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Notas del tema

La Iglesia católica

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Comodidad de lectura

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ECR 65.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No hagáis, no hagáis que Satanás ría ante las ruinas de mi trabajo, de mi sacrificio y también de vuestra alma. Buscad la luz. Buscad el sol. Buscad la fuerza. Buscad la vida. Yo soy Vida, Fuerza, Sol, Luz de quien me ama. Estoy aquí para llevaros al lugar del que provengo. Hablo aquí para llamaros a todos e indicaros la Ley de los diez mandamientos que dan la vida eterna. Y con consejo amoroso os digo: “Amad a Dios y al prójimo”; es condición primera para cumplir cualquier otro bien, es el más santo de los diez santos mandamientos. Amad. Aquellos que amen en Dios, a Dios y al prójimo y por el Señor Dios tendrán en la Tierra y en el Cielo la paz como tienda y corona.

ECR 65.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Vosotros me seguís. Me amáis. Vosotros, como plantas en primavera, os adornáis de propósitos y amor. Verdaderamente Israel en esta alba de mi apostolado es como nuestros dulces campos en el luminoso mes de Nisán. Pero, escuchad. Como quemazón de sequía, vendrá Satanás a abrasaros con su hálito envidioso de mí. Vendrá el mundo con su viento helado a congelar vuestro florecer. Vendrán las pasiones como temporales. Vendrá el tedio como lluvia obstinada. Todos los enemigos míos y vuestros vendrán para hacer estéril lo que debería brotar de esta tendencia santa vuestra a florecer en Dios. Yo os lo advierto, porque sé las cosas.

Pero, ¿entonces todo se perderá cuando Yo, como el agricultor enfermo — más que enfermo, muerto —, ya no pueda ofreceros palabras y milagros? No. Yo siembro y cultivo mientras dura mi tiempo; crecerá y madurará en vosotros, si vigiláis bien.

ECR 65.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

65.2 Jesús dice a Simón: «Llama a los otros dos. Vamos a adentrarnos en el lago para echar la red».

«Maestro, tengo los brazos deshechos de echar y subir la red durante toda la noche para nada. El pescado está en zona profunda, quién sabe dónde».

«Haz lo que te digo, Pedro. Escucha siempre a quien te ama».

«Haré lo que dices por respeto a tu palabra» y llama con fuerza a los peones, y a Santiago y a Juan. «Vamos a pescar. El Maestro así lo quiere». Y mientras se alejan de la orilla le dice a Jesús: «Maestro, te aseguro que no es hora propicia. A esta hora los peces quién sabe dónde estarán descansando...».

Jesús, sentado en la proa, sonríe y calla.

Recorren un arco de círculo en el lago y luego echan la red. Después de pocos minutos de espera, la barca siente extrañas sacudidas, extrañas porque el lago está liso como si fuera de cristal fundido bajo el Sol ya alto.

«¡Esto son peces, Maestro!» dice Pedro con los ojos como platos.

Jesús sonríe y calla.

«¡Eúp! ¡Eúp!» dirige Pedro a los peones. Pero la barca se inclina hacia el lado de la red. «¡Eh! ¡Santiago! ¡Juan! ¡Rápido! ¡Venid! ¡Con los remos! ¡Rápido!».

Se apresuran. Los esfuerzos de los hombres de las dos barcas logran subir la red sin dañar el pescado.

Las barcas se colocan una al lado de la otra, completamente juntas. Un cesto, dos, cinco, diez; todos llenos de estupendas piezas, y hay todavía muchos peces coleteando en la red: plata y bronce vivo que se mueve huyendo de la muerte. Entonces no hay más que una solución: volcar el resto en el fondo de las barcas. Lo hacen, y el fondo se vuelve todo un bullir de vidas en agonía. Esta abundancia cubre a los hombres hasta más arriba del tobillo y el nivel externo del agua llega a superar, por el peso excesivo, la línea de flotación.

«¡A la orilla! ¡Vira! ¡Venga! ¡Con la vela! ¡Cuidado con el fondo! ¡Pértigas preparadas para amortizar el choque! ¡Demasiado peso!».

65.3 Mientras dura la maniobra, Pedro no reflexiona. Pero, una vez en la orilla, lo hace. Entiende. Siente una gran turbación. «¡Maestro, Señor! ¡Aléjate de mí! Yo soy un hombre pecador. ¡No soy digno de estar a tu lado!». Pedro está de rodillas sobre la grava húmeda de la orilla.

Jesús le mira y sonríe: «¡Levántate! ¡Sígueme! ¡Ya no te dejo! De ahora en adelante serás pescador de hombres, y contigo estos compañeros tuyos. No temáis ya nada. Yo os llamo. ¡Venid!».

«Inmediatamente, Señor. Vosotros ocupaos de las barcas. Llevadle todo a Zebedeo y a mi cuñado. Vamos. ¡Del todo para ti somos, Jesús! Sea bendito el Eterno por esta elección».

Y tiene fin la visión.

ECR 66

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está solo. Judas viene a reunirse con él. El hombre de Keriot quiere seguirle y Jesús se entristece mucho. Conociendo su estado de ánimo, Jesús le revela que su Reino no es de este mundo, que su Reinado no es terrenal. Incluso le dice que Cristo será traicionado, y Judas le asegura que nunca hará tal cosa. Lo dice por su honor, pero el Salvador le señala que no hay nada más frágil. Jesús insiste entonces en que es amable, pobre y pacífico: que no conseguirá nada terrenal siguiéndole. Pero, sean cuales sean sus argumentos, Judas quiere seguirle. Incluso dice que Jesús debe llevárselo si es pecador y va camino de perderse. Jesús acepta y la visión termina ahí.

ECR 66.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Aunque todos te traicionasen yo estaré contigo y te defenderé».

«¿Tú, Judas? ¿Y en qué basas tu seguridad?».

«En mi honor de hombre».

«Cosa más frágil que una tela de araña, Judas. Es a Dios a quien tenemos que pedirle la fuerza de ser honestos y fieles. ¡El hombre!... El hombre lleva a cabo obras de hombre. Para llevar a cabo obras del espíritu — y seguir al Mesías en verdad y justicia quiere decir realizar obras de espíritu — hace falta matar al hombre y hacer que vuelva a nacer. ¿Eres capaz de tanto?».

ECR 66.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Poco le será imputado a quien asesine creyendo hacer justicia, creyéndolo porque no conoce la Verdad; pero mucho le será imputado a quien, habiéndola conocido, no sólo no la siga, sino que incluso se haga enemigo de ella.

ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El hombre no es un animal sin razón que se lanza y muerde por derecho a la presa. El hombre tiene una razón y un alma: por la razón debe saberse guiar como hombre, por el alma debe saber hacer esto santamente. Quien no lo hace así, se pone por debajo de los animales, se rebaja al abrazo con los demonios, porque endemonia su alma con el pecado de ira.