.

Detalle

Los pastores han vuelto al catre. Leví quiere que Elías diga algo, porque ya ha conocido a José y a María.

ECR 30.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Habría que darle un sorbo de leche, o mejor: agua y miel. Pero no tenemos miel. Se les da a los niñitos. Yo tengo siete hijos y entiendo de ello...».

«Aquí está la leche. Toma, Mujer».

«Pero está fría. Tiene que ser caliente. ¿Dónde está Elías? Él tiene la oveja».

Elías debe ser el de la leche, pero no está; se había quedado afuera y ahora está mirando por el portillo, y en la oscuridad de la noche se difumina.

«¿Quién os ha conducido aquí?».

«Un ángel nos ha dicho que viniéramos, luego Elías nos ha guiado hasta aquí. Pero, ¿dónde está ahora?».

La oveja le delata con un balido.

«Ven. Se te requiere».

Entra con su oveja, avergonzado por ser el más notado.

«¿Eres tú!» dice José habiéndole reconocido; María, por su parte, le sonríe diciendo: «Eres bueno».

Ordeñan a la oveja y, con la punta de un paño embebido de leche caliente y espumosa, María moja los labios del Niño, el cual absorbe ese dulzor cremoso. Todos sonríen, y más aún cuando, con la punta de tela todavía entre sus labiecitos, Jesús se duerme bajo el calor de la lana.

Detalle

En el catre, uno de los pastores, que no es Elías, dice:

ECR 30.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿No deseas nada? ¿No tienes familiares a los que quieras comunicar que Él ha nacido?».

«Sí, los tengo... pero no están cerca de aquí, están en Hebrón...».

«Voy yo» dice Elías. «¿Quiénes son?».

«Zacarías, el sacerdote, e Isabel, mi prima».

«¿Zacarías? ¡Le conozco bien! En verano subo a esos montes porque tienen pastos abundantes y buenos, y soy amigo de su pastor. Después de que te vea establecida voy adonde Zacarías».

«Gracias, Elías».

«Nada de gracias. Es un gran honor para mí, que soy un pobre pastor, ir a hablar con el sacerdote y decirle que ha nacido el Salvador».

«No. Le dirás: “Ha dicho María de Nazaret, tu prima, que Jesús ha nacido y que vayas a Belén”».

«Eso diré».

«Que Dios te lo pague.»

ECR 30.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

30.9 «Me acordaré de ti, de todos vosotros...».

«¿Le hablarás a tu Niño de nosotros?».

«Lo haré».

«Yo soy Elías».

«Y yo, Leví».

«Y yo, Samuel».

«Y yo, Jonás».

«Y yo, Isaac».

«Y yo, Tobías».

«Y yo, Jonatán».

«Y yo, Daniel».

«Simeón, yo».

«Yo me llamo Juan».

«Yo, José; y mi hermano, Benjamín. Somos gemelos».

«Recordaré vuestros nombres».

«Tenemos que marcharnos... pero volveremos... ¡Y te traeremos a otros para adorar!...».

«¿Cómo volver al aprisco dejando a este Niño?».

«¡Gloria a Dios que nos lo ha mostrado!».

«Déjanos besar su vestido» dice Leví con una sonrisa de ángel.

María alza despacio a Jesús y, sentada sobre el heno, ofrece los piececitos arropados para que los besen. Y los pastores se inclinan hasta el suelo y besan esos piececitos minúsculos cubiertos por la tela. Quien tiene barba primero se la adereza. Casi todos lloran y, cuando tienen que marcharse, salen caminando hacia atrás, dejando allí su corazón...

La visión me termina así, con María sentada en la paja con el Niño en su regazo, y José mirando y adorando, apoyado con un codo en el pesebre.

ECR 30.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

30.10 Dice Jesús:

«Hoy hablo Yo. Estás muy cansada, pero ten paciencia todavía durante un poco.

Es la víspera del Corpus Christi. Podría hablarte de la Eucaristía y de los santos que se hicieron apóstoles de su culto, del mismo modo que te he hablado de los santos que fueron apóstoles del Sagrado Corazón. Pero quiero referirme a otra cosa y a una categoría de adoradores de mi Cuerpo, que son los precursores del culto al mismo, los pastores; ellos son los primeros adoradores de mi Cuerpo de Verbo hecho Hombre.

Una vez te dije — y esto mismo lo dice también mi Iglesia — que los Santos Inocentes son los protomártires de Cristo.

Ahora te digo que los pastores son los primeros adoradores del Cuerpo de Dios. En ellos se encuentran todos los requisitos que se necesitan para ser adoradores del Cuerpo mío, para ser almas eucarísticas.

Fe segura: ellos creen pronta y ciegamente en el ángel.

Generosidad: dan todo lo que poseen a su Señor.

Humildad: se acercan a otros más pobres que ellos, humanamente, con una modestia de actos que hace que no se sientan rebajados; y se profesan siervos de ellos.

Deseo: lo que no pueden dar por sí mismos, se las ingenian para procurarlo con apostolado y esfuerzo.

Prontitud de obediencia: María desea que sea avisado Zacarías, y Elías va en seguida. No lo deja para otro momento.

Amor, en fin: no saben irse de ese lugar. Tú dices: “dejan allí su corazón”. Dices bien.

¿Y no habría que comportarse así también con mi Sacramento?

Detalle

María acaba de ver la Adoración de los pastores en el pesebre de Belén.

ECR 30.11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Otra cosa. Ésta enteramente para ti. Observa a quién se revela el ángel en primer lugar, y quién es el que merece escuchar las efusiones del ánimo de María. Leví: el niño.

A quien tiene alma de niño Dios se le manifiesta, y le muestra sus misterios y permite que escuche las palabras divinas y de María. Y quien tiene alma de niño tiene también la santa intrepidez de Leví y dice: “Déjame besar el vestido de Jesús”. Se lo dice a María, porque es siempre María la que os da a Jesús. Ella es la Portadora de la Eucaristía. Ella es la Píxide Viva.

Quien va a María me encuentra a mí. Quien me pide a Ella de Ella me recibe. La sonrisa de mi Madre, cuando una criatura le dice: “Dame a tu Jesús para que yo le ame” — tan feliz se siente —, hace que el color del Cielo se cambie en un esplendor más vivo de júbilo.

Dile pues: “Déjame besar el vestido de Jesús, déjame besar sus llagas”. Atrévete incluso a más. Di: “Déjame reclinar mi cabeza en el Corazón de tu Jesús para sentirme así beata”.

Ven. Descansa. Como Jesús en la cuna, entre Jesús y María».

Detalle

Jesús dio un dictado a María después de haber visto a los pastores adorando el pesebre. Dice:

ECR 31

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : La visita de Zacarías. La santidad de José y la obediencia a los sacerdotes.

Fecha de la visión y del dictado: Jueves 8 de junio de 1944 (Corpus Christi)

Calendario: Lunes 30 de diciembre -5 d.C.

Lugar (mapa) : Belén

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: Zacarías llega a Belén. José viene a darle la bienvenida, porque María está dando leche a Jesús. El carpintero pregunta por Juan, que está creciendo muy bien, pero que tiene problemas de dentición: por eso no lo ha llevado consigo. Isabel tampoco ha venido, no sólo para cuidar a su hijo, sino también porque hace mucho frío. José comprendió y describió al sacerdote las difíciles condiciones que habían vivido tras el nacimiento de Jesús. Como dijo el marido de María, todo estaba preparado en Nazaret, pero aquí no tenían nada.

La Virgen llega mientras tanto y presenta al Niño, después de saludar al sacerdote. Zacarías adora a Jesús con el mayor respeto. El anciano entrega entonces regalos suyos y de Isabel. La Inmaculada lamenta no haber podido venir con Juan, y Zacarías le asegura que los verá pronto. De hecho, el anciano pensaba que debían vivir en Belén, para que, llegado el momento, fuera mejor aceptado por el Sanedrín y para que Zacarías pudiera servirle de maestro.

José y María se miran y no están especialmente de acuerdo con la visión de Zacarías. Uno piensa en su trabajo, la otra en su casa y en todo lo que han dejado atrás. Esto es lo que dice María, sobre todo porque es difícil ir a buscar sus cosas, ya que no tienen casa para guardarlo todo en Belén. Por encima de todo, María pensaba en José y José pensaba en María. Sin embargo, su casto esposo estaba dispuesto a trabajar el doble si era por Jesús.

María intentó finalmente oponerse por última vez, señalando que el Mesías se llamaría Nazareno, pero Zacarías no atendió a razones, y los santos padres accedieron a sus deseos...

María hizo entonces un dictado sobre la santidad de José, a quien no le importaba trabajar más, renunciar a todo si era por sus dos tesoros: María y José. Luego habló de Zacarías, que era sacerdote, pero cuyo corazón estaba menos vuelto hacia el Cielo que el de José. Zacarías piensa humanamente y cree saber más que María, hasta el punto de poder servir de maestro al Maestro. Por supuesto, María se opone a lo que él dice y podría haber triunfado en su conversación, pero se retira por la dignidad del sacerdote.

Tras señalar que un sacerdote suele estar iluminado por Dios, María subraya finalmente que obedecer siempre salva, aunque el consejo que se reciba no sea absolutamente perfecto. Quedarse en Belén y Judea fue una suerte cuando llegó la huida a Egipto: desde Nazaret, habría sido mucho más difícil.

Para concluir, María nos enseña que el respeto al sacerdote es siempre un signo de buena formación cristiana. Aunque pierdan su llama apostólica, siguen siendo los que hacen descender el Pan del Cielo, y este contacto los hace "santos como un cáliz sagrado". Por tanto, debemos considerarlos como tales y rezar por ellos si sus almas están paralizadas y enfermas. Debemos rogar a Cristo por su santificación, porque salvar un alma sacerdotal "es salvar muchas almas".

Contenido del capítulo: 31.1: Llegada de Zacarías solo, a quien José cuenta los acontecimientos de la Natividad. 31.2: "La Hostia" en brazos de Zacarías. 31.3: Regalos de Isabel para el niño. 31.4: El Mesías debe crecer en Belén. 31.5: Zacarías convence a la pareja para que se establezcan en Belén. 31.6: La santidad de José. 31.7: Zacarías contra José. 31.8: Los verdaderos sacerdotes y los otros. 31.9: La obediencia siempre salva. 31.10: El respeto al sacerdote es siempre una señal de integridad cristiana.

ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.1 Veo la larga sala donde presencié el encuentro de los Magos con Jesús y su acto de adoración. Comprendo que me encuentro en la casa hospitalaria que ha acogido a la sagrada Familia. Asisto a la llegada de Zacarías. Isabel no está.

La dueña de la casa sale presurosa, por la terraza que circunda la casa, al encuentro del huésped que está llegando... Le acompaña hasta una puerta y llama; luego, discreta, se retira.

José abre y, al ver a Zacarías, exulta de júbilo. Le pasa a una habitacioncita pequeña, de las dimensiones de un pasillo. «María está dándole la leche al Niño. Espera un poco. Siéntate, que estarás cansado». Y le deja sitio en su recostadero, sentándose a su lado.

Oigo que José pregunta por el pequeño Juan, y que Zacarías responde: «Crece vigoroso como un potrillo. De todas formas, ahora está sufriendo un poco por los dientes. Por eso no hemos querido traerle. Hace mucho frío. Así que tampoco ha venido Isabel. No podía dejarle sin la leche. Lo ha sentido mucho; pero, ¡está siendo una estación tan fría...!».

«Sí, efectivamente, muy fría» responde José.

«Me dijo el hombre que me enviasteis que cuando nació el Niño estabais sin casa. ¡Lo que habréis tenido que pasar!...».

«Sí, verdaderamente lo hemos pasado muy mal; pero era mayor el miedo que la precariedad en que nos encontrábamos. Teníamos miedo de que esta precariedad le pudiera perjudicar al Niño. Y los primeros días tuvimos que pasarlos allí. A nosotros no nos faltaba nada, porque los pastores habían transmitido la buena nueva a los betlemitas y muchos vinieron con dones. Pero faltaba una casa, faltaba una habitación resguardada, un lecho... y Jesús lloraba mucho, especialmente por la noche, por el viento que entraba por todas partes. Yo encendía un poco de fuego, pero poco, porque el humo le hacía toser al Niño... y así el frío seguía. Dos animales calientan poco, ¡y menos todavía en un sitio donde el aire entra por todas partes! Faltaba agua caliente para lavarle, faltaba ropa seca para cambiarle... ¡Oh! ¡Ha sufrido mucho! Y María sufría al verle sufrir. ¡Sufría yo... conque te puedes hacer una idea Ella, que es su Madre! Le daba leche y lágrimas, leche y amor... Ahora aquí estamos mejor. Yo había hecho una cuna muy cómoda y María había puesto un colchoncito blando. ¡Pero la tenemos en Nazaret! ¡Ah, si hubiera nacido allí, habría sido distinto!».

«Pero el Cristo tenía que nacer en Belén. Así estaba profetizado».

ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Oigo que José pregunta por el pequeño Juan, y que Zacarías responde: «Crece vigoroso como un potrillo. De todas formas, ahora está sufriendo un poco por los dientes. Por eso no hemos querido traerle. Hace mucho frío. Así que tampoco ha venido Isabel. No podía dejarle sin la leche. Lo ha sentido mucho; pero, ¡está siendo una estación tan fría...!».

«Sí, efectivamente, muy fría» responde José.

ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Me dijo el hombre que me enviasteis que cuando nació el Niño estabais sin casa. ¡Lo que habréis tenido que pasar!...».

Detalle

Elías sí fue a buscar a Zacarías, pues cuando éste llegó a Belén, llamó al pastor y le dijo: