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Notas de la palabra clave

Mateo (apóstol)

Tema: La Iglesia católica · Página 6 de 12

Comodidad de lectura

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ECR 165.5-10

El Evangelio como me ha sido revelado

ECR 173.1.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro dice algo a Jesús, que le hace un gesto como diciendo: “No importa”. No entiendo de todas formas lo que dice el apóstol; eso sí, se queda cerca de Jesús; luego se le unen Judas Tadeo y Mateo. Los otros se pierden entre la multitud.

[Jesús enseña a la multitud a actuar en secreto, para no recibir alabanzas de los hombres. Quiere que hagamos nuestros actos de caridad y nuestras limosnas y que luego olvidemos que los hemos hecho, para que no nos envanezcamos de orgullo].

« (...) Olvidaos. Del acto en sí mismo, olvidaos. Quedará siempre en vosotros una luz, una voz, una miel, que harán vuestro día luminoso, dichoso, dulce. Pues la luz será la sonrisa de Dios; la miel, paz espiritual — Dios también—; la voz, voz del Padre-Dios diciéndoos: “Gracias”. Él ve el mal oculto y el bien escondido, y os recompensará por ello. Os lo...».

«¡Maestro, contradices tus propias palabras!».

La ofensa, rencorosa y repentina, proviene del centro de la multitud. Todos se vuelven hacia el lugar de donde ha surgido la voz. Hay confusión.

Pedro dice: «¡Ya te lo había dicho... cuando hay uno de ésos, no va bien nada!».

ECR 174.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pasa Simón Zelote con su aspecto grave; pasa Pedro con su aspecto de persona atareada, exhortando a un grupo de unos diez rapacillos a que se porten bien hasta el final, prometiéndoles que si así lo hacen les dará unas aceitunas, pero que, si arman jaleo mientras habla el Maestro, les dará unos cachetes; pasa Bartolomé, anciano y serio; pasa Mateo con Felipe, llevando en brazos a un tullido, el cual, si no, hubiera tenido demasiada dificultad para abrirse paso entre la apiñada muchedumbre; pasan los primos del Señor, ofreciendo el brazo a un mendigo casi ciego, y a una pobre que quién sabe cuántos años podrá tener y que llora mientras le cuenta a Santiago todas sus desventuras; pasa Santiago de Zebedeo llevando en brazos a una pobre niña enferma que ha tomado de su madre — que le sigue angustiada — para impedir que la muchedumbre le haga daño; por último, pasan Andrés y Juan, quienes yo diría que son indivisibles (si bien Juan, con su serena naturalidad de niño santo, va por igual con todos los compañeros, mientras que Andrés, debido a su carácter fuertemente reservado, prefiere ir con su antiguo compañero de pesca y de fe en Juan el Bautista). Ambos se habían quedado a la entrada de los dos senderos principales para dirigir a la muchedumbre hacia su puesto, pero, como ahora ya no se ven más peregrinos por las veredas pedregosas del monte, se han vuelto a reunir para ir donde el Maestro con las últimas limosnas recibidas.

Detalle

Tomás y Judas no son nombrados aquí, pero se ocupan de los peregrinos en MTS 174.2. Los dividen en tres grupos: los enfermos, los pobres y los que esperan enseñanzas de Jesús.

ECR 174.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente está sentada, quién en la hierba, quién en gruesas piedras; otros están de pie. El colegio apostólico no está completo. Veo a Pedro y a Andrés, a Juan y a Santiago, y oigo llamar a otros dos, Natanael y Felipe. Luego hay otro, que está y no está en el grupo; quizás es el último llegado: le llaman Simón. Los otros no están, a menos que sea que no los veo entre la masa de gente.

Anotación

Contrariamente a las apariencias, este comentario es perfectamente coherente: Juan, Santiago, Pedro y Andrés fueron "vistos" el 25 de febrero de 1944. La visión del encuentro con Natanael y Felipe tuvo lugar el 13 de octubre de 1944, dos meses después de la escena aquí descrita, y la de Simón el Zelote, el 26 de octubre de 1944.

ECR 175.3.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente se arremolina en torno al Maestro. Es un círculo que bajo ningún concepto quiere abrirse. Pero, entretanto, el Sol se ha ocultado y comienza el reposo del sábado. Los centros habitados están lejos. De todas formas, la gente no echa de menos ni el pueblo ni la comida ni nada. No sucede lo mismo con los apóstoles, y se lo comentan a Jesús. También los discípulos ancianos están preocupados. Hay mujeres y niños, y, si bien la temperatura de la noche es moderada y la hierba de los campos está blanda, las estrellas no son pan ni se transforman en alimentos las piedras de las laderas.

Jesús es el único que se lo toma con tranquilidad. La gente, mientras, come lo que les había sobrado, sin mayores problemas. Jesús llama la atención de los discípulos sobre este hecho: «¡En verdad os digo que éstos están más adelantados que vosotros! Mirad con qué despreocupación consumen todo lo que tienen. Les he dicho: “El que no sea capaz de creer que mañana Dios dará el alimento a sus hijos que se retire”, y se han quedado aquí. Dios no desmentirá a su Mesías ni defraudará a quien en Él espera».

Los apóstoles se encogen de hombros y ya no se ocupan de nada más. (...)

[El escriba Juan vino en su ayuda y Jesús dijo:]

«¿Y ahora qué tengo que deciros por vuestra incredulidad? ¿No ha puesto, acaso, el Padre pan para todos nosotros en las manos de una persona que, por su casta, está contra mí? ¡Oh, hombres de poca fe!... Id, id allí, al mullido heno y dormid. Yo voy a orar al Padre para que abra vuestros corazones y para darle las gracias por su bondad. Paz a vosotros».

Detalle

Aunque no se nombra específicamente a ninguno de ellos, los Doce están presentes en este capítulo. Ante su falta de fe y confianza en la Providencia del Padre para alimentar a la multitud, Jesús les dice esto en EMV 175.5, después de que el escriba Juan acuda en su ayuda.

ECR 176.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús, durante la noche, subiendo por el monte, se ha alejado bastante. La aurora le muestra erguido sobre el borde de un despeñadero. Pedro le ve y se lo indica a sus compañeros. Se encaminan hacia arriba en dirección a Él.

«Maestro — preguntan bastantes de ellos — ¿por qué no has venido con nosotros?».

«Necesitaba orar».

«Pero también tienes mucha necesidad de descansar».

«Amigos, durante la noche una voz venida del Cielo pedía oración por los buenos y por los malos, y también por mí mismo».

«¿Por qué? ¿Es que acaso la necesitas?».

«Como los demás. Mi fuerza se nutre de oración; mi alegría, de hacer lo que mi Padre quiere. El Padre me ha dicho dos nombres de personas, y, para mí, un hecho doloroso. Estas tres cosas tienen necesidad de oración».

Jesús está muy triste. Mira a los suyos con una mirada que parece suplicar o querer preguntar algo; se posa en éste o en aquél y, finalmente, en Judas Iscariote, y en él se detiene.

El apóstol lo nota y pregunta: «¿Por qué me miras así?».

«No te veía a ti. Mis ojos contemplaban otra cosa...».

«¿Y qué es?...».

«La naturaleza del discípulo. Todo el bien y el mal que un discípulo puede dar a su Maestro y hacer por Él. Pensaba en los discípulos de los Profetas y en los de Juan; y en los míos. Y rogaba por Juan, por los discípulos y por mí...».

«Esta mañana estás triste y cansado, Maestro. Manifiesta tu pesar a quien te ama». Es Santiago de Zebedeo el que le invita a expresarse.

«Sí, dínoslo; que, si se puede hacer algo para aliviártelo, lo haremos» dice Judas, el primo de Jesús.

Pedro habla con Bartolomé y Felipe, pero no comprendo lo que dicen.

Jesús responde: «Sed buenos, esforzaos por ser buenos y fieles: ése será mi consuelo. No existe ningún otro, Pedro, ¿comprendes?; abandona esa sospecha. Queredme. Quereos. No os dejéis seducir por quien me odia. Amad sobre todo la voluntad de Dios».

«¡Sí, pero, si todo viene de ella, también de ella vendrán nuestros errores!» exclama Tomás con aire de filósofo.

«¿Tú crees? No es así.

176.2

Pero... vamos, que muchos se han despertado ya y están mirando hacia aquí. Vamos a bajar. Santifiquemos el día santo con la palabra de Dios».

ECR 177.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús entra en Cafarnaúm. Viene de los campos. Le acompañan sólo los doce; es más, los once, porque Juan no está.

Anotación

Sabemos por Pedro, en Betsaida, que Jesús le envió "delante" con Isaac para conducir a María hasta el Bautista(EMV 180.7).