ECR 205.8 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
...Los apóstoles, la Madre de Jesús y las otras mujeres se dirigen hacia la casa, precedidos todos por Margziam, que va saltando, presuroso, delante. No obstante, el niño en seguida vuelve hacia atrás, toma a María de la mano y le dice: «Ven conmigo, que te tengo que decir a solas una cosa». Ella accede a su petición; así que tuercen hacia el pozo, que está en un ángulo del patio, enteramente cubierto por una tupida pérgola, que desde el nivel del suelo sube, formando un arco, hasta la terraza. Detrás está Judas Iscariote.
«Judas, ¿qué quieres? Déjanos, Margziam... Habla. ¿Qué quieres?».
«He obrado mal... No me atrevo a ir al Maestro, ni a presentarme ante mis compañeros... Ayúdame...».
«Te ayudaré. Sí. De todas formas, ¿es que no piensas en el mucho dolor que causas? Mi Hijo ha llorado por causa tuya, lo cual a su vez ha hecho sufrir a tus compañeros. Ven, de todas formas, que ninguno te dirá nada. Y, si puedes, no vuelvas a caer en esto mismo, que es indigno de un hombre y sacrílego respecto al Verbo de Dios».
«¿Tú, Madre, me perdonas?».
«¿Yo? Yo no cuento nada al lado de ti, que te sientes tan grande. Soy la menor de las siervas del Señor. ¿Por qué te preocupas de mí, si no tienes piedad de mi Hijo?».
«Pienso en mi madre, pienso que si tú me perdonas ella también me perdonará».
«No sabe lo que has hecho».
«Pero me había hecho jurar que sería bueno con el Maestro. Soy un perjuro. Percibo la reprensión del alma de mi madre».
«¿Eso es lo que sientes? ¿Y no percibes la queja y la desaprobación del Padre y del Verbo? ¡Oh, eres un desdichado, Judas! Vas sembrando el dolor en ti y en quienes te quieren».
María está muy seria y triste. Habla sin acritud, pero muy seria. Judas llora.
«No llores; mas bien, cambia. Ven» y le toma de la mano y entra así con él en la cocina.
Vivísimo es el estupor de todos. María previene posibles reacciones poco compasivas diciendo: «Judas ha vuelto. Haced como el primogénito después de que le habló su padre. Juan, ve a avisar a Jesús».
Juan de Zebedeo sale a la carrera.
El silencio gravita sobre la cocina... Lo rompe Judas diciendo: «Perdonadme. Tú el primero, Simón, tú que tienes un gran corazón paternal. Yo también soy huérfano».
«Sí, sí, te perdono. Por favor, no hables más de ello. Somos hermanos... y no me gustan estos altibajos de pedir perdón y volver a caer; son denigrantes, tanto para quien lo comete como para quien lo concede. Ahí viene Jesús. Ve a Él y basta».
Judas va hacia Jesús. Mientra, Pedro, no pudiendo hacer otra cosa, se pone a partir con vehemencia madera seca...
Palabras clave
- Andrés (apóstol)
- Bartolomé - Natanael (apóstol)
- El grito de Jesucristo
- El sufrimiento y el dolor de Jesucristo
- Felipe (apóstol)
- Jesucristo - Palabra de Dios
- Juan de Zebedeo (apóstol)
- Judas de Alfeo (apóstol)
- Judas de Keriot (apóstol)
- La Virgen María
- La Virgen María y Judas
- Los Doce
- Marie de Kérioth (madre de Judas)
- Mateo (apóstol)
- Palabras de la Virgen María
- Pedro y Judas
- Santiago de Alfeo (apóstol)
- Santiago de Zebedeo (apóstol)
- Simon-Pierre - Simón de Jonás (apóstol)
- Simón el Zelote (apóstol)
- Sufrimiento y dolor de la Virgen María
- Tomás (apóstol)