ECR 6.6-7
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
6.6 Dice Jesús:
«Salomón pone en boca de la Sabiduría estas palabras: “Quien sea niño venga a mí”. Y verdaderamente, desde la roca, desde los muros de su ciudad, la eterna Sabiduría le decía a la eterna Niña: “Ven a mí”. Se consumía por tenerla. Pasado un tiempo, el Hijo de la Doncella purísima dirá: “Dejad que los niños vengan a mí, porque el Reino de los Cielos es de ellos, y quien no se haga como ellos no tendrá parte en mi Reino”. Las voces se buscan recíprocamente y, mientras la voz proveniente del Cielo grita a la pequeñuela María: “Ven a mí”, la voz del Hombre dice: “Venid a mí si sabéis ser niños”, y al decirlo piensa en su Madre.
Os doy el modelo en mi Madre.
Ella es la perfecta Niña con corazón de paloma sencillo y puro, Aquélla a quien ni los años ni el contacto con el mundo enrudecen bárbaramente, corrompiendo su espíritu o haciéndole tortuoso o mentiroso. Porque Ella no lo quiere. Venid a mí mirando a María.
6.7 Tú, que la ves, dime: ¿su mirada de infante es muy distinta de la que viste al pie de la Cruz; o en el júbilo de Pentecostés; o en la hora en que los párpados cubrieron su ojo de gacela para el último sueño? No. Aquí se trata de la mirada incierta y atónita del infante; luego se tratará de esa mirada atónita y verecunda de la Virgen de la Anunciación, o beata como la de la Madre de Belén, o adoradora, como la de mi primera, sublime Discípula; luego será la mirada lastimera de la Torturada del Gólgota, o radiante, como en la Resurrección y en Pentecostés; luego será esa mirada velada: la del extático sueño de la última visión. Pero, ya se abra para ver por primera vez, ya se cierre, cansado, con la última luz, habiendo visto tanto gozo y tanto horror, este ojo es ese apacible, puro, sosegado trocito de cielo que resplandece siempre igual bajo la frente de María. Ira, mentira, soberbia, lujuria, odio, curiosidad, no lo ensucian jamás con sus fumosas nubes.
Es el ojo que mira a Dios con amor, ya llore, ya ría, y que por amor a Dios acaricia y perdona, y todo lo soporta; el amor a su Dios le ha hecho inmune a los asaltos del Mal, que muchas veces se sirve del ojo para penetrar en el corazón; es el ojo puro, tranquilizante, bendecidor que tienen los puros, los santos, los enamorados de Dios.
Ya lo dije: “El ojo es luz de tu cuerpo. Si el ojo es puro, todo tu cuerpo estará iluminado; mas si el ojo es túrbido, toda tu persona estará en las tinieblas”. Los santos han tenido estos ojos, que son luz para el espíritu y salvación para la carne, porque, como María, durante toda su vida sólo han mirado a Dios; o, más aún, han tenido recuerdo de Dios.
Ya te explicaré, pequeña voz, el sentido de estas palabras mías».
Anotación
Más tarde, el Hijo del Niño diría: "Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos; el que no es como ellos no tiene parte en mi reino. " Jesús dijo esto en EMV 378.8 y en Mateo 19, 14-15, Marcos 10, 13-14 y Lucas 18, 15-17.
Lodije en Mateo 6, 22-23(EMV174,9) y Lucas 11, 34-35(EMV 413,7).
Evangelio de Mateo 6, 22-23 y 19, 14-15
Mt 6, 22-23 : La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará en la luz; pero si tu ojo está mal, todo tu cuerpo estará en la oscuridad. Por eso, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué grandes serán las tinieblas!
Mt 19, 14-15 : Jesús les dijo: "Dejad en paz a estos niños y no les impidáis que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos es para los que son como ellos. " 15Y, imponiéndoles las manos, siguió su camino.
Evangelio de Lucas 11, 34-35 y 18, 15-17
Lc 11, 34-35 : La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará a la luz; si está malo, también tu cuerpo estará en tinieblas.
Lc 18, 15-17 : Algunas personas le traían también sus niños pequeños para que los tocara; al ver esto, sus discípulos les reñían. Pero Jesús, llamando a los niños, les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. En verdad os digo que el que no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él. "
Evangelio de Marcos 10, 13-14
Mc 10, 13-14 : Le traían niños pequeños para que los tocara. Pero los discípulos reprendieron a los que los traían. Al ver esto, Jesús se indignó y les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de los Cielos es de los que son como ellos."