Ir al contenido

Notas del tema

Jesucristo en El Evangelio como me fue revelado

Página 4 de 120

Comodidad de lectura

Aa

ECR 22.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Estoy alegre desde que llegaste; siento que mi prueba pronto quedará superada y que pronto mi dicha será completa.

Palabras clave

ECR 22.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

22.6 Veo a María hilando premurosamente bajo la pérgola en que la uva aumenta de volumen. Debe haber pasado ya un poco de tiempo, pues las manzanas comienzan a tomar color rojo en los árboles, y las abejas zumban cerca de las flores de la higuera ya formadas.

Isabel está verdaderamente gruesa y camina pesadamente. María la mira con atención y amor. También a María, que se ha levantado para recoger el huso, que se le ha caído lejos, se la ve más llena a la altura de los costados, y su expresión ha cambiado. Ahora es más madura. Antes era niña, ahora es mujer.

Está anocheciendo y las mujeres entran en casa; en la habitación se encienden las lámparas. En espera de la cena, María teje.

«¿No te cansa nunca?». pregunta Isabel señalando el telar.

«No, tenlo por seguro».

«A mí este calor me deja sin fuerzas. No he vuelto a tener dolores, pero ahora el peso es grande para mis riñones, que ya son viejos».

«¡Ánimo! Pronto serás liberada de ese peso. ¡Qué feliz te sentirás entonces!»

Palabras clave

ECR 22.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Mi Niño, mi Jesús! ¿Cómo será?».

«Tan guapo como tú, María».

«¡Oh, no! ¡Más guapo! Él es Dios, yo soy su sierva. Me refería a si será rubio o moreno, si tendrá los ojos como el cielo sereno o como los de los ciervos de las montañas. Yo me le imagino más hermoso que un querubín, de cabellos rizados y color oro; los ojos del color de nuestro mar de Galilea cuando las estrellas empiezan a asomarse al confín del cielo; una boquita pequeñina y roja como el corte de una granada apenas abierta por el sol que la madura; sus mejillas, un rosáceo como éste de esta pálida rosa; dos manitas que, de lo pequeñitas y lindas que serán, podrán estar dentro de la corola de una azucena; dos piececitos que podrían caberme en el hueco de la mano, más delicados y lisos que un pétalo de flor. Mira, yo pongo en la idea que me he hecho de Él todo lo que de hermoso me sugiere la tierra. Ya oigo su voz. Cuando llore — un poco llorará por hambre o por sueño mi Niño, y ello causará siempre un gran dolor a su Mamá, que no podrá, no, no podrá oírle llorar sin sentirse traspasar el corazón —, cuando llore, su voz será como ese balido que ahora oímos, de corderito de pocas horas que está buscando la mama y el calor de la lana materna para dormir. En la risa, en esa risa que llenará de cielo mi corazón, enamorado de mi Criatura — puedo estar enamorada de Él porque es mi Dios, y amarle con amor de enamorada no es contravenir a mi consagrada virginidad —, en la risa, su voz será como el zurear jubiloso de este pichoncito, contento porque ha comido, satisfecho en el nido calentito. Pienso en Él dando sus primeros pasos... un pajarillo saltando en un prado florido. El prado será el corazón de su Mamá, que estará bajo sus piececitos de rosa con todo su amor para que no encuentre nada que le produzca dolor. ¡Cuánto le voy a querer a mi Niño, a mi Hijo!»

Detalle

María dijo a Isabel:

ECR 22.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Ya oigo su voz. Cuando llore — un poco llorará por hambre o por sueño mi Niño, y ello causará siempre un gran dolor a su Mamá, que no podrá, no, no podrá oírle llorar sin sentirse traspasar el corazón —, cuando llore, su voz será como ese balido que ahora oímos, de corderito de pocas horas que está buscando la mama y el calor de la lana materna para dormir.

Detalle

María habla de Jesús llorando como un niño.

ECR 22.7-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Cuánto le voy a querer a mi Niño, a mi Hijo! ¡Y también José le amará!».

«Sí, pero tendrás que decírselo también a José».

Se le nubla el rostro a María, que suspira. «Tendré que decírselo... Yo habría querido que se lo dijera el Cielo, porque es muy difícil de decir».

«¿Quieres que se lo diga yo? Le llamamos para la circuncisión de Juan...».

«No. Mira, he dejado en manos de Dios la tarea de instruirle — y lo hará — acerca del feliz destino de nutricio del Hijo de Dios. El Espíritu me dijo aquella tarde: “Guarda silencio. Déjame a mí la tarea de justificarte”. Y lo hará. Dios no miente nunca. Es una gran prueba, pero con la ayuda del Eterno será superada. De mi boca, ninguno — aparte de ti, a quien el Espíritu se lo ha revelado — debe saber lo que la benevolencia del Señor ha hecho a su sierva».

Detalle

María habla de su hijo y dice:

ECR 22.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«De mi boca, ninguno — aparte de ti, a quien el Espíritu se lo ha revelado — debe saber lo que la benevolencia del Señor ha hecho a su sierva».

«He guardado silencio siempre, incluso con Zacarías, que hubiera exultado de gozo si lo hubiera sabido. Él cree que eres madre según la naturaleza».

«Sí, lo sé. Así lo he querido por prudencia. Los secretos de Dios son santos. El ángel del Señor no le ha revelado a Zacarías mi maternidad divina. Habría podido hacerlo, si Dios hubiese querido, porque Dios sabía que ya era inminente el momento de la Encarnación de su Verbo en mí. Pero Dios le ha tenido escondida esta luz de gozo a Zacarías, que no aceptaba, por considerarlo imposible, vuestra paternidad y maternidad tardías. Me he puesto en sintonía con la voluntad de Dios, y, ya ves, tú has sentido el secreto que vive en mí, y él no ha advertido nada. Hasta que no se desprenda el diafragma de su incredulidad ante la potencia de Dios, se verá separado de las luces sobrenaturales».

Isabel suspira y guarda silencio.

Detalle

María le habla a Isabel de su maternidad y le dice:

ECR 22.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Vale ya!» dice Isabel. «Es demasiado cansancio».

«Está próxima la hora, Isabel. Quiero hacerle a tu niño un equipo digno del predecesor del Rey de la estirpe de David».

Zacarías escribe: «¿De quién nacerá Él, y dónde?».

María responde: «Donde han dicho los Profetas, y de quien elija el Eterno. Todo lo que nuestro Señor altísimo hace está bien hecho».

Zacarías escribe: «¡Entonces, en Belén! En Judea. Mujer, iremos a venerarle. Tú también vendrás con José a Belén».

Y María, inclinando hacia su telar la cabeza, dice: «Iré».

La visión cesa así.

Detalle

Marie trabaja en el telar para su prima.

ECR 22.10-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

22.10 Dice María:

«El primer acto de caridad para con el prójimo ha de ejercitarse con el prójimo. No veas en esto un juego de palabras. La caridad se tiene hacia Dios y hacia el prójimo. En la caridad hacia el prójimo está comprendida también la que tiene por objeto nosotros mismos. Pero, si nos amamos más que a los demás, ya no somos caritativos, somos egoístas. Incluso en las cosas lícitas debemos ser tan santos, que demos siempre prioridad a las necesidades de nuestro prójimo. Estad seguros, hijos, de que Dios completa la deficiencia de los generosos con medios de su potencia y bondad.

22.11 Esta certeza me impulsó a ir a Hebrón para ayudar en su estado a mi parienta. Pues bien, a este detalle mío de ayuda humana, Dios, dando sin medida como Él hace, añadió un inesperado don de ayuda sobrenatural. Yo había ido para aportar ayuda material; Dios santificó mi recta intención haciendo, de la misma, santificación del fruto del vientre de Isabel y anulando, a través de esta santificación — por la cual el Bautista fue presantificado —, el sufrimiento físico de esta madura hija de Eva que había concebido a una edad inusitada.

Isabel, mujer de fe intrépida y de confiado abandono a la voluntad de Dios, mereció comprender el misterio encerrado en mí. El Espíritu le habló a través de ese vuelco de su vientre. El Bautista pronunció su primer discurso de Anunciador del Verbo a través de los velos y los diafragmas de venas y de carne que le separaban de su santa madre, y que a la vez la unían a ella.

No oculté mi condición de Madre del Señor a esta mujer que merecía saberlo, a quien además la Luz se había manifestado. Ocultarla habría sido negarle a Dios la alabanza que era justo darle, el sentimiento de alabanza que yo llevaba en mí y que, no pudiéndolo manifestar a nadie, lo manifestaba a la hierba, a las flores, a las estrellas, al sol, a los canoros pájaros, a las pacientes ovejas, a las aguas cantarinas y a la luz de oro que me besaba descendiendo del cielo. Pero, orar dos juntos es más dulce que decir uno solo su oración. Yo hubiera querido que el mundo entero hubiera conocido mi destino; no por mí, sino porque todos se hubiesen unido a mí para alabar a mi Señor.

La prudencia me prohibió revelarle a Zacarías la verdad. Habría significado ir más allá de la obra de Dios, y, si bien era cierto que yo era su Esposa y Madre, seguía siendo su Sierva y no debía — porque Él me había amado sin medida — permitirme colocarme en su lugar y sobrepasar un decreto suyo.

Isabel, en su santidad, comprendió y guardó silencio, porque el que es santo es siempre sumiso y humilde.

ECR 22.11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La prudencia me prohibió revelarle a Zacarías la verdad. Habría significado ir más allá de la obra de Dios, y, si bien era cierto que yo era su Esposa y Madre, seguía siendo su Sierva y no debía — porque Él me había amado sin medida — permitirme colocarme en su lugar y sobrepasar un decreto suyo.

Isabel, en su santidad, comprendió y guardó silencio, porque el que es santo es siempre sumiso y humilde.

ECR 23

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Nacimiento de Juan el Bautista. Todo sufrimiento se alivia en el seno de María.

Fecha de la visión y del dictado: Lunes 3 de abril de 1944 (Lunes Santo)

Calendario: jueves 4 de julio del año 5 a.C.

Lugar (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María e Isabel pasean por la casa de Zacarías. Caminan despacio y María está atenta a todo. Preocupada por su pariente, va a ayudar a Sara, la sirvienta, y luego invita a Isabel a caminar un poco más. Fueron a ver las palomas e Isabel se sintió conmovida por su afecto hacia ella. Su estado le hacía temer la muerte y estaba preocupada por su marido y su hijo. María la tranquilizó, diciéndole que todo iría bien e invitándola a confiar en Dios. Cuando a Isabel se le pasó el sufrimiento, volvieron a casa. Comienza la labor de la madre del Precursor. María consuela a Zacarías y reza con el anciano. Cuando se queda dormido (era plena noche), ella lo cuida y continúa su oración.

Isabel llama a la Virgen y le pide que ponga la mano sobre su vientre inmaculado. María la tranquiliza, le dice que confíe en Dios y le dice que Jesús está allí. Cuando su prima se ha calmado, se marcha de nuevo. Zacarías sigue durmiendo. La Inmaculada reza intensamente, hasta que el anciano sacerdote se despierta. Pero Juan seguía sin nacer.

María siguió rezando, y pronto amaneció. Poco después, para gran alegría de ambos padres, nació Juan. Zacarías recibió al niño, y luego María se lo llevó a su madre. El niño se calmó en cuanto estuvo sobre el pecho de María. Isabel le preguntó si Zacarías podía hablar, pero desgraciadamente no podía. La Virgen le dijo entonces que volviera a esperar en el Señor...

Después de la visión, la Plenitud de Gracia dictó a María y le explicó que, aunque había sido preservada de la Falla y de los dolores del parto, su maternidad espiritual había estado, sin embargo, llena de sufrimientos. María nos invita entonces a acudir siempre a Ella, porque es la eterna portadora de Jesús. Ella reza sin cesar por nosotros y por nuestra salvación.

Contenido del capítulo: 23.1: Una visión de paz en medio de las horas oscuras. 23.2: María ayuda a Isabel y a Sara en el jardín. 23.3: Tranquiliza a Isabel, que tiene miedo de morir. 23.4: Vela por todo en la casa. 23.5: Isabel, que sufre, la llama a su cabecera. 23.6: Vuelve para tranquilizar a Zacarías. 23.7: Zacarías está nervioso, María reza. 23.8: Llevan el niño al padre. 23.9: La angustia del nacimiento espiritual de María. 23.10: Venid a mí, que soy la eterna portadora de Jesús.