Ir al contenido

Notas del tema

Virtudes y características humanas de Jesucristo

Página 11 de 38

Comodidad de lectura

Aa

ECR 73.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

73.5 «¡Qué gran desdicha! Encontrarás a pocos de los que — me lo ha dicho Sara — quieres conocer y saludar. A muchos los mataron, muchos huyeron, muchos... ¡bah!, desperdigados, y no se ha sabido nunca si murieron en el desierto o si fueron acallados en la cárcel en castigo de su rebelión. Pero, ¿fue rebelión? ¿Quién habría permanecido inerte dejando degollar a tantos inocentes? No, ¡que no es justo que estén todavía vivos Leví y Elías, y hayan muerto tantos inocentes!».

«¿Quiénes son esos dos, y qué hicieron?».

«¡Pero bueno!... al menos habrás oído hablar de la matanza, de la matanza de Herodes... Más de mil pequeñuelos, en la ciudad; otro millar casi, en los campos. Y todos, bueno, casi todos, varones, porque con la furia, con la obscuridad, con el revuelo, los desalmados tomaron, arrancaron de las cunas, de los lechos maternos, de las casas que asaltaron, incluso niñitas y las transpasaron con las armas como a gacelas lactantes tomadas como blanco por un arquero. Y todo esto ¿por qué? Porque un grupo de pastores, que para vencer el hielo nocturno ciertamente habían bebido sus buenos tragos de sidra, cayeron en delirio y dijeron que habían visto ángeles, que habían oído canciones, recibido señales... y nos dijeron a los de Belén: “Venid. Adorad. El Mesías ha nacido”. ¡Fíjate: el Mesías en una cueva! Realmente tengo que decir que todos nos comportamos como ebrios, también yo, adolescente, y mi mujer, que entonces tenías pocos años... porque todos creímos, y, en una pobre mujer galilea quisimos ver a la Virgen que da a luz, de que hablaron los Profetas. ¡Pero si estaba con un tosco galileo!; el marido, claro; y, si estaba casada, ¿cómo podía ser la “Virgen”? En definitiva: creímos. Dones, adoraciones... casas abiertas para hospedarlos... ¡Oh, habían sabido hacer bien su papel! ¡Pobre Ana! Le fueron en ello los bienes y la vida, y los hijos de su hija — la primera, la única que se salvó porque estaba casada con un mercader de Jerusalén — perdieron también los bienes, porque Herodes mandó quemar la casa y talar toda la propiedad. Ahora es un terreno baldío en el que pace el ganado».

«¿Los pastores tuvieron toda la culpa?».

«No, también tres brujos que venían de los reinos de Satanás. Quizás eran compinches de los tres...¡ Y nosotros, estúpidos, que nos considerábamos tan honrados por su presencia! ¡Aquel pobre jefe de la sinagoga! Le matamos por jurar que las profecías avalaban la verdad de las palabras de los pastores y de los magos...».

«Por tanto, ¿toda la culpa fue de los pastores y de los magos?».

«No, galileo. También nuestra. De nuestra credulidad. ¡Se le esperaba desde hacía tanto tiempo al Mesías...! Siglos de espera. Muchas desilusiones en los últimos tiempos por los falsos mesías. Uno era galileo, como Tú, otro se llamaba Teoda. ¡Embusteros! ¡Mesías ellos!... ¡No eran más que ambiciosos aventureros en busca de fortuna! Deberíamos haber aprendido la lección. Sin embargo...».

73.6 «Y entonces, ¿por qué maldecís todos a los pastores y a los magos? Si os juzgáis estúpidos vosotros también, deberíais también maldeciros a vosotros mismos. Ahora bien, la maldición no está permitida por el precepto del amor. Maldición atrae maldición. ¿Tenéis la seguridad de que estáis en lo justo? ¿No podría ser que los pastores y los magos hubieran dicho la verdad, revelada a ellos por Dios? ¿Por qué querer creer que fueran embusteros?».

«Porque los años de la profecía no se habían cumplido. Después pensamos en ello... después de que la sangre, que volvió rojos pilones y arroyos, nos abriera los ojos del pensamiento».

«¿Y no habría podido el Altísimo, por exceso de amor hacia su pueblo, anticipar la venida del Salvador? ¿Sobre qué basaron los magos su aserción? Me has dicho que venían de Oriente...».

«En sus cálculos sobre una nueva estrella».

«¿Y no está escrito: “Una estrella nacerá de Jacob y un cetro surgirá de Israel”? Y ¿no es Jacob el gran patriarca, y no se detuvo en esta tierra de Belén estimada por él como pupila de su ojo, porque fue donde murió su amada Raquel? ¿Y no fue dicho también por boca profética: “Un retoño despuntará de la raíz de Jesé y una flor saldrá de esta raíz”? Iesaí, padre de David, nació aquí. ¿El retoño de la estirpe, serrada por la raíz por usurpación de unos tiranos, no es la “Virgen” que dará a luz a su Hijo, no de hombre, puesto que entonces ya no sería virgen, sino por querer divino, por lo cual Él será “el Emmanuel” porque: Hijo de Dios, será Dios; y traerá, por tanto, a Dios a habitar entre su pueblo, como su nombre dice? ¿Y no será anunciado, dice la profecía, a los pueblos de las tinieblas, o sea, a los paganos, “por una gran luz”? ¿La estrella que vieron los magos no podría ser la estrella de Jacob, la gran luz de las dos profecías de Balaam y de Isaías? Y la misma matanza llevada a cabo por Herodes, ¿no forma parte de las profecías? “Un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que llora por sus hijos”. Estaba signado que los huesos de Raquel vertieran lágrimas en el sepulcro de Efratá cuando, por el Salvador, llegara la recompensa al pueblo santo. Lágrimas para después mutarse en celeste sonrisa, como el arco iris que se forma con las últimas gotas del temporal, pero anuncia: “La serenidad ha sido concedida”».

«Eres muy docto. ¿Eres Rabí?».

«Lo soy».

«Y yo lo percibo. Hay luz y verdad en tus palabras. Pero... ¡oh!, demasiadas heridas sangran todavía en esta tierra de Belén por el verdadero o falso Mesías... Yo no le aconsejaría que viniera jamás aquí. La tierra le rechazaría como se rechaza a un hijastro por cuya causa murieron los verdaderos hijos. Pero... si era Él... murió degollado con los otros».

Detalle

Notas más precisas que las de EMV 73.2-8.

ECR 73.8.9-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Simón pregunta: «¿A dónde vamos ahora, Maestro?».

«Venid conmigo. Conozco un lugar».

«Pero si no has vuelto nunca, desde que huiste, ¿cómo lo cono­ces?» pregunta, todavía enfadado, Judas.

«Lo conozco. No es bonito. He estado allí otra vez. No es en Belén... un poco fuera... Torcemos por esta parte».

Jesús adelante, luego Simón, luego Judas, el último Juan...

(...) Judas, ven aquí. Tengo que hablar contigo». Judas se llega hasta Jesús. «Toma la bolsa. Tú te encargarás de las compras. Para mañana».

«¿Y ahora dónde nos vamos a alojar?».

Jesús sonríe y calla.

73.10 Ha llegado la noche. La luna viste todo de candor. Los ruiseñores cantan entre los olivos. El riachuelo parece una cinta de plata sonora. De los prados segados llega olor de forrajes: caliente, diría... carnal. Algún mugido. Algún balido. Y estrellas, estrellas, estrellas... una siembra de estrellas en la capa del cielo, un baldaquino de gemas vivas extendido sobre las colinas de Belén.

«¡Pero aquí!... Hay ruinas. ¿A dónde nos llevas? La ciudad está más allá».

«Lo sé. Ven. Sigue el riachuelo detrás de mí. Unos pocos pasos más, y luego... luego te ofreceré el lugar de alojamiento del Rey de Israel».

Judas se encoge de hombros y calla.

Unos pocos pasos más. Luego un amasijo de casas derruidas. Restos de viviendas... Un antro entre dos aberturas de una gruesa pared.

Jesús dice: «¿Tenéis yesca? Encended».

Simón saca un pequeño farol de su bolsa, lo enciende y se lo da a Jesús.

«Entrad» dice el Maestro levantando la lamparita. «Entrad. Ésta es la estancia de la natividad del Rey de Israel».

«¡Estás de broma, Maestro! Ésta es una fétida cueva. ¡Ah, yo aquí, por supuesto, no me quedo! Me da asco: húmeda, fría, maloliente, llena de escorpiones, hasta de culebras quizás...».

«Y a pesar de todo... amigos, aquí, la noche del 25 de Encenias, de la Virgen nació Jesucristo, el Emmanuel, el Verbo de Dios hecho carne por amor al hombre: quien os está hablando. En aquel entonces, como ahora, el mundo se mostró sordo ante las voces del Cielo que hablaban a los corazones... y rechazó a mi Madre... y aquí... No, Judas, no desvíes con desagrado la mirada de esos murciélagos que revolotean, de esos lagartos, de esas telas de araña; no te recojas con asco tu bonita vestimenta bordada para que no arrastre sobre el suelo cubierto de excrementos de animales. Esos murciélagos son los hijos de los hijos de los que en realidad fueron los primeros juguetes agitados ante los ojos del Niño, por el cual los ángeles cantaban el “Gloria” que oyeron los pastores, que estaban ebrios, sí, pero sólo de extática alegría, de verdadera alegría. Esos lagartos, con su esmeralda, fueron los primeros colores que impresionaron mi pupila, los primeros después del candor del vestido y del rostro maternos; esas telas de araña, los baldaquinos de mi cuna regia. Este suelo... ¡oh!, lo puedes pisar sin desdén... Está cubierto de excrementos... pero está santificado por el pie de Ella, la Santa, la gran Santa, la Pura, la Intacta, la Puérpera deípara, aquella que dio a luz porque debía dar a luz, dio a luz porque Dios, no el hombre, se lo dijo y la fecundó de sí mismo. Ella, la Sin Mancha, lo ha comprimido con sus pies. Tú lo puedes pisar. Y Dios quiera que por las plantas de tus pies te suba al corazón la pureza que Ella espiró...».

73.11 Simón se ha arrodillado. Juan va derecho hacia el pesebre y llora con la cabeza apoyada en él. Judas está aterrado... le vence la emoción y, dejando de pensar en su bonita vestimenta, se arroja al suelo, coge el orlo del vestido de Jesús, lo besa y se golpea el pecho diciendo: «¡Misericordia, Maestro bueno, por la ceguera de tu siervo! Mi soberbia cae... te veo cual eres. No el rey que yo pensaba, sino el Príncipe eterno, el Padre del siglo futuro, el Rey de la paz. ¡Piedad, Señor y Dios mío! ¡Piedad!».

«Sí. ¡Toda mi piedad! Ahora dormiremos donde durmieron el Infante y la Virgen, ahí donde Juan se ha colocado en el lugar de la Madre en adoración, aquí donde Simón parece mi padre putativo... O, si lo preferís, os hablo de aquella noche...».

«¡Oh! sí, Maestro. Danos a conocer cómo naciste».

«Para que sea perla de luz en nuestros corazones. Y para que se lo podamos transmitir al mundo».

«Y venerar a tu Madre, no sólo por ser madre tuya, sino por ser... ¡por ser la Virgen!».

Primero ha hablado Judas, luego Simón, luego Juan con rostro lloroso y risueño, junto al pesebre...

«Venid aquí sobre el heno. Escuchad...».... y Jesús cuenta su noche natal: «...Estando por cumplírsele a mi Madre el tiempo de dar a luz, por orden de César Augusto, el delegado imperial, Publio Sulpicio Quirino, siendo gobernador de Palestina Senzio Saturnino, publicó un edicto cuyo contenido era empadronar a todos los habitantes del Imperio. Los no esclavos debían dirigirse a los lugares de origen para inscribirse en los registros del Imperio. José, esposo de mi Madre, era de la estirpe de David, como también de David era mi Madre. Obedeciendo por ello al edicto, dejaron Nazaret para venir a Belén, cuna de la estirpe real. Muy frío el tiempo...».

Jesús continúa su narración y todo termina así.

ECR 74

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en Belén con Juan, Judas y Simón el Zelote. Se dirigen a la propia ciudad, porque Cristo quiere mostrarles dónde le saludaron los magos. Judas hace gala de todo su sentido práctico y utiliza artimañas para obtener información sobre Ana de Belén, que había dado cobijo a la Sagrada Familia. Hace pasar al grupo apostólico por judíos de Jerusalén, y el posadero, un hombre llamado Ezequías, les habla de la matanza de los Inocentes y de la muerte de Ana. Jesús fue a visitar las ruinas y luego habló a la gente de Belén. Pero se volvieron abiertamente hostiles cuando habló de su Madre y del Mesías. La multitud se agitó y arrojó piedras, pero Jesús fue incapaz de apaciguarlos o consolar su dolor. En un gesto heroico, Judas protege a Jesús y el grupo se retira. El Salvador no insiste y decide ir al encuentro de los pastores de la Natividad.

ECR 75.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Quién eres?».

«Uno que te ama».

«Serías el primero desde hace muchos años. ¿De dónde vienes?».

«De Galilea».

«¿De Galilea? ¡Ah!». El hombre le mira atentamente — también los otros se han acercado —. «De Galilea» repite el pastor, y añade en voz baja como para sí mismo: «También Él venía de Galilea... ¿De qué lugar, Señor?».

«De Nazaret».

«¡Ah! Entonces dime. ¿Ha regresado un Niño, con una mujer de nombre María y un hombre de nombre José, un Niño aún más hermoso que su Madre (que flor más encantadora jamás vi en las laderas de Judá)? Un Niño nacido en Belén de Judá, en tiempos del edicto. Un Niño que luego huyó, para gran fortuna del mundo. ¡Un Niño que... yo daría la vida por saber que vive y es ya un hombre!».

Detalle

Elías describe a Jesús como un niño con sus propias palabras,

ECR 75.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Quién eres?».

«Uno que te ama».

«Serías el primero desde hace muchos años. ¿De dónde vienes?».

«De Galilea».

«¿De Galilea? ¡Ah!». El hombre le mira atentamente — también los otros se han acercado —. «De Galilea» repite el pastor, y añade en voz baja como para sí mismo: «También Él venía de Galilea... ¿De qué lugar, Señor?».

«De Nazaret».

«¡Ah! Entonces dime. ¿Ha regresado un Niño, con una mujer de nombre María y un hombre de nombre José, un Niño aún más hermoso que su Madre (que flor más encantadora jamás vi en las laderas de Judá)? Un Niño nacido en Belén de Judá, en tiempos del edicto. Un Niño que luego huyó, para gran fortuna del mundo. ¡Un Niño que... yo daría la vida por saber que vive y es ya un hombre!».

«¿Por qué dices que el que huyera ha sido una gran fortuna para el mundo?».

«Porque Él era el Salvador, el Mesías, y Herodes le quería muerto. Yo no estaba cuando huyó con su padre y su madre... Cuando tuve noticias de la matanza y volví — porque yo también tenía hijos (un sollozo), Señor, y mujer (sollozo) y sentía que los habían matado (otro sollozo), pero te juro por el Dios de Abraham, que temblaba por Él más que por mi misma carne —, supe que había huido, y ni siquiera pude preguntar, ni siquiera pude recoger a mis criaturas degolladas... Me apedreaban como a un leproso, como a un inmundo, como a un asesino... Y tuve que huir a los bosques, llevar una vida de lobo... hasta que encontré a un propietario de ganado. ¡Oh, pero no es como era Ana!... Es duro y cruel... Si una oveja se disloca una pata, si el lobo se me lleva un cordero, o recibo palos hasta sangrar o me quita mi poca paga o debo trabajar en los bosques para otros, hacer algo, pero pagar, siempre el triple del valor. Pero no importa. Siempre le he dicho al Altísimo: “Que yo pueda ver a tu Mesías. Que al menos pueda saber que vive, y todo lo demás no es nada”. Señor, te he referido cómo me trataron los de Belén y cómo me trata el patrón. Habría podido devolver mal por mal, o hacer el mal, robando, para no sufrir a causa del patrón. Pero sólo he querido perdonar, sufrir, ser honesto, porque los ángeles dijeron: “Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena vo­lun­tad”».

«¿Dijeron eso exactamente?».

«Sí, Señor, créelo Tú, Tú al menos, que eres bueno. Conoce Tú al menos, y cree, que el Mesías ha nacido. Nadie quiere creerlo ya. Pero los ángeles no mienten... y nosotros no estábamos borrachos como decían. Éste, ¿ves?, era un niño entonces, y fue el primero que vio al ángel. Sólo bebía leche. ¿Puede la leche emborracharle a uno? Los ángeles dijeron: “Hoy en la ciudad de David ha nacido el Salvador que es Cristo, el Señor. Le reconoceréis por esto: encontraréis a un Niño recostado en un pesebre, envuelto en pañales”».

«¿Dijeron eso exactamente? ¿No entendisteis mal? ¿No os equivocáis, después de tanto tiempo?».

«¡Oh, no! ¿Verdad, Leví? Para no olvidarlo — ya de por sí no habríamos podido, porque eran palabras del Cielo y se escribieron con el fuego del Cielo en nuestros corazones — todas las mañanas, todas las tardes, cuando sale el Sol, cuando brilla la primera estrella, las recitamos como oración, como bendición, como fuerza y consuelo, con el Nombre de Él y de su Madre».

«¡Ah!, ¿decís: “Cristo”?».

«No, Señor. Decimos: “Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad, por Jesucristo que nació de María en un establo de Belén y que, siendo el Salvador del mundo, estaba envuelto en pañales en un pesebre”».

Detalle

Jesús viene a ver a los pastores de Belén. El mayor, Elías, le pregunta:

ECR 75.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad que han merecido ver la Luz y servirla. El Salvador se encuentra entre ellos. El Pastor de la estirpe real está en medio de su rebaño. La Estrella de la mañana ha nacido. ¡Regocijaos, justos, recocijaos en el Señor! Él, que ha hecho la bóveda de los cielos y los ha sembrado de estrellas, Él, que puso como límite de las tierras los mares, Él, que ha creado los vientos y los rocíos, y regulado el curso de las estaciones para dar pan y vino a sus hijos, ved cómo ahora os manda un Alimento más elevado: el Pan vivo que baja del Cielo, el Vino de la eterna Vid. Venid, vosotros, primicias de mis adoradores, venid a conocer al Padre en verdad para seguirle en santidad y obtener así eterno premio».

Detalle

Oración recitada por Cristo a los pastores de la Natividad a los que encontró.

ECR 76

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Elías, Leví, José, Jesús, Juan, Simón el Zelote y Judas se acercan a Yutta. Cristo tiene intención de ir a Hebrón para rezar sobre los huesos de Samuel y Zacarías, pero antes da prioridad a Isaac, porque siempre debemos ocuparnos de los que sufren. Rezar por nuestros muertos también es importante, pero ellos ya están en paz si eran justos.

Después de hablar de la diferencia entre el hombre y el animal, de la comunión de los santos y del vínculo entre los muertos y los vivos, Jesús y sus amigos llegan a Yutta. Elías se adelanta para ver a Isaac, diciéndole que Jesús quiere verle y diciéndole que venga. El pastor, que estaba lisiado y paralítico, se curó inmediatamente y fue a ver al Salvador lo antes posible.

Allí le adoró y le llevó a una familia de Yutta que se había hecho cargo de él. Son un matrimonio con cuatro hijos: se llaman María, José, Emmanuel y el último aún no tiene nombre. La pequeña familia cree en el Mesías y le invita a circuncidar a su hijo recién nacido. Jesús decide que se llamará Jesai. El sacerdote que acudió a realizar la ceremonia prestó poca atención al Señor y sus invitados se sintieron mortificados, pero él los tranquilizó y consoló. Invita a Juan a mostrar la oveja a José y a Emmanuel. La pequeña María permanece junto a Jesús y él la invita a ser tan buena como su Madre. La niña acepta inmediatamente y le habla con familiaridad. Retirado por Judas, Jesús le dice que lo deje, porque los inocentes son su alegría y sólo ellos pueden pronunciar su nombre con la misma pureza que su Madre.

ECR 77

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

El grupo apostólico se dirige a Hebrón. Judas está nervioso y enfadado porque no han ido primero a Keriot, ya que habría sido más corto. Pero Jesús le asegura que siempre cumple sus promesas. Fue antes a Hebrón porque Samuel, que había muerto, había sufrido mucho por él y nunca había traicionado el recuerdo de Jesús cuando era niño. Permaneció fiel aunque no supiera que estaba vivo, y por eso este hombre merece que Cristo le honre y rece por él.

A continuación, el Iscariote señala que los pastores eran justos y santos, y sin embargo fueron maltratados. Ana de Belén incluso murió a consecuencia de ello... Y concluye, de paso, que el amor que mostramos a Jesús le trae mala suerte. El Maestro impide que Juan y Simón intervengan, diciendo que prefiere que Judas diga siempre lo que piensa. Y replica que, aunque los pastores hubieran recibido mucho, no sería justo que recibieran un privilegio especial por haber recibido tal o cual regalo, incluido el de estar presentes en la Natividad. Simón, además, declara que no hay que poner cosas terrenales donde hay cosas celestiales.

Judas ironiza entonces directamente, señalando que, al haber sanado tan pronto, el zelote ha recuperado todas sus posesiones, por lo que no vive sólo de su ingenio. Pero el amigo de Lázaro le replica que le ha dado órdenes concretas y que está libre de todo para seguir a Jesús.

Judas refunfuña al final, porque vuelve a equivocarse, y Juan intenta consolarlo diciéndole que es práctico, pero que pronto cambiará en presencia de Jesús.

Jesús cambia hábilmente de conversación cuando Judas sigue refunfuñando y da instrucciones a Leví y Elías: ellos le conducirán hasta Jonás, y José se quedará con el grupo hasta Jericó.

Finalmente, llegan a Hebrón, cerca de la casa de Zacarías. Pero la casa estaba rodeada por un muro, que antes no existía. Un hombre les explica que un herodiano había tomado posesión de la casa y que tenía consigo a una prostituta. Habla largo rato de Juan -a quien ve como el Mesías, a pesar del diálogo con Jesús y Juan- y el Maestro no insiste cuando el hombre se obstina y cree tener la verdad.

De camino a la sinagoga, dan una vuelta por la casa y se encuentran con Aglaia. Jesús entra en casa de Zacarías y entabla una conversación muy sincera con la cortesana. Ella inicia un camino de redención, pero tras dejarlo, Jesús es rechazado por la sinagoga. No se debe hablar con prostitutas, y cuando Judas se lo comenta una vez fuera de la ciudad, el Señor declara que Aglaia le superará y que pronto llegará el momento en que los paganos adorarán al Dios verdadero, en lugar de al pueblo elegido que debe recibir al Mesías.

Sin embargo, les dice que se alegren, pues se acerca la primera resurrección.

ECR 78

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús, Juan, Judas y Simón el Zelote llegan a Keriot. Los pastores ya no están allí. Judas está muy agitado y no puede aguantar más. Le pide al Maestro que se lo diga, y Simón le señala que ese hombre no le entiende. Jesús suspira, pero no dice nada.

Llegaron a Kerioth y fueron recibidos por la madre de Judas. Ella lo saluda con gran respeto, le ofrece algo para refrescarse y le da sandalias y un manto. Jesús no dijo nada al principio, pero no le dio importancia; luego, cuando María declaró que no conocía los caminos de los reyes, pidió hablar a solas con su apóstol. Allí le reprendió severamente, diciéndole que ponía obstáculos a su misión, porque Israel estaba sometido a Roma, y Cristo no era en modo alguno Rey de la tierra.

Realmente anima a Judas a retirarse, a dejar el grupo. Luego describe su realeza y cuándo será coronado rey: en el madero de la cruz, con un signo infame y bajo los abucheos de su pueblo. Entonces Jesús predice su muerte atroz.

Judas se mortifica, pero implora al Maestro que lo conserve, que se hará bueno. Pide perdón y Jesús, cansado, le perdona. Sin embargo, el Iscariote le pide que se quede y se vaya a su pueblo, porque Judas ha dicho a todo el mundo que viene el Señor. Así que Jesús decide hacer lo que Judas ha planeado, no por él, sino por su madre.

Así que Jesús se dirigió a Queriot en un carro y el jefe de la sinagoga le dio la bienvenida y le pidió que fuera a su lugar de oración. Jesús aceptó y predicó al pueblo. Declaró que él era la Palabra de Dios, pero les recordó que su realeza era ante todo espiritual. Luego lo confirmó a los notables de Keriot.

El viejo Saulo intervino entonces y habló de la Natividad de Cristo, a quien había venido a adorar. Jesús confirmó que era él, y el anciano tuvo entonces una visión de la realeza del Señor. Lo vio transfigurado y luego con sus Llagas y su Sangre. Muere tras dar testimonio del corazón de Jesús, por lo que el grupo debe purificarse para respetar lo que dice la Ley.

ECR 78.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Judas, ¿qué has hecho? ¿Tan poco me has entendido hasta aquí? ¿Por qué disminuirme hasta el punto de hacer de mí sólo un poderoso de la tierra, o, peor aún, uno que brega por ser poderoso? ¿No entiendes que es una injuria a mi misión, exactamente un obstáculo? Sí, no digas que no; obstáculo. Israel está sujeto a Roma. Tú sabes qué ha sucedido cuando ha querido alzarse contra Roma alguien en actitud de caudillo del pueblo levantando sospechas de que estaba creando una guerra de reconquista. Has oído, justamente en estos días, cómo se ensañaron con un Párvulo porque se le supuso rey según el mundo. ¡Y tú..., y tú!... ¡Oh! ¡Judas! ¿Pero qué esperas de una soberanía mía de carne?, ¿qué esperas? Te he dado tiempo de pensar y decidir. Te he hablado bien claro ya desde la primera vez. Incluso te rechacé, porque sabía... porque sé, sí, porque sé, leo, veo lo que hay en ti. ¿Por qué deseas seguirme, si no quieres ser como Yo quiero? Vete, Judas. No te perjudiques a ti ni me perjudiques a mí... Vete. Es mejor para ti. No eres obrero apto para esta obra... Está demasiado por encima de ti. En ti hay soberbia, hay codicia de las tres especies, arrollas a quien te encuentras por delante... Incluso tu madre te debe temer... Hay tendencia a la mentira... No. Así no debe ser mi seguidor. Judas, Yo no te odio, Yo no te maldigo, sólo te digo — y con el dolor de quien ve que no puede cambiar al que ama — te digo sólo: Ve por tu camino, hazte paso en el mundo, puesto que es esto lo que quieres, pero no estés conmigo. ¡Mi vía!... ¡Mi palacio! ¡Oh, qué pequeñez contienen! ¿Sabes dónde seré Rey?, ¿cuándo seré proclamado Rey? Cuando me levanten en un madero infame y por púrpura tenga mi Sangre, por corona una guirnalda de espinas, por enseña un cartel burlón, por trompas y címbalos y órganos y cítaras saludando al Rey proclamado las blasfemias de todo un pueblo, de mi pueblo. ¿Y sabes por obra de quién todo esto? De uno que no me habrá entendido, que no habrá entendido nada. Corazón de bronce hueco, en el que la soberbia, la sensualidad y la avaricia, para entonces, ya habrán destilado sus humores, y éstos habrán engendrado una maraña de serpientes que servirán como cadena para mí y... y maldición para él. Los demás no conocen tan claramente mi suerte. Te ruego que no la manifiestes. Esto quede entre tú y Yo. Y esto que te he dicho es una amonestación... ¡Y guarda silencio y no digas: “Fui amonestado...”! ¿Entendido, Judas?».

Detalle

Judas preparó a su ciudad y a su madre para recibir a Jesús como Rey de Israel. Pero el Salvador no estaba contento. Le dieron sandalias nuevas, un vestido muy cómodo y la oportunidad de refrescarse, pero no estaba contento con todos estos favores. Cuando oye decir a la madre de Judas que no conoce los caminos de los reyes, pide hablar a solas con Judas. Cuando los dos están solos, le dice: