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Notas del tema

Religiones y creencias

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Comodidad de lectura

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ECR 79.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Por qué escandalizar mostrando desprecio hacia la Ley? Para decir “seguidme”, hace falta caminar. Para conducir por un camino santo, hay que recorrer el mismo camino. ¿Cómo habría podido, o cómo podría, decir “sed fieles”, si Yo fuera infiel?».

«Creo que este error es la causa de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos abaten al pueblo cargándole los preceptos, y luego... luego hacen come aquel que ha profanado la casa de Juan transformándola en un lugar de vicio» observa Simón.

«Es uno de Herodes…» rebate Judas Iscariote.

«Sí, Judas. Pero las mismas culpas están presentes en las castas que se dicen — ellas mismas se lo dicen — santas. ¿Qué opinas Tú de esto, Maestro?» dice Simón.

«Opino que sólo en el caso de que haya un puñado de verdadera levadura y de verdadero incienso en Israel se formarà el pan y se perfumarà el altar».

«¿Qué quieres decir?».

«Quiero decir que si alguien viene a la Verdad con corazón recto, la Verdad se esparcirà como levadura en la masa de la harina y como incienso por todo Israel».

Detalle

Jesús declara:

ECR 80

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega al Lugar de la Tentación, acompañado de Juan, Judas y Simón el Zelote. Es un lugar desolado. Judas pensaba que sólo había estado allí unas horas, pero el Señor le demostró que estaba equivocado. Le explicó que había ido allí para preparar su Misión. El Iscariote pensó que había estado con algunos maestros y rabinos, pero ¿quién podía enseñar algo a la Palabra de Dios?

Jesús explicó entonces que los hombres tienen un destino y que deben elegir entre el Amigo o Satanás. Por último, sugirió a los apóstoles que se quedaran aquí unos días para enseñarles el poder de la penitencia. Juan y Simón el Zelote aceptaron de buen grado. Judas se mostró menos entusiasta, pero no se atrevió a marcharse.

Al cabo de unos días, la visión de María continuó. Jesús explicó que su estancia en el desierto había durado cuarenta días y había tenido lugar durante el invierno. Explicó su bautismo, dado por Juan, y luego la Tentación del Diablo. En particular, habla de su naturaleza de Dios-Hombre y responde también a la pregunta de Judas sobre si pudo o no ser tentado. Al final de su discurso, pide a los discípulos que no hablen a María de la hostilidad del mundo hacia Jesús. Ella sufriría demasiado...

ECR 80.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los esenios "niegan la inmortalidad del alma negando la resurrección final y niegan la libertad de acción del hombre imputando virtudes y vicios, acciones santas y malvadas, al destino, que consideran fatal e invencible."

ECR 80.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

80.3 ¿A dónde querrías que hubiera ido a prepararme, Judas?».

Judas está perplejo, desorientado. Al final responde: «No sé... Pensaba... con algún rabí... con los esenios... no sé».

«¿Y podía Yo encontrar un rabí que me dijera más que lo que me decía la Potencia y la Sabiduría de Dios? ¿Y podía Yo — Yo, Verbo Eterno del Padre, Yo, que era cuando el Padre creó al hombre, y que sé de qué espíritu inmortal y animado, y de qué poder de juicio libre y capaz ha dotado el Creador al hombre — podía ir a procurarme ciencia y capacidad a donde aquellos que niegan la inmortalidad del alma negando la resurrección final y niegan la libertad de acción del hombre imputando virtudes y vicios, acciones santas y malvadas, al destino, que consideran fatal e invencible? ¡No! ¡No!

Tenéis un destino, sí, lo tenéis; en la mente de Dios, que os crea, hay un destino para vosotros. Os lo desea el Padre y es destino de amor, de paz, de gloria: “la santidad de ser sus hijos”. Éste es el destino que, presente en la mente divina desde el momento en que con el barro fue hecho Adán, estará presente hasta la última creación de alma de hombre. Pero el Padre no os violenta en cuanto se refiere a vuestra condición regia. El rey, si está prisionero, ya no es rey: es un ser abyecto. Vosotros sois reyes porque sois libres en vuestro pequeño reino individual, en el yo; en él podéis hacer lo que queráis, como queráis.

80.4 Frente a vuestro pequeño reino y en sus fronteras tenéis a un Rey amigo y dos potencias enemigas. El Amigo os muestra las reglas dadas por Él para hacer felices a los suyos. Os las muestra. Os dice: “Aquí están; con estas reglas es segura la eterna victoria”. Os las muestra — Él, el Sabio y Santo — para que podáis, si queréis hacerlo, practicarlas y obtener gloria eterna. Las dos potencias enemigas son Satanás y la carne. En la carne incluyo la vuestra y la del mundo, o sea, las pompas y seducciones del mundo, o sea, la riqueza, las fiestas, los honores, el poder que del mundo y en el mundo se tienen, y que no siempre se tienen honradamente, y menos aún se saben usar honradamente si por un complejo de causas el hombre llega a esas cosas.

Satanás, maestro de la carne y del mundo, también habla a través de éste y de la carne; también él tiene sus reglas... ¡Oh, que si las tiene!... Y — dado que el yo está envuelto en carne y la carne tiende a la carne como las limaduras de hierro tienden hacia el imán, y, dado que el canto del Seductor es más dulce que el gorgorito del ruiseñor en celo entre rayos de luna y perfume de rosales — es más fácil ir hacia estas reglas, volverse hacia estas potencias, decirles: “Os considero amigas, entrad”. Entrad... ¿habéis visto alguna vez a un aliado que permanezca siempre honesto, sin pedir el ciento por uno a cambio de la ayuda prestada? Así hacen esas potencias. Entran... Y se hacen las dueñas. ¿Dueñas? No: cómitres. Os atan, ¡oh hombres!, a su banco de galera, os encadenan ahí, no os dejan alzar ya el cuello de su yugo, y su látigo os llena de surcos de sangre, si tratáis de huir de ellas: o dejarse herir hasta llegar a ser un amasijo de carne hecha pedazos (tan inútil, como carne, que hasta su cruel pie la desprecia), o morir bajo ellas.

Si sabéis proporcionaros ese martirio, proporcionaros ese martirio, entonces pasa la Misericordia, la Única que todavía puede tener piedad de esa repugnante miseria de la cual el mundo — uno de sus dueños — siente ahora asco y contra la cual el otro dueño, Satanás, envía sus flechas de venganza. Y la Misericordia, la Única que pasa, se agacha, la recoge, la atiende, la vuelve a sanar y le dice: “Ven, no temas, no te mires porque tus llagas, a pesar de haber cicatrizado ya, son tan innumerables que te causarían horror por lo mucho que te afean. Yo no te las miro, miro tu voluntad; por esa voluntad buena estás marcada así. Por eso Yo te digo: Te amo, ven conmigo”... Y la lleva a su Estado. Entonces podéis entender que Misericordia y Rey amigo son una misma persona. Halláis de nuevo las reglas que Él os había mostrado y que vosotros no habías querido seguir. Ahora lo deseáis... y llegáis a la paz: de la conciencia, primero; a la paz de Dios, después.

Decidme, entonces, ¿este destino lo impuso Uno Solo para todos, o cada uno, individualmente, lo deseó para sí?».

«Cada uno lo deseó».

«Juzgas bien, Simón. ¿Podía ir Yo a formarme con aquellos que niegan la beata resurrección y el don de Dios?»

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Una visión más amplia sobre el destino del ser humano, su libertad y su libre albedrío.

ECR 85

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús subió al Templo de Jerusalén con Simón el Zelote para orar al Padre. No tenía intención de predicar allí. Ligera referencia a los pastores de Belén. Jesús planea lo que van a hacer: ir a ver a Jonás, ir a Nazaret y luego a Cafarnaún. También se reunirán con los demás discípulos. Hablan del alma, luego de la hermosa Galilea, de Nazaret y de María. Judas predica a los hombres del Templo. Simón se arrepiente de haber pensado mal de él en EMV 83. Los dos hombres van luego al encuentro de Juan en el Olivar, en Getsemaní. Allí conoce a la madre de Annalia, Elisa, y la anima a ir a ver a Jesús porque su hija está muy enferma.

ECR 86

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús se encuentra en la Puerta de Piscis, donde ha de reunirse con Judas y los pastores (Isaac, Leví y José). Se encuentra con el soldado Alejandro, que le invita a calmar a los judíos. Jesús dirige un breve discurso a sus hermanos en la fe. Luego sigue hablando con Alejandro, en particular sobre el alma. Entonces llegan Judas y los pastores. Annalia, que había sido curada, llega también para bendecir al Salvador y, tras decirle unas palabras, el Señor la deja marchar. Finalmente, Judas le habló. Estaba desanimado, así que Jesús le animó y le dijo que las derrotas son normales en el apostolado, pero que luego todo se transforma en victoria. Por último, habló a los pastores y ahí terminó todo.

ECR 86.1

El Evangelio como me ha sido revelado

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