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Notas de la palabra clave

Ubicaciones - Hebrón

Tema: Región de Judea · Página 1 de 2

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ECR 21

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : Visita a Isabel

Fecha de la visión: Sábado 1 de abril de 1944

Calendario: Domingo 24 de marzo d.C. -5

Localización (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María llega a Hebrón. María describe el lugar, luego describe más concretamente la llegada de la Virgen. Se detiene ante una casa bastante lujosa, donde no falta de nada, y la Inmaculada Concepción intenta hacer notar su presencia. Una ancianita curiosa le presenta una campanilla y la bombardea a preguntas. Afortunadamente, llegó un criado -probablemente un jardinero- y salvó a la Madre de las habladurías. María entró rápidamente después de dar las gracias a la ancianita. El criado la lleva dentro y le cuenta lo que ha sucedido en la casa: habla del parto de Isabel, pero también del silencio de Zacarías, que ya no puede hablar. Intenta llamar a su mujer, Sara, que es otra criada, pero en su lugar llega Isabel. Ella ve a María, María ve a Isabel, y ambas corren la una hacia la otra. Se estrechan en un cálido abrazo, y es entonces cuando el Espíritu Santo envuelve a Isabel. El Precursor es santificado, y Juan el Bautista se vuelve sin mancha. Isabel y María pronuncian las palabras del Evangelio, y entonces llega Zacarías, pero no es consciente del estado espiritual de María. En cambio, pregunta por la Virgen y José, e Isabel se limita a decirle que es madre. Pero ninguno de los dos dijo nada más.

A continuación, María escribe sobre cómo recibió la visión y declara que vio a María en la sepultura de Cristo.

Contenido del capítulo: 21.1: A través de las montañas de Judea. 21.2: La rica finca de Zacarías en Hebrón. 21.3: La extraña campana y la apertura de la puerta. 21.4: El viejo Samuel da noticias de Zacarías e Isabel. 21.5: El abrazo de Isabel y María, la iluminación interior, el Magnificat. 21.6: La llegada de Zacarías. 21.7: Visiones según sus necesidades espirituales.

ECR 21.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

21.1 Me encuentro en un lugar montañoso. No son grandes montañas, pero tampoco puede decirse que sean simples colinas. Tienen cimas y sinuosidades ya propias de las verdaderas montañas, como las que se ven en nuestros Apeninos tosco-umbrianos. La vegetación es tupida y bonita. Abunda el agua fresca que mantiene verdes los pastos y fértiles los huertos, casi todos plantados de manzanos, higueras y vid; esta última, en torno a las casas. Debe ser primavera, como se deduce de que las uvas sean ya de un cierto volumen, como semillas de veza; y de que las flores de los manzanos asemejen a numerosas bolitas de color verde intenso; así como del hecho de que en lo alto de las ramas de las higueras hayan aparecido ya los primeros frutos, todavía en estado embrional, pero ya bien definidos. Y los prados son una verdadera alfombra esponjosa y de mil colores en que pacen, o descansan, las ovejas: manchas blancas sobre el fondo de esmeralda de la hierba.

21.2 María sube en su burrito por una vía que está en bastante buen estado, y que debe ser de primer orden. Sube, porque, efectivamente, el pueblo, de aspecto bastante ordenado, está más arriba. Mi interno consejero me dice: «Este lugar es Hebrón». Usted me hablaba de Montana. Yo no sé qué hacer. A mí se me indica con este nombre. No sé si será «Hebrón» toda la zona o sólo el pueblo. Yo oigo esto, y esto es lo que digo.

Palabras clave

ECR 22

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : Los días pasados en Hebrón. Los frutos de la caridad de María hacia Isabel.

Fecha de la visión y del dictado: Domingo 2 de abril de 1944

Calendario: Abril del año 5-5

Localización (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María vive en Hebrón. Isabel llega cerca de ella y hablan de sus respectivas maternidades. La mujer de Zacarías ya no sufre ahora que la Virgen está aquí, pero antes sufría mucho a causa de su vejez. María, en comparación, no sufre, pero no tiene el peso de la Falta.

Isabel quería hilar ropa para Juan el Bautista, pero María dijo que ella haría el trabajo por ella. La Virgen argumentó que tenía mucho tiempo y que primero pensaría en su prima, ya que el nacimiento del Precursor era inminente. Después pensaría en su hijo, Jesús.

Fue entonces cuando la Inmaculada Concepción reveló a Isabel el nombre de su Hijo y le reveló su angustia. María conocía a los profetas, y ya intuía que Jesús sería el Cordero, el Varón de dolores. Isabel la consuela, sin embargo, diciéndole que Dios estará con ella y que su hijo será amado por los siglos de los siglos.

Las dos mujeres hablan entonces de Zacarías, que es mudo. Esto causó una gran pena a su esposa. Ella esperaba que, cuando naciera el niño, éste pudiera volver a hablar. La bendita madre desea que su hijo se llame Juan, y revela su sufrimiento a su prima. Para distraerla, María le propone salir al exterior y se encuentran cerca de un pequeño rebaño de corderos.

La visión cambia; esta vez, el tiempo ha pasado. María va a buscar a Isabel. Hablan de Jesús y de su aparición. Luego hablan de José, y María le dice que ha dejado que Dios intervenga. Aparte de Isabel, nadie debía saber de su maternidad divina, e Isabel, que lo comprendió, le señaló que incluso se lo había dicho a Zacarías. Zacarías entró entonces y María rezó las oraciones. Ella exhorta al sacerdote a creer en la misericordia de Dios, porque el hombre piensa que nunca podrá volver a hablar.

Por último, María da una lección sobre la caridad, sobre cómo hacer crecer en nosotros los dones de Dios. Debemos ser siempre caritativos, no egoístas. También nos da una lección sobre el paso del tiempo: Dios es su dueño, y ayuda a los que esperan en Él. "El egoísmo no adelanta nada, lo retrasa todo. La caridad no retrasa nada, hace avanzar las cosas". Por último, la Madre señala que encontró mucha paz en casa de Isabel, y que si no la hubiera atormentado el pensamiento de José y de su Hijo, el Redentor del mundo, habría sido feliz. Pero María significa a la vez luz y amargura...

Contenido del capítulo: 22.1: María cose para el hijo de Isabel. 22.2: Isabel se siente mucho mejor desde la visita de María. 22.3: María se conmueve al pensar en el Varón de dolores de Isaías. 22.4: Isabel se angustia por el silencio de Zacarías. 22.5: Paseo por el jardín entre palomas, cabritos y corderos. 22.6: María hila y teje. 22.7: Imagina cómo será su hijo. 22.8: Dios revela el misterio a José. 22.9: Zacarías habla de nuevo. El Mesías nacerá en Belén. 22.10: Amor al prójimo. 22.11: Mi amor al prójimo y mi amor a Dios. 22.12: La caridad hace que las cosas sucedan. 22.13: Amargura mezclada con dulzura.

ECR 23

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: Nacimiento de Juan el Bautista. Todo sufrimiento se alivia en el seno de María.

Fecha de la visión y del dictado: Lunes 3 de abril de 1944 (Lunes Santo)

Calendario: jueves 4 de julio del año 5 a.C.

Lugar (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María e Isabel pasean por la casa de Zacarías. Caminan despacio y María está atenta a todo. Preocupada por su pariente, va a ayudar a Sara, la sirvienta, y luego invita a Isabel a caminar un poco más. Fueron a ver las palomas e Isabel se sintió conmovida por su afecto hacia ella. Su estado le hacía temer la muerte y estaba preocupada por su marido y su hijo. María la tranquilizó, diciéndole que todo iría bien e invitándola a confiar en Dios. Cuando a Isabel se le pasó el sufrimiento, volvieron a casa. Comienza la labor de la madre del Precursor. María consuela a Zacarías y reza con el anciano. Cuando se queda dormido (era plena noche), ella lo cuida y continúa su oración.

Isabel llama a la Virgen y le pide que ponga la mano sobre su vientre inmaculado. María la tranquiliza, le dice que confíe en Dios y le dice que Jesús está allí. Cuando su prima se ha calmado, se marcha de nuevo. Zacarías sigue durmiendo. La Inmaculada reza intensamente, hasta que el anciano sacerdote se despierta. Pero Juan seguía sin nacer.

María siguió rezando, y pronto amaneció. Poco después, para gran alegría de ambos padres, nació Juan. Zacarías recibió al niño, y luego María se lo llevó a su madre. El niño se calmó en cuanto estuvo sobre el pecho de María. Isabel le preguntó si Zacarías podía hablar, pero desgraciadamente no podía. La Virgen le dijo entonces que volviera a esperar en el Señor...

Después de la visión, la Plenitud de Gracia dictó a María y le explicó que, aunque había sido preservada de la Falla y de los dolores del parto, su maternidad espiritual había estado, sin embargo, llena de sufrimientos. María nos invita entonces a acudir siempre a Ella, porque es la eterna portadora de Jesús. Ella reza sin cesar por nosotros y por nuestra salvación.

Contenido del capítulo: 23.1: Una visión de paz en medio de las horas oscuras. 23.2: María ayuda a Isabel y a Sara en el jardín. 23.3: Tranquiliza a Isabel, que tiene miedo de morir. 23.4: Vela por todo en la casa. 23.5: Isabel, que sufre, la llama a su cabecera. 23.6: Vuelve para tranquilizar a Zacarías. 23.7: Zacarías está nervioso, María reza. 23.8: Llevan el niño al padre. 23.9: La angustia del nacimiento espiritual de María. 23.10: Venid a mí, que soy la eterna portadora de Jesús.

ECR 23.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

23.2 Continúa la casa de Isabel. Es una hermosa tarde de verano, aún clara con un último sol, y de todas formas ya adornada en el cielo por un arco falcado de luna, que parece una coma de plata en una vasta tela azul intenso de fina seda.

Los rosales huelen fuertemente, y las abejas, gotas de oro zumbadoras, dan sus últimos vuelos en el aire quieto y caliente de la tarde. De los prados viene un gran olor de heno secado al sol, un olor casi de pan, de pan caliente, recién hecho. Quizás viene también de los muchos lienzos que están tendidos por todas partes para secarse y que ahora Sara está plegando.

María pasea dándole el brazo a su prima. uy despacito van y vienen, bajo el emparrado semioscuro.

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Es julio del año 5-5.

Palabras clave

ECR 24

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: Circuncisión de Juan el Bautista. María es fuente de gracia para los que acogen la Luz.

Fecha de la visión: Martes 4 de abril de 1944 (Martes Santo).

Fecha del dictado: Martes 4 de abril de 1944. En una copia mecanografiada, María Valtorta anota: "La Santísima Virgen María dictó estas palabras el Miércoles Santo".

Calendario: Viernes 12 de julio del año -5

Lugar (mapa): Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: Es la circuncisión de Juan. Hay mucha gente en casa de Zacarías. Hablan del nombre del niño y quieren ponerle el nombre de su padre, pero Isabel es inflexible: se llamará Juan. Se pide la opinión de Zacarías y éste escribe que, en efecto, se llamará Juan, "Dios es misericordioso". Entonces se le soltó la lengua y pronunció su himno. Isabel se alegró mucho. Tuvo lugar la circuncisión y el niño se tranquilizó en brazos de la Virgen. Zacarías fue a verla y le pidió perdón por no haberla reconocido cuando estaba embarazada del Salvador. La bendijo y la Inmaculada le respondió que todas las alabanzas debían ser para Dios. La Inmaculada le pidió también que rezara por ella, pues si ser madre del Salvador es un destino bendito, ser madre del Redentor debe ser un destino de atroces sufrimientos.

En el dictado que sigue, María explica que Dios perdona a los que reconocen sus pecados y se arrepienten. Nos invita a despojar nuestras almas de todo lo que las agobia y a acoger la Luz de Dios. La Virgen sigue explicando que quien posee a Dios, quien tiene la amistad de Dios, nunca está solo, porque aunque esto no quite el sufrimiento, nos da luz y una caricia que aligera nuestra cruz. También debemos saber agradecer al Altísimo sus gracias.

Por último, la Inmaculada nos explica que la hacemos sufrir mucho porque rechazamos la gracia. Cuando dio el dictado, se acercaba el Viernes Santo, por lo que nos invitó a rezar con las palabras de su Hijo en la Cruz. Finalmente, recuerda a María que, aunque ve sus alegrías, su sufrimiento siempre ha crecido exponencialmente, hasta que recibe en sus brazos a su Hijo muerto.

Contenido del capítulo: 24.1: La casa en fiesta. 24.2: El nombre. El milagro. El Benedictus. 24.3: Sólo María puede calmar el dolor del pequeño Juan al volver de su circuncisión. 24.4: Zacarías, que puede hablar de nuevo, se postra ante María. 24.5: María pide sus oraciones por la Corredentora en que se convertirá. 24.6: Dios perdona a los arrepentidos. 24.7: Él hace que el dolor sea dulce en su amargura. 24.8: El dolor de ver a un enemigo de Jesús. 24.9: El misterio del Viernes Santo. 24.10: Un dolor cada vez mayor.

ECR 76.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Ves? Yuttá está allá arriba. Ahora cruzaremos el torrente; hay un vado por el que se puede pasar en verano, sin necesidad de recurrir al puente. Habría sido más breve venir por Hebrón, pero no has querido».

«No. A Hebrón después. Siempre antes donde los que sufren.»

Palabras clave

ECR 77

El Evangelio como me ha sido revelado

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El grupo apostólico se dirige a Hebrón. Judas está nervioso y enfadado porque no han ido primero a Keriot, ya que habría sido más corto. Pero Jesús le asegura que siempre cumple sus promesas. Fue antes a Hebrón porque Samuel, que había muerto, había sufrido mucho por él y nunca había traicionado el recuerdo de Jesús cuando era niño. Permaneció fiel aunque no supiera que estaba vivo, y por eso este hombre merece que Cristo le honre y rece por él.

A continuación, el Iscariote señala que los pastores eran justos y santos, y sin embargo fueron maltratados. Ana de Belén incluso murió a consecuencia de ello... Y concluye, de paso, que el amor que mostramos a Jesús le trae mala suerte. El Maestro impide que Juan y Simón intervengan, diciendo que prefiere que Judas diga siempre lo que piensa. Y replica que, aunque los pastores hubieran recibido mucho, no sería justo que recibieran un privilegio especial por haber recibido tal o cual regalo, incluido el de estar presentes en la Natividad. Simón, además, declara que no hay que poner cosas terrenales donde hay cosas celestiales.

Judas ironiza entonces directamente, señalando que, al haber sanado tan pronto, el zelote ha recuperado todas sus posesiones, por lo que no vive sólo de su ingenio. Pero el amigo de Lázaro le replica que le ha dado órdenes concretas y que está libre de todo para seguir a Jesús.

Judas refunfuña al final, porque vuelve a equivocarse, y Juan intenta consolarlo diciéndole que es práctico, pero que pronto cambiará en presencia de Jesús.

Jesús cambia hábilmente de conversación cuando Judas sigue refunfuñando y da instrucciones a Leví y Elías: ellos le conducirán hasta Jonás, y José se quedará con el grupo hasta Jericó.

Finalmente, llegan a Hebrón, cerca de la casa de Zacarías. Pero la casa estaba rodeada por un muro, que antes no existía. Un hombre les explica que un herodiano había tomado posesión de la casa y que tenía consigo a una prostituta. Habla largo rato de Juan -a quien ve como el Mesías, a pesar del diálogo con Jesús y Juan- y el Maestro no insiste cuando el hombre se obstina y cree tener la verdad.

De camino a la sinagoga, dan una vuelta por la casa y se encuentran con Aglaia. Jesús entra en casa de Zacarías y entabla una conversación muy sincera con la cortesana. Ella inicia un camino de redención, pero tras dejarlo, Jesús es rechazado por la sinagoga. No se debe hablar con prostitutas, y cuando Judas se lo comenta una vez fuera de la ciudad, el Señor declara que Aglaia le superará y que pronto llegará el momento en que los paganos adorarán al Dios verdadero, en lugar de al pueblo elegido que debe recibir al Mesías.

Sin embargo, les dice que se alegren, pues se acerca la primera resurrección.

ECR 77.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

77.1 «¿Hacia qué hora llegaremos?» pregunta Jesús, caminando en el centro del grupo precedido por las ovejas que pacen en las márgenes herbosas.

«Hacia la hora tercia. Son aproximadamente diez millas» responde Elías.

«¿Y luego vamos a Keriot?» pregunta Judas.

«Sí. Vamos allí».

«¿Y no era más corto ir de Yuttá a Keriot? No debe haber mucha distancia. ¿Verdad, tú, pastor?».

«Dos millas más, poco más o menos».

«Así recorremos más de veinte millas sin motivo».

«Judas, ¿por qué estás tan inquieto?» dice Jesús.

«No es inquieto, Maestro; sólo que me habías prometido ir a mi casa...».

«E iré. Mantengo siempre mis promesas».

ECR 77.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

77.4 «Se ven algunas casas» dice Juan, que va unos pasos por delante de los demás.

«Es Hebrón, con su cúspide a caballo entre dos ríos. ¿Ves, Maestro? ¿Ves aquella casa grande de allí, entre toda aquella hierba, un poco más alta que las otras? Es la casa de Zacarías».

«Aceleremos el paso».

Recorren ligeros los últimos metros de camino. Entran en el pueblo. Las pequeñas pezuñas de las ovejas parecen castañuelas al chocar contra las piedras irregulares de la calle, aquí rudimentariamente adoquinada. Llegan a la casa. La gente mira a ese grupo de hombres de diverso aspecto, edad y vestimenta, entre el blancor de las ovejas.

«¡Oh! ¡Es distinta! ¡Aquí estaba la verja de entrada!» dice Elías. Ahora, en lugar de la verja, hay un portón herrado que impide ver. Y la tapia que la circunda es más alta que un hombre, y, por tanto, no se ve nada.

«Quizás esté abierto por detrás. Vamos». Rodean un amplio cuadrilátero (más concretamente un amplio rectángulo), pero la pared es igual por todas partes.

«Pared hecha desde hace poco» dice Juan observándola. «No tiene grietas, y en el suelo hay todavía piedras con cal».

«Tampoco veo el sepulcro... Estaba hacia el bosque. Ahora el bosque está fuera del muro y... y parece de todos. Hacen leña en él...». Elías está perplejo.

77.5 Un hombre, un leñador entrado en años, más bien bajo, pero fuerte, observando al grupo, deja de serrar un tronco talado y se dirige hacia ellos. «¿A quién buscáis?».

«Queríamos entrar en la casa, para orar ante el sepulcro de Zacarías».

«Ya no existe el sepulcro. ¿No lo sabéis? ¿Quiénes sois?».

«Yo, amigo de Samuel, el pastor. Él...».

«No hace falta, Elías» dice Jesús. Elías se calla.

«¡Ah! ¡Samuel!... ¡Ya! Sólo que desde que Juan, hijo de Zacarías, está en la cárcel, la casa ya no es suya. Y es una desgracia, porque él distribuía todas las ganancias de sus bienes entre los pobres de Hebrón. Una mañana vino uno de la corte de Herodes, echó afuera a Joel, clausuró la casa; luego volvió con algunos obreros y empezó a levantar el muro... En el ángulo, allí, estaba el sepulcro. No lo quiso... y una mañana lo encontramos todo destrozado, medio derruido... los pobres huesos mezclados... Los recogimos como se pudo... Ahora están en una única arca... Y en la casa del sacerdote Zacarías ese inmundo tiene a sus amantes. Ahora está una histrionisa de Roma. Por eso ha realzado el muro. No quiere que se vea... ¡La casa del sacerdote, un lupanar! ¡La casa del milagro y del Precursor! (...)»