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Notas del tema

Libros del Antiguo Testamento

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ECR 6.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

6.6 Dice Jesús:

«Salomón pone en boca de la Sabiduría estas palabras: “Quien sea niño venga a mí”. Y verdaderamente, desde la roca, desde los muros de su ciudad, la eterna Sabiduría le decía a la eterna Niña: “Ven a mí”. Se consumía por tenerla. Pasado un tiempo, el Hijo de la Doncella purísima dirá: “Dejad que los niños vengan a mí, porque el Reino de los Cielos es de ellos, y quien no se haga como ellos no tendrá parte en mi Reino”. Las voces se buscan recíprocamente y, mientras la voz proveniente del Cielo grita a la pequeñuela María: “Ven a mí”, la voz del Hombre dice: “Venid a mí si sabéis ser niños”, y al decirlo piensa en su Madre.

Os doy el modelo en mi Madre.

Ella es la perfecta Niña con corazón de paloma sencillo y puro, Aquélla a quien ni los años ni el contacto con el mundo enrudecen bárbaramente, corrompiendo su espíritu o haciéndole tortuoso o mentiroso. Porque Ella no lo quiere. Venid a mí mirando a María.

Anotación

Salomón dijo: Proverbios 9:4.

Más tarde, el Hijo del Niño Puro dirá: "Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos; el que no es como ellos no tiene parte en mi reino. " Jesús dirá esto en EMV 378.8 y en Mateo 19, 14-15; Marcos 10, 13-14, y Lucas 18, 15-17.

Evangelio de Mateo 19, 14-15

Mt 19, 14-15 : Jesús les dijo: "Dejad en paz a estos niños y no les impidáis que vengan a mí, porque el reino de los cielos es para los que son como ellos. "Y, imponiéndoles las manos, siguió su camino.

Evangelio de Lucas 18, 15-17

Lc 18, 15-17 : Algunas personas le trajeron a sus niños pequeños para que los tocara; al ver esto, sus discípulos les reprendieron. 16Pero Jesús, llamando a los niños, les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. 17En verdad os digo que el que no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él. "

Evangelio de Marcos 10, 13-14

Mc 10, 13-14 : Le traían niños pequeños para que los tocara. Pero los discípulos reprendieron a los que los traían. Al ver esto, Jesús se indignó y les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de los Cielos es de los que son como ellos."

ECR 7.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hasta este punto, ayer por la tarde; hoy por la mañana se ha vuelto a presentar y continúa así:

«¡Mamá! ¡Mamá!». La tortolita blanca está toda en el nido de las rodillas maternas, apoyando sus piececitos sobre la hierba corta, y la carita en el regazo materno. Sólo se ve el oro pálido de su pelito sobre la sutil nuca que Ana se inclina a besar con amor.

7.2 ­Luego la tortolita levanta su pequeña cabeza y entrega sus florecillas: todas para su mamá. Y de cada flor cuenta una historia creada por Ella.

Ésta, tan azul y tan grande, es una estrella que ha caído del cielo para traerle a su mamá el beso del Señor... ¡Que bese en el corazón, en el corazón, a esta florecilla celeste, y percibirá que tiene sabor a Dios!...

Y esta otra, de color azul más pálido, como los ojos de su papá, lleva escrito en las hojas que el Señor quiere mucho a su papá porque es bueno.

Y esta tan pequeñita, la única encontrada de ese tipo (una miosota), es la que el Señor ha hecho para decirle a María que la quiere.

Y estas rojas, ¿sabe su mamá qué son? Son trozos de la vestidura del rey David, empapados de sangre de los enemigos de Israel, y esparcidos por los campos de batalla y de victoria. Proceden de esos limbos de regia vestidura hecha jirones en la lucha por el Señor.

En cambio ésta, blanca y delicada, que parece hecha con siete copas de seda que miran al cielo, llenas de perfumes, y que ha nacido allí, junto al fontanar — se la ha cogido su papá de entre las espinas —, está hecha con la vestidura que llevaba el rey Salomón cuando, el mismo mes en que nació esta Niña descendiente suya, muchos años — ¡oh, cuántos, cuántos antes¡ — muchos años antes, él, con la pompa cándida de sus vestiduras, caminó entre la multitud de Israel ante el Arca y ante el Tabernáculo, y se regocijó por la nube que volvía a circundar su gloria, y cantó el cántico y la oración de su gozo.

«Yo quiero ser siempre como esta flor, y, como el rey sabio, quiero cantar toda la vida cánticos y oraciones ante el Tabernáculo» termina así la boquita de María.

«¡Tesoro mío! ¿Cómo sabes estas cosas santas? ¿Quién te las dice? ¿Tu padre?».

«No. No sé quién es. Es como si las hubiera sabido siempre. Pero quizás me las dice alguien, alguien a quien no veo. Quizás uno de los ángeles que Dios envía a hablarles a los hombres buenos. »

Anotación

Primer libro de los Reyes 8, 1-5

1 Reyes 8, 1-5: Salomón reunió en Jerusalén a los ancianos de Israel y a todos los jefes de las tribus, a los jefes de las familias de los hijos de Israel, para ir a buscar el Arca de la Alianza del Señor a la ciudad de David, es decir, a Sión. Todos los hombres de Israel se reunieron bajo el rey Salomón en el mes séptimo, durante la fiesta de los Tabernáculos. Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes se hicieron cargo del Arca. Tomaron el Arca del Señor y la Tienda del Encuentro con todos los objetos sagrados que había en ella; los sacerdotes y los levitas los llevaron. El rey Salomón y, con él, todo el pueblo de Israel al que había convocado para estar con él ante el Arca ofrecieron ovejas y bueyes como sacrificios: eran tantos que no se podían contar ni medir.

ECR 7.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

7.3 Mamá, ¿me sigues contando alguna otra historia?...».

«¡Oh, hija mía! ¿Cuál quieres saber?».

María se queda pensando; seria y recogida como está, habría que pintarla para eternizar su expresión. En su carita infantil se reflejan las sombras de sus pensamientos. Sonrisas y suspiros, rayos de sol y sombras de nubes pensando en la historia de Israel. Luego elige: «Otra vez la de Gabriel y Daniel, en que está la promesa del Cristo».

Y escucha con los ojos cerrados, repitiendo en voz baja las palabras que su madre le dice, como para recordarlas mejor. Cuando Ana termina, pregunta: «¿Cuánto falta todavía para tener con nosotros al Emmanuel?».

«Treinta años aproximadamente, querida mía».

«¡Cuánto todavía! Y yo estaré en el Templo... Dime, si rezase mucho, mucho, mucho, día y noche, noche y día, y deseara ser sólo de Dios, toda la vida, con esta finalidad, ¿el Eterno me concedería la gracia de dar antes el Mesías a su pueblo?».

«No lo sé, querida mía. El Profeta dice: “Setenta semanas”. Yo creo que la profecía no se equivoca. Pero el Señor es tan bueno — se apresura a añadir Ana, al ver que las pestañas de oro de su niña se perlan de llanto — que creo que si rezas mucho, mucho, mucho, se te mostrará propicio».

La sonrisa aparece de nuevo en esa carita ligeramente alzada hacia la madre, y un ojalito de sol que pasa entre dos pámpanas hace brillar las lágrimas del ya cesado llanto, cual gotitas de rocío colgando de los tallitos sutilísimos del musgo alpino.

Mamá, ¿me sigues contando alguna otra historia?...».

«¡Oh, hija mía! ¿Cuál quieres saber?».

María se queda pensando; seria y recogida como está, habría que pintarla para eternizar su expresión. En su carita infantil se reflejan las sombras de sus pensamientos. Sonrisas y suspiros, rayos de sol y sombras de nubes pensando en la historia de Israel. Luego elige: «Otra vez la de Gabriel y Daniel, en que está la promesa del Cristo».

Y escucha con los ojos cerrados, repitiendo en voz baja las palabras que su madre le dice, como para recordarlas mejor. Cuando Ana termina, pregunta: «¿Cuánto falta todavía para tener con nosotros al Emmanuel?».

«Treinta años aproximadamente, querida mía».

«¡Cuánto todavía! Y yo estaré en el Templo... Dime, si rezase mucho, mucho, mucho, día y noche, noche y día, y deseara ser sólo de Dios, toda la vida, con esta finalidad, ¿el Eterno me concedería la gracia de dar antes el Mesías a su pueblo?».

«No lo sé, querida mía. El Profeta dice: “Setenta semanas”. Yo creo que la profecía no se equivoca. Pero el Señor es tan bueno — se apresura a añadir Ana, al ver que las pestañas de oro de su niña se perlan de llanto — que creo que si rezas mucho, mucho, mucho, se te mostrará propicio».

La sonrisa aparece de nuevo en esa carita ligeramente alzada hacia la madre, y un ojalito de sol que pasa entre dos pámpanas hace brillar las lágrimas del ya cesado llanto, cual gotitas de rocío colgando de los tallitos sutilísimos del musgo alpino.

7.4 ­­«Entonces rezaré y me consagraré virgen para esto».

«Pero, ¿sabes lo que quiere decir eso?».

«Quiere decir no conocer amor de hombre, sino sólo de Dios. Quiere decir no tener ningún pensamiento que no sea para el Señor. Quiere decir ser siempre niña en la carne y ángel en el corazón. Quiere decir no tener ojos sino para mirar a Dios, oídos para oírle, boca para alabarle, manos para ofrecerse como hostias, pies para seguirle velozmente, corazón y vida para dárselos a Él».

«¡Bendita tú! Pero entonces no tendrás nunca niños, ¿sabes?; y a ti te gustan mucho los niños y los corderitos y las tortolitas. Un niño para una mujer es como un corderito blanco y crespo, como una palomita de plumas de seda y boca de coral: se le puede amar, besar; se puede oír que nos llama “mamá”».

«No importa. Seré de Dios. En el Templo rezaré. Y quizás un día vea al Emmanuel. La Virgen que debe ser Madre suya, como dice el gran Profeta, ya debe haber nacido y estar en el Templo... Yo seré compañera suya... y sierva suya. ¡Oh, sí! Si pudiera conocer, por luz de Dios, a esa mujer bienaventurada, querría servirla. Luego Ella me traería a su Hijo, me conduciría hacia su Hijo y así le serviría también a Él. ¡Fíjate, mamá!... ¡¡Servir al Mesías!!...». María se siente sobrepujada por este pensamiento que la sublima y la deja anonadada al mismo tiempo. Con las manitas cruzadas sobre su pecho y la cabecita un poco inclinada hacia adelante, y encendida de emoción, parece una infantil reproducción de la Virgen de la Anunciación que yo vi. Y sigue diciendo: «¿Pero, el Rey de Israel, el Ungido de Dios, me permitirá servirle?».

«No lo dudes. ¿No dice el rey Salomón: “Sesenta son las reinas y ochenta las otras esposas y sin número las doncellas”? En ello puedes ver que en el palacio del Rey serán sin número las doncellas vírgenes que servirán a su Señor».

«¡Oh! ¿Lo ves como debo ser virgen? Debo serlo. Si Él por madre quiere una virgen, es señal de que estima la virginidad por encima de todas las cosas. Yo quiero que me ame a mí, su sierva, por esa virginidad que me hará un poco similar a su dilecta Madre... Esto es lo que quiero...

Detalle

María está con su madre y le pide que le cuente una historia de la Sagrada Escritura.

Anotación

"De nuevo, la palabra de Gabriel a Daniel, aquella en la que se nos promete a Cristo". Daniel 9, 20-27. Esta palabra profética se interpretará en EMV 10.5 y EMV 41.3/4.

Libro de Daniel 9, 20-27

Daniel 9, 20-27: Todavía estaba hablando, orando, confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, elevando mi súplica ante el Señor, mi Dios, por el monte santo de mi Dios; todavía estaba hablando en mi oración cuando Gabriel -el ser que había visto al principio de la visión- vino velozmente a mí a la hora de la ofrenda vespertina.

Me instruyó diciendo: "Daniel, he salido ahora para abrir tu entendimiento. Desde el principio de tu súplica, ha surgido una palabra, y he venido a anunciártela, pues eres amado por Dios. Comprended la palabra y procurad comprender la aparición.

Setenta semanas han sido reservadas para tu pueblo y tu ciudad santa, para poner fin a la perversidad y acabar con el pecado, para expiar la iniquidad y realizar la justicia eterna, para cumplir la visión y la profecía, y para consagrar el Santo de los Santos.

¡Conócelo y compréndelo! Desde el momento en que se dio la orden de reconstruir Jerusalén hasta la venida de un mesías, un líder, habrá siete semanas. Durante sesenta y dos semanas, reconstruirán las plazas y los muros, pero será en la angustia de los tiempos. Y despues de las sesenta y dos semanas, un mesias sera removido. El pueblo de un futuro líder destruirá la ciudad y el Lugar Santo. Entonces, en una inundación, su fin vendrá. Hasta el final de la guerra, las devastaciones decidido tendrá lugar. Durante una semana, este gobernante reforzará el pacto con una multitud; durante la mitad de la semana, hará cesar el sacrificio y la ofrenda, y en un ala del Templo estará la Abominación de la Desolación, hasta que el exterminio decidido se derrita sobre el autor de esta desolación."

ECR 7.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Pero, el Rey de Israel, el Ungido de Dios, me permitirá servirle?».

«No lo dudes. ¿No dice el rey Salomón: “Sesenta son las reinas y ochenta las otras esposas y sin número las doncellas”? En ello puedes ver que en el palacio del Rey serán sin número las doncellas vírgenes que servirán a su Señor».

«¡Oh! ¿Lo ves como debo ser virgen? Debo serlo. Si Él por madre quiere una virgen, es señal de que estima la virginidad por encima de todas las cosas. Yo quiero que me ame a mí, su sierva, por esa virginidad que me hará un poco similar a su dilecta Madre... Esto es lo que quiero...»

Detalle

María de niña hablando con su madre, Ana.

Anotación

Cantar de los Cantares 6, 8-11

Ct 6, 8-11 : Hay sesenta reinas, ochenta concubinas y doncellas sin número: una es mi paloma, mi inmaculada; es la única de su madre, la predilecta de la que la dio a luz. Las doncellas la han visto y la han proclamado bienaventurada; las reinas y concubinas la han visto y la han alabado: "¿Quién es ésta que aparece como la aurora, hermosa como la luna, pura como el sol, pero terrible como los batallones? "

ECR 7.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Qué es la razón? Un don de Dios. Él, por tanto, puede darla con la medida que quiera, a quien quiera y cuando quiera. Es, además, una de las cosas que más os asemejan a Dios, Espíritu inteligente y que razona. La razón y la inteligencia fueron gracias otorgadas por Dios al Hombre en el Paraíso Terrenal. ¡Y qué vivas estaban cuando la Gracia moraba, aún intacta y operante, en el espíritu de los dos Primeros!

En el libro de Jesús Bar Sirac está escrito: “Toda sabiduría viene del Señor Dios y con Él ha estado siempre, incluso antes de los siglos”. ¿Qué sabiduría, pues, habrían tenido los hombres si hubieran conservado su filiación para con Dios?

Anotación

Libro de Ben Sira el Sabio

Si 1, 1 : Toda Sabiduría viene del Señor y permanece con él para siempre.

ECR 7.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

María era no sólo la Pura, la nueva Eva recreada para alegría de Dios, era la super-Eva, era la Obra Maestra del Altísimo, era la Llena de Gracia, era la Madre del Verbo en la mente de Dios.

“Fuente de la Sabiduría” dice Jesús Bar Sirac “es el Verbo”. ¿Y el Hijo no va a haber puesto su sabiduría en los labios de su Madre?

Si a un Profeta que debía decir las palabras que el Verbo, la Sabiduría, le confiaba para transmitírselas a los hombres, le fue purificada la boca con carbones encendidos, ¿no va a haber depurado y elevado el Amor el habla de esa su Esposa niña que debía llevar en sí la Palabra, a fin de que no hablase primero como niña y luego como mujer, sino sólo y siempre como criatura celeste fundida con la gran luz y sabiduría de Dios?

El milagro no está en el hecho de que María — como luego Yo — mostrara en edad infantil una inteligencia superior. El milagro está en el hecho de contener a la Inteligencia infinita — que en Ella moraba — en los diques convenientes para no pasmar a las multitudes y para no despertar la atención satánica.

En otra ocasión seguiré hablando de esto, que está en relación con ese “recordarse” que los santos tienen de Dios».

Anotación

Libro de Ben Sira el Sabio 1, 1-8

Si 1, 1-8 : TODA SABIDURÍA viene del Señor y permanece con él para siempre. La arena de los mares, las gotas de lluvia y los días de la eternidad, ¿quién puede contarlos? ¿Quién puede contar la altura del cielo, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo? La sabiduría fue creada antes que todas las cosas, y la profundidad de la inteligencia siempre ha estado ahí. La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en lo alto del cielo. Sus caminos son los mandamientos eternos. La raíz de la sabiduría, ¿quién ha tenido la revelación, y sus sutilezas, quién ha tenido el conocimiento? ¿A quién le fue revelada la ciencia de la sabiduría, y quién se benefició de su gran experiencia? Sólo hay un ser sabio y muy formidable, el que está sentado en su trono. Es el Señor (...).

Libro de Isaías, 6, 6-7

Is 6, 6-7 : Uno de los serafines voló hacia mí, sosteniendo un carbón encendido que había cogido con unas tenazas del altar. Lo acercó a mi boca y dijo: "Esto ha tocado tus labios, y ahora tu culpa ha sido quitada, tu pecado ha sido perdonado".

Un profeta encargado de pronunciar las palabras que la Palabra (...) le inspiraba, es decir, Isaías, como vemos en Isaías 6,6-7. Este hecho se cita varias veces en "El Evangelio tal como me fue revelado", ya sea de forma directa (como aquí y, por ejemplo, en EMV 166.8 y EMV 626.2) o indirecta (como en EMV 364.8). Pero son sobre todo las profecías mesiánicas las que se recuerdan (véanse las notas sobre EMV 561.11 y EMV 577.4).

ECR 8.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.2 ­Van despacio, muy despacio. Da la impresión de que quieren prolongar lo más posible su camino. Todo es ocasión para detenerse... Pero, ¡siempre debe tener un fin un camino!... Y éste está ya para acabarse. En efecto, allí, en la parte alta de este último tramo en subida, están los muros que circundan el Templo. Ana gime, y estrecha más fuertemente la manita de María.

«¡Ana, querida mía, aquí estoy contigo!». dice una voz desde la sombra de un bajo arco echado sobre un cruce de calles. Isabel estaba esperando. Ahora se acerca a Ana y la estrecha contra su corazón, y, al ver que Ana llora, le dice: «Ven, ven un poco a esta casa amiga; también está Zacarías».

Entran todos en una habitación baja y oscura cuya luz es un vasto fuego. La dueña, que sin duda es amiga de Isabel, si bien no conoce a Ana, amablemente se retira, dejando a los llegados libertad de hablar.

«No creas que estoy arrepentida, o que entregue con mala voluntad mi tesoro al Señor — explica Ana entre lágrimas — ... Lo que pasa es que el corazón... ¡oh, cómo me duele el corazón, este anciano corazón mío que vuelve a su soledad, a esa soledad de quien no tiene hijos!... Si lo sintieras...».

«Lo comprendo, Ana mía... Pero tú eres buena y Dios te confortará en tu soledad. María va a rezar por la paz de su mamá, ¿ver­dad?».

María acaricia las manos maternas y las besa, se las pone en la cara para ser acariciada a su vez, y Ana cierra entre sus manos esa carita y la besa, la besa... no se sacia de besarla.

Entra Zacarías y saluda diciendo: «A los justos la paz del Señor».

«Sí — dice Joaquín —, pide paz para nosotros porque nuestras entrañas tiemblan, ante la ofrenda, como las de nuestro padre Abraham mientras subía el monte; y nosotros no encontraremos otra ofrenda que pueda recobrar ésta; ni querríamos hacerlo, porque somos fieles a Dios. Pero sufrimos, Zacarías. Compréndenos, sacerdote de Dios, y no te seamos motivo de escándalo».

«Jamás. Es más, vuestro dolor, que sabe no transpasar lo lícito, que os llevaría a la infidelidad, es para mí escuela de amor al Altísimo. ¡Ánimo!»

Detalle

Ana, Joaquín y María están en Jerusalén. La Madre del Salvador se prepara para entrar en el Templo a los tres años.

Anotación

Es como la ofrenda de Abraham cuando subió al monte, y no encontraremos otra ofrenda que redima ésta. Cf. Génesis 22:1-18. Es precisamente en el monte Moriah, donde se encuentra el Templo, donde la Biblia sitúa el sacrificio de Isaac. Fue sustituido en el último momento por un carnero.

Libro de Génesis 22, 1-8

Gén 22, 1-8: Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: "¡Abraham! Abraham respondió: "¡Aquí estoy! Dios le dijo: "Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que amas, Isaac, y vete a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto en el monte que te mostraré.

Abraham se levantó temprano por la mañana, ensilló su asno y se llevó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac. Partió la leña para el holocausto y se puso en camino hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, Abraham levantó la vista y vio el lugar a lo lejos. Abraham dijo a sus criados: "Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos allí a adorar, y luego volveremos contigo".

Abraham tomó la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; éste tomó el fuego y el cuchillo, y los dos fueron juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: "¡Padre mío! - ¿Y bien, hijo mío? Isaac respondió: "Ahí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? Abraham respondió: "Dios encontrará el cordero para el holocausto, hijo mío. Y los dos se pusieron en camino juntos.

Llegaron al lugar que Dios les había indicado. Abraham construyó allí el altar y colocó la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Abraham extendió la mano y empuñó el cuchillo para matar a su hijo. Pero el ángel del Señor le llamó desde el cielo y le dijo: "¡Abraham! Abraham!" El respondió: "¡Aquí estoy! El ángel le dijo: "¡No le pongas la mano encima! ¡No le hagas daño! Ahora sé que temes a Dios: no me has negado a tu hijo, tu único hijo.

Abraham levantó la vista y vio en un arbusto un carnero sujeto por los cuernos. Fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a aquel lugar "El Señor ve". Hoy se llama "En el monte ve el Señor". Desde el cielo, el ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez.

Le dijo: "Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto, por no haberme negado a tu hijo, tu único hijo, te bendeciré, haré que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar, y tu descendencia poseerá las fortalezas de sus enemigos. Por haber escuchado mi voz, todas las naciones de la tierra se bendecirán mutuamente por el nombre de tu descendencia.

ECR 8.7-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.7 Dice Jesús:

«El Sumo Sacerdote había dicho: “Camina en mi presencia y sé perfecta”. El Sumo Sacerdote no sabía que estaba hablándole a la Mujer que, en perfección, es sólo inferior a Dios. Mas hablaba en nombre de Dios y, por tanto, su imperativo era sagrado. Siempre sagrado, pero especialmente a la Repleta de Sabiduría.

María había merecido que la “Sabiduría viniera a su encuentro tomando la iniciativa de manifestarse a Ella”, porque “desde el principio de su día Ella había velado a su puerta y, deseando instruirse, por amor, quiso ser pura para conseguir el amor perfecto y merecer tenerla como maestra”.

En su humildad, no sabía que la poseía antes de nacer y que la unión con la Sabiduría no era sino un continuar los divinos latidos del Paraíso. No podía imaginar esto. Y cuando, en el silencio del corazón, Dios le decía palabras sublimes, Ella, humildemente, pensaba que fueran pensamientos de orgullo, y elevando a Dios un corazón inocente suplicaba: “¡Piedad de tu sierva, Señor!”.

En verdad, la verdadera Sabia, la eterna Virgen, tuvo un solo pensamiento desde el alba de su día: “Dirigir a Dios su corazón desde los albores de la vida y velar para el Señor, orando ante el Altísimo”, pidiendo perdón por la debilidad de su corazón, como su humildad le sugería creer, sin saber que estaba anticipando la solicitud de perdón para los pecadores que haría al pie de la Cruz junto con su Hijo moribundo.

“Luego, cuando el gran Señor lo quiera, Ella será colmada del Espíritu de inteligencia”, y entonces comprenderá su sublime misión. Por ahora no es más que una párvula que, en la paz sagrada del Templo, anuda, “reanuda”, cada vez de forma más estrecha, sus coloquios, sus afectos, sus recuerdos, con Dios.

Esto es para todos.

8.8 Pero, para ti, pequeña María, ¿no tiene ninguna cosa particular que decir tu Maestro? “Camina en mi presencia, sé por tanto perfecta”. Modifico ligeramente la sagrada frase y te la doy por orden. Perfecta en el amor, perfecta en la generosidad, perfecta en el sufrir.

Mira una vez más a la Madre. Y medita en eso que tantos ignoran, o quieren ignorar, porque el dolor es materia demasiado ingrata para su paladar y para su espíritu. El dolor. María lo tuvo desde las primeras horas de la vida. Ser perfecta como Ella era era poseer también una perfecta sensibilidad. Por eso, el sacrificio debía serle más agudo; mas, por eso mismo, más meritorio. Quien posee pureza posee amor, quien posee amor posee sabiduría, quien posee sabiduría posee generosidad y heroísmo, porque sabe el porqué por que se sacrifica.

¡Arriba tu espíritu, aunque la cruz te doble, te rompa, te mate! Dios está contigo».

Anotación

Libro de la Sabiduría 6, 13

Sabiduría 6, 13 : Ella advierte a los que la buscan, y se muestra a ellos primero.

Libro de Ben Sira el Sabio 39, 6

Si 39, 6: Si el Señor Soberano quiere, se llenará de espíritu de entendimiento, derramará sus palabras de sabiduría como una lluvia, y en la oración dará gracias al Señor.

ECR 9.1-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

9.1 Dice Jesús:

«Como un rápido crepúsculo de invierno en que un viento de nieve acumule nubes en el cielo, la vida de mis abuelos conoció rápida la noche, una vez que su Sol se había quedado fijo resplandeciendo ante la sagrada Cortina del Templo.

9.2 ­Pero, ¿acaso no fue dicho: “La Sabiduría inspira vida a sus hijos, toma bajo su protección a los que la buscan... Quien la ama ama la vida, y quien está en vela por ella gozará de su paz. Quien la posee heredará la vida... Quien la sirve rendirá obediencia al Santo, y a quien la ama Dios lo ama mucho... Si cree en ella la tendrá como herencia y le será como tal confirmada a su posteridad porque lo acompaña en la prueba. En primer lugar le elige, luego enviará sobre él temores, miedos y pruebas, le atormentará con el flagelo de su disciplina, hasta haberle probado en sus pensamientos y poder fiarse de él. Mas luego le dará estabilidad, volverá a él por recto camino y le alegrará. Le descubrirá sus arcanos, pondrá en él tesoros de ciencia y de inteligencia en la justicia”?

Sí, todo esto fue dicho. Los libros sapienciales son aplicables a todos los hombres, que en ellos tienen un espejo de sus comportamientos y una guía. Mas dichosos aquellos que puedan ser reconocidos como amantes espirituales de la Sabiduría.

Yo me circundé de una parentela mortal de sabios. Ana, Joaquín, José, Zacarías y, más aún, Isabel y luego el Bautista, ¿no son, acaso, verdaderos sabios? Y eso sin hablar de mi Madre, en la cual la Sabiduría había hecho morada.

9.3 ­Desde la juventud hasta la tumba, la Sabiduría había inspirado a mis abuelos la manera de vivir de forma grata a Dios; y, como un toldo que protege de la violencia de los elementos, los había protegido del peligro de pecar. El santo temor de Dios es base del árbol de la sabiduría, que, a partir de aquél, se desarrolla impetuoso con todas sus ramas para alcanzar con su copa el amor tranquilo en su paz, el amor pacífico en su seguridad, el amor seguro en su fidelidad, el amor fiel en su intensidad, el amor total, generoso, activo de los santos.

“Quien la ama ama la vida y recibirá en herencia la Vida” dice el Eclesiástico. Pues bien, esto se funde con mi: “Aquel que pierda la vida por amor mío, la salvará”. Porque no se habla de la pobre vida de esta tierra, sino de la eterna; no de las alegrías de una hora, sino de las inmortales.

Joaquín y Ana la amaron en ese sentido. Y ella estuvo con ellos en las pruebas.

¡Cuántas, vosotros, que, pensando que no sois completamente malvados, querríais no tener que llorar ni sufrir nunca! ¡Cuántas pruebas sufrieron estos dos justos que merecieron tener por hija a María! La persecución política que los arrojó de la tierra de David, empobreciéndolos excesivamente. La tristeza de ver caer en la nada los años sin que una flor les dijese: “Yo os continuaré”. Y luego la congoja por haberla tenido a una edad en que ciertamente no la iban a ver hacerse mujer. Y, más tarde, el tener que arrancarse de su corazón esta flor para depositarla sobre el altar de Dios. Y el vivir en un silencio más oprimente aún que el primero, ahora que se habían acostumbrado al gorjeo de su tortolita, al rumor de sus pasitos, a las sonrisas, a los besos de su criatura; y esperar en el recuerdo la hora de Dios. Y más, y más todavía: enfermedades, calamidades por la intemperie, abusos de los poderosos... muchos golpes de ariete contra el débil castillo de su modesta prosperidad. Y no acaba aquí todo: el dolor de esa criatura lejana, que se quedaba sola y pobre, y que, a pesar de todas las atenciones y todos los sacrificios, no tendría sino un resto del bien paterno. ¿Y cómo podía encontrarlo, si durante años todavía quedaría yermo, cerrado, esperándola? Temores, miedos, pruebas y tentaciones. Y fidelidad, fidelidad, fidelidad, siempre, a Dios.

9.4 ­La tentación más fuerte: no negarse el consuelo de su hija en torno a su vida ya declinante. Pero, los hijos son de Dios antes que de los padres. Todos los hijos pueden decir lo que Yo le dije a mi Madre: “¿No sabes que debo ocuparme de los intereses del Padre de los Cielos?”. Y todas las madres y todos los padres deben aprender la actitud a guardar en estos casos, mirando a María y a José en el Templo, a Ana y a Joaquín en la casa de Nazaret, cada vez más vacía y triste, aunque, no obstante, en ella una cosa no disminuyese nunca, sino que, al contrario, crecía cada vez más: la santidad de dos corazones, la santidad de una unión matrimonial.

¿Qué luz le queda a Joaquín, enfermo; qué luz le queda a su adolorada esposa en las largas y silenciosas tardes propias de ancianos que se sienten morir? Los vestiditos, las primeras sandalitas, los pobres juguetitos de su criatura lejana, y los recuerdos, los recuerdos, los recuerdos. Y, con éstos, una paz que proviene del poder decir: “Sufro, pero he cumplido mi deber de amor hacia Dios”.

Pues bien, he aquí que se produce una alegría sobrehumana de celestial brillo, no conocida por los hijos de este mundo, y que no se opaca por el hecho de que un grave párpado descienda sobre dos ojos que mueren, sino que en la postrera hora resplandece más, e ilumina verdades que habían estado dentro durante toda la vida, cerradas como mariposas en su capullo, que daban señales de estar dentro de ellos sólo por unos suaves movimientos de ligeros destellos, mientras que ahora abren sus alas de sol mostrando las palabras que las decoran. Y la vida se apaga en el conocimiento de un futuro beato para ellos y para su estirpe, bendiciendo a su Dios.

9.5 ­Así fue la muerte de mis abuelos, como era justo que fuera por su vida santa. Por la santidad merecieron ser los primeros depositarios de la Amada de Dios, y, sólo cuando un Sol mayor se mostró en su vital ocaso, ellos intuyeron la gracia que Dios les había concedido.

Por la santidad que tuvieron, Ana no padeció la tortura propia de la puérpera, sino que experimentó el éxtasis de quien llevó a la Sin Culpa. No sufrieron la angustia de la agonía, sino que fueron languor que se apaga, como dulcemente se apaga una estrella cuando el Sol sale con la aurora. Y, si bien no experimentaron el consuelo de tenerme como Encarnada Sabiduría, como me tuvo José, Yo, no obstante, estaba allí, invisible Presencia que decía sublimes palabras, inclinado hacia su almohada para adormecerlos en la paz en espera del triunfo.

Hay quien dice: “¿Por qué no debieron sufrir al generar y al morir, puesto que eran hijos de Adán?”. A éste le respondo: “Si el Bautista, hijo de Adán y concebido con la culpa de origen, fue presantificado en el seno de su madre porque Yo le visité, ¿ninguna gracia va a haber recibido la madre santa de la Santa sin Mancha, de la Preservada por Dios que llevó consigo a Dios en su espíritu casi divino y en el corazón embrional, y que no se separó nunca de Él desde que fue pensada por el Padre, desde que fue concebida en un seno, hasta que retornó a poseer a Dios plenamente en el Cielo para una eternidad gloriosa?”. A éste le respondo: “La recta conciencia proporciona una muerte serena y las oraciones de los santos os obtienen tal muerte”.

Joaquín y Ana tenían toda una vida de recta conciencia a sus espaldas, y ésta se alzaba como sosegado panorama y los guió hasta el Cielo; y tenían a la Santa en oración por ellos, sus padres lejanos, ante el Tabernáculo de Dios. Dios, Bien supremo, era antes que ellos, pero Ella amaba a sus padres, como querían la ley y el sentimiento, con un amor sobrenaturalmente perfecto».

Anotación

Libro de Ben Sira el Sabio 4, 11-18

Si 4, 11-18 : La Sabiduría conduce a sus hijos a la grandeza; cuida de los que la buscan. Amarla es amar la vida; los que la buscan desde el alba se colmarán de felicidad; el que la posee heredará la gloria; donde entra, el Señor da su bendición.

Los que adoran la sabiduría celebran al Dios santo; los que la aman son amados por el Señor; el que la escucha juzgará a las naciones; el que se aferra a ella estará seguro en su morada. Si confía en ella, la poseerá, y todos sus descendientes la heredarán.

Al principio, ella le conducirá por caminos tortuosos, infundiéndole temor y aprensión, atormentándole con la severidad de su educación, hasta que pueda confiar en ella; le pondrá a prueba con sus exigencias. Entonces volverá directamente a él y le colmará de felicidad revelándole sus secretos.

Todo hijo puede decir lo que yo dije a mi Madre: "¿No sabes que tengo que velar por los intereses del Padre que está en los Cielos? " En Lucas 2, 49 (cf. EMV 41.12).

ECR 9.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los libros sapienciales son aplicables a todos los hombres, que en ellos tienen un espejo de sus comportamientos y una guía. Mas dichosos aquellos que puedan ser reconocidos como amantes espirituales de la Sabiduría.

Anotación

Hay cinco libros sapienciales en la Biblia: Proverbios - Eclesiastés (Qohelet) - Cantar de los Cantares - Job - Sabiduría (de Salomón) - Eclesiástico (Sirac).