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Notas del tema

La Iglesia católica

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Comodidad de lectura

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ECR 8.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.2 ­Van despacio, muy despacio. Da la impresión de que quieren prolongar lo más posible su camino. Todo es ocasión para detenerse... Pero, ¡siempre debe tener un fin un camino!... Y éste está ya para acabarse. En efecto, allí, en la parte alta de este último tramo en subida, están los muros que circundan el Templo. Ana gime, y estrecha más fuertemente la manita de María.

«¡Ana, querida mía, aquí estoy contigo!». dice una voz desde la sombra de un bajo arco echado sobre un cruce de calles. Isabel estaba esperando. Ahora se acerca a Ana y la estrecha contra su corazón, y, al ver que Ana llora, le dice: «Ven, ven un poco a esta casa amiga; también está Zacarías».

Entran todos en una habitación baja y oscura cuya luz es un vasto fuego. La dueña, que sin duda es amiga de Isabel, si bien no conoce a Ana, amablemente se retira, dejando a los llegados libertad de hablar.

«No creas que estoy arrepentida, o que entregue con mala voluntad mi tesoro al Señor — explica Ana entre lágrimas — ... Lo que pasa es que el corazón... ¡oh, cómo me duele el corazón, este anciano corazón mío que vuelve a su soledad, a esa soledad de quien no tiene hijos!... Si lo sintieras...».

«Lo comprendo, Ana mía... Pero tú eres buena y Dios te confortará en tu soledad. María va a rezar por la paz de su mamá, ¿ver­dad?».

María acaricia las manos maternas y las besa, se las pone en la cara para ser acariciada a su vez, y Ana cierra entre sus manos esa carita y la besa, la besa... no se sacia de besarla.

Entra Zacarías y saluda diciendo: «A los justos la paz del Señor».

«Sí — dice Joaquín —, pide paz para nosotros porque nuestras entrañas tiemblan, ante la ofrenda, como las de nuestro padre Abraham mientras subía el monte; y nosotros no encontraremos otra ofrenda que pueda recobrar ésta; ni querríamos hacerlo, porque somos fieles a Dios. Pero sufrimos, Zacarías. Compréndenos, sacerdote de Dios, y no te seamos motivo de escándalo».

«Jamás. Es más, vuestro dolor, que sabe no transpasar lo lícito, que os llevaría a la infidelidad, es para mí escuela de amor al Altísimo. ¡Ánimo!»

Detalle

Ana, Joaquín y María están en Jerusalén. La Madre del Salvador se prepara para entrar en el Templo a los tres años.

Anotación

Es como la ofrenda de Abraham cuando subió al monte, y no encontraremos otra ofrenda que redima ésta. Cf. Génesis 22:1-18. Es precisamente en el monte Moriah, donde se encuentra el Templo, donde la Biblia sitúa el sacrificio de Isaac. Fue sustituido en el último momento por un carnero.

Libro de Génesis 22, 1-8

Gén 22, 1-8: Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: "¡Abraham! Abraham respondió: "¡Aquí estoy! Dios le dijo: "Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que amas, Isaac, y vete a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto en el monte que te mostraré.

Abraham se levantó temprano por la mañana, ensilló su asno y se llevó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac. Partió la leña para el holocausto y se puso en camino hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, Abraham levantó la vista y vio el lugar a lo lejos. Abraham dijo a sus criados: "Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos allí a adorar, y luego volveremos contigo".

Abraham tomó la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; éste tomó el fuego y el cuchillo, y los dos fueron juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: "¡Padre mío! - ¿Y bien, hijo mío? Isaac respondió: "Ahí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? Abraham respondió: "Dios encontrará el cordero para el holocausto, hijo mío. Y los dos se pusieron en camino juntos.

Llegaron al lugar que Dios les había indicado. Abraham construyó allí el altar y colocó la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Abraham extendió la mano y empuñó el cuchillo para matar a su hijo. Pero el ángel del Señor le llamó desde el cielo y le dijo: "¡Abraham! Abraham!" El respondió: "¡Aquí estoy! El ángel le dijo: "¡No le pongas la mano encima! ¡No le hagas daño! Ahora sé que temes a Dios: no me has negado a tu hijo, tu único hijo.

Abraham levantó la vista y vio en un arbusto un carnero sujeto por los cuernos. Fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a aquel lugar "El Señor ve". Hoy se llama "En el monte ve el Señor". Desde el cielo, el ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez.

Le dijo: "Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto, por no haberme negado a tu hijo, tu único hijo, te bendeciré, haré que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar, y tu descendencia poseerá las fortalezas de sus enemigos. Por haber escuchado mi voz, todas las naciones de la tierra se bendecirán mutuamente por el nombre de tu descendencia.

ECR 8.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La profetisa Ana cuidará con esmero esta flor de David y Aarón. En este momento es la única azucena que David tiene de su estirpe santa en el Templo, y cual perla regia será cuidada. A pesar de que los tiempos hayan entrado ya en la recta final y de que deberían preocuparse las madres de esta estirpe de consagrar sus hijas al Templo — puesto que de una virgen de David vendrá el Mesías —, no obstante, a causa de la relajación de la fe, los lugares de las vírgenes están vacíos. Demasiado pocas en el Templo; y de esta estirpe regia ninguna, después de que, hace ya tres años, Sara de Eliseo salió desposada. Es cierto que aún faltan seis lustros para el final, pero... bueno, pues esperemos que María sea la primera de muchas vírgenes de David ante el Sagrado Velo. Y... ¿quién sabe?...». — Zacarías se detiene en estas palabras y... mira pensativo a María.

Detalle

Ana, Joaquín y María están en Jerusalén. La Madre del Salvador se prepara para entrar en el Templo a los tres años. Se les une Isabel, que les deja entrar en una casa amiga. Mientras tanto, llega su marido y Joaquín les revela su dolor.

Anotación

La profetisa Ana cuidará mucho de esta flor de David y Aarón. María es descendiente de David por su padre Joaquín y de Aarón (hermano de Moisés) por su madre Ana. Era, pues, de ascendencia real y sacerdotal. Su ascendencia sacerdotal se deduce de su relación con Isabel (Lc 1,5), y su raza real se deduce, en particular, de su matrimonio con José "de la descendencia de David". Ahora bien, según la Ley de Moisés, la heredera huérfana (Números 27:9) debía casarse con alguien del mismo clan (Números 36:8).

Los tiempos se acercan a su fin: alusión a la profecía de Daniel sobre las setenta semanas (años) antes de la venida del Mesías (cf. Daniel 9,22-27). Esta profecía estaba muy extendida en la época de Cristo.

Los lugares reservados a las vírgenes en el Templo están vacíos. El Mesías iba a ser descendiente de David (Is 11,1s). Nacería de una virgen (Isaías 7:13-14), pero no se menciona la creencia de que esta virgen habría sido educada en el Templo. Ana Catalina Emmerich la menciona en su Vida de la Virgen María (capítulo 35): la atribuye, como hace aquí María Valtorta, a una tradición no especificada. Probablemente tiene su origen en la estima que se tenía a las vírgenes del Templo y en la calidad de su reclutamiento.

Aún faltan seis lustros para la fecha fijada. Un lustro es un periodo de 5 años. En la época romana, era el periodo al término del cual se elegía a los censores (magistrados supremos). También era el intervalo entre dos censos.

ECR 8.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego prosigue diciendo: «También yo velaré por Ella. Soy sacerdote y ahí dentro tengo mi influencia. Haré uso de ella para este ángel. Además, Isabel vendrá a menudo a verla...».

«¡Oh, claro! Tengo mucha necesidad de Dios y vendré a decírselo a esta Niña para que a su vez se lo diga al Eterno».

Detalle

María está a punto de entrar en el Templo, para consternación de sus padres. Zacarías habla de Ana y de las vírgenes del Templo.

Anotación

Zacarías e Isabel vivían en Hebrón, por lo que podían venir más fácilmente que Joaquín y Ana, que vivían entonces en Nazaret.

ECR 8.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.4 ­Ana ya está más animada. Isabel, buscando confortarla aún más, pregunta: «¿No es éste tu velo de cuando te casaste?, ¿o has hilado más muselina?».

«Es aquél. Lo consagro con Ella al Señor. Ya no tengo ojos para hilar... Además, por impuestos y adversidades, las posibilidades eco­nómicas son mucho menores... No me era lícito hacer gastos onerosos. Sólo me he preocupado de que tuviera un ajuar considerable para el tiempo que transcurra en la Casa de Dios y para después... porque creo que no seré yo quien la vista para la boda... Pero quiero que sea la mano de su madre, aunque esté ya fría e inmóvil, la que la haya ornado para la boda y le haya hilado la ropa y el vestido de novia».

«¡Oh, por qué tienes que pensar así?».

«Soy vieja, prima. Jamás me he sentido tan vieja como ahora bajo el peso de este dolor. Las últimas fuerzas de mi vida se las he dado a esta flor, para llevarla y nutrirla, y ahora... y ahora... el dolor de perderla sopla sobre las postreras y las dispersa».

«No digas eso. Queda Joaquín».

«Tienes razón. Trataré de vivir para mi marido».

Joaquín ha hecho como que no ha oído, atento como está a lo que le dice Zacarías; pero sí que ha oído, y suspira fuertemente, y sus ojos brillan de llanto.

Anotación

Me era imposible gastar mucho dinero. Sólo preparé un rico ajuar para su estancia en la Casa de Dios y para después... En la boda de María, Isabel habló de este ajuar preparado por Ana, ya desaparecida (EMV 13.3).

Nuestros recursos han disminuido a causa de los impuestos y los reveses de la fortuna... Este revés de la fortuna se menciona varias veces en la obra, sobre todo en EMV 9.

Ya soy vieja, prima mía. Isabel suele ser presentada como sobrina de Ana y prima de María. Aquí es prima hermana de Ana. A menos que se trate de una designación habitual, como lo era "hermano" para los primos.

ECR 8.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Estamos entre tercia y sexta. Creo que sería conveniente ponernos en marcha» dice Zacarías.

Todos se levantan para ponerse los mantos y comenzar a salir.

8.5 Pero María se adelanta y se arrodilla en el umbral de la puerta con los brazos extendidos, un pequeño querubín suplicante: «¡Padre, Madre, vuestra bendición!».

No llora la fuerte pequeña; pero los labiecitos sí tiemblan, y la voz, rota por un interno singulto, presenta más que nunca el tembloroso gemido de una tortolita. La carita está más pálida y el ojo tiene esa mirada de resignada angustia que — más fuerte, hasta el punto de llegar a no poderse mirar sin que produzca un profundo sufrimiento — veré en el Calvario y ante el Sepulcro.

Sus padres la bendicen y la besan. Una, dos, diez veces. No se sacian de besarla... Isabel llora en silencio. Zacarías, aunque quiera no dar muestras de ello, está también conmovido.

Salen. María entre su padre y su madre, como antes; delante, Zacarías y su mujer...

Ahora están dentro del recinto del Templo.

Detalle

María está a punto de entrar en el Templo y dejar a sus padres.

Anotación

Aquí estamos entre la tercera y la sexta hora. 10:30 de la mañana. Esta es la hora de la ofrenda matutina (Éxodo 29:38-39; Éxodo 30:7; Números 28:3-4), también mencionada en EMV 197.5 y EMV 518.1. La ofrenda de la mañana era menos solemne que la de la hora novena.

ECR 8.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Isabel está al lado de Ana, pero un poco retrasada, como medio paso.

Detalle

Cuando Joaquín, Ana y María esperaban al Sumo Sacerdote para presentar a la Virgen en el Templo, Isabel estaba presente.

ECR 8.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuando un sacerdote habla en nombre de Dios, "su imperativo es sagrado".

Palabras clave

ECR 8.7-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.7 Dice Jesús:

«El Sumo Sacerdote había dicho: “Camina en mi presencia y sé perfecta”. El Sumo Sacerdote no sabía que estaba hablándole a la Mujer que, en perfección, es sólo inferior a Dios. Mas hablaba en nombre de Dios y, por tanto, su imperativo era sagrado. Siempre sagrado, pero especialmente a la Repleta de Sabiduría.

María había merecido que la “Sabiduría viniera a su encuentro tomando la iniciativa de manifestarse a Ella”, porque “desde el principio de su día Ella había velado a su puerta y, deseando instruirse, por amor, quiso ser pura para conseguir el amor perfecto y merecer tenerla como maestra”.

En su humildad, no sabía que la poseía antes de nacer y que la unión con la Sabiduría no era sino un continuar los divinos latidos del Paraíso. No podía imaginar esto. Y cuando, en el silencio del corazón, Dios le decía palabras sublimes, Ella, humildemente, pensaba que fueran pensamientos de orgullo, y elevando a Dios un corazón inocente suplicaba: “¡Piedad de tu sierva, Señor!”.

En verdad, la verdadera Sabia, la eterna Virgen, tuvo un solo pensamiento desde el alba de su día: “Dirigir a Dios su corazón desde los albores de la vida y velar para el Señor, orando ante el Altísimo”, pidiendo perdón por la debilidad de su corazón, como su humildad le sugería creer, sin saber que estaba anticipando la solicitud de perdón para los pecadores que haría al pie de la Cruz junto con su Hijo moribundo.

“Luego, cuando el gran Señor lo quiera, Ella será colmada del Espíritu de inteligencia”, y entonces comprenderá su sublime misión. Por ahora no es más que una párvula que, en la paz sagrada del Templo, anuda, “reanuda”, cada vez de forma más estrecha, sus coloquios, sus afectos, sus recuerdos, con Dios.

Esto es para todos.

8.8 Pero, para ti, pequeña María, ¿no tiene ninguna cosa particular que decir tu Maestro? “Camina en mi presencia, sé por tanto perfecta”. Modifico ligeramente la sagrada frase y te la doy por orden. Perfecta en el amor, perfecta en la generosidad, perfecta en el sufrir.

Mira una vez más a la Madre. Y medita en eso que tantos ignoran, o quieren ignorar, porque el dolor es materia demasiado ingrata para su paladar y para su espíritu. El dolor. María lo tuvo desde las primeras horas de la vida. Ser perfecta como Ella era era poseer también una perfecta sensibilidad. Por eso, el sacrificio debía serle más agudo; mas, por eso mismo, más meritorio. Quien posee pureza posee amor, quien posee amor posee sabiduría, quien posee sabiduría posee generosidad y heroísmo, porque sabe el porqué por que se sacrifica.

¡Arriba tu espíritu, aunque la cruz te doble, te rompa, te mate! Dios está contigo».

Anotación

Libro de la Sabiduría 6, 13

Sabiduría 6, 13 : Ella advierte a los que la buscan, y se muestra a ellos primero.

Libro de Ben Sira el Sabio 39, 6

Si 39, 6: Si el Señor Soberano quiere, se llenará de espíritu de entendimiento, derramará sus palabras de sabiduría como una lluvia, y en la oración dará gracias al Señor.

ECR 9.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo me circundé de una parentela mortal de sabios. Ana, Joaquín, José, Zacarías y, más aún, Isabel y luego el Bautista, ¿no son, acaso, verdaderos sabios? Y eso sin hablar de mi Madre, en la cual la Sabiduría había hecho morada.

Detalle

Jesús dijo: