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Notas del tema

Hechos y elementos bíblicos en el Nuevo Testamento

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ECR 56

El Evangelio como me ha sido revelado

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Cerca del vado del Jordán, María ve a Tomás, Judas de Alfea y Simón el Zelote. Llevan tres días esperando a Jesús en este lugar, y Judas les asegura que si su primo ha prometido reunirse con ellos aquí, lo hará. Judas habla de su relación con Jesús, explicando que es su primo, que era el preferido de José y que creció muy cerca de la Virgen María. El hombre de Nazaret también habla de las divisiones en su familia, pero ahora quiere seguir a Cristo. Lo único que lamenta es que los padres puedan ser enemigos de sus hijos. Simón el Zelote suspira ante este comentario, pero Tomás revela que su padre le había animado a seguir al Mesías.

Por fin llegó Jesús. Judas revela entonces su intención de seguir a su Maestro, y Cristo le da la bienvenida: también le confirma que, en efecto, es lícito seguir al Señor, pues "no hay nada por encima de Dios".

Tras felicitar a Tomás por su obediencia y fidelidad, Jesús dirige su atención a Simón el Zelote. Le pide que le siga y ambos hablan de sus parientes, de su padre y de la enfermedad que había padecido. El Maestro une entonces a Simón el Zelote y a Judas, el uno sin hijos a causa de su enfermedad, el otro habiendo perdido a su padre al seguir al Señor. Por el momento, sin embargo, les dio a cada uno una misión. Tomás debía evangelizar en Judea. Judas evangelizaría Nazaret. Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe y Bartolomé volvieron a sus barcas, a Cafarnaún y Betsaida.

ECR 56.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Uno de los seis, mientras el Maestro se alejaba entre las aclamaciones de la muchedumbre después del milagro de un mendigo lisiado curado en la puerta de los Peces, me dijo: “Nosotros ahora nos vamos de Jerusalén. Espéranos a cinco millas entre Jericó y Doco, a la altura de la curva del río, en la calzada flanqueada de árboles”. Ésta. Dijo también: “Allí estaremos, dentro de tres día­s, al amanecer”. Es el tercer día, y aquí nos ha encontrado la cuarta vigilia».

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Tomás habló con Judas y Simón y les dijo:

ECR 56.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

56.3 «¿Has estado siempre con Él?».

«Siempre. Desde que volvió a Nazaret fue conmigo un buen compañero. Siempre juntos. Somos de la misma edad, yo un poco mayor. Y además yo era el preferido de su padre, hermano del mío. También su Madre me quería mucho. He crecido más con Ella que con la mía».

«Te quería... ¿Ya no te quiere lo mismo?».

«¡Oh, sí!, pero nos hemos desligado un poco desde que Él se ha hecho profeta. A mi familia no le gusta».

«¿Qué familia?».

«Mi padre y los dos mayores. El otro está en duda... Mi padre es muy anciano y no he tenido corazón para llevarle la contraria. Pero ahora... Ya no más. Ahora yo voy a donde me llevan el corazón y la mente. Voy con Jesús. No creo ofender a la Ley actuando así. Y... si no fuera justo lo que quiero hacer, Jesús me lo diría. Haré lo que Él dice. ¿Le es lícito a un padre ponerle obstáculos a un hijo en el camino del bien? Si yo siento salvación en ello, ¿por qué impedirme conseguirla? ¿Por qué los padres algunas veces nos son enemigos?».

Simón suspira como por tristes recuerdos y baja la cabeza, pero no habla.

Sin embargo, Tomás responde: «Yo ya he superado la dificultad. Mi padre me ha escuchado y me ha comprendido. Me ha bendecido diciendo: “Ve. Que esta Pascua signifique para ti liberación de la esclavitud de una espera. Dichoso tú que puedes creer. Yo espero. Mas si es Él — y lo sabrás siguiéndole — vuelve a tu anciano padre para decirle: ‘Ven. Israel ya tiene al Esperado’ ”».

«Eres más afortunado que yo. ¡Y pensar que hemos vivido a su lado!... Y no creemos, ¡nosotros los de la familia!... ¡Y decimos, o sea, ellos dicen: “Ha perdido el juicio”!...

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Simón el Zelote preguntó a Judas si siempre había acompañado a Cristo.

ECR 56.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Tú también, Judas, primo mío?».

Se abrazan. Judas llora.

«¿Por qué este llanto?».

«¡Jesús... yo quiero estar contigo!».

«Te he esperado siempre. ¿Por qué no has venido?».

Judas baja la cabeza y calla.

«¡No han querido! ¿Y ahora?».

«Jesús, yo... yo no puedo obedecerlos a ellos. Quiero obedecerte sólo a ti».

«Yo no te he mandado nada».

«No, Tú no. ¡Pero es tu misión la que manda! Es Aquel que te ha enviado quien habla aquí, en el centro de mi corazón, y me dice: “Ve a Él”. Es Aquella que te ha engendrado y que ha sido para mí maestra suave quien, con su mirada de paloma, me dice, sin usar palabras: “¡Sé de Jesús!”. ¿Puedo no tener en cuenta esa voz excelsa que me traspasa el corazón? ¿Esa oración de santa que ciertamente me suplica para mi bien? ¿Sólo porque soy primo por parte de José, no debo conocerte por lo que eres, mientras que el Bautista te ha conocido — y no te había visto jamás — aquí, en las orillas de este río y te ha proclamado “Cordero de Dios”? Y yo, yo que he crecido contigo, yo que me he hecho bueno siguiéndote a ti, yo que he venido a ser hijo de la Ley por mérito de tu Madre y que de Ella he aspirado no los seiscientos trece preceptos de los rabíes, además de la Escritura y las oraciones, sino el espíritu de éstas... ¿Es que no voy a ser capaz de nada?».

«¿Y tu padre?».

«¿Mi padre? No le falta pan ni asistencia, y además... Tú me das ejemplo. Tú has pensado en el bien del pueblo más que en el pequeño bien de María. Y Ella está sola. Dime Tú, Maestro mío, ¿no es lícito, acaso, sin faltarle al respeto, decirle a un padre: “Padre, yo te quiero. Pero, por encima de ti está Dios, y a Él le sigo”?».

«Judas, pariente y amigo mío, Yo te lo digo: vas muy adelante en el camino de la Luz. Ven. Sí, es lícito hablarle al padre así cuando es Dios quien llama. Nada está por encima de Dios. Incluso las leyes de la sangre cesan, o sea, se subliman, porque con nuestras lágrimas los ayudamos más a los padres, a las madres, y por algo más eterno que no lo cotidiano del mundo. Los llevamos con nosotros al Cielo y, por la misma vía del sacrificio de los afectos, a Dios. Quédate pues, Judas. Te he esperado y me siento contento de volverte a tener, amigo de mi vida nazarena».

Se le ve conmovido a Judas.

ECR 56.5

El Evangelio como me ha sido revelado

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¿Sólo porque soy primo por parte de José, no debo conocerte por lo que eres, mientras que el Bautista te ha conocido — y no te había visto jamás — aquí, en las orillas de este río y te ha proclamado “Cordero de Dios”?

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Judas habló con Jesús y le dijo:

ECR 56.6

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56.6 Jesús se vuelve hacia Tomás: «Has obedecido fielmente. Primera virtud del discípulo».

«He venido para serte fiel».

«Y lo serás.»

ECR 56.7

El Evangelio como me ha sido revelado

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«Y tú, Judas, primo, ven conmigo y con éstos. Tú de todas formas te quedarás en Nazaret».

«¿Por qué, Jesús?».

«Porque debes prepararme mi camino en mi tierra. ¿Consideras pequeña esta misión? En verdad no hay una más grave...». Jesús suspira.

«¿Y lo lograré?».

«Sí y no. Pero todo será suficiente para quedar justificados».

«¿De qué? ¿Y ante quién?».

«Ante Dios. Ante la propia tierra. Ante la familia. No podrán censurarnos por haber ofrecido el bien. Y si la patria y la familia lo desdeñan, nosotros no tendremos culpa de su daño».

ECR 57.3.4

El Evangelio como me ha sido revelado

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57.3 Luego dice: «Bueno, ¿ves? Estoy aquí y no estoy solo. Me he traído a mis primeros discípulos, y otros están en Judea. También el primo Judas está conmigo y me sigue...».

«¿Judas?».

«Sí, Judas. Sé por qué te asombras. Claro, entre los que han referido el hecho estaban Alfeo y sus hijos... y no yerro diciendo que me han criticado. Pero no tengas miedo. Hoy así, mañana de otra forma. Al hombre se le debe cultivar como a la tierra, y donde hay espinos salen rosas. Judas, a quien tú amas, está ya conmigo».

«¿Dónde está ahora?».

«Ahí afuera con los otros. ¿Tienes pan para todos?».

«Sí, Hijo. María de Alfeo está sacándolo del horno. María es muy buena conmigo, especialmente ahora».

«Dios la glorificará». Sale a la puerta y llama: «¡Judas! ¡Aquí está tu madre! ¡Amigos, venid!».

(...) Acude María de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a Jesús, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¡Oh, María!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ¡Qué contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mía. Sé que los otros me reprobarán. Pero no me importa. Seré feliz el día en que sepa que todos son de Jesús. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los míos eres Tú, Jesús».

Jesús le acaricia la cabeza sonriéndole.

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Jesús ha vuelto a encontrar a su Madre. Escucha y luego le toca hablar.

ECR 58.5

El Evangelio como me ha sido revelado

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58.5 «¿Vendrán otros? Está tu primo. Y en Judea...».

«¡Oh..., muchos! Mi Reino está abierto a todo el género humano, y en verdad te digo que más abundante que la más copiosa de tus pescas será la mía en las noches de los siglos...: que cada siglo es una noche en la cual es guía y luz, no la pura luz de Orión o la de la Luna marinera, sino la palabra de Cristo y la Gracia que vendrá de Él; noche que conocerá la aurora de un día sin ocaso, de una luz en que todos los fieles vivirán, de un Sol que revestirá a los elegidos y los hará hermosos, eternos, felices como dioses, dioses menores, hijos del Padre Dios, similares a mí... Ahora no podéis entender. Pero en verdad os digo que vuestra vida cristiana os concederá una semejanza con vuestro Maestro, y resplandeceréis en el Cielo por sus mismos signos. Pues bien, Yo obtendré, a pesar de la sorda envidia de Satanás y la flaca voluntad del hombre, una pesca más abundante que la tuya».

«¿Pero seremos nosotros solos tus apóstoles?».

«¿Celoso, Pedro? No. No lo seas. Vendrán otros, y en mi corazón habrá amor para todos. No seas avaro, Pedro. Tú no sabes todavía Quién es el que te ama. ¿Has contado alguna vez las estrellas? ¿Y las piedras del fondo de este lago? No. No podrías. Pues aún menos podrías contar los latidos de amor de que es capaz mi corazón. ¿Has podido alguna vez contar cuántas veces este mar puede besar la orilla con su ósculo de ola en el curso de doce lunas? No. No podrías. Pues aún menos podrías contar las olas de amor que de este corazón se derraman para besar a los hombres. Estáte seguro, Pedro, de mi amor».

Pedro toma la mano de Jesús y la besa. Se le ve conmovido.

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Pedro pregunta si habrá muchos discípulos.