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Notas de la palabra clave

Simón el adúltero de Cafarnaúm (hijo de Isaac)

Comodidad de lectura

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ECR 96

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús predica en Betsaida, en compañía de los habitantes de Cafarnaún. Les dijo que los poderosos harían todo lo posible por acusar a Cristo y apartarlos del Mesías. Luego habló de la hermosa mujer de Corazín a la que había curado, y dijo que volvería a salir a los pecadores porque él era el Salvador. También insiste en que las mujeres de Betsa¨ide perdonen sus adulterios y los pecados que ella ha cometido en el pasado. No quiere que sean tigresas, sino mansas ovejas. Habla un momento del profundo arrepentimiento de la Bella, luego del bautismo y de la hipocresía de algunas personas.

Cuando el tema está cerrado, Jesús habla de los corredentores y del hecho de que los propios ángeles no pueden sufrir. Subraya que sufrir es un destino glorioso y que los hombres superan en esto a los ángeles. Por último, insiste en la pureza, en particular la de los ojos (el ojo es la lámpara del cuerpo). Luego habla del matrimonio, así como de la castidad y la virginidad en el matrimonio. El discurso termina ahí. Fue a comer a casa de Felipe y Mateo escuchó todo discretamente.

ECR 163.1-6

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús va a ver a Elías, que le ha invitado a un banquete. Otros cuatro fariseos están presentes: Urías, Joaquín, Simón y Samuel. Por parte de Cristo, le acompaña Judas. Los demás no vienen y, cuando Elías se fija en él, le preocupa que se hayan sentido ofendidos por su comportamiento en el pasado. Pero Jesús le asegura que sus discípulos no guardan rencor ni se enorgullecen de su susceptibilidad.

El Señor dirige unas palabras a Eliseo y luego se sientan todos a comer. Empezaron a hablar del acoso de los romanos y de los impuestos de los fariseos. Se ofendieron y pidieron a Jesús su opinión. Él respondió que, como judío, le angustiaban las incursiones romanas en los lugares de oración, pero que, como hombre, no le angustiaban. Explicó lo que pensaba, señalando que sus interlocutores hacían negocios en las sinagogas para poder ocultar dinero al fisco, a salvo de oídos indiscretos, y que por eso los romanos entraban en los lugares de culto. Él, en cambio, es pobre y no tiene que preocuparse por eso, pero anima a sus interlocutores a ser honestos, a decir la verdad sobre sus riquezas.

La conversación gira entonces en torno a la restauración del Reino de Israel, y Jesús cita el Antiguo Testamento, cuando Saúl ofreció el sacrificio sin Samuel, en contra de las órdenes del Señor. Saúl no siguió siendo rey. Del mismo modo, Dios conoce su tiempo y Jesús habla muy claramente de su Reino, que será universal y no se instaurará por rebelión.

Por último, el Mesías anima a Elías a que le acompañe a dar la ofrenda a los pobres, pero Elías se niega, alegando que está viejo y cansado. Le dijo que fuera con Judas, a quien conocían bien, y una vez fuera, el Iscariote saltó de rabia. Jesús le tranquiliza y le aconseja que deje todo el juicio a Dios.