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Notas del tema

El papado y el cristianismo

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ECR 178.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Dios, de la misma forma que es infinitamente generoso cuando premia, es también exigente. Si quieres ser discípulo debes abrazar la cruz y venir; si no, te quedarás en el número de los simples fieles. El camino de los siervos de Dios no es de pétalos de rosa; es de exigencia absoluta. Nadie, habiendo puesto la mano sobre el arado para arar los campos de los corazones y esparcir en ellos la semilla de la doctrina de Dios, puede volverse para observar lo que ha dejado y lo que ha perdido, o lo que tendría si siguiera un camino común; quien así actúa no es apto para el Reino de Dios. Trabájate a ti mismo, hazte viril y luego ven.

ECR 180.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís pero no lo oyeron. Se consumieron en el deseo de comprender el misterio de las palabras, pero, apagada la luz de la profecía, las palabras permanecieron como carbones apagados, incluso para el santo que las había recibido.

Sólo Dios se devela a sí mismo. Cuando su luz se retira, terminada su intención de iluminar el misterio, la incapacidad de comprender envuelve — como las vendas de una momia — la regia verdad de la palabra recibida. Por esto te he dicho esta mañana: “Un día volverás a encontrar todo lo que te he dado”. Ahora no puedes retenerlo. Pero tiempo llegará en que recibirás la luz, no sólo por un instante sino en un inseparable desposorio del Espíritu eterno con el tuyo, por lo que será infalible tu magisterio respecto a las cosas del Reino de Dios. Y, como en ti, en tus sucesores, si viven de Dios como su único pan.

Detalle

Sobre la infalibilidad papal y el dictado de Jesús, véase la anotación siguiente.

Anotación

Muchos profetas y justos han querido ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído. En la continuidad del texto relatado por Mateo.

Mt 13, 16-17 : Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos han deseado ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído.

Lucas lo da en otro contexto (Lc 10, 24).

Lc 10, 23-24 : Luego se volvió a sus discípulos y les dijo en particular: "¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron.

Por eso os he dicho esta mañana: Éste es el típico detalle que parece insignificante, pero que es muy útil para establecer la cronología.

Más tarde, la luz vendrá sobre ti, no por un instante, sino por una unión indisoluble del Espíritu eterno con tu alma, que hará infalible tu enseñanza en lo que concierne al Reino de Dios. A tus sucesores les sucederá lo mismo que a ti, si viven de Dios como único pan.

Nota de maria-valtorta.org :

Esta condición impuesta a la infalibilidad papal debió suscitar una objeción por parte del padre Migliorini. Maria Valtorta señala:

"Habiendo sometido a Jesús P. M(igliorini) la objeción a la infalibilidad papal, contraria a la sentencia en p. ... archivo ... línea ... de ..., Jesús responde: "Respondo a su pregunta de la siguiente manera:

Es verdad que la infalibilidad del Papa en materia espiritual es una verdad definitiva. Existe en cada uno de mis vicarios, independientemente de su forma de vida y de su grado de virtud. Pero es igualmente cierto que no encontraréis un dogma definido y proclamado por papas que estén - notoriamente o no - privados de mi gracia. El alma que no está en estado de gracia no puede estar en la amistad del Espíritu Santo.

Quien piense que tal cosa es posible, ¡piensa realmente como un hereje!

Dios es justo: como trata a los pobres, trata a los ricos. como trata a los laicos, trata al Soberano Pontífice. Por desgracia, hay zonas oscuras en la historia de mi Iglesia. Querer cerrar los ojos y no ver estas zonas oscuras es vivir a oscuras sobre toda la Iglesia, incluso sobre los muchísimos tiempos angélicamente luminosos, divinamente luminosos, gloriosos de mi Iglesia.

Porque también nosotros debemos ser sinceros en estas cosas, como yo lo fui con mis apóstoles, mis discípulos y los que me seguían. Muchas multitudes, no todas santas, no todas tibias, no todas malvadas. Reconocí el mérito o demérito de cada uno, di a cada uno lo que merecía, sin tener en cuenta razones emocionales particulares. La verdad es la verdad, en todas las cosas.

Esto también es cierto en el estudio de la historia. Y en el estudio de la historia de mi Iglesia. La historia, para ser historia y no fábula, debe ser imparcial. Las edades oscuras, además, son las predichas en las alusiones proféticas al ídolo-pastor y a este Sebna, prefecto del Templo (este personaje fue retomado solemnemente en el mensaje a Pío XII del 23 de diciembre de 1948). Que escuece y quema, lo admito. Pero no se puede decir 'Anatema' a una verdad.

Apóyate en esta certeza: los dogmas son verdaderos y la infalibilidad existe porque yo no concedo dogmas a quien no los merece. Esto es lo que se incluía en la frase que dio lugar a la objeción.

Estáis satisfechos. Váyase en paz. Os he dado esta aclaración inmediatamente porque soy el autor de estas palabras y, por tanto, las conozco y las recuerdo, aunque el dictado no esté presente."

30-6-45, 8 de la mañana".

Encontramos la misma idea en las palabras de Jesús al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, en EMV 258.6: "Dios dará su luz según el grado que hayas alcanzado. Dios no dejará que te falte la luz, a menos que venga el pecado y apague en ti la gracia".

Esta doctrina de la infalibilidad, querida por Cristo, fue reafirmada 20 años más tarde en la Constitución apostólica sobre la Iglesia, Lumen gentium, § 25: "Esta infalibilidad, de la que el divino Redentor quiso dotar a su Iglesia en la definición de la doctrina relativa a la fe o a las costumbres, se extiende hasta el contenido de la Revelación divina, que debe ser custodiada con veneración y fielmente expuesta. El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio de los Obispos, posee esta infalibilidad en virtud de su oficio...".

Nota de la segunda edición:

Si viven de Dios como único pan: esta condición puesta a la infalibilidad papal debió suscitar una objeción por parte del padre Migliorini, a quien María Valtorta transmitió esta respuesta de Jesús (fechada el 30 de junio de 1945). Citamos los pasajes principales: [...] Jesús me respondió: "Es verdad que la infalibilidad del Papa en materia espiritual es una verdad definitiva. Existe en cada uno de mis vicarios, independientemente de su forma de vida y de su grado de virtud. Pero es igualmente cierto que no encontraréis un dogma definido y proclamado por papas que estén - notoriamente o no - privados de mi gracia. El alma que no está en estado de gracia no puede estar en la amistad del Espíritu Santo. [...] Confiad, pues, en esta certeza: los dogmas son verdaderos y la infalibilidad existe porque yo no concedo dogmas a quienes no los merecen. Esto es lo que se incluía en la frase que dio lugar a la objeción [...]. " La misma idea se encuentra en las palabras de Jesús al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, en 258,6: "Dios dará su luz según el grado que hayas alcanzado. Dios no dejará que te falte la luz, a menos que el pecado apague en ti la gracia. "

ECR 191.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hay uno, ya entrado en años, que come y llora tienendo apretado contra su costado a un niño de unos diez años.

«¿Por qué eso, padre?...» pregunta Jesús.

«Porque rebosas bondad...».

El hombre de Endor dice con su voz gutural: «Es verdad... Provoca el llanto, pero son lágrimas que no dejan mal sabor...».

«No dejan mal sabor. Es verdad. Además... yo quisiera una cosa. Este llanto es también deseo».

«¿Qué quieres, padre?».

«¿Ves a este niño? Es mi nieto. Me ha quedado él, después del desprendimiento de tierras que hubo este invierno. Doras ni siquiera sabe que ha venido, porque le tengo en el bosque viviendo como si fuera un animal salvaje y no le veo sino los sábados. Si me lo descubre, o le aleja o le pone a trabajar... y entonces este tierno niño, sangre de mi sangre, estará en peores condiciones que una acémila... Para la Pascua pienso mandarle a Jerusalén con Miqueas, pues le llega el momento de hacerse hijo de la Ley... ¡Es el hijo de mi hija!...».

«¿Me lo confiarías a mí?... No llores. Tengo muchos amigos honrados, santos y sin hijos; le educarán santamente en mi camino...».

«¡Señor, desde que he tenido noticia de ti, lo he deseado! Al santo Jonás le rogaba — a él, que sabe lo que significa ser de este amo — que salvase a mi nieto de una muerte así...».

«Niño, ¿vendrías conmigo?».

«Sí, mi Señor, y no te haré sufrir».

«No se hable más».

191.4

«Pero... ¿a quién se lo piensas confiar?» pregunta Pedro tirándole a Jesús de una manga. «¿A Lázaro también?».

«No, Simón... Pero hay muchos que no tienen hijos...».

«Yo soy uno de ellos...». El rostro de Pedro parece incluso afilarse por este deseo.

«Simón, ya te he dicho[1] que habrás de ser el “padre” de todos los hijos que te voy a dejar en herencia, pero sin la cadena de ningún hijo tuyo propio. No te aflijas; eres demasiado necesario para el Maestro como para que el Maestro pueda prescindir de ti por un sentimiento. Soy exigente, Simón, más exigente que un marido celosísimo; te amo con toda predilección y te quiero todo para mí, todo mío».

«De acuerdo, Señor... De acuerdo... Hágase como quieres». El pobre Pedro se adhiere heroicamente a la voluntad de Jesús.

«Será hijo de mi Iglesia naciente. ¿De acuerdo? De todos y de ninguno. Será “nuestro” niño. Nos seguirá, o irá a donde nosotros estemos, cuando lo permita la distancia; sus tutores serán los pastores, que en todos los niños aman a “su” niño Jesús. Ven aquí jovencito. ¿Cómo te llamas?».

«Yabés de Juan, y soy de Judá» dice con tono firme el muchacho.

«Sí, somos judíos» confirma el anciano. «Yo trabajaba en las tierras de Doras en Judea y mi hija se casó con un hombre de aquella zona; trabajaba en los bosques cerca de Arimatea, pero este invierno...».

«He visto la desgracia[2]».

«El niño se salvó, porque esa noche estaba con un pariente lejano... ¡Verdaderamente le ha signado su nombre, Señor! Se lo dije a mi hija inmediatamente: “¿Es que te has olvidado de su antepasado?”. Pero el marido quiso llamarle así, y Yabés se llamó».

«“El niño[3] invocará al Señor. El Señor le bendecirá y dilatará sus fronteras. La mano del Señor está sobre su mano, no pesará ya el mal sobre él”. El Señor se lo concederá para consuelo tuyo, padre, y de los espíritus de los muertos, y para confortación de este huérfano.

Anotación

"Simón, te lo dije", en EMV 104.5. La última mención de Lázaro está en relación con el acontecimiento relatado en EMV 172.11.

"Vi la catástrofe", en EMV 139.2.

"¿Por qué este nombre? ¿No recuerdas el antiguo? "(...) "El niño invocará al Señor y el Señor lo bendecirá y ensanchará sus fronteras; la mano del Señor está en su mano y ya no se verá agobiado por la desgracia. " La cita está tomada de 1 Crónicas 4, 9-10.

Primer libro de las Crónicas 4, 9-10

1 Cr 4, 9-10 : Yabesh fue más honrado que sus hermanos. Su madre le dio el nombre de Yabesh (es decir, En Dolor), diciendo: "Yabesh invocó al Dios de Israel, diciendo: "Si en verdad me bendices, ensancharás mi territorio, tu mano estará conmigo y alejarás de mí la desgracia, para que termine mi angustia" Y Dios le concedió lo que había pedido.

ECR 197.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ven, Yabés, que es la hora más solemne del día. Hay otra análoga por la mañana, pero ésta es todavía más solemne. El día empieza con la mañana: justo es que el hombre bendiga al Señor para que el Señor le bendiga durante todo el día en todas sus obras. Pero al atardecer es aún más solemne: declina la luz, cesa el trabajo, llega la noche. La luz que declina recuerda la caída en el mal, y verdaderamente las acciones de pecado se producen generalmente por la noche. ¿Por qué? Porque el hombre ya no está ocupado en el trabajo y más fácilmente se ve envuelto por el Maligno, que proyecta sus propuestas y pesadillas. Bueno es, por tanto, después de haberle agradecido a Dios su protección durante el día, elevarle nuestra súplica para que se alejen de nosotros los fantasmas de la noche y las tentaciones. La noche con su sueño, símbolo de la muerte... Dichosos aquellos que, habiendo vivido con la bendición del Señor se duermen no en las tinieblas sino en una fúlgida aurora. El sacerdote ofrece el incienso por todos nosotros, ora por todo el pueblo, en comunión con Dios, y Dios le confía su bendición para que la imparta al pueblo de sus hijos. ¿Te das cuenta de lo grande que es el ministerio del sacerdote?».

«Yo quisiera... Me sentiría todavía más cerca de mi madre...».

«Si eres siempre un buen discípulo e hijo de Pedro, lo serás. Mas ahora ven; mira, las trompetas anuncian que ha llegado la hora. Vamos con veneración a alabar a Yeohveh». Jesús lo pronuncia así, con una Y alargada: un Syieveee muy cantado, con las últimas es muy abiertas, casi como una a; sin embargo, la que sigue a la y es muy cerrada.

Detalle

En el Templo, es la hora del incienso, y Jesús da a Yabeç una lección especial.

Anotación

Jesús está hablando de quemar incienso en el Templo por la mañana y por la tarde, como prescribe Ex 30:7-8 . El propio Marziam se referirá a esta lección en EMV 291.

Libro de Éxodo 30, 7-8

Éxodo 30, 7-8 : Todas las mañanas, cuando Aarón venga a atender las lámparas, quemará incienso sobre ellas. Y cuando vaya a encender las lámparas al atardecer, volverá a quemar incienso en ellas. De generación en generación, el incienso subirá perpetuamente ante el Señor.

ECR 199.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro se marcha contento con María; llevan los dos de la mano al niño: parecen una pequeña familia feliz. Muchos se vuelven a mirarlos. Jesús, sonriendo, observa cómo van.

«¡Simón se siente feliz!» exclama el Zelote.

«¿Por qué sonríes, Maestro?» pregunta Santiago de Zebedeo.

«Porque en ese pequeño grupo veo una gran promesa».

«¿Cuál, Hermano? ¿Qué es lo que ves?» pregunta Judas Tadeo.

«Veo que me podré marchar tranquilo cuando llegue la hora; no debo temer por mi Iglesia. Entonces será pequeña y débil como Margziam. Pero estará mi Madre, cual Madre suya, para sujetarla de la mano; y, cual padre suyo, estará Pedro, en cuya mano honesta y callosa puedo depositar sin preocupación la mano de mi naciente Iglesia. Pedro le dará la fuerza de su protección; mi Madre, la fuerza de su amor. Así la Iglesia se desarrollará... como Margziam... ¡Verdaderamente es un niño-símbolo! ¡Dios bendiga a mi Madre, a mi Pedro y al niño de ellos y nuestro! Vamos a casa de Juana...».

ECR 203.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Tan perfecta es esta oración, que no será menoscabada ni por el tempestuoso oleaje de las herejías ni por el paso de los siglos. La mordedura de Satanás fragmentará el cristianismo; muchas partes de mi carne mística sufrirán la separación, para formar células aisladas en el vano deseo de constituirse en cuerpo perfecto, como será el Cuerpo místico de Cristo (el formado por la totalidad de los fieles unidos en la Iglesia apostólica, que será la única verdadera Iglesia mientras exista la tierra). Estas partículas, separadas, privadas por tanto de los dones que habré de dejar a la Iglesia Madre para nutrir a mis hijos, se llamarán de todas formas cristianas, pues darán culto a Cristo, y, a pesar de su error, siempre recordarán que de Cristo han venido. Pues bien, también ellas dirán esta oración universal. Recordadla bien. Meditadla continuamente. Aplicadla en vuestras acciones. Basta para santificarse. Si uno estuviera solo, entre paganos, sin iglesias, sin libros, tendría ya en esta oración todo lo cognoscible para meditar y una iglesia abierta en su corazón para esta oración; tendría una regla segura y una segura santificación.

Detalle

Jesús habla del Padre Nuestro.

ECR 203.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Venga tu Reino a la tierra como está en el Cielo”.

Desead con todas vuestras fuerzas que venga; si viniera, la alegría habitaría la tierra. El Reino de Dios en los corazones, en las familias, en las gentes, en las naciones. Sufrid, trabajad, sacrificaos por este Reino. Sea la tierra espejo que refleje en las personas la vida del Cielo. Llegará. Un día llegará todo esto. Pero antes de que la tierra posea el Reino de Dios, han de venir siglos y siglos de lágrimas y sangre, de errores y persecuciones, de bruma rasgada por destellos de luz irradiados por el Faro místico de mi Iglesia (la cual, si bien es barca — y no será hundida — es también arrecife que resiste cualquier golpe de mar, y mantendrá alta la Luz, mi Luz, la Luz de Dios). Cuando esto llegue, será como la llamarada intensa de un astro que, alcanzada la perfección de su existencia, se disgrega, cual desmesurada flor de los jardines celestes, para exhalar, en un rutilante latido, su existencia y su amor a los pies de su Creador. Llegar, llegará; entonces comenzará el Reino perfecto, beato, eterno, del Cielo.

ECR 206.14 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Alzaos. Vamos a descansar. Os bendigo a todos, habitantes de Betania. Os bendigo y os doy mi paz. Te bendigo a ti especialmente, Lázaro, amigo mío, y a ti, Marta. Bendigo a mis discípulos, a los primeros y a los nuevos. Yo los envío por el mundo, a invitar para las bodas del Rey. Arrodillaos, que voy a bendeciros a todos. Pedro, di la oración que os he enseñado, dila aquí, a mi lado, en pie, porque así debe decirla quien ha sido destinado por Dios para ello».

Toda la asamblea se arrodilla sobre la hierba. En pie sólo están Jesús, con su vestidura de lino, alto, guapísimo, y Pedro, vestido de marrón oscuro, encendido de emoción, casi tembloroso, recitando la oración con esa voz suya no bonita pero sí viril, lentamente por miedo a equivocarse: «Padre nuestro...».

Se oye algún sollozo... de hombre, de mujer...

Margziam, arrodillado justo delante de María, que le mantiene unidas sus manitas, mira con una sonrisa de ángel a Jesús, y dice bajo: «¡Mira, Madre, qué guapo!; y también mi padre, ¡qué guapo! Parece estar en el Cielo... ¿Estará aquí mi madre viendo?».

María susurra: «Sí, tesoro, está aquí; está aprendiendo la oración» y le da un beso.

«¿Y yo? ¿La voy a aprender?».

«Ella te la susurrará en el alma mientras duermes, y yo te la repetiré de día».

El niño echa hacia atrás su cabecita morena y la apoya en el pecho de María, y se queda así mientras Jesús lleva a cabo la siempre solemne bendición mosaica.

Acabado el gesto, todos se ponen en pie, y se marcha cada uno a su casa; sólo Lázaro sigue todavía a Jesús. Luego entra con Él en la casa de Simón para estar aún en su compañía. Entran también todos los demás. Judas Iscariote, avergonzado, se pone en un rincón semioscuro: no se atreve a acercarse a Jesús, como hacen los demás...

Detalle

Jesús acaba de contar una parábola. Ante una pequeña congregación, es Pedro quien tiene que recitar el Padre Nuestro. Esto es lo que quiere Jesús.