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Notas de la palabra clave

Juan de Zebedeo (apóstol)

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ECR 52.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

52.4 Y en este momento la visión sufre un cambio. Veo, en vez de la casa, un pueblo. No sé si es Caná u otra aldea cercana. Y veo a Jesús con Juan y otro, que me parece que es Judas Tadeo (pero podría equivocarme respecto al segundo). Por lo que respecta a Juan, no me equivoco. Jesús está vestido de blanco y tiene un manto azul marino. Al oír el sonido de los instrumentos, el compañero de Jesús pregunta algo a un hombre de condición sencilla y transmite la respuesta a Jesús.

«Vamos a darle una satisfacción a mi Madre» dice entonces Jesús sonriendo. Y se encamina por las tierras, con sus dos compañeros, hacia la casa. Me he olvidado de decir que tengo la impresión de que María es o pariente o muy amiga de los parientes del novio, porque se ve que los trata con familiaridad.

Cuando Jesús llega, la persona de antes, puesta como centinela, avisa a los demás. El dueño de la casa, junto con su hijo, el novio, y con María, baja al encuentro de Jesús y le saluda respetuosamente. Saluda también a los otros dos. El novio hace lo mismo.

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María ve los preparativos de la boda en Caná.

ECR 52.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

52.5 Jesús sube al lado de su Madre; detrás, los discípulos y los dueños de la casa. Entra en la sala del banquete, donde las mujeres se ocupan de añadir asientos y cubiertos para los tres invitados, inesperados según me parece. Yo diría que era dudosa la venida de Jesús y absolutamente imprevista la de sus compañeros.

Oigo con nitidez la voz llena, viril, dulcísima del Maestro decir al poner pie en la sala: «La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobre todos vosotros»: saludo global y lleno de majestad para todos los presentes. Jesús domina con su aspecto y estatura a todos. Es el invitado, y además fortuito, pero parece el rey del convite; más que el novio, más que el dueño de la casa. A pesar de ser humilde y condescendiente, es Él quien se impone.

Jesús toma asiento en la mesa del centro, con el novio, la novia, los parientes de los novios y los amigos más notables. A los dos discípulos, por respeto al Maestro, se los coloca en la misma mesa.

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Jesús está en las bodas de Caná.

ECR 52.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El banquete comienza. Le aseguro que no falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son Jesús y su Madre, la cual, además, habla poquísimo. Jesús habla un poco más. Pero, a pesar de ser parco de palabras, no se manifiesta ni enfadado ni desdeñoso. Es un hombre afable, pero no hablador. Si le consultan algo, responde; si le hablan, se interesa, expone su parecer, pero después se recoge en sí como quien está habituado a meditar. Sonríe, nunca ríe. Y, si oye alguna broma demasiado irreflexiva, hace como si no escuchara. María se alimenta de la contemplación de su Jesús, como Juan, que está hacia el fondo de la mesa y atentísimo a los labios de su Maestro.

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Comportamiento y carácter de Jesús y María en las bodas de Caná.

ECR 55.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«El camino es largo, está oscura la noche, las patrullas romanas están por la ciudad. Yo te digo: si quieres, quédate con nosotros».

«¡Oh..., Maestro!». Se le ve feliz a Tomás.

«Haced un hueco vosotros. Y dadle todos algo al hermano». Por su parte, Jesús le da la porción de queso que tenía delante. Explica a Tomás: «Somos pobres y la cena casi se ha terminado. Pero hay mucho corazón en quien da». Y a Juan, que está sentado a su lado, le dice: «Cédele el puesto al amigo».

Juan se levanta en seguida y va a sentarse en la esquina de la mesa, cerca del dueño de la casa.

«Siéntate, Tomás. Come».

ECR 56.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y nosotros?».

«¿Vosotros, Pedro? Volveréis a las redes».

«¿Por qué?».

«Porque pienso instruiros lentamente y tomaros conmigo cuando os vea preparados».

«Pero, entonces, ¿te veremos?».

«Claro. Iré frecuentemente. Os avisaré, si no, cuando esté en Cafarnaúm. Ahora despedíos, amigos, y vamos. Os bendigo a vosotros que os quedáis. Mi paz con vosotros».

Y termina la visión.

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Jesús dio instrucciones a Andrés, Judas de Alfeo y Simón el Zelote. Pedro habló entonces en nombre de los que habían quedado, es decir, él mismo, Andrés, Santiago y Juan de Zebedeo, Felipe y Bartolomé.

ECR 57.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.1 Jesús llega con su primo y los seis discípulos a las proximidades de Nazaret. Desde lo alto del alcor en que se encuentran se ve — blanca entre el verde — la pequeña, linda ciudad subir y bajar por las laderas en que está construida (un dulce ondular de laderas: en unos lugares apenas perceptible; en otros, más marcado).

«Hemos llegado, amigos. Ved allí mi casa. Sale humo de ella. Mi Madre está dentro. Quizás esté haciendo el pan. No os digo que os quedéis, porque pienso que estaréis deseando llegar a casa. Pero si queréis partir conmigo el pan, y conocer a Aquella que Juan conoce, os digo: “¡Venid!”».

Los seis, que ya estaban tristes por la separación inminente, se ponen de nuevo del todo contentos y aceptan de corazón.

«Vamos, entonces».

Bajan a buen paso la pequeña colina y toman la calzada principal. Anochece. Todavía hace calor, pero ya las sombras descienden sobre los labrantíos, donde las mieses comienzan a madurar.

Entran en el pueblo. Mujeres que van y vienen de la fuente, hombres a la puerta de los minúsculos talleres o en los huertos saludan a Jesús y a Judas.

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Jesús invita a los discípulos a conocer a su Madre por primera vez (excepto Juan, que ya la conoce).

ECR 57.3-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Amigos, venid!».

Entran y saludan. Judas besa a María y luego corre a buscar a su madre.

Jesús nombra a los cinco: Pedro, Andrés, Santiago, Natanael, Felipe; porque Juan, a quien María ya conocía, la ha saludado inmediatamente después de Judas, inclinándose y recibiendo su bendición.

57.4 María los saluda y los invita a sentarse. Es la señora de la casa y, aun adorando con la mirada a su Jesús — parece que el alma continúe hablando, por los ojos, con el Hijo — se ocupa de los huéspedes. Querría llevar agua para que repusieran fuerzas. Pero Pedro salta: «No, Mujer. No puedo permitirlo. Tú siéntate junto a tu Hijo, Madre santa. Voy yo. Ahora vamos al huerto, a refrescarnos».

Acude María de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a Jesús, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¡Oh, María!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ¡Qué contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mía. Sé que los otros me reprobarán. Pero no me importa. Seré feliz el día en que sepa que todos son de Jesús. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los míos eres Tú, Jesús».

Jesús le acaricia la cabeza sonriéndole.

Vuelven los discípulos y María de Alfeo sirve pan fragante, aceitunas y queso. Trae una pequeña ánfora de vino tinto. Jesús llena los vasos de sus amigos. Es siempre Jesús quien ofrece, y luego distribuye.

57.5 Un poco azorados al principio, los discípulos se sienten más seguros y hablan de sus casas, del viaje a Jerusalén, de los milagros acaecidos. Se sienten llenos de celo y de afecto, y Pedro trata de hacer de María una aliada para obtener que Jesús los tome en seguida sin previa espera en Betsaida.

Ella, con una suave sonrisa los exhorta: «Haced todo lo que Él dice. Esta espera os granjeará más beneficios que una unión inmediata. Mi Jesús todo lo que hace lo hace bien».

La esperanza de Pedro muere. Pero se resigna con elegancia. Sólo pregunta: «¿Durará mucho la espera?».

Jesús le mira sonriéndole, pero no dice nada más.

María interpreta esa sonrisa como un signo benévolo, y dice: «Simón de Jonás, Él sonríe... por eso yo te digo: ligero como vuelo de golondrina será el tiempo de tu espera obediente».

«Gracias, Mujer».

57.6 «¿No hablas, Judas? ¿Y tú, Juan?».

«Te miro, María».

«Yo también».

«También yo os miro y... ¿Sabéis?... me viene a la mente una hora lejana. También entonces tenía siempre tres pares de ojos fijos en mi rostro con amor. ¿Te acuerdas, María, de mis tres discípulos?».

«¡Ah, que si me acuerdo!... ¡Es cierto! También ahora tres, de la misma edad más o menos, te miran con todo su amor. Y éste, Juan, creo, me parece el Jesús de entonces, tan rubio y rosado, y el más joven».

Los otros se muestran deseosos de saber. Recuerdos y anécdotas fluyen con el tiempo en las palabras. Cae la noche.

«Amigos, Yo no tengo habitaciones. Pero allí está el taller donde trabajaba. Si queréis cobijaros allí... Sólo están los bancos».

«Cama cómoda para pescadores habituados a dormir en estrechos tablones. Gracias, Maestro. Dormir bajo tu techo es honor y santificación».

Se retiran despidiéndose efusivamente. También Judas se retira con su madre; van a su casa.

En esta habitación quedan Jesús y María, sentados sobre el arca, a la luz de la lamparita, un brazo en el hombro del otro, y Jesús cuenta, y María escucha, dichosa, trémula, contenta...

La visión termina así.

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María tiene una discusión con Pedro y le da un consejo parecido al de Caná: "Haced lo que él os diga".

ECR 57.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.6 «¿No hablas, Judas? ¿Y tú, Juan?».

«Te miro, María».

«Yo también».

«También yo os miro y... ¿Sabéis?... me viene a la mente una hora lejana. También entonces tenía siempre tres pares de ojos fijos en mi rostro con amor. ¿Te acuerdas, María, de mis tres discípulos?».

«¡Ah, que si me acuerdo!... ¡Es cierto! También ahora tres, de la misma edad más o menos, te miran con todo su amor. Y éste, Juan, creo, me parece el Jesús de entonces, tan rubio y rosado, y el más joven».

Los otros se muestran deseosos de saber. Recuerdos y anécdotas fluyen con el tiempo en las palabras. Cae la noche. (...)

Detalle

El parecido de Juan con Jesús.