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Notas del tema

Vida cotidiana y temas sociales

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Comodidad de lectura

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ECR 199.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Gritan: «¡Piedad de nosotros, Jesús, Salvador nuestro!» y tienden hacia Él sus manos, deformes y llagadas. «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad!».

«¿Qué deseáis que os haga?» pregunta Jesús alzando el rostro hacia esas ruinas humanas.

«Que nos liberes del pecado y de la enfermedad».

«Del pecado libera la voluntad y el arrepentimiento...».

«Pero, si Tú quieres, puedes cancelar nuestros pecados. Al menos eso, si no quieres curar nuestros cuerpos».

«Si os digo: “Elegid entre las dos cosas”, cuál queréis?».

«El perdón de Dios, Señor; para sentirnos menos desolados».

Jesús hace un gesto de aprobación, sonriendo luminosamente, y luego alza los brazos y grita: «Sea como queréis. Lo quiero».

¡Como queréis!: puede referirse al pecado o a la enfermedad, o a las dos cosas; los cinco desdichados quedan en la incertidumbre; ellos sí, pero no los apóstoles, que no pueden menos que gritar su hosanna cuando ven que la lepra desaparece rápidamente, como el copo de nieve caído en la llama. Entonces los cinco comprenden que se les ha concedido todo lo que habían pedido... y su grito resuena como un tañido de victoria: se abrazan entre sí, lanzan besos a Jesús — no pueden arrojarse a sus pies —, y luego se vuelven a sus compañeros: «¿No queréis todavía creer? ¡Qué desdichados sois!».

«¡Calma! ¡Tranquilos! Estos pobres hermanos necesitan pensar. No les digáis nada. La fe no se impone; se predica con paz, dulzura, paciencia, constancia, que es lo que haréis después de vuestra purificación, como hizo Simón con vosotros. Por lo demás, el milagro predica ya por sí mismo. Vosotros, los curados, iréis a presentaros al sacerdote lo antes posible; vosotros, los enfermos, esperad para esta tarde nuestro regreso: os traeremos comida. La paz sea con vosotros».

Detalle

Jesús fue a ver a unos leprosos.

ECR 201.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Entran en la misma sala en que años atrás entrara Jesús. Un joven, que está escribiendo en uno de los ángulos, se pone repentinamente en pie al ver a José, y se prosterna.

«Dios sea contigo, Zacarías. Ve rápidamente a llamar a Asrael y a Jacob».

El joven sale y, casi inmediatamente, vuelve con dos rabinos, o arquisinagogos, o escribas... no sé. Son dos desabridos personajes que sólo deponen su altivez ante José. Tras ellos entran otros ocho menos solemnes. Se sientan, dejando en pie a los aspirantes, incluido José de Arimatea.

«¿Qué quieres, José?» pregunta el más anciano.

«Presentar a vuestra perspicacia a este hijo de Abraham, que ha cumplido el tiempo prescrito para entrar en la Ley y en ella regirse por sí mismo».

«¿Es pariente tuyo?» y miran con gesto de estupor.

«En Dios todos somos parientes. Este niño es huérfano. Este hombre, de cuya honestidad me hago garante, le ha tomado, para que su tálamo no quede sin descendencia».

«¿Quién es este hombre? Que responda él».

«Simón de Jonás, de Betsaida de Galilea, casado, sin hijos, pescador para el mundo, para el Altísimo hijo de la Ley».

«Y tú, siendo galileo, te asumes esta paternidad? ¿Por qué?».

«Está escrito en la Ley que se debe mostrar amor hacia el huérfano y la viuda. Yo lo hago».

«¿Puede, acaso, conocer éste la Ley hasta el punto de merecer...? Mas... tú, niño, responde, ¿quién eres?».

«Yabés Margziam de Juan, de los campos de Emaús, nacido hace doce años».

«Entonces, eres judío. ¿Es lícito que se responsabilice de él un galileo? Escudriñemos las leyes».

«Pero, ¿qué soy?: ¿un leproso?, ¿una persona maldita?». Le empieza a hervir la sangre en las venas a Pedro.

«Calla, Simón. Hablaré yo por él. Os he dicho que me hago garante de este hombre. Le conozco como si fuera de mi casa. El anciano José no propondría jamás algo contrario a la Ley, y, ni siquiera, a las leyes. Examinad, pues, al niño con justicia y sin dilación; el patio está lleno de niños que esperan el examen. Por amor a todos, no seáis lentos».

«¿Quién probará que este niño tiene doce años y que fue rescatado del Templo?».

«Lo puedes probar con las escrituras. Es una investigación latosa, pero se puede hacer. Niño, ¿me has dicho que eres el primogénito?».

«Sí, señor. Puedes verlo porque estuve consagrado al Señor y fui rescatado con los debidos diezmos».

«Busquemos entonces estos datos...» dice José.

«No hace falta» responden cortantes los dos hombres insidiosos.

Detalle

Marziam aprueba su examen de mayoría de edad.

Anotación

La Ley dice que hay que tener amor por el huérfano y la viuda. La Ley dice: Éxodo 22:21-23 | Deuteronomio 14:28-29 | Deuteronomio 16:11 | Deuteronomio 24:17-21 | Deuteronomio 26:12-13 | Deuteronomio 27:19 | Isaías 1:17.

El deber de amar y ayudar a las viudas y huérfanos se recuerda varias veces en la obra de Maria Valtorta, por ejemplo en EMV 229.3 y EMV 557.6.

La prescripción del Éxodo se cita textualmente en EMV 335.14.

Libro del Éxodo 22, 21-23

Éx 22, 21-23 : No afligirás a la viuda ni al huérfano. Si los afliges, clamarán a mí, y yo oiré su clamor; se encenderá mi ira y te destruiré a espada, y tus mujeres quedarán viudas y tus hijos huérfanos.

Libro del Deuteronomio 14, 28-29

Dt 14,28-29: Al final de cada tercer año apartaréis todo el diezmo de vuestros productos de ese año, y lo depositaréis dentro de vuestras puertas. Entonces el levita, que no tiene parte ni herencia contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda, entrarán por tus puertas y comerán y se saciarán, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas las obras que hagas con tus manos.

Libro del Deuteronomio 16, 11

Dt 16, 11: Te alegrarás delante de Yavé, tu Dios, en el lugar que Yavé, tu Dios, ha elegido para hacer habitar allí su nombre, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, el levita que está dentro de tus puertas, y el extranjero, el huérfano y la viuda que están entre vosotros.

Libro del Deuteronomio 26, 12-13

Dt 26, 12-13: Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus productos ▼ en el tercer año, el año del diezmo, y se lo des al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, para que coman dentro de tus puertas y se sacien, dirás ante Yahvé tu Dios: "He sacado de mi casa las cosas santas y se las he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todos tus preceptos que me diste; no he transgredido ni olvidado ninguno de tus preceptos.

Libro del Deuteronomio 27, 19

Dt 27, 19 : ¡Maldito el que viole los derechos del extranjero, del huérfano y de la viuda! - Y todo el pueblo dirá: ¡Amén!

Libro de Isaías, 1, 17

Is 1, 17 : Aprendeda obrar bien; buscad la justicia, enderezad al opresor, amparad al huérfano, defended a la viuda.

ECR 203.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros. Convenceos de que por mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar... Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por mí. Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros. Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en mí, en todo».

Detalle

Jesús habla de las pruebas por las que está pasando el grupo apostólico y exhorta a los apóstoles a confiar en Dios.

ECR 203.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No hace falta nada más, amigos míos. En estas palabras está encerrado, como en un aro de oro, todo lo que el hombre necesita, para el espíritu y para la carne y la sangre; con estas palabras pedís cuanto les es útil al espíritu, a la carne y a la sangre, y, si hacéis lo que pedís, obtendréis la vida eterna.

Detalle

Sobre el Padre Nuestro.

ECR 203.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Venga tu Reino a la tierra como está en el Cielo”. Desead con todas vuestras fuerzas que venga; si viniera, la alegría habitaría la tierra. El Reino de Dios en los corazones, en las familias, en las gentes, en las naciones. Sufrid, trabajad, sacrificaos por este Reino. Sea la tierra espejo que refleje en las personas la vida del Cielo.

ECR 203.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Danos nuestro pan de cada día”.

En el Cielo os nutriréis sólo de Dios. La beatitud será vuestro alimento. Mas aquí todavía tenéis necesidad de pan. Sois los párvulos de Dios; justo es entonces decir: “Padre, danos el pan”.

¿Teméis no ser escuchados? ¡Oh, no! Considerad esto: si uno de vosotros tiene un amigo y ve que no tiene pan y debe dar de comer a otro amigo o pariente que ha llegado a su casa al final de la segunda vigilia, irá al primero y le dirá: “Amigo, préstame tres panes, porque tengo un huésped que ha venido ahora y no tengo qué darle de comer”, ¿podrá, acaso, oír como respuesta desde el otro lado de la puerta: “No me molestes, que ya he cerrado la puerta, la he trancado, y mis hijos duermen a mi lado; no puedo levantarme a darte lo que me pides”? No. Si es un verdadero amigo al que se ha dirigido, y si insiste, recibirá lo que pide. Lo recibiría incluso aunque el amigo fuera poco bueno, por su insistencia, porque aquel a quien se lo pidieran, con tal de que no le molestasen, se apresuraría a darle cuantos panes quisiera.

Mas vosotros, cuando dirigís vuestra oración al Padre, no os dirigís a un amigo de este mundo, sino al Amigo perfecto que es el Padre del Cielo. Por tanto, os digo: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”, pues a quien pide se le da, quien busca halla, y a quien llama se le abre la puerta.

¿Qué padre, a su propio hijo que le pide un pan, le pondrá en la mano una piedra?, ¿qué padre dará a su hijo una serpiente en vez de un pez asado? Un padre que se comportase así con su prole sería un sinvergüenza. Ya lo he dicho, pero lo repito para moveros a sentimientos de bondad y confianza. Así pues, si uno que estuviera en su sano juicio no daría un escorpión en vez de un huevo, ¡cómo no os va a dar Dios con mucha mayor bondad lo que pidiereis!: en efecto, Él es bueno, mientras que vosotros, por el contrario, en más o en menos, sois malos. Pedid, pues, con amor humilde y filial vuestro pan al Padre.

Anotación

Ya lo he dicho: en EMV 172.7.

Evangelio de Mateo 7, 7-11

Mt 7, 7-11 : "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; al que llama, se le abrirá. O también: ¿Quién de vosotros dará a su hijo una piedra cuando pida pan? ¿O le dará una serpiente cuando pida un pez? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

Evangelio de Lucas 11, 1-13

Lc 11, 1-13 : Sucedió que Jesús estaba orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le preguntó: "Señor, enséñanos a orar, como Juan el Bautista enseñó a sus discípulos".

Él le respondió: "Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino. Danos el pan necesario para cada día. Perdona nuestros pecados, porque nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación.

Jesús les dijo de nuevo: "Imaginaos que uno de vosotros tiene un amigo y va a pedirle en plena noche: "Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado a mi casa de viaje y no tengo nada que ofrecerle"". Y si, desde dentro, el otro responde: "¡No vengas a molestarme! La puerta ya está cerrada; mis hijos y yo estamos en la cama. No puedo levantarme para darle nada". Pues yo te digo que, aunque no se levante a dar por amistad, se levantará por la desvergüenza de este amigo, y le dará todo lo que necesite.

Yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de entre vosotros, cuando su hijo le pide un pescado, le da una serpiente en vez de un pescado? ¿O le da un escorpión cuando le pide un huevo? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre que está en los cielos dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!

ECR 203.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Hay deudas materiales y deudas espirituales; las hay también morales. Deuda material es la moneda o la mercancía que deben restituirse por haber sido prestadas. Deuda moral es la estima arrebatada y no correspondida, el amor querido y no dado. Deuda espiritual es la obediencia a Dios, de quien se exige mucho dándole bien poco, y el amor a Él. Dios nos ama y se le debe amor, como se debe amor a una madre, a la esposa, al hijo, de quienes se exigen muchas cosas. El egoísta quiere tener, pero no da. Pero el egoísta está en las antípodas del Cielo. Tenemos deudas con todos: desde con Dios hasta con el esclavo, pasando por los familiares, los amigos, el prójimo en general, y los que están a nuestro servicio (pues todos éstos son en el fondo iguales que nosotros). ¡Ay de quien no perdone, porque no será perdonado! Dios no puede, por justicia, condonar la deuda que el hombre tiene para con Él, santísimo, si el hombre no perdona a su semejante.

ECR 204.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Qué quieres, Madre?».

«Hijo mío, han llegado unos gentiles, con algunas mujeres. Dicen que han sabido por Juana que estabas aquí, y que durante todos estos días te han esperado junto a la Antonia...».

«¡Ah, ya sé! Voy en seguida. ¿Dónde están?».

«En casa de Lázaro, en el jardín. A Lázaro le estiman los romanos; él, por su parte, no siente por ellos esa aversión propia de nuestro pueblo. Los ha introducido en su casa, con sus carros; en el vasto jardín, para no dar escándalo a nadie».

«De acuerdo, Madre.

204.2

Son soldados y damas romanas, lo sé».

«¿Qué quieren de ti?».

«Lo que muchos en Israel no quieren: Luz».

«¿Cómo creen en ti? ¿Qué te creen: Dios, quizás?».

«A su manera, sí. Para ellos, más que para nosotros, es fácil aceptar la idea de la encarnación de un dios en carne mortal».

«Entonces ya creen en tu fe...».

«Todavía no, Mamá. Primero debo demoler la suya. Por el momento soy para ellos un hombre sabio, un filósofo, como ellos dicen. De todas formas, tanto ese deseo de conocer doctrinas filosóficas, como su tendencia a creer posible la encarnación de un dios, me ayudan mucho a conducirlos a la verdadera Fe. Créeme que son más simples en su modo de pensar que muchos de Israel».

«Pero, ¿serán sinceros? Se dice que Juan el Bautista...».

«No. Si de ellos hubiera dependido, Juan estaría libre y seguro. Dejan tranquilos a todos, con tal de que no sean rebeldes. Es más, te diré que con ellos el hecho de ser profeta — usan la palabra “filósofo” porque la altura propia de la sabiduría sobrenatural es igualmente filosofía para ellos — es una garantía de que te respetarán. No estés preocupada, Mamá, que el mal no me vendrá por esa vía...».

«Pero los fariseos... Si vienen a saberlo, ¿que dirán de Lázaro? Tú... eres Tú y debes manifestar la Palabra al mundo. ¡Pero Lázaro... ya de por sí le ofenden mucho...!».

«Pero es intocable. Saben que Roma le protege».

«Te dejo, Hijo mío. Aquí está Maximino que te llevará adonde los gentiles». Y María, que había caminado al lado de Jesús durante todo este tiempo, ahora se retira, ligera, y se encamina hacia la casa de Simón Zelote. Jesús, por su parte, entra por una puertecita de hierro abierta en el muro que rodea el jardín, en una parte alejada, en que ya no es jardín sino pomar, es decir, cerca del lugar en que, pasado el tiempo, sería enterrado Lázaro.