«No sé quién eres »: esta afirmación de Jesús se explica mediante la siguiente nota de María Valtorta en una copia mecanografiada:
«Cristo, como Dios y como Santo de los santos, penetraba en las conciencias; discernía sus pensamientos más secretos (introspección perfecta); como Hombre, conocía a las personas y los lugares únicamente de manera humana, cuando su Padre y su propia naturaleza divina no consideraban útil que los conociera sin tener que preguntarlo».
En esa misma copia, María Valtorta añade la siguiente nota sobre las palabras: «Ageo, acércate»:
«Aquí, como debe demostrar al fariseo su omnisciencia divina, llama por su nombre a Hageo, a quien no conocía, pero del que sabe que existe, mientras que en la página anterior, como hombre, le había dicho al fariseo: “No sé quién eres».
Estas dos notas de María Valtorta se ven confirmadas por los textos de 224.2, 357.3, 527.4/6, 554.7 y justifican las declaraciones de «ignorancia» de Jesús, que encontraremos, por ejemplo, en: 73.7, 75.3, 362.2, 365.10, 376.9, 377.2, 382.5, 395.2, 406.9, 413.8, 433.5, 472.4, 488.5, 583.23 y 584.6.
Nota del editor: Se ofrece una segunda explicación de las «ignorancias» de Jesús en relación con una serie de preguntas que él le formula a Annalie en 156.3. He aquí la nota que María Valtorta recoge al respecto en una copia mecanografiada: «Jesús sabía y recordaba, pero quería que las almas se abrieran con total libertad y confianza».
Esta explicación se ve confirmada por los pasajes 128.1 y 153.1, así como por una expresión concreta de Judas en 468.4: «Sé que tú lo sabes, pero que esperas a que yo te lo diga».
Una tercera explicación es objeto de una larga nota de María Valtorta sobre esta afirmación de Jesús: «No sé de quién se trata» (175.5). Reproducimos lo esencial de la nota manuscrita que ocupa cuatro páginas de una hoja insertada en una copia mecanografiada: *«Y el Padre eterno, para poner a prueba los corazones y separar a los hijos de Dios, de la Luz, de los hijos de la carne y de las tinieblas, permitía, en presencia de los apóstoles, los discípulos y las multitudes, lagunas en la perfecta clarividencia del Hijo, similares a estas preguntas y respuestas: “¿Quién es este hombre? No lo conozco...” Y esto por los hombres. Pero también para su Hijo amado, a fin de prepararlo para la gran oscuridad de la hora de las tinieblas, para el abandono del Padre, pues se había hecho “anatema por nosotros”».
Esta explicación de María Valtorta se ve confirmada por las palabras del apóstol Juan en el contexto de 334.2/3 en lo que respecta a los corazones que han de ser puestos a prueba. En cuanto a la preparación del Hijo Amado para la hora de las tinieblas, se ve confirmada y profundizada en 582.14, 598.4, 602.5 y 603.4; se trata de una explicación que confiere un profundo significado a ciertas indecisiones de Jesús (como en 302.4.7) y, sobre todo, a sus desconcertantes incertidumbres de 339.14 y 464.14.
Salvo estas excepciones, la obra de María Valtorta presenta a un Jesús omnisciente y clarividente, o presciente y previsor. Véanse: 48.6, 60.7, 78.3, 80.9.10, 89.2, 117.5, 133.2, 149.1/2, 160.6, 174.7, 203.1, 204.4, 218.1, 220.4, 224.2, 236.5, 317,3/5, 329,14, 335,13, 340,5, 351,4, 357,3, 371,9, 387,3, 391,8, 406,11, 409,3, 411,8, 471,3, 473,5, 503,2, 522,5, 524,8, 525,2, 531,10 (últimas líneas), 531.20 (últimas líneas), 532.4.6, 534.9, 540.7, 548.27, 555.4, 561.14, 563.5, 565.3/4, 566.18, 567.18.21, 580.2, 587.5.8, 595.6, 602.4/5.