ECR 169.7
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 169.7
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ECR 169.9
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ECR 170.4
ECR 170.7
ECR 171.1
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ECR 171.3
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ECR 174.8 · Volumen 3
El hombre inteligente no es juguete de la primera doctrina que llega a sus oídos. Quien está saturado de una doctrina no puede hacer espacio dentro de sí para otras. Esto explica las dificultades que uno encuentra cuando trata de persuadir de seguir la verdadera Doctrina a quienes están convencidos de otras. Pero, si me confiesas que tu pensamiento cambia al mínimo soplo del viento, veo que estás lleno de vacíos, veo que tu fortaleza espiritual está llena de fisuras, los diques de tu pensamiento están agrietados en mil puntos por los que salen las aguas buenas y entran las contaminadas. Y eres tan necio y apático, que ni siquiera te das cuenta y no pones el necesario remedio. Eres un desdichado.
ECR 174.19 · Volumen 3
Se os dijo también: “Quienquiera que repudie a su mujer le dará libelo de divorcio”. Pues bien, esto debe ser reprobado. No viene de Dios. Dios dijo a Adán: “Ésta es la compañera que te he formado. Creced y multiplicaos sobre la tierra, llenadla y dominadla”. Y Adán, lleno de inteligencia superior porque el pecado todavía no había ofuscado su razón — que había salido de Dios perfecta —, exclamó: “¡Por fin el hueso de mis huesos y la carne de mi carne! Ésta se llamará Varona, o sea, otro yo, porque fue sacada del hombre. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y serán los dos una sola carne”. Y la eterna Luz, en un creciente esplendor de luces, aprobó con una sonrisa lo que había dicho Adán, lo cual vino a ser la primera, imborrable ley. Pues bien, el hecho de que, por la dureza cada vez mayor del hombre, el legislador tuviera que estatuir un nuevo código; el hecho de que, por la versatilidad cada vez mayor del hombre, tuviera que poner un freno y decir: “Pero si la has repudiado no puedes volver a tomarla”; ello no cancela la primera, genuina ley, nacida en el Paraíso terrenal y aprobada por Dios.
La llamaremos Virago. Esta palabra latina viene de vir (hombre) y se refiere a una mujer que es como un hombre. No se utiliza aquí en el sentido peyorativo francés de mujer estridente.
El legislador humano aquí es Moisés.
Deuteronomio 24, 1 y 24, 3-4
Dt 24,1: Cuando un hombre toma esposa y se casa con ella, y ella deja de serle agradable porque descubre en ella un defecto, le escribirá una carta de repudio y se la entregará, enviándola fuera de su casa.
Dt 24, 3-4: Pero si le desagrada a su último marido y le escribe una carta de repudio y se la da y la despide de su casa, o si muere el último marido que la tomó por mujer, 4 entonces el primer marido que la despidió no podrá repudiarla.Porque es abominación delante de Yahvé, y no pecarás en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia.
Libro del Génesis 1, 28 y 2, 22-24
Gn 1, 28 : Dios los bendijo y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. Dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.
Gn 2, 22-24 : Con la costilla que había tomado del hombre, modeló una mujer y se la trajo al hombre. El hombre dijo: "¡Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! La llamarán Ishsha, la mujer que vino de Ish, el hombre. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán uno solo.
Evangelio de Mateo 5, 31-32
Mt 5, 31-32 : También se ha dicho: "Si alguno despide a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pero yo os digo que todo hombre que repudia a su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la induce a adulterio; y si alguien se casa con una mujer repudiada, es un adúltero.
ECR 174.19 · Volumen 3
Os digo: “Quienquiera que repudie a su propia mujer, excepto el caso de probada fornicación, la expone al adulterio”. Porque, efectivamente, ¿qué hará en el noventa por ciento de los casos la mujer repudiada? Se casará de nuevo. ¿Con qué consecuencias? ¡Mucho habría que decir acerca de esto! ¿No sabéis que podéis provocar con este sistema incestos involuntarios? ¡Cuántas lágrimas derramadas por la lujuria! Sí, lujuria. No tiene otro nombre. Sed francos. Todo se puede superar cuando el espíritu es recto, mas todo se presta a ser motivo de satisfacción de la carnalidad cuando el espíritu es lujurioso. La frigidez femenina, la pesadez de ella, la falta de habilidad respecto a las labores de la casa, la lengua criticona, el amor al lujo... todo se supera, incluso las enfermedades, e incluso la irascibilidad, si se ama santamente. Pero, dado que después de un tiempo no se ama como el primer día, lo que es más que posible se ve imposible, y se pone en la calle a una pobre mujer, abocada a la perdición. Comete adulterio quien la rechaza. Comete adulterio quien se casa con ella después del repudio.
Sólo la muerte rompe el matrimonio. Recordad esto. Y, si vuestra elección ha sido desafortunada, cargad con las consecuencias como cruz, siendo dos infelices, pero santos, y sin hacer de los hijos — que, siendo inocentes, son los que más sufren por estas situaciones desgraciadas — unos infelices aún mayores que vosotros. El amor a los hijos debería haceros meditar muchas veces, muchas, incluso en el caso de la muerte del cónyuge. ¡Oh, si supierais contentaros con aquel que habéis tenido y al que Dios ha dicho: “Basta”! ¡Oh, si supierais, vosotros viudos, vosotras viudas, ver en la muerte no una mengua sino una elevación a mayor perfección como procreadores! Ser padre o madre — además de lo que ya se es — en lugar de la madre o el padre muertos. Ser dos almas en una. Recoger el amor hacia los hijos del labio helado del cónyuge agonizante y decir: “Ve en paz. No temas por los que de ti vinieron. Yo los seguiré amando por ti y por mí, amándolos doblemente. Seré padre y madre. No se sentirán infelices bajo el peso de su orfandad, ni sentirán los innatos celos de los hijos de cónyuges unidos en segundas nupcias respecto a aquel, o a aquella, que ocupa el sagrado lugar de la madre, o del padre, que Dios llamó a otra morada”.
ECR 175.4 · Volumen 3
Maestro... ¿El pan que me has dado hoy!... ¡Tú sí que eres Pan del espíritu!...