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Notas del tema

Virtudes y características humanas de Jesucristo

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Comodidad de lectura

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ECR 215.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«El Rabí de Israel es uno sólo. Y viene precisamente a traer a los pobres la Buena Nueva; cuanto más pobres y pecadores son, más los busca y se acerca a ellos» (...).

«¡Entonces... no hará dinero!».

«No busca riquezas. Es pobre y bueno. Cuando logra salvar a un alma, su jornada está cumplida».

ECR 215.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Él, nuestro Maestro, es el Santo entre los santos. Durante el día dedica su esfuerzo a adoctrinar; incansable, va de un lugar a otro buscando los corazones. Durante la noche ora por nosotros. No desprecia ni la mesa ni la amistad, pero no busca en ello ventaja propia; antes al contrario, lo hace para poderse acercar a aquellos a quienes de otra forma no sería posible acercarse. No rechaza ni a publicanos ni a meretrices, pero sólo para redimirlos. Signa su camino con curaciones y conversiones milagrosas, le obedecen el viento y el mar, pero no tiene necesidad de nadie para obrar prodigios, ni de invocar espíritus para conocer los corazones.

ECR 215.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escuchad todos. ¿Entre vosotros no hay nadie que sufra o llore, por alguna enfermedad en la familia, o por dudas, remordimientos, tentaciones o ignorancia? Presentaos a Jesús, el Mesías de la Buena Nueva. Él estará aquí hoy; mañana irá a otro lugar. No desaprovechéis la Gracia del Señor ahora que pasa» dice Felipe, que se ha ido sintiendo cada vez más seguro.

ECR 217.2 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo no pido nada. Cumplo mi misión. Enseño a amar a Dios y repito el Decálogo porque está muy olvidado, y se aplica peor. Lo que quiero ofrecer es la Vida, la eterna; no le deseo a nadie la muerte corporal, y menos todavía la espiritual. La vida sobre la que te preguntaba si no te preocupaba perderla era la de tu alma, porque amo tu alma a pesar de que ella no me ame, y me apena el ver que la estás matando al ofender al Señor con el desprecio de su Mesías.

Detalle

Jesús habla con un fariseo que se le opone.

ECR 217.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Aquí hay Uno que es mucho mayor que el Templo y puede coger lo que quiera de la creación, porque Dios ha puesto todo como escabel de la Palabra. Así que Yo tomo y doy: tomo y doy las espigas del Padre, depositadas en la inmensa mesa que es la Tierra, así como tomo y doy la Palabra. Tomo y doy: a los buenos y a los malos; porque soy Misericordia. Pero vosotros no sabéis qué es la Misericordia. Si supierais qué quiere decir que soy Misericordia, comprenderíais que no quiero sino misericordia. Si supierais qué es la Misericordia, no condenaríais a los inocentes. Pero no lo sabéis. Ni siquiera sabéis que no os condeno. No sabéis que os perdonaré, o, más bien, que pediré al Padre que os perdone. Quiero misericordia, no castigo. No, no sabéis, no queréis saber; y éste es un pecado mayor que el que me imputáis a mí, mayor que el que decís que han cometido estos inocentes. Y sabed que el sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado; sabed que el Hijo del hombre es también señor del sábado.

Detalle

Jesús se dirige a unos fariseos que se le oponen.

Anotación

Tanto a los buenos como a los malos, porque yo soy la Misericordia. Pero vosotros no sabéis lo que es la misericordia. Si supierais lo que significa, comprenderíais también que solo quiero eso. Véase Oseas 6,6, citado también en Mateo 9,13.

ECR 218.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La aurora despierta con su hálito fresco a los durmientes. Se alzan del lecho de arena en que han dormido al abrigo de una duna salpicada de escasas hierbas resecas. Trepan hasta la cima. Ante ellos se abre una profunda pendiente arenosa, mientras que un poco más allá y acá de ella hay parcelas cultivadas bonitas. Un torrente carente de agua marca con sus guijarros blancos el oro de la arena, y va con este blancor de huesos resecos hasta el mar, que cabrillea a lo lejos con sus olas llenas por la marea de la mañana, más llenas por un ligero mistral que peina el océano. Caminan por el borde de la duna, hasta el torrente desecado; lo pasan; siguen caminando, en diagonal, por las dunas, que ceden bajo sus pies y que, con su superficie toda ondulada, parecen continuación del océano, de materia sólida y seca en vez de las móviles aguas.

Llegan a la húmeda playa. Ahora andan más deprisa. Juan se queda como hipnotizado ante la visión del mar sin límites, labrado en infinitas caras encendidas por los primeros destellos del Sol; parece beber esa belleza, parecen teñirse aún más de azul sus ojos. Mientras, Pedro, más práctico, se descalza, se sube un poco la ropa y chapotea por las suaves olas de la orilla, con la esperanza de encontrar algún cangrejillo o alguna concha de molusco que chupar.

A dos kilómetros largos de distancia se ve una bonita ciudad marítima, edificada en la orilla, siguiendo el arrecife de forma de media luna al otro lado del cual el viento y las borrascas han transportado las arenas. El arrecife, ahora que el agua con la baja marea se está retirando, emerge también aquí, obligando a volver a la arena seca para no torturar con los escollos los pies desnudos.

«¿Por dónde entramos, Señor? Por este lado se ve sólo una muralla bien sólida. Por el mar no se puede entrar. La ciudad está en el punto más hondo del arco» dice Felipe.

«Venid. Sé por donde se entra».

«¿Has estado alguna otra vez aquí?».

«Una vez, de niño; no creo que recuerde cómo es, pero sé por dónde se pasa».

«¡Extraño! He notado muchas veces que Tú no yerras nunca el camino; alguna vez te lo hacemos confundir nosotros. ¡Tú... parece como si hubieras estado en todos los sitios por donde te mueves!» observa Santiago de Zebedeo.

Jesús sonríe, pero no responde.

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Cristo sabe perfectamente hacia dónde dirigirse durante su vida pública, y Santiago, hijo de Zebedeo, se lo hace notar.

ECR 506.3

El Evangelio como me ha sido revelado

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