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ECR 172.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

Palabras clave

ECR 173.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No seáis hombres de poca fe. No os angustiéis por un futuro incierto, diciendo: “¿Cuando sea viejo, qué comeré?, ¿qué beberé?, ¿con qué me vestiré?”. Dejad estas preocupaciones para los gentiles, que no tienen la sublime certeza de la paternidad divina. Vosotros la tenéis, y sabéis que el Padre conoce vuestras necesidades y que os ama. Confiad, pues, en Él. Buscad primero las cosas verdaderamente necesarias: fe, bondad, caridad, humildad, misericordia, pureza, justicia, mansedumbre, las tres y las cuatro virtudes principales, y todas las demás; de forma que seáis amigos de Dios y tengáis derecho a su Reino. Os aseguro que todo lo demás se os dará por añadidura sin necesidad siquiera de pedirlo. No hay mayor rico que el santo, ni hombre más seguro que él. Dios está con el santo y el santo está con Dios. Por su cuerpo no pide, y Dios le provee de lo necesario; trabaja, antes bien, para su espíritu, y Dios mismo se da a él ya aquí, y después de esta vida le dará el Paraíso.

ECR 174.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Viene uno de los hombres. «Tengo una hija, Señor. Desgraciadamente, fue a Tiberíades con unas amigas. Fue como si hubiera respirado un gas tóxico. Volvió a mí como ebria. Quiere irse con un griego... y luego... Pero, ¿por qué tuvo que nacer! Su madre está enferma a causa de este dolor, hasta el punto de que quizás morirá. Sólo las palabras que te oí pronunciar el invierno pasado me disuaden de matarla. Pero — te lo confieso — mi corazón la ha maldecido ya».

«No. Dios, que es Padre, no maldice sino tras el pecado cumplido y obstinado. ¿Qué quieres de mí?».

«Que la conviertas».

«No la conozco, y está claro que ella no va a venir a mí».

«¡Tú puedes cambiar su corazón a distancia! ¿Sabes quién me ha enviado a ti? Juana de Cusa. Llegué a su palacio en el momento en que estaba saliendo para Jerusalén, para preguntarle si conocía a este griego infame. Pensaba que Juana no le conocería, porque, aunque viva en Tiberíades, es buena; pero, dado que Cusa trata con los gentiles... Efectivamente no le conocía, pero me dijo: “Ve donde Jesús, que me llamó el espíritu desde muy lejos y, al llamarme, me curó de mi etiquez: curará también el corazón de tu hija. Yo haré oración, tú ten fe”. Tengo fe, ya lo ves; ¡ten piedad, Maestro!».

«Tu hija, antes de que acabe el día, llorará sobre las rodillas de su madre; tú, por tu parte, sé bueno como la madre: perdona. El pasado ha muerto».

«Sí, Maestro. Será como Tú quieres. Bendito seas». Se vuelve para irse... Luego torna sobre sus pasos: «Perdona, Maestro, pero... tengo mucho miedo... ¡La lujuria es un demonio tan...! ¡Dame un hilo de tu vestido para meterlo bajo el cabezal de mi hija, para que el demonio no la tiente mientras duerme».

Jesús sonríe y menea la cabeza... Pero, para que el hombre se quede satisfecho, da su consentimiento y dice: «De acuerdo, para que estés más tranquilo. De todas formas, debes creer que cuando Dios dice: “quiero” el diablo se aleja sin necesidad de más cosas. Significa que conservarás esto como recuerdo mío». Y le da un fleco de una orla.

Detalle

Un hombre cuenta cómo fue a ver a Juana de Kouza a Tiberíades, después de que su hija hubiera sido seducida por un griego.

ECR 174.15 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No puedo permitir que la palabra de Dios se transforme en juguete de paganos...

Detalle

Jesús fue interrumpido por unos romanos burlones y libertinos. Por eso Cristo anuncia su partida del Monte de las Bienaventuranzas, y delante de Pedro, que está un poco sorprendido, dice lo siguiente.

Anotación

Exactamente en el espíritu de "No deis vuestras perlas a los cerdos". Un tema que Jesús desarrolla un poco más adelante.

ECR 176.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Amad sobre todo la voluntad de Dios».

«¡Sí, pero, si todo viene de ella, también de ella vendrán nuestros errores!» exclama Tomás con aire de filósofo.

«¿Tú crees? No es así.»

Anotación

Jesús elude su respuesta a Tomás, porque luego la convierte en tema de meditación para todos. Explica este punto en 176,4-5.

ECR 177.1-5 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús entra en Cafarnaúm. Viene de los campos. Le acompañan sólo los doce; es más, los once, porque Juan no está. Se producen los consabidos saludos de la gente: una gama muy variada de expresiones (desde los sencillísimos saludos de los niños, hasta los de las mujeres, un poco tímidos, o los de quienes han recibido la gracia de un milagro, extáticos, o incluso los curiosos o irónicos: los hay para todos los gustos). Jesús responde a todos según el modo en que es saludado: caricias para los pequeños; bendiciones para las mujeres; sonrisas para los agraciados; respeto profundo para los demás.

Pero esta vez a la serie se une el saludo del centurión del lugar — creo —. Su saludo es: «¡Salve, Maestro!». Jesús responde con su expresión: «¡Que Dios vaya a ti!».

El romano prosigue: «Hace varios días que te espero. Si no me reconoces como uno de los que te escuchaban en el Monte es porque estaba vestido de paisano. ¿No me preguntas por qué estaba allí?». Mientras, la gente se ha acercado, curiosa por ver cómo se desarrolla este encuentro.

«No te lo pregunto. ¿Qué quieres de mí?».

«La orden recibida es seguir a quienes reúnen en torno a sí a la gente, porque demasiadas veces Roma ha tenido que arrepentirse de haber concedido reuniones aparentemente justas. Pero, viendo y oyendo, he pensado en ti como en... como en...

177.2

Tengo un siervo que está enfermo, Señor. Yace en su lecho, en mi casa, paralizado a causa de un mal de huesos, y sufre terriblemente. Nuestros médicos no le curan. He invitado a los vuestros a venir a mi casa, porque estas enfermedades se originan en los aires corrompidos de estas regiones y vosotros las sabéis curar con las hierbas del suelo que produce la fiebre, el suelo de la orilla donde se estancan las aguas antes de ser absorbidas por las arenas del mar; pero se han negado a venir. Me apena porque es un siervo fiel».

«Iré y te lo curaré».

«No, Señor. No te pido tanto. Soy pagano, inmundicia para vosotros. Si los médicos hebreos temen contaminarse por poner pie en mi casa, con mayor razón será contaminadora para ti, que eres divino. No soy digno de que entres en mi casa. Si dices desde aquí una palabra, una sola, mi siervo quedará curado, porque tienes mando sobre todo lo que existe. Si yo — que soy un hombre que depende de muchas autoridades, la primera de las cuales es César (por lo cual tengo que obrar, pensar, actuar como se me dice) — puedo dar órdenes a los soldados que tengo bajo mi mando, de forma que si a uno le digo: “Ve”, al otro: “Ven”, y al siervo: “Haz esto”, el uno va a donde le mando, el otro viene porque le llamo, el tercero hace lo que le digo, pues Tú, que eres quien eres, serás inmediatamente obedecido por la enfermedad y desaparecerá».

«La enfermedad no es un hombre...» objeta Jesús.

«Tú tampoco eres un hombre, eres el Hombre; puedes, por tanto, imperar sobre los elementos y las fiebres, porque todo está sujeto a tu poder».

177.3

Algunas personalidades de Cafarnaúm se llevan un poco aparte a Jesús y le dicen: «Aunque sea un romano, atiéndele, porque es un hombre de bien y nos respeta y ayuda. Fíjate que ha sido él quien ha hecho construir nuestra sinagoga; además tiene controlados a sus soldados los sábados para que no nos ultrajen. Concédele, pues, esta gracia por amor a tu ciudad, a fin de que no se sienta defraudado y no se irrite y su amor hacia nosotros se vuelva odio».

Jesús, habiendo escuchado a éstos y al centurión, se vuelve a este último sonriendo y le dice: «Ve caminando, que ahora voy yo».

Pero el centurión insiste: «No, Señor. Como he dicho, el hecho de que vinieses a mi casa sería un gran honor, pero no merezco tanto; di sólo una palabra y mi siervo quedará curado».

«Pues así sea. Ve con fe. En este instante la fiebre le está dejando y la vida está volviendo a sus miembros; haz que también llegue a tu alma la Vida. Ve».

El centurión saluda militarmente, se inclina y se marcha.

177.4

Jesús se le queda mirando mientras se marcha, luego se vuelve hacia los presentes y dice: «En verdad os digo que no he encontrado tanta fe en Israel. Es verdad: [1]“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que habitaban en la oscura región de muerte ha surgido la Luz”, y: “El Mesías, alzada su bandera sobre las naciones, las reunirá”. ¡Oh, Reino mío, verdaderamente será incontable el número de los que a ti afluyan! Más que todos los camellos y dromedarios de Madián y de Efá, y que los transportadores de oro e incienso de Saba, más que todos los rebaños de Quedar y los carneros de Nebayot, serán los que a ti vayan, y mi corazón se dilatará de júbilo al ver venir a mí a los pueblos del mar y a las potencias de las naciones. Las islas me esperan para adorarme, los hijos de los extranjeros edificarán los muros de mi Iglesia, cuyas puertas siempre estarán abiertas para acoger a los reyes y a las potencias de las naciones y para santificarlos en mí. ¡Lo que Isaías vio se cumplirá! Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

«¿Estás profetizando que los gentiles estarán al mismo nivel que los hijos de Abraham?».

«No al mismo nivel, sino a nivel superior. Que esto os duela sólo por el hecho de que es culpa vuestra. No lo digo Yo, lo dicen los Profetas, y los signos ya lo están confirmando.

177.5

Ahora que alguno de vosotros vaya a casa del centurión para constatar que el siervo ha sido curado, como lo merecía la fe del romano. Venid. Quizás en la casa hay enfermos que esperan mi llegada».

Y Jesús, con los apóstoles y algún otro — la mayoría se ha lanzado, curiosa y alborotadora, hacia la casa del centurión — se dirige a la casa de siempre, a la casa en que se aloja los días que está en Cafarnaúm.

Anotación

Le saluda con: "¡Ave, Maestro! Salve en el original italiano, como en el Salve Regina, no Ave como en elAve Maria.

Llevo varios días esperándole. Usted no me reconoce, pero yo estaba entre los que le escuchaban en la montaña. Iba vestida de paisano. De hecho, Maria Valtorta había notado su presencia el martes(EMV 171.1).

Son enfermedades que provienen del aire corrompido de estas regiones: Las fiebres de los pantanos (fiebre amarilla o paludismo) causaron graves epidemias en la antigüedad. Se mencionan varias veces en la obra. Durante siglos, estas fiebres se atribuyeron al aire malsano (aria cattiva, de donde procede la palabra italiana mala aria = aire viciado), sin establecer nunca la relación con los mosquitos. Maria Valtorta está dando a conocer una opinión que concuerda perfectamente con la creencia romana y que no está relacionada con sus conocimientos como enfermera.

Sabe curarlos con hierbas de la tierra febril de la orilla donde las aguas se estancan antes de ser absorbidas por la arena del mar. Se trata sin duda de la agrimonia (agrimonia eupatoria), que crece en los pantanos. Plinio la menciona. Su infusión se utiliza para combatir el paludismo (de palus = pantano, en latín). El pantano costero mencionado por el centurión podría ser Dor (actual Al Tantura), al sur del monte Carmelo. No se desecó hasta 1892. La malaria hacía estragos allí.

Piensa que fue él quien mandó construir la sinagoga. Sólo Lucas 7:5 menciona este detalle.

Os aseguro que vendrán muchos del este y del oeste y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores, donde será el llanto y el crujir de dientes. Este es el final del relato de Mateo 8:11-12, mientras que Lucas lo menciona en otro lugar (Lucas 13:28-29).

Jesús, acompañado de los apóstoles y de algunas otras personas, se dirigió a la casa donde solía alojarse cuando estaba en Cafarnaún. La casa de Tomás de Cafarnaún. Tomás era probablemente un pariente lejano de Jesús.

Evangelio de Mateo 8, 5-13

Mt 8, 5-13 : Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó: "Señor, mi criado yace paralítico en casa, sufriendo terriblemente. Jesús le dijo: "Iré yo mismo y le curaré". El centurión le respondió: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, pero di la palabra y mi criado quedará sano. Yo mismo, que estoy bajo autoridad, tengo soldados a mis órdenes; a uno le digo: "Ve", y va; a otro: "Ven", y viene; y a mi esclavo: "Haz esto", y lo hace." Jesús se maravilló de estas palabras y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que no he encontrado en nadie de Israel una fe semejante. Por eso os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente y ocuparán sus puestos con Abraham, Isaac y Jacob en el banquete del reino de los cielos, pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el crujir de dientes. Jesús dijo al centurión: "Vete a tu casa y que se te haga conforme a tu fe. Y el criado quedó sano en aquella misma hora.

Evangelio de Lucas 7, 1-10

Lc 7, 1-10 : Cuando Jesús terminó de explicar todas sus palabras a la gente, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión cuyo esclavo estaba enfermo y a punto de morir, y el centurión le tenía mucho cariño. Cuando oyó hablar de Jesús, envió a algunos judíos notables para pedirle que viniera a salvar a su esclavo. Cuando llegaron hasta Jesús, le rogaron encarecidamente: "Se lo merece. Ama a nuestra nación: fue él quien nos construyó la sinagoga". Jesús se puso en camino con ellos, y ya no estaba lejos de la casa, cuando el centurión envió a unos amigos a decirle: "Señor, no te tomes esta molestia, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso no me he dado permiso para venir a verte. Pero di la palabra y deja que mi siervo se cure. Yo estoy subordinado a una autoridad, pero tengo soldados a mis órdenes; a uno le digo: 'Ve', y va; a otro: 'Ven', y viene; y a mi esclavo: 'Haz esto', y lo hace." Al oír esto, Jesús quedó admirado de él. Se volvió y dijo a la multitud que le seguía: "Os aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe. Cuando volvieron a casa, encontraron al esclavo en buen estado de salud.

Evangelio de Lucas 13, 28-29

Lc 13, 28-29 : Entonces será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera. Vendrán de Oriente y de Occidente, de Aquilón y del Sur, y ocuparán sus puestos en el banquete del reino de Dios.

Libro de Isaías, 9, 1

Is 9, 1 : El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz, y la luz ha brillado sobre los que vivían en tierra de sombra de muerte.

Libro de Isaías 11, 10-12

Is 11, 10-12 : Y acontecerá en aquel día que la raíz de Jesé, levantada como estandarte para los pueblos, será buscada por las naciones, y su morada será gloriosa. Y acontecerá en aquel día, que el Señor extenderá su mano por segunda vez para redimir al resto de su pueblo, al resto de las tierras de Asiria y Egipto, de Patros, Etiopía, Elam, Sennaar, Hamat y las islas del mar. Levantará un estandarte para las naciones y reunirá a los desterrados de Israel; reunirá a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra.

Libro de Isaías 60, 5-10

Is 60, 5-10 : Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón saltará y se ensanchará; porque vendrán a ti las riquezas del mar, los tesoros de las naciones. Multitudes de camellos te cubrirán, los dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá, trayendo oro e incienso, y proclamarán las alabanzas de Yahvé. Todos los rebaños de Cedar se reunirán contigo; los carneros de Nabaiot te servirán; subirán a mi altar como ofrenda agradable, y glorificaré la casa de mi gloria.

¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, como palomas a su palomar? Porque las islas esperan en mí, y las naves de Tarsis vendrán primero; para traer de lejos a tus hijos, con su plata y su oro, para honrar el nombre de Yahvé, tu Dios, y del Santo de Israel, porque él te ha glorificado. Los hijos de los extranjeros construirán tus murallas, y sus reyes serán tus siervos; porque yo te golpeé con mi ira, pero en mi bondad tuve compasión de ti.

ECR 177.4 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

«¿Estás profetizando que los gentiles estarán al mismo nivel que los hijos de Abraham?».

«No al mismo nivel, sino a nivel superior. Que esto os duela sólo por el hecho de que es culpa vuestra. No lo digo Yo, lo dicen los Profetas, y los signos ya lo están confirmando.»

Detalle

Jesús habla a los judíos.

ECR 179.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En el pueblo elegido deberían encontrarse por todas partes espíritus preparados para recibir a este Mesías en cuya espera se consumieron de ansiedad los Patriarcas y los Profetas; a este Mesías que por fin ha venido, precedido y acompañado por todos los signos profetizados; a este Mesías cuya figura espiritual se delinea cada vez más clara a través de los milagros visibles, en los cuerpos y en los elementos, y de los milagros invisibles en las conciencias que se convierten, y en los gentiles que se vuelven al Dios verdadero. Y, sin embargo, no es así. Precisamente en los hijos de este pueblo la prontitud para seguir al Mesías se ve fuertemente obstaculizada, y, además, aunque duela decirlo, a medida que se sube a las clases más altas, más obstaculizada está. No lo digo para escandalizaros, sino para induciros a orar y a reflexionar.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué gentiles y pecadores avanzan más por mi camino?, ¿por qué acogen lo que Yo digo, y los otros no? Porque los hijos de Israel están anclados; es más, incrustados como madreperlas al banco en que nacieran. Porque están saturados, henchidos de su sabiduría, que los ha engordado, y no saben abrir camino a la mía desprendiéndose de lo superfluo para hacer espacio a lo necesario. Los otros no padecen esta esclavitud: son pobres paganos, o pobres pecadores, desancorados como naves a la deriva; son pobres, que no tienen tesoros propios, sino que sólo poseen fardos de errores y pecados de los que se desprenden con gozo en cuanto logran comprender la Buena Nueva y prueban su dulzura corroborante, bien distinta del desagradable revoltijo de sus pecados.

ECR 180.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escuchad ahora el espíritu de la parábola.

Tenemos cuatro tipos de campos: los fértiles, los espinosos, los pedregosos y los que están llenos de senderos. Tenemos también cuatro tipos de espíritus.

Por una parte, están los espíritus honestos, los espíritus de buena voluntad, preparados por esta misma buena voluntad y por la obra buena de un apóstol, de un “verdadero” apóstol. Porque hay apóstoles que tienen el nombre pero no el espíritu de apóstoles: su efecto sobre las voluntades que se están formando es más mortífero que los propios pájaros, espinos y piedras; con sus intransigencias, prisas, reprensiones y amenazas, trastocan todo, de tal forma, que alejan para siempre de Dios. Hay otros que, al contrario, por regar continuamente benevolencia desfasada, ajan la semilla en un terreno demasiado blando. Enervan, con su enervamiento, las almas que están bajo su custodia. Mas refirámonos a los verdaderos apóstoles, es decir, a los espejos límpidos de Dios: son paternos, misericordiosos, pacientes, y, al mismo tiempo, fuertes como su Señor. Pues bien, los espíritus preparados por éstos y por la propia voluntad se pueden comparar a los campos fértiles, exentos de piedras y zarzas, limpios de malas hierbas y cizaña; en ellos prospera la palabra de Dios; cada palabra — una semilla — produce una macolla y luego espigas maduras, y da en unos casos el cien, en otros el sesenta, en otros el treinta por ciento. ¿Entre los que me siguen hay de éstos? Sin duda. Y serán santos. Los hay de todas las castas, de todos los países, incluso gentiles hay (que darán también el cien por ciento por su buena voluntad; por ella únicamente, o también, además de por ella, por la de un apóstol o discípulo que me los prepara).

Detalle

Jesús explica la parábola del sembrador.