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Notas de la palabra clave

Lugares - Capharnaüm

Tema: Cerca del lago Génésareth (lago de Tiberíades o mar de Galilea) · Página 3 de 3

Comodidad de lectura

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ECR 174.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si os enseño los caminos del Señor es para que los sigáis. ¿Podéis, acaso, recorrer el sendero que baja por la derecha y el que baja por la izquierda juntos? No podéis porque, si tomáis uno, debéis dejar el otro. Ni siquiera tratándose de dos senderos adyacentes podríais manteneros caminando siempre con un pie en cada uno. Acabaríais cansándoos, y equivocándoos, aunque se tratara de una apuesta. Pero es que entre el sendero de Dios y el de Satanás hay una gran distancia, que además cada vez se ahonda más, exactamente como sucede con esos dos senderos que terminan aquí: a medida que van descendiendo se alejan el uno del otro; uno en dirección a Cafarnaúm, el otro en dirección a Tolemaida.

La vida es así, fluye como arco a caballo entre el pasado y el futuro, entre el mal y el bien. En el centro está el hombre con su voluntad y su libre albedrío. En los extremos están: en una parte, Dios con su Cielo; en la otra, Satanás con su Infierno. El hombre puede elegir. Nadie lo obliga.

Anotación

Estos dos caminos (...) se separan cada vez más el uno del otro, uno va hacia Cafarnaún, el otro hacia Tolemaida. Correcto: Se trata de los caminos del noreste (camino de Magdala) y del suroeste (camino de Caná).

ECR 174.22 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« He terminado. Me encamino hacia abajo, hacia el lago. Os bendigo en nombre de Dios uno y trino. Mi paz descienda sobre vosotros».

Pero la muchedumbre grita: «Vamos también nosotros. ¡Déjanos ir contigo! ¡Nadie habla como Tú!». Y se encamina también la gente siguiendo a Jesús, que baja no por la parte por la que ha subido sino por la opuesta, que va en línea recta hacia Cafarnaúm.

La bajada es muy inclinada, pero se recorre muy rápidamente, y pronto llegan a los pies del monte, arrellanado sobre la planada verde y florida.

ECR 177

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : La curación del siervo del centurión.

Fecha de la visión: Sábado 2 de junio de 1945.

Calendario: domingo 20 de febrero 28 (7 Adar I 3788).

Lugar (mapa): Cafarnaúm

Ciclo: Apostolado en Galilea

Resumen: Jesús llega a Cafarnaún y se encuentra con el centurión romano. El romano le pide que lo cure, pero tiene tanta fe que Jesús puede, según él, curarlo a distancia. Los notables de Cafarnaún piden al Maestro que acceda a su petición, y Jesús repite su ofrecimiento de ir a su casa. El centurión le confesó que si decía una sola palabra, su criado quedaría curado. Todo sucedió como él había deseado: Jesús realizó el milagro y declaró a los judíos que todas las naciones vendrían a él, como había profetizado Isaías. Mejor aún, los paganos superarían a Israel. Jesús se marchó entonces a su casa de Cafarnaún.

Contenido del capítulo: 177,1: El centurión romano se acerca a Jesús, a quien ha oído predicar. 177,2: Le pide la curación de un siervo. 177,3: Los notables del lugar aprecian a este romano. Jesús cura al siervo a distancia. 177,4: Discurso: vendrán las naciones. 177,5: Alguien acude al centurión para verificar la curación.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 37

ECR 178

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Tres hombres que quieren seguir a Jesús.

Fecha de la visión: Domingo 3 de junio de 1945

Calendario: lunes 21 de febrero 28 (8 Adar I 3788) según maria-valtorta.org o miércoles 1 de marzo 28 según Valtorta.fr

Localización (mapa) :Cafarnaún

Ciclo: Apostolado en Galilea

Resumen: Jesús se dirige con dificultad a la orilla del lago de Tiberíades, porque la muchedumbre lo retiene. Pero Cristo es de todos y muchos deben tenerlo. Así que promete que volverá. Cuando llega a la barca de Pedro, tres hombres le abordan. El primero, convencido por las palabras del Señor, promete seguirle. Le preguntó qué camino pensaba seguir y no se quedó satisfecho con la primera respuesta de Jesús, que le dijo que tomaba el camino del Cielo. Cuando le pregunta en qué casas se detendrá, Jesús le responde que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza, y el hombre comprende que su casa está en todas partes. El Maestro recuerda entonces que debemos ser sacrificados, obedientes, caritativos con todos y curar las heridas de nuestros hermanos, sin alejarnos de ellos porque estén en el fango. Su interlocutor le pide que intente seguir su camino, y Jesús le anima a ello.

El segundo hombre es interpelado por el Salvador. Cristo le insta a seguirle, pero Elías ha perdido a su padre, y Jesús le dice que "deje que los muertos entierren a sus muertos". Enseña que la mutilación de los afectos puede servir para dar alas al siervo de Dios. Mientras el hombre reflexiona, hace rezar en voz alta a un niño pequeño, y el joven se decide. Jesús le apoya en su esfuerzo.

Finalmente, un tercer niño le pide que le siga después de despedirse de sus padres. Pero aún hay demasiada humanidad en él. Tiene que arrancar las raíces aún demasiado profundas de la humanidad, y si no puede hacerlo, tiene que arrancarlas. Porque para ser discípulo hay que ser totalmente libre de espíritu, y Dios es exigente. Por eso hay que saber llevar la cruz y poner la mano en el arado sin mirar atrás. Jesús invita al discípulo a trabajar sobre sí mismo antes de seguirle. Entonces el Maestro sube a la barca de Pedro.

Contenido del capítulo: 178.1: Jesús camina con dificultad a través de la multitud hasta la orilla. 178.2: Un escriba que duda en seguir a Jesús le responde: Las zorras tienen sus guaridas, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. 178.3: Un joven se decide y deja que los muertos entierren a los muertos. 178.4: Un tercer hombre vendrá más tarde: Nadie que haya puesto su mano en el arado puede mirar hacia atrás, hacia lo que ha dejado.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 38

ECR 179.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las barcas de los apóstoles, recorrido el breve trecho de lago que separa Cafarnaúm de Betsaida, echan amarras en esta ciudad. Pero otras barcas las han seguido y muchos bajan de ellas para unirse enseguida a los de Betsaida que han venido a saludar al Maestro. Jesús está entrando ahora en la casa de Pedro en la que... está de jefe su mujer, la cual supongo que ha preferido la soledad antes que vivir entre las continuas quejas de su madre contra su marido.

Afuera reclaman al Maestro a voces, lo cual inquieta no poco a Pedro, que sube a la terraza y con tono autoritario se dirige a la gente, de la ciudad o no, diciendo que se requiere respeto y educación (quisiera, en efecto, poder gozar un poco de la presencia del Maestro, en paz, ahora que le tiene en su casa, y, sin embargo, no tiene el tiempo ni la satisfacción de ofrecerle ni siquiera un poco de agua y miel, entre las muchas cosas que ha dicho a su mujer que traiga), y se muestra enfadado.

ECR 180.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Habéis comprendido? ¿Tenéis algo más que preguntar? ¿No? Pues entonces podemos retirarnos a descansar para salir mañana para Cafarnaúm. Tengo que visitar todavía un lugar antes de emprender el viaje hacia Jerusalén para la Pascua».

«¿Vamos a pasar otra vez por Arimatea?» pregunta Judas Iscariote.

«No es seguro. Según que los...».

Llaman enérgicamente a la puerta.

Detalle

Jesús acaba de explicar a los discípulos la parábola del sembrador.

ECR 180.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Un silencio de tumba sigue a la narración de Juan. Jesús parece desangrado, con los ojos de un color azul oscurísimo y como empañados. Tiene la cabeza agachada, la mano — recorrida por un ligero temblor — en el hombro de Juan. Ninguno se atreve a hablar.

Jesús rompe el silencio: «Iremos a Judea por otro camino. Pero mañana tengo que ir a Cafarnaúm. Lo antes posible. Descansad. Voy a subir por entre los olivos. Necesito estar solo». Y sale sin decir nada más.

«Sin duda va allí a llorar» musita Santiago de Alfeo.

«Sigámosle, hermano» dice Judas Tadeo.

«No. Dejadle llorar. Vayamos sólo a la escucha, caminando despacio, porque temo asechanzas por todas partes» responde el Zelote.

Detalle

Juan el Bautista acaba de ser detenido y Juan comunica la noticia al grupo apostólico.

ECR 181.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una aurora clara aljofara el lago y envuelve las colinas en niebla, ligera como velo de muselina, tras la cual se ven más graciosos los olivos y nogales y las casas y las cimas de los pueblos ribereños. Las barcas se deslizan serenas, silenciosas, en dirección a Cafarnaúm. Pero, en un momento dado, Pedro gira la caña del timón; tan bruscamente, que la barca se ladea.

«¿Qué haces!» dice Andrés.

«Allí hay una barca de uno de esos avestruces. Está saliendo de Cafarnaúm. Tengo buenos ojos, y, desde ayer noche, olfato de perro rastrero. No quiero que nos vean. Vuelvo al río. Iremos a pie».

La otra barca ha hecho la misma maniobra, pero Santiago, que va al timón, pregunta a Pedro: «¿Por qué haces esto?».

«Ya te lo diré. Ven detrás de mí».

Jesús, que está sentado en la popa, vuelve de su ensimismamiento ya casi a la altura del Jordán. «Pero ¿qué haces, Simón?» pregunta.

«Bajamos aquí. Hay un chacal merodeando. No podemos ir a Cafarnaúm hoy. Primero voy yo a ver el ambiente; yo con Simón y Natanael. Tres personas dignas contra tres indignas... si es que no son más las indignas».

«¡No veas ahora asechanzas por todas partes! ¿No es la barca de Simón el fariseo?».

«Sí, justamente ésa».

«No estaba cuando la captura de Juan».

«No sé nada».

«Siempre es respetuoso conmigo».

«No sé nada».

«Me haces aparecer como una persona que huye».

«No sé nada».

A pesar de que Jesús no tenga ganas de reír, debe por fuerza sonreír ante la santa testarudez de Pedro.

«¡Pero tendremos que ir a Cafarnaúm, ¿no?! Si no es hoy, será en otro momento...».

«Ya te he dicho que voy antes yo y veo cómo está el ambiente, y... si es necesario... sí, lo haré también... será un malísimo trago... pero lo haré por amor a ti... Iré... iré donde el centurión a solicitar protección...».

«¡No, hombre, no hace falta!».

La barca se detiene en la pequeña playa desierta que está en el lado opuesto a Betsaida. Bajan todos.

«Venid vosotros dos. Tú también, Felipe. Los jóvenes quedaos aquí. Tardaremos poco».

El neodiscípulo Elías suplica: «Ven a mi casa, Maestro. Para mí sería un motivo de gran alegría que te hospedases en ella...».

«Voy a tu casa. Simón, nos encontraremos en casa de Elías. Adiós, Simón. Ve, pero sé bueno, prudente y misericordioso. Ven, que quiero besarte y bendecirte».

Pedro no da seguridad de que será bueno, ni paciente ni misericordioso; se limita a guardar silencio. Se besan recíprocamente. Es el mismo gesto de saludo de Jesús con el Zelote, Bartolomé y Felipe. Y las dos comitivas se separan ya, tomando direcciones opuestas.

Detalle

Es el día después del arresto de Juan el Bautista.

Anotación

- ¡Veo la barca de un búho! Está saliendo de Cafarnaún. Deben de estar a 3 ó 4 km de Cafarnaún, y Pedro reconoce la barca perteneciente a uno de los fariseos.

Jesús, que iba sentado en la popa, se despierta cuando está casi a la altura del Jordán. Popa o parte trasera de una barca. Este es su lugar "habitual", como podemos ver en EMV 448.3 y EMV 185.2).

Elías, el nuevo discípulo, pide limosna: se trata de un nuevo discípulo, conocido enEMV 179.

Los dos grupos se separan en direcciones opuestas. Pedro, con Simón el Zelote, Felipe y Bartolomé, va por la costa hacia el suroeste, en dirección a Cafarnaún, mientras que el grupo de Jesús sube hacia el norte para alcanzar el camino que lleva a Corozain.

ECR 183.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

A la altura de una bifurcación, o, más exactamente, un cuadrivio — en efecto, en ese punto se unen cuatro caminos —, Jesús toma sin vacilar dirección Norte-Este.

«¿Volvemos a Cafarnaúm?» pregunta Pedro.

Jesús responde: «No». Únicamente “no”.

«Entonces, a Tiberíades» insiste Pedro, que quiere saber.

«Tampoco».

«Pero, este camino va hacia el Mar de Galilea... y allí están Tiberíades y Cafarnaúm...».

«Y también Magdala» dice Jesús con una expresión semiseria para que se aplaque la curiosidad de Pedro.

«¿Magdala!...». Pedro se muestra un poco escandalizado, lo que me hace pensar que esta ciudad tiene mala fama.

«A Magdala, sí, a Magdala. ¿Te consideras demasiado puro para entrar en ella? ¡Pedro, Pedro!... Por amor a mí tendrás que entrar, no en una ciudad de placer, sino en verdaderos prostíbulos... Cristo no ha venido para salvar a los salvados, sino para salvar a los perdidos... y tú... tú serás “Piedra”, o “Cefas”, y no “Simón”, para esto. ¿Tienes miedo a contaminarte? ¡No, no! ¿Ves a éste? — indica al jovencísimo Juan —. Pues ni siquiera él sufrirá daño, porque no quiere; como tampoco quieres tú, ni quiere tu hermano ni el hermano de Juan. Ninguno de vosotros, por ahora, quiere. Mientras no se quiere, no se verifica el mal. Pero es necesario no querer fuerte y constantemente. La fuerza y la constancia se consiguen del Padre, orando con sinceridad de propósitos. En el futuro no todos sabréis siempre orar así... ¿Qué estás diciendo, Judas? No te fíes demasiado de ti mismo. Yo, que soy el Cristo, oro constantemente, para tener fuerza contra Satanás. ¿Eres, acaso, tú más que Yo? El orgullo es como una grieta, por ella entra Satanás. Vigila y sé humilde, Judas. Mateo, tú que conoces muy bien esta zona, dime, ¿conviene entrar por este camino o hay otro mejor?».

«Según, Maestro. Si quieres ir a la Magdala de los pescadores y pobres, éste es el camino, por aquí se entra al suburbio popular; pero — no lo creo, pero te lo digo para que la respuesta mía sea amplia — si quieres ir adonde viven los ricos, hay que dejar este camino dentro de algunos centenares de metros y tomar otro, porque las casas ricas están casi a esta altura y hay que volver para atrás...».

«Volvemos para atrás. Quiero ir a la Magdala de los ricos. ¿Qué has dicho, Judas?».

«Nada, Maestro. Es la segunda vez en poco tiempo que me lo preguntas, cuando en realidad no he dicho nada».

«No con los labios, pero sí que has hablado, murmurando, con tu corazón. Has murmurado con tu huésped: el corazón. Para hablar no es indispensable tener como interlocutora a otra criatura; muchas palabras nos las decimos a nosotros mismos... Pues bien, no se debe cometer murmuración o calumnia ni siquiera con el propio yo».

ECR 186.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

En EMV 186, la configuración de la zona se reproduce en esta imagen(haga clic en el enlace) tal y como Maria Valtorta la dibujó en la última página del cuaderno manuscrito. De izquierda a derecha, los nombres de las ciudades que bordean el lago son : Tariquea, Tiberíades, Magdala, Cafarnaún, Betsaida, Gergesa, Hipos. Al sur de Hipos, después del torrente, dice "lugar de desembarco" y Gamla en el interior. Entre estos hay pequeños puntos, explicados al final de la página de la siguiente manera: "Al norte está Chorazeïn.