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Notas de la palabra clave

Santiago de Alfeo (apóstol)

Tema: Personajes principales y secundarios · Página 11 de 16

Comodidad de lectura

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ECR 177.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús entra en Cafarnaúm. Viene de los campos. Le acompañan sólo los doce; es más, los once, porque Juan no está.

Anotación

Sabemos por Pedro, en Betsaida, que Jesús le envió "delante" con Isaac para conducir a María hasta el Bautista(EMV 180.7).

ECR 178.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo a Jesús con sus once apóstoles — sigue faltando Juan — dirigiéndose hacia la orilla del lago. Mucha gente se aglomera en torno a Él: muchas de estas personas, en su mayor parte hombres, son las mismas que estaban en el Monte y que ahora se han llegado de nuevo a Él, a Cafarnaúm, para seguir escuchando su palabra. Intentan retenerle, pero Jesús dice: «Yo soy de todos. Debo ir a otros muchos. Volveré. Ya os reuniréis de nuevo conmigo. Ahora dejadme que me vaya».

Con mucha dificultad logra andar entre la muchedumbre que se comprime por la estrecha callecilla. Los apóstoles empujan para abrirle paso, pero es como incidir contra una substancia blanduzca, que enseguida recupera la forma que tenía; incluso se irritan, pero inútilmente.

ECR 179.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las barcas de los apóstoles, recorrido el breve trecho de lago que separa Cafarnaúm de Betsaida, echan amarras en esta ciudad.

Detalle

En este capítulo están presentes los Once. Juan ha ido a buscar a Juan el Bautista a Hennon con la Virgen.

ECR 179.7-8.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego, volviéndose a Pedro, dice: «Remonta el río hasta donde te sea posible y amarra al otro lado». (...) El fondo restriega contra el guijarral. Ello hace que la conversación se interrumpa, para permitir bajar de la barca. Ya no se ven las bajas colinas de Betsaida que casi se introducen en el lago; aquí hay una llanura rica en gramíneas que se extiende desde esta orilla, opuesta a Betsaida, hacia el Norte.

«¿Vamos a Merón?» pregunta Pedro.

«No. Cogemos este sendero que va por entre las tierras».

Los campos, hermosos y bien cuidados, muestran las espigas aún tiernas pero ya formadas. Todas a la misma altura y cimbreándose levemente por el viento fresco que viene del Norte, parecen otro lago, pequeño, en que las velas son los árboles que esporádicamente se yerguen, llenos de trinos de pájaros.

«Estos campos no son como los de la parábola» observa el primo Santiago.

«¡No, sin duda! No han sido devastados por los pájaros, ni hay espinos ni piedras. ¡Hermoso trigo! Dentro de un mes ya estará dorado... y dentro de dos estará maduro para la hoz y el granero» dice Judas Iscariote.

«Maestro... Te recuerdo lo que has dicho en mi casa. Has hablado muy bien, pero yo empiezo ya a tener en la cabeza nubes desmadejadas como ésas del cielo...» dice Pedro.

«Esta noche te lo explicaré. 179.8 Ahora tenemos ante nuestros ojos a Corazín». Y Jesús mira fijamente al neodiscípulo diciendo: «A quien tiene se le da. El hecho de recibir no quita el mérito a la ofrenda. Llévame a vuestro sepulcro y a casa de tu madre».

El joven se arrodilla y besa entre lágrimas la mano de Jesús.

«Levántate. Vamos. Mi espíritu ha oído tu llanto. Quiero fortalecerte en el heroísmo con mi amor».

«Isaac el Adulto me había hablado de tu gran bondad. ¿Sabes qué Isaac, no? Aquel al que le curaste la hija. Ha sido el apóstol para mí. Pero veo que tu bondad es aún mayor de cuanto me habían referido».

«Iremos a saludar también al Adulto para darle las gracias por haberme dado un discípulo».

Llegan a Corazín. La primera casa es precisamente la de Isaac.

(...) Se detienen primero a orar junto a la tumba cerrada. Luego, atravesando un majuelo aún semideshojado, se dirigen a la casa de Elías.

(...) Vuelven al camino que los ha de llevar al río y después a Betsaida.

Detalle

Jesús acaba de predicar en Betsaida. Está en el lago, con el joven discípulo que no fue al entierro de su padre, y habla a Simón de Jonás.

Anotación

"Sube todo lo que puedas y amarra la barca al otro lado". El primer puente romano conocido en este tramo del Jordán se encuentra 11/12 km más al norte(puente de las Hijas de Jacob). Este puente fue destruido en 1918.

Las colinas bajas de Betsaida que hunden sus narices en el lago, por así decirlo, ya no son visibles aquí, pero una llanura con ricas cosechas se extiende a lo largo de esta orilla frente a Betsaida hacia el norte. Correcto: La llanura al noroeste de Betsaida tiene unos 500 m de ancho y 1 ó 2 km de largo, y luego se eleva constantemente hacia el oeste.

"¿Vamos a Merom ? Vamos por este camino a través de los campos. Merom está a unos 17 km, al noroeste, a 4 horas de camino... Chorazeïn está a sólo 4 km, en dirección oeste en línea recta desde Betsaida. Siempre que podía, Jesús tomaba el camino más corto.

Los campos eran hermosos y estaban bien cuidados, y sus espigas estaban aún tiernas pero ya formadas. Esto era coherente: 15 días después, María Valtorta comentaba que estaban "bien formadas"(EMV 190.1).

¡Hermoso trigo! Dentro de un mes ya estará rubio... y dentro de dos meses estará listo para ser segado y almacenado. Correcto: la cosecha tiene lugar a finales de abril, principios de mayo (según la cronología de Jean-François Lavère, estamos a finales de febrero y principios de marzo). Dentro de 2 meses, es el episodio de las espigas robadas el sábado(EMV 217,3).

Ahora hemos llegado a la vista de Chorazeïn. Exacto: viniendo del norte de Betsaida, sólo en el último momento, después de rodear la colina, podemos ver Corazín, en la ladera sur.

- Maestro... Te recordaré lo que dijiste en mi casa. ¡Hablaste tan bien! Pero empiezo a tener nubes en la cabeza tan confusas como las que hay allá arriba. Jesús recomendó a los apóstoles que le preguntaran por su Palabra, para que se la explicara, en EMV 179.3.

Cuando llegaron a Chorazeïn, la casa de Isaac fue la primera que vieron. Era Isaac el Adulto, un anciano de Chorazeïn cuya hija había curado Jesús.

Vuelven al camino que tomaron para ir al río, y de allí a Betsaida. Coherente: en el capítulo siguiente, descubrimos que pasan la noche en Betsaida. Sólo tardan 2h30 / 3h00 en hacer este viaje de ida y vuelta por la tarde.

ECR 180.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No sé qué observación de uno de los compañeros ha originado la respuesta escultórica de Pedro: «Les sucederá como a los constructores de la torre de Babel: su misma soberbia provocará la destrucción de sus teorías y morirán aplastados».

Andrés objeta a su hermano: «Pero Dios es Misericordia. Impedirá que se derrumben para darles tiempo de arrepentirse».

«¡Que te crees tú eso! Coronarán su soberbia con la calumnia y la persecución. Ya lo veo venir. Nos perseguirán, cual testigos odiosos, para disgregarnos. Y, por su ataque insidioso contra la Verdad, Dios tomará venganza y perecerán».

«¿Tendremos la fuerza suficiente para resistir?» pregunta Tomás.

«Por mí mismo no la tendría, pero confío en Él» dice Pedro señalando al Maestro, el cual está escuchando y guarda silencio, con la cabeza un poco inclinada como para tener escondida la expresión de su rostro.

«Yo pienso que Dios no nos someterá a pruebas superiores a nuestras fuerzas» dice Mateo.

«O que, cuando menos, aumentará las fuerzas proporcionalmente a la magnitud de las pruebas» concluye Santiago de Alfeo.

«Ya lo está haciendo.»

Anotación

Lo que les ocurrió a los constructores de la Torre de Babel les ocurrirá a ellos. Alusión a Génesis 11:1-9.

Ya lo ha hecho: es Simón el Zelote quien habla. La conversación continúa. Véase la nota siguiente.

Libro del Génesis 11, 1-9

Gn 11, 1-9 : Toda la tierra tenía una misma lengua y las mismas palabras. Cuando los hombres partieron de Oriente, encontraron una llanura en la tierra de Sennaar, y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: "Vamos, hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego". "Y utilizaron ladrillos en lugar de piedras y betún en lugar de cemento. Luego dijeron: "Vamos, construyámonos una ciudad y una torre con su cúspide en el cielo, y hagámonos un monumento, no sea que nos dispersemos por la faz de toda la tierra. "Pero Yahvé bajó a ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres estaban construyendo. Y Yahvé dijo: "He aquí que son un solo pueblo, y todos tienen una misma lengua; y esta obra es el principio de sus empresas; ahora nada les impedirá realizar sus planes. Descendamos y confundamos su lengua, para que ya no oigan la lengua del otro. "Así que Yahvé los dispersó de allí por toda la faz de la tierra, y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí fue donde Yahvé confundió la lengua de toda la tierra, y allí fue donde Yahvé los dispersó sobre la faz de toda la tierra.

ECR 180.7-10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Habéis comprendido? ¿Tenéis algo más que preguntar? ¿No? Pues entonces podemos retirarnos a descansar para salir mañana para Cafarnaúm. Tengo que visitar todavía un lugar antes de emprender el viaje hacia Jerusalén para la Pascua».

«¿Vamos a pasar otra vez por Arimatea?» pregunta Judas Iscariote.

«No es seguro. Según que los...».

Llaman enérgicamente a la puerta.

«¿Quién podrá ser a esta hora?» dice Pedro levantándose para ir a abrir.

Se presenta Juan. Agitado, lleno de polvo, con claros signos de llanto en su rostro.

«¿Tú aquí?» gritan todos. «¿Pero qué ha pasado?».

Jesús, que se ha puesto en pie, se limita a decir: «¿Dónde está mi Madre?».

Juan, dando unos pasos y yendo a arrodillarse a los pies de su Maestro, tendiendo los brazos hacia delante como pidiendo ayuda, dice: «Tu Madre está bien, pero llorando como yo, como muchos otros, y te ruega que no vayas donde Ella siguiendo el curso del Jordán por la parte nuestra. Me ha hecho regresar por este motivo, porque... porque Juan, tu primo, ha sido apresado...». Y Juan llora mientras entre los presentes se forma un gran alboroto.

Jesús se pone muy pálido, pero no se agita; solamente dice: «Levántate y habla».

«Iba hacia abajo con la Madre y las mujeres. También estaban con nosotros Isaac y Timoneo. Tres mujeres y tres hombres. Cumplí tu orden de conducir a María donde Juan... ¡Ah, sabías que era el último adiós... que debía ser el último adiós!... La tormenta de hace unos días nos obligó a detenernos unas horas, pocas pero suficientes para que Juan no pudiera ya ver a María... Llegamos a la hora sexta. Él había sido capturado en la hora del galicinio...».

«¿Dónde? ¿Cómo? ¿Quién? ¿En su cueva?». Todos preguntan, todos quieren saber.

«Le han traicionado... ¡El que lo ha hecho ha usado tu Nombre para traicionarle!».

«¡Qué horror! ¿Quién habrá sido?» gritan todos.

Juan, estremeciéndose, manifestando levemente este horror que ni siquiera el aire debería oír, declara: «Un discípulo suyo...».

El alboroto se hace máximo: quién maldice, quién llora, quién está estupefacto, como estatuario.

180.8

Juan se echa al cuello de Jesús y grita: «¡Tengo miedo por ti!, ¡por ti!, ¡por ti! Los traidores acompañan a los santos y por oro se venden, por oro y por miedo a los poderosos, por sed de premio, por... por obediencia a Satanás. ¡Por mil cosas!, ¡por mil! ¡Oh! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué dolor! ¡Mi primer maestro! ¡Mi Juan! ¡Tú me has sido dado por él!».

«¡Tranquilo! ¡Tranquilo! No me sucederá nada por ahora».

«¿Y después? ¿Y después? Me miro... miro a éstos... tengo miedo de todos, incluso de mí mismo. Estará entre nosotros tu traidor...».

«¿Pero estás loco? ¡Le haríamos trizas!» grita Pedro.

Y Judas Iscariote: «¡Loco de verdad! No seré yo jamás ése. Pero, si me sintiera debilitado hasta el punto de poderlo ser, me quitaría la vida: sería mejor que ser deicida».

Jesús se libera del abrazo de Juan y zarandea rudamente a Judas Iscariote, diciendo: «¡No blasfemes! Nada te podrá debilitar, si tú no quieres. Y si así sucediera, llora, y no cometas otro delito además del deicidio. Se hace débil quien, motu proprio, se vacía de Dios».

180.9

Luego vuelve donde Juan, que está llorando con la cabeza apoyada sobre la mesa, y dice: «Habla con orden. Yo también estoy sufriendo. Era mi propia sangre, y además mi Precursor».

«Sólo he visto a los discípulos, a una parte de ellos, consternados y enfurecidos contra el traidor; los otros habían acompañado a Juan hacia la prisión para estar junto a él en la hora de la muerte».

«Pero todavía no ha muerto... La otra vez pudo huir» dice Simón Zelote, que estima mucho a Juan, queriendo consolar.

«No ha muerto todavía, pero morirá» responde Juan.

«Sí. Morirá. Él lo sabe y Yo también. Nada ni nadie le salvará esta vez. ¿Cuándo? No lo sé. Sé que no saldrá vivo de las manos de Herodes».

«Sí, de Herodes. Escucha. Juan fue hacia esa hoz por donde pasamos también nosotros regresando a Galilea, entre el Ebal y el Garizim, porque el traidor le había dicho: “El Mesías ha sido agredido por unos enemigos y está muriendo. Quiere verte para confiarte un secreto”. Y Juan fue, con el traidor y con algún otro. Acechaban en la hoz los soldados de Herodes, y le prendieron. Los otros huyeron y llevaron la noticia a los discípulos que se habían quedado cerca de Enón. Acababan de llegar, cuando me presenté yo con la Madre. Lo que es horrible es que era uno de nuestras ciudades... y que a la cabeza del complot preparado para apresarle estaban los fariseos de Cafarnaúm. Habían ido a verle diciendo que Tú habías estado en su casa y que de allí partías para Judea... No habría abandonado su refugio sino por ti...».

180.10

Un silencio de tumba sigue a la narración de Juan. Jesús parece desangrado, con los ojos de un color azul oscurísimo y como empañados. Tiene la cabeza agachada, la mano — recorrida por un ligero temblor — en el hombro de Juan. Ninguno se atreve a hablar.

Jesús rompe el silencio: «Iremos a Judea por otro camino. Pero mañana tengo que ir a Cafarnaúm. Lo antes posible. Descansad. Voy a subir por entre los olivos. Necesito estar solo». Y sale sin decir nada más.

«Sin duda va allí a llorar» musita Santiago de Alfeo.

«Sigámosle, hermano» dice Judas Tadeo.

«No. Dejadle llorar. Vayamos sólo a la escucha, caminando despacio, porque temo asechanzas por todas partes» responde el Zelote.

«Sí. Vamos. Los pescadores, siguiendo la orilla; así, si alguien viene por el lago le veremos; y vosotros por los olivos. Estará, sin duda, en su sitio de costumbre, junto al nogal. Al alba prepararemos las barcas para salir temprano. ¡Esas serpientes! ¡Ya lo decía yo! Pero... ¡di, muchacho!, ¿la Madre está verdaderamente a salvo?».

«¡Sí, sí; se han quedado con Ella también los pastores discípulos de Juan! ¡Andrés... no volveremos a ver a nuestro Juan!».

«¡Calla! ¡Calla! Me parece el canto del cuco... Uno precede al otro y...y...».

«¡Por el Arca santa! ¡Callad! ¡Si seguís hablando de desgracias respecto al Maestro, empiezo por vosotros a haceros probar el sabor de mi remo en los lomos!» grita Pedro enfurecido. «Vosotros — dice luego a los que van a estar entre los olivos — coged garrotes, ramas gordas... allí hay, en la leñera; diseminaos armados. El primero que se acerque a Jesús para causarle daño es hombre muerto».

«¡Discípulos! ¡Discípulos! ¡Hay que ser cautos con los nuevos!» exclama Felipe.

El nuevo discípulo se siente herido y pregunta: «¿Dudas de mí? Él me ha elegido y me ha llamado».

«No lo digo de ti. Lo digo de los que son escribas y fariseos y de sus adoradores. De ahí vendrá la ruina, creedlo».

Salen y se diseminan, o en las barcas o entre los olivos de las colinas, y todo termina.

Detalle

En los capítulos anteriores, Juan de Zebedeo debía acompañar a la Virgen a Hennón para ver a Juan.

Anotación

"Tu madre está bien, pero está llorando como yo, como mucha gente, y te ruega que no vengas por el Jordán por nuestro lado. (...) " Iremos a Judea por otro camino". Jesús confirma en EMV 187,3 que respeta el deseo de su madre, y vuelve a hablar de ello a María en EMV 198,1/2.

Llegamos a la hora sexta y había sido capturado al canto del gallo ... Gallicinium, "el canto del gallo", correspondía a la última vigilia: de las 3 de la madrugada a las 6 de la mañana.

"Por uno de sus discípulos..." Este hecho, que no parece mencionarse en ninguna tradición, indica que el Precursor también fue traicionado por uno de sus discípulos.

Yo nunca traicionaría. Pero si me sintiera tan débil que pudiera hacerlo, me suicidaría. Eso es mejor que ser el asesino de Dios. Este es el germen de la idea del suicidio, que Judas pondrá en práctica tras su traición (EMV 605.1/13).

Sí, morirá. Él lo sabe, como yo lo sé. Jesús no se lo había ocultado al propio Juan cuando le visitó (EMV 148,2). La muerte del Bautista se anuncia en EMV 270,7.

Se dirigió hacia el desfiladero que también nosotros atravesamos de regreso a Galilea. Fue durante el encuentro con la samaritana Fotinai en EMV 143.4.

Los fariseos de Cafarnaún que estaban a la cabeza del complot para capturarlo. Probablemente fueron Joaquín y Elías de Cafarnaún quienes organizaron este complot (véase EMV 182.1).

Enón (o Hennón), en la frontera de Decápolis y Samaria, estaba fuera de la jurisdicción de Herodes. Juan estaba seguro allí.

ECR 181.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente va despejando el lugar lentamente. Al final, en el huerto no quedan sino los ocho apóstoles, Elías, el hermano y la madre de éste y el anciano Isaac, que apacienta su alma mirando de hito en hito a su Salvador.

ECR 182.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

De nuevo están solos el Maestro y sus apóstoles. Van andando por la campiña fresca, por un camino que ha tomado Jesús, no sin estupor de Pedro, que quería tomar otro distinto: «Nos alejamos del lago...».

«Llegaremos, de todas formas, a tiempo para lo que debo hacer».

Los apóstoles ya no hablan más. Se dirigen hacia un pequeño pueblecillo, un puñado de casas perdido en la campiña.

Anotación

Caminaban por la fresca campiña, por un camino que Jesús había tomado, ante el asombro de Pedro, que quería tomar otro. Jesús evitó Cafarnaún yendo más hacia el interior.

"Esto nos alejará del lago...", dijo. "Llegaremos a tiempo para lo que tengo que hacer. Hacía varios días que Jesús se preparaba para llegar a Magdala... "El Padre (Dios) me dio dos nombres de personas...": véase EMV 176,1.

ECR 183.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Todo el colegio apostólico está en torno a Jesús. Están sentados en la hierba, a la sombra de un sotillo, a la orilla de un regato; todos comen pan y queso, y beben agua del riachuelo, fresca y cristalina. Las sandalias polvorientas dan a entender que han recorrido mucho camino. Los discípulos quizás no pedirían otra cosa sino descansar sobre la hierba alta y fresca.

Pero el incansable Caminante no es de esta opinión. En cuanto juzga que ha pasado la hora de mayor calor, se pone en pie, sale al camino, mira... se vuelve y dice simplemente: «Vamos».

ECR 184.6-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Benjamín, ¿te gusta la historia? ¿Sí? ¡Muy bien! Pero, ¿dónde está tu mamá?».

Responde Santiago de Alfeo: «Al final de la parábola ha salido y se ha ido corriendo por aquella calle».

«Iría al mar, para ver si venía su marido» dice Tomás.

«No. Ha ido a casa de su madre, que es anciana, a recoger a mis hermanitos. Mi mamá los lleva allí para poder trabajar» dice el niño, apoyado con confianza en las rodillas de Jesús.

«¿Y tú estás aquí, hombre! ¡Una buena áspid debes ser para que te tenga solo!» observa Bartolomé.

«Soy el mayor, y la ayudo...».

«A ganarse el Paraíso. ¡Pobre mujer! ¿Cuántos años tienes?» pregunta Pedro.

«Dentro de tres años soy hijo de la Ley» dice altivo el pillín.

«¿Sabes leer?» pregunta Judas Tadeo.

«Sí... pero voy despacio porque... el maestro me echa casi todos los días...».

«¡Ya lo decía yo!» observa Bartolomé.

«¡Lo hago porque el maestro es viejo y feo y siempre está diciendo las mismas cosas que le hacen dormirse a uno! Si fuera como Él — señala a Jesús — estaría atento. ¿Tú pegas, si uno se duerme o juega?».

«No pego a nadie. Yo digo a mis discípulos: “Estad atentos por el bien vuestro y por amor a mí”» responde Jesús.

«¡Eso, así sí! Por amor, sí; no por miedo».

«Si cambias y eres bueno, el maestro te estimará».

«¿Tú quieres sólo al que es bueno? Hace poco has dicho que has tenido paciencia con éste, que no era bueno...». La lógica infantil es asediadora.

«Soy bueno con todos; pero a quien se hace bueno le quiero muchísimo y con él soy bueno de forma especialísima».

El niño piensa un momento... luego levanta la cabeza y le pregunta a Mateo: «¿Cómo has conseguido hacerte bueno?».

«Le he querido a Él».

184.7

El niño se queda pensando otro poco, mira a los doce y dice a Jesús: «¿Éstos son todos buenos?».

«Ciertamente».

«¿Estás seguro? A veces yo hago como que soy bueno, y es cuando quiero hacer una gamberrada mayor».

La carcajada de todos es estrepitosa; incluso se ríe él, el hombrecito en vías de confesarse; y se ríe Jesús, que le estrecha contra su corazón y le besa.

El niño, que ya se ha hecho muy amigo de todos, quiere jugar, y dice: «Ahora te digo yo quién es bueno» y empieza a elegir. Mira a todos y va derecho hacia Juan y Andrés, que están juntos, y dice: «Tú y tú. Venid aquí». Luego elige a los dos Santiagos y los pone con ellos. Luego a Judas Tadeo. Se queda muy pensativo ante el Zelote y Bartolomé, y dice: «Sois viejos, pero buenos» y los pone con los otros. Considera a Pedro — que sufre el examen poniendo ojos amenazadores en plan de chufla — y le ve bueno. También pasan Mateo y Felipe. A Tomás le dice: «Tú te ríes demasiado. Yo estoy en serio. ¿No sabes que mi maestro dice que el que siempre se ríe yerra en el momento de la prueba?». Pero también pasa Tomás; con nota baja, pero pasa el examen. Luego el niño vuelve a donde Jesús.

«¡Eh, mono, que también estoy yo! ¡No soy ningún árbol. Soy joven y guapo. ¿Por qué no me examinas?» dice Judas Iscariote.

«Porque no me gustas. Mi mamá dice que cuando una cosa no gusta no se toca; se deja encima de la mesa, para que se la coman las personas a quienes les guste. Y también dice que si una persona ofrece una cosa que no nos gusta no se dice: “No me gusta”, sino “Gracias, no tengo hambre”. Y yo no tengo hambre de ti».

«¿Cómo es eso? Mira, si me dices que soy bueno te doy esta moneda».

«¿Y qué hago con ella? ¿Qué compro con una mentira? Mi mamá dice que el dinero conseguido con engaño es paja. Una vez conseguí de su madre anciana con una mentira un didracma para comprarme bollos de miel y por la noche se transformó en paja; lo había puesto en aquel agujero, debajo de la puerta, para cogerlo a la mañana siguiente y encontré sólo un manojo de paja».

«Pero, ¿por qué no me ves bueno? ¿Qué tengo? ¿Soy bisulco? ¿Soy feo?».

«No, pero me das miedo».

«¿Por qué?» pregunta Judas acercándose al niño.

«No lo sé. Déjame. No me toques, que te araño».

«¡Qué erizo! ¡Está chalado!». Judas se ríe forzadamente.

«No estoy chalado. Tú eres malo» y el niño se refugia en el regazo de Jesús, que le acaricia sin decir nada.

Los apóstoles hacen broma de lo sucedido, poco lisonjero para Judas.

Detalle

Jesús acaba de dar una parábola y un niño, Benjamín de Magdala, está presente.