Ir al contenido

Notas del tema

Virtudes y características humanas de Jesucristo

Página 7 de 38

Comodidad de lectura

Aa

ECR 55

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Andrés, Pedro, Santiago y Juan, Bartolomé, Felipe y Tomás están en casa de Jonás, el guardián de Getsemaní. Tomás cuenta cómo volvió al lugar. Jesús le preguntó y le pidió que se quedara. El apóstol se alegró, y Jesús aprovechó la ocasión para dar al grupo apostólico una lección sobre la hospitalidad. Pedro refunfuñó e hizo algunas observaciones, diciendo que los que son acogidos no siempre tienen buenas intenciones, y el Señor le replicó. Luego pidió a Tomás que fuera a buscar a Simón el Zelote a los sepulcros, y que lo acompañara hasta que se purificara. Volverían a encontrarse más tarde. En cuanto a Judas, le anima a no ir a verle ni siquiera a buscar su presencia.

Pedro volvió a refunfuñar y Cristo le preguntó por qué. Simón de Jonás le señaló entonces que daba misiones a los que acababan de llegar, pero no a los primeros discípulos que le habían seguido. El Maestro sonrió ante sus palabras y le señaló que, si no daba tales misiones, era porque las conocía y estaba seguro de ellas. Pero Cristo los estimaba tanto que tomó a sus primeros apóstoles "sin exigiros pruebas y sin sentir la necesidad de daros ninguna". Pedro se tranquilizó y pidió perdón. Jesús, por su parte, le pidió que no discutiera sobre los lugares y los méritos de cada uno. El Redentor les recordó que él mismo era el siervo del hombre, por lo que les recordó que debían permanecer humildes.

Por último, Jesús entrega a Tomás el retrato de Simón el Zelote. Sólo queda encontrarlo...

ECR 55.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Os ruego a todos: no discutáis nunca por los méritos o por los puestos. Habría podido nacer rey; he nacido pobre, en un establo. Podría haber sido rico; he vivido del trabajo, y ahora de la caridad. Y, no obstante, creedlo amigos, no hay nadie más grande que Yo a los ojos de Dios; que Yo que estoy aquí: siervo del hombre».

«¿Siervo Tú? ¡No, jamás!».

«¿Por qué, Pedro?».

«Porque yo te serviré».

«Aunque me sirvieras como una madre sirve a su pequeñuelo, Yo he venido para servir al hombre. Seré su Salvador. ¿Qué servicio puede ser comparado a éste?».

ECR 56

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Cerca del vado del Jordán, María ve a Tomás, Judas de Alfea y Simón el Zelote. Llevan tres días esperando a Jesús en este lugar, y Judas les asegura que si su primo ha prometido reunirse con ellos aquí, lo hará. Judas habla de su relación con Jesús, explicando que es su primo, que era el preferido de José y que creció muy cerca de la Virgen María. El hombre de Nazaret también habla de las divisiones en su familia, pero ahora quiere seguir a Cristo. Lo único que lamenta es que los padres puedan ser enemigos de sus hijos. Simón el Zelote suspira ante este comentario, pero Tomás revela que su padre le había animado a seguir al Mesías.

Por fin llegó Jesús. Judas revela entonces su intención de seguir a su Maestro, y Cristo le da la bienvenida: también le confirma que, en efecto, es lícito seguir al Señor, pues "no hay nada por encima de Dios".

Tras felicitar a Tomás por su obediencia y fidelidad, Jesús dirige su atención a Simón el Zelote. Le pide que le siga y ambos hablan de sus parientes, de su padre y de la enfermedad que había padecido. El Maestro une entonces a Simón el Zelote y a Judas, el uno sin hijos a causa de su enfermedad, el otro habiendo perdido a su padre al seguir al Señor. Por el momento, sin embargo, les dio a cada uno una misión. Tomás debía evangelizar en Judea. Judas evangelizaría Nazaret. Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe y Bartolomé volvieron a sus barcas, a Cafarnaún y Betsaida.

ECR 56.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

Palabras clave

ECR 57

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega a Nazaret con sus apóstoles. Invita a sus discípulos a que le acompañen a casa para encontrarse con su Madre. A su llegada, Cristo es recibido por un rebaño de niños. Responde a sus preguntas y llega a su casa. Naturalmente, su Madre se alegra de verle, pero también se angustia, porque sus parientes le han contado lo que ha hecho en el Templo. Tras el reencuentro, los discípulos le conocen (excepto Juan, que ya la había conocido) y se sientan todos a la mesa. María de Alfeo está en la casa y Judas le cuenta su decisión de seguir a Jesús. Ella se alegra y el grupo comparte anécdotas sobre la vida de Jesús. La visión termina ahí.

ECR 58

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en Cafarnaún: va a pescar con Pedro y Andrés. Juan y Santiago están en la otra barca.

Pedro explica su trabajo a Cristo, que hace una analogía con las almas. Explica que una falta no es irreparable en sí misma, pero que la acumulación de faltas puede convertirse en un hábito e incluso en un vicio capital. Debemos estar siempre vigilantes para evitar caer en el pecado.

Simón de Jonás pregunta si el Padre no será demasiado duro con él, y Jesús le asegura que no lo será con Pedro, el hombre nuevo. También asegura a Andrés su amor, y habla de todos los discípulos que vendrán después de ellos, mencionando el Reino de los Cielos y la abundante pesca que hará el Salvador. También anima a su apóstol a no tener celos, porque todos tienen un lugar en su corazón. Pedro quedó conmovido por sus palabras; en cuanto a Andrés, Jesús le habló de su bendita muerte.

Juan llega entretanto y revela que un ciego ha venido para ser curado por Cristo. Jesús quiere curarlo enseguida y, en respuesta a los pensamientos de Pedro, que se entristece ante la idea de no tener un buen partido, le asegura la ayuda de Dios siempre que sea caritativo.

Finalmente, el Señor curó al ciego. Y fue una curación muy hermosa.

ECR 59.5.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.5 Se levanta a rebatirle un israelita togado y de barba abundante. Habla así: «Maestro, cuanto dices me parece en contraste con lo que está escrito en el libro segundo de los Macabeos, gloria de Israel. En él puede leerse: “Efectivamente, es signo de gran benevolencia el no permitir a los pecadores que sigan durante largo tiempo sus caprichos, sino pasar en seguida al castigo. El Señor no hace como con las otras naciones, que las espera con paciencia, para castigarlas en el día del juicio, colmada ya la medida de los pecados”. Sin embargo Tú hablas como si el Altísimo pudiera ser muy tardo a la hora de castigarnos, esperándonos, como a los otros pueblos, para el tiempo del Juicio, cuando esté colmada la medida de los pecados. Verdaderamente los hechos te desmienten. Israel sufre el castigo, como dice el historiógrafo de los Macabeos. Si fuera como Tú dices, ¿no habría desacuerdo entre tu doctrina y la contenida en la frase que te he mencionado?».

«No sé quién eres, pero quienquiera que seas te respondo.

[Jesús da su explicación y la conversación continúa. Él proclama ser el Mesías.]

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero. Mis discípulos lo saben».

«¡Oh, ellos!... Pueden decir lo que quieran, o lo que Tú les hagas decir».

«Hablará otro, que no me ama, y dirá quién soy. Espera que llame a uno de los presentes».

59.7

Jesús mira a la muchedumbre (asombrada de la disputa, enfrentada y dividida en corrientes opuestas), la mira, buscando a alguno con sus ojos de zafiro, y dice con fuerte voz: «¡Ageo! ¡Pasa adelante! ¡Te lo ordeno!».

Se oye un gran murmullo entre la multitud, que se abre para dejar pasar a un hombre todo convulso, sujetado por una mujer.

«¿Conoces a este hombre?».

«Sí. Es Ageo de Malaquías, de aquí, de Cafarnaúm, poseído por un espíritu malvado que le arrastra a repentinos y furiosos estados de locura».

«¿Todos le conocen?».

La multitud grita: «¡Sí, sí!».

«¿Puede alguien decir que haya hablado conmigo, aunque sólo sea durante algunos minutos?».

La multitud grita: «No, no, es casi un idiota; no sale nunca de su casa y nadie te ha visto en ella».

«Mujer, acércamelo».

Detalle

Esta afirmación de Jesús se explica por la siguiente nota de Maria Valtorta en una copia mecanografiada:
"Cristo, como Dios y como Santo de los Santos, penetró en las conciencias; traspasó sus pensamientos más secretos (perfecta introspección); como Hombre, conoció personas y lugares sólo de un modo humano, cuando su Padre y su propia naturaleza divina no consideraron útil que los conociera sin tener que preguntar."

Sobre esta misma copia María Valtorta añade la siguiente nota sobre las palabras: "Hageo, acércate":
"Aquí es porque debe probar al fariseo su omnisciencia divina por lo que llama por su nombre a Hageo, que le era desconocido, pero al que sabe poseído, mientras que en la página anterior, como Hombre, había dicho al fariseo: "No sé quién eres"."

Estas dos notas de Maria Valtorta serán confirmadas por los textos de 224.2, 357.3, 527.4/6, 554.7 y justifican las declaraciones de "ignorancia" de Jesús, que encontraremos por ejemplo en: 73.7, 75.3, 362.2, 365.10, 376.9, 377.2, 382.5, 395.2, 406.9, 413,8, 433.5, 472.4, 488.5, 583.23, 584.6.

Anotación

«No sé quién eres »: esta afirmación de Jesús se explica mediante la siguiente nota de María Valtorta en una copia mecanografiada:

«Cristo, como Dios y como Santo de los santos, penetraba en las conciencias; discernía sus pensamientos más secretos (introspección perfecta); como Hombre, conocía a las personas y los lugares únicamente de manera humana, cuando su Padre y su propia naturaleza divina no consideraban útil que los conociera sin tener que preguntarlo».

En esa misma copia, María Valtorta añade la siguiente nota sobre las palabras: «Ageo, acércate»:

«Aquí, como debe demostrar al fariseo su omnisciencia divina, llama por su nombre a Hageo, a quien no conocía, pero del que sabe que existe, mientras que en la página anterior, como hombre, le había dicho al fariseo: “No sé quién eres».

Estas dos notas de María Valtorta se ven confirmadas por los textos de 224.2, 357.3, 527.4/6, 554.7 y justifican las declaraciones de «ignorancia» de Jesús, que encontraremos, por ejemplo, en: 73.7, 75.3, 362.2, 365.10, 376.9, 377.2, 382.5, 395.2, 406.9, 413.8, 433.5, 472.4, 488.5, 583.23 y 584.6.

Nota del editor: Se ofrece una segunda explicación de las «ignorancias» de Jesús en relación con una serie de preguntas que él le formula a Annalie en 156.3. He aquí la nota que María Valtorta recoge al respecto en una copia mecanografiada: «Jesús sabía y recordaba, pero quería que las almas se abrieran con total libertad y confianza».

Esta explicación se ve confirmada por los pasajes 128.1 y 153.1, así como por una expresión concreta de Judas en 468.4: «Sé que tú lo sabes, pero que esperas a que yo te lo diga».

Una tercera explicación es objeto de una larga nota de María Valtorta sobre esta afirmación de Jesús: «No sé de quién se trata» (175.5). Reproducimos lo esencial de la nota manuscrita que ocupa cuatro páginas de una hoja insertada en una copia mecanografiada: *«Y el Padre eterno, para poner a prueba los corazones y separar a los hijos de Dios, de la Luz, de los hijos de la carne y de las tinieblas, permitía, en presencia de los apóstoles, los discípulos y las multitudes, lagunas en la perfecta clarividencia del Hijo, similares a estas preguntas y respuestas: “¿Quién es este hombre? No lo conozco...” Y esto por los hombres. Pero también para su Hijo amado, a fin de prepararlo para la gran oscuridad de la hora de las tinieblas, para el abandono del Padre, pues se había hecho “anatema por nosotros”».

Esta explicación de María Valtorta se ve confirmada por las palabras del apóstol Juan en el contexto de 334.2/3 en lo que respecta a los corazones que han de ser puestos a prueba. En cuanto a la preparación del Hijo Amado para la hora de las tinieblas, se ve confirmada y profundizada en 582.14, 598.4, 602.5 y 603.4; se trata de una explicación que confiere un profundo significado a ciertas indecisiones de Jesús (como en 302.4.7) y, sobre todo, a sus desconcertantes incertidumbres de 339.14 y 464.14.

Salvo estas excepciones, la obra de María Valtorta presenta a un Jesús omnisciente y clarividente, o presciente y previsor. Véanse: 48.6, 60.7, 78.3, 80.9.10, 89.2, 117.5, 133.2, 149.1/2, 160.6, 174.7, 203.1, 204.4, 218.1, 220.4, 224.2, 236.5, 317,3/5, 329,14, 335,13, 340,5, 351,4, 357,3, 371,9, 387,3, 391,8, 406,11, 409,3, 411,8, 471,3, 473,5, 503,2, 522,5, 524,8, 525,2, 531,10 (últimas líneas), 531.20 (últimas líneas), 532.4.6, 534.9, 540.7, 548.27, 555.4, 561.14, 563.5, 565.3/4, 566.18, 567.18.21, 580.2, 587.5.8, 595.6, 602.4/5.

ECR 59.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.6 «¿No te parece que eres audaz al profesarte representante de Dios? Ninguno de los Profetas se atrevió a tanto y Tú... ¿Quién eres Tú, que así hablas?, y ¿por orden de quién hablas?».

«Los Profetas no podían decir de sí mismos lo que Yo digo de mí. ¿Que quién soy? El Esperado, el Prometido, el Redentor. Ya le habéis oído decir a su Precursor: “Preparad el camino del Señor... El Señor Dios viene... Como un pastor apacentará a su rebaño, aun siendo el Cordero de la verdadera Pascua”. Entre vosotros están los que han oído del Precursor estas palabras, y han visto el cielo resplandecer por una luz que bajaba en forma de paloma, y han oído una voz que hablaba diciendo quién era Yo. ¿Que por orden de quién hablo? De Aquel que es y que me envía».

«Tú puedes decir lo que quieras, pero quién nos dice que no seas un mentiroso o un iluso. Tus palabras son santas, pero algunas veces Satanás profiere palabras engañosas teñidas de santidad para inducir al error. Nosotros no te conocemos».

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero.»

ECR 59.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero.»

ECR 60

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Pedro pide a Jesús que vaya a su casa de Cafarnaúm (que en realidad es la casa de su mujer y su suegra). Su suegra estaba enferma y Simón pidió a su Maestro que la curara. Jesús fue allí y se encontró con las cuñadas de Pedro. Una de ellas les contó que su suegra tenía mucha fiebre y ya no comía. El médico llegó a decir que iba a morir. Pero Jesús entró en la habitación y obró un milagro. Sorprendida, la suegra de Simón ni siquiera pensó en dar las gracias al Maestro, o al menos no hasta que fue demasiado tarde. Pedro se quedó estupefacto y Jesús le dijo que dejara hacer. Le dijo que habría otros así, y que incluso había habido uno en Nazaret, cuando había salvado a la madre de la niña Sara. Pedro no soporta que la gente no ame a Cristo, pero Cristo le dice que habrá muchas más animadversiones, entre ellas la de los "santos" que desprecian a los publicanos, prostitutas, paganos y pecadores, aunque éstos les superarán.

La suegra de Pedro regresa y les ofrece una comida. Reprocha a su yerno y Jesús le anima a volver a vivir en la casa de Cafarnaún. También vendrán Juan y Santiago, que son compañeros.

Finalmente, aparece el niño Santiago y entrega una bolsa de un desconocido. Pedro quiso saber de quién se trataba, pero el niño guardó silencio... Y lo mismo hizo Jesús.