Ir al contenido

Notas de la palabra clave

Lugares - Kérioth

Comodidad de lectura

Aa

ECR 77.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

77.1 «¿Hacia qué hora llegaremos?» pregunta Jesús, caminando en el centro del grupo precedido por las ovejas que pacen en las márgenes herbosas.

«Hacia la hora tercia. Son aproximadamente diez millas» responde Elías.

«¿Y luego vamos a Keriot?» pregunta Judas.

«Sí. Vamos allí».

«¿Y no era más corto ir de Yuttá a Keriot? No debe haber mucha distancia. ¿Verdad, tú, pastor?».

«Dos millas más, poco más o menos».

«Así recorremos más de veinte millas sin motivo».

«Judas, ¿por qué estás tan inquieto?» dice Jesús.

«No es inquieto, Maestro; sólo que me habías prometido ir a mi casa...».

«E iré. Mantengo siempre mis promesas».

ECR 78

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús, Juan, Judas y Simón el Zelote llegan a Keriot. Los pastores ya no están allí. Judas está muy agitado y no puede aguantar más. Le pide al Maestro que se lo diga, y Simón le señala que ese hombre no le entiende. Jesús suspira, pero no dice nada.

Llegaron a Kerioth y fueron recibidos por la madre de Judas. Ella lo saluda con gran respeto, le ofrece algo para refrescarse y le da sandalias y un manto. Jesús no dijo nada al principio, pero no le dio importancia; luego, cuando María declaró que no conocía los caminos de los reyes, pidió hablar a solas con su apóstol. Allí le reprendió severamente, diciéndole que ponía obstáculos a su misión, porque Israel estaba sometido a Roma, y Cristo no era en modo alguno Rey de la tierra.

Realmente anima a Judas a retirarse, a dejar el grupo. Luego describe su realeza y cuándo será coronado rey: en el madero de la cruz, con un signo infame y bajo los abucheos de su pueblo. Entonces Jesús predice su muerte atroz.

Judas se mortifica, pero implora al Maestro que lo conserve, que se hará bueno. Pide perdón y Jesús, cansado, le perdona. Sin embargo, el Iscariote le pide que se quede y se vaya a su pueblo, porque Judas ha dicho a todo el mundo que viene el Señor. Así que Jesús decide hacer lo que Judas ha planeado, no por él, sino por su madre.

Así que Jesús se dirigió a Queriot en un carro y el jefe de la sinagoga le dio la bienvenida y le pidió que fuera a su lugar de oración. Jesús aceptó y predicó al pueblo. Declaró que él era la Palabra de Dios, pero les recordó que su realeza era ante todo espiritual. Luego lo confirmó a los notables de Keriot.

El viejo Saulo intervino entonces y habló de la Natividad de Cristo, a quien había venido a adorar. Jesús confirmó que era él, y el anciano tuvo entonces una visión de la realeza del Señor. Lo vio transfigurado y luego con sus Llagas y su Sangre. Muere tras dar testimonio del corazón de Jesús, por lo que el grupo debe purificarse para respetar lo que dice la Ley.

ECR 78.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

78.1 Tengo la impresión de que la parte más escabrosa, o sea, el nudo más angosto de las montañas de Judea, se encuentra entre Hebrón y Yuttá; pero podría equivocarme y ser éste un valle más amplio y abierto que se despliega ante vastos horizontes en los que emergen montes aislados que ya no forman una cadena. Quizás es una cuenca entre dos cadenas, no lo sé. Es la primera vez que la veo y no es que me centre mucho. Diversas cultivaciones de cereales distribuidas en terrenos no vastos, pero sí bien cuidados: cebada, centeno sobre todo, y también bonitos viñedos en las partes más soleadas. Más arriba, lindos bosques de pinos y abetos, y otras plantas selvosas. Un camino... discreto introduce en un pequeño poblado.

«Éste es el arrabal de Keriot. Te ruego que vengas a mi casa de campo. Mi madre te espera allí. Después iremos a Keriot» dice Judas, tan agitado, que, en realidad, está fuera de sí.

No he dicho que ahora están solos Jesús, Judas, Simón y Juan. Faltan los pastores; quizás se hayan quedado en los pastos de Hebrón o hayan vuelto hacia Belén.

«Como quieras, Judas; pero también podíamos habernos quedado aquí para conocer a tu madre».

«¡Oh, no! Es una casuca. Mi madre viene en tiempo de cosecha, pero después vuelve a Keriot. ¿No quieres que mi ciudad te vea? ¿No quieres traer aquí tu luz?».

«Si que quiero, Judas, pero ya sabes que no me detengo a considerar la humildad del lugar que me hospeda».

«Pero hoy eres mi invitado... y Judas sabe ser hospitalario».

Andan todavía unos metros entre casas pequeñas esparcidas por el campo. Mujeres y hombres, avisados por los niños, se asoman. Está muy claro que se ha despertado la curiosidad. Debe ser que Judas ha lanzado un grito de reclamo.

«He aquí mi pobre casa. Perdona su pobreza».

La casa no es ninguna chabola: es un cubo de un solo piso pero amplio y bien cuidado, dentro de un terreno tupido y floreciente de árboles frutales. Un camino propio, muy limpio, va desde la calzada a la casa.

«¿Me permites que me adelante, Maestro?».

«Ve, si quieres».

Judas se adelanta.

«Maestro, Judas ha hecho las cosas a lo grande» dice Simón. «Antes lo sospechaba, ahora estoy seguro de ello. Tu dices, Maestro, y con razón: espíritu, espíritu...; pero él... él no piensa así. No te entenderá nunca... o muy tarde» — corrige para no apenar a Jesús —.

Jesús suspira y calla.

ECR 78.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

78.5 El trayecto es breve, poco más de unos cuatrocientos metros, luego se ven las primeras casas de Keriot, que me parece una discreta ciudadita. Un niño pequeño mira en la calle llena de sol y sale disparado. Cuando el carro llega a las primeras casas, personalidades y gente del pueblo están esperando para recibirle con bandas de tela y ramos, y ramos y bandas, por las calles y de casa a casa. Gritos de júbilo, profundas reverencias... Jesús — ya no puede evitarlo —, desde lo alto de su trono tambaleante, saluda y bendice.

El carro prosigue y luego gira, después de una plaza, por una calle, y llega a la altura de una casa cuyo portón está ya abierto de par en par; en él hay dos o tres mujeres. Se detiene el carro y bajan.

«Mi casa es tuya, Maestro».

«Paz a ella, Judas. Paz y santidad».

Entran. Pasado el vestíbulo hay una amplia sala con divanes bajos y muebles con incrustaciones. Con Jesús y los demás, entran las personalidades del lugar. Reverencias, curiosidad, júbilo pomposo...

ECR 213

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: En Kerioth, una profecía de Jesús y el comienzo de la predicación apostólica.

Fecha de la visión: Lunes 9 de julio de 1945.

Calendario: Sábado 15 de abril 28 (3 lyar 3788) según maria-valtorta.org, sábado 22 de abril 28 según Valtorta.fr

Localización (mapa): Kerioth

Ciclo: Apostolado en Judea

Resumen: Jesús está dentro de la sinagoga de Keriot. Se produce un alboroto, y Judas obtiene silencio golpeando las lámparas que hay sobre ellos. A continuación, Cristo hace leer al jefe de la sinagoga el capítulo cuarto del segundo libro de los Macabeos. Una vez hecho esto, Jesús tomó la palabra y explicó que iba a comenzar la predicación apostólica en la ciudad de su muy querido discípulo, porque el Maestro ya no era suficiente para satisfacer las necesidades de las multitudes y era más prudente que los apóstoles practicaran la palabra mientras el Señor estuviera todavía con ellos.

Así pues, Jesús no dio ninguna enseñanza pública, pero sí una profecía a los habitantes de Keriot, para que, cuando llegara la hora del crimen, recordaran que los amaba y que los defendía de una acusación injusta. Al fin y al cabo, su ciudad no es enemiga de Cristo.

Así que llegará un momento en que se hablará mal del verdadero Sumo Sacerdote y se atacará al Inocente. Un ser infame acudirá a los poderosos de Israel y entregará al Sumo Sacerdote a sus enemigos. Cristo ya ha hablado de su muerte y de las acciones de Judas en la noche del Jueves Santo. También predice el castigo eterno del traidor y el castigo de Israel. Exhorta a los habitantes de Kerioth a recordar sus palabras, para que cuando les digan que el Maestro es un malhechor, puedan responder que Jesús predijo todos estos acontecimientos y que la Víctima murió para expiar los pecados del mundo.

La sinagoga se vacía, mientras Judas se emociona hasta las lágrimas por el aprecio que Jesús siente por él. Pedro, por su parte, se asusta más ante la idea de hablar. Finalmente, llega el jefe de la sinagoga, regocijado por la elección de Judas, pero entristecido por el hombre indigno que le traicionará. Espera que Judas compense esta traición, y Judas promete que hará todo lo posible por hacerlo...

Contenido del capítulo: 213.1: Judas obtiene silencio en la sinagoga y Jesús hace leer 2 Macabeos,4. 213.2: Los apóstoles hablarán en mi lugar y os doy una profecía sobre Keriot. 213.3: Llegará el momento de una gran traición. Muerte del Sumo Sacerdote y castigo. 213,4: Kerioth admira la estima de Jesús por Judas, que se conmueve hasta las lágrimas. En Keriot habrá un favorito y un indigno.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 75

ECR 213.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El interior de la sinagoga de Keriot. Es el lugar en que cayó muerto Saúl, tras haber visto la gloria futura del Cristo. Formando un grupo bien compacto, del que descuellan Jesús y Judas — los dos más altos; de rostro resplandeciente ambos, uno por su amor, el otro por la alegría de ver que su ciudad es constante en su fidelidad al Maestro y que se está rindiendo honor con pomposo homenaje —, están las personalidades de Keriot; luego, más distantes de Jesús, apretujados como granos dentro de un saco, están los habitantes de la ciudad, que llenan completamente la sinagoga, donde, a pesar de que estén abiertas las puertas, no se respira. Cierto es que, queriendo rendir homenaje, queriendo oír al Maestro, al final terminan creando todos una gran confusión y un rumor que no permite oír nada.

Jesús soporta y guarda silencio. Los otros, sin embargo, se inquietan, hacen aspavientos y gritan: «¡Silencio!». Pero el grito se pierde en el estrépito como un grito lanzado en una playa en tempestad.

Judas no se anda por las ramas. Se encarama en un alto escaño y traquetea las lámparas, que penden en forma de racimo: el metal hueco retumba, las sutiles cadenas se entrechocan y suenan como instrumentos musicales. La gente se calma. Por fin se le puede escuchar a Jesús.

Anotación

Veo el interior de la sinagoga de Kerioth, en el mismo lugar donde el muerto Saulo yacía en el suelo después de ver la futura gloria de Cristo. En EMV 78.