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Notas del tema

Enseñanza general en la EMV

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Comodidad de lectura

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ECR 54.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Me ama porque me ama».

«¡También yo!».

«Y yo también».

«Y yo».

«Y yo».

«Y yo».

«Y yo».

«Lo sé. Os conozco por lo que sois».

«¿Entonces somos perfectos?».

«¡Oh, no! Pero, como Tomás, lo seréis si permanecéis en vuestra voluntad de amor. ¡¿Perfectos?! ¡Oh, amigos!, ¿y quién es perfecto sino Dios?».

Detalle

Jesús habla de Tomás y dice a los demás apóstoles presentes:

ECR 55.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«El camino es largo, está oscura la noche, las patrullas romanas están por la ciudad. Yo te digo: si quieres, quédate con nosotros».

«¡Oh..., Maestro!». Se le ve feliz a Tomás.

«Haced un hueco vosotros. Y dadle todos algo al hermano». Por su parte, Jesús le da la porción de queso que tenía delante. Explica a Tomás: «Somos pobres y la cena casi se ha terminado. Pero hay mucho corazón en quien da». Y a Juan, que está sentado a su lado, le dice: «Cédele el puesto al amigo».

Juan se levanta en seguida y va a sentarse en la esquina de la mesa, cerca del dueño de la casa.

«Siéntate, Tomás. Come».

55.2 Y luego dice a todos: «Esto haréis siempre, amigos, por ley de caridad. La Ley de Dios, ya de por sí, protege al peregrino. Pero ahora, en mi nombre, le deberéis amar más aún. Cuando uno en nombre de Dios os pida un pan, un sorbo de agua, un lugar donde cobijarse, en nombre de Dios debéis dárselo. Y Dios os recompensará. Esto debéis hacerlo con todos. También con los enemigos. Ésta es la Ley nueva. Hasta ahora se os había dicho: “Amad a los que os aman y odiad a los enemigos”. Yo os digo: “Amad también a los que os odian”. ¡Si supierais cómo os amará Dios si amáis como Yo os digo! Y si uno dijere: “Quiero ser compañero vuestro en servir al Señor Dios verdadero y en seguir a su Cordero”, entonces debéis quererle más que a un hermano de sangre, porque estaréis unidos por un vínculo eterno: el del Cristo».

«Pero, ¿si te topas con uno que no es sincero? Decir: “Quiero hacer esto o aquello” es fácil. Pero no siempre la palabra refleja la verdad» dice Pedro más bien enfadado. No sé, no se le ve con su habitual humor jovial.

«Pedro, escucha. Hablas con sensatez y justicia. Pero, mira: mejor es pecar de bondad y de confianza que de desconfianza y dureza. Si haces el bien a un indigno, ¿qué mal te acarreará ello? Ninguno. Antes bien, el premio de Dios para ti permanecerá siempre activo, mientras que él recibirá el demérito de haber traicionado tu confianza».

«¿Ningún mal, ¡eh!? A veces quien es indigno no se conforma con la ingratitud, sino que va más allá, y llega incluso a difamar, a dañar el patrimonio y la vida misma».

«Cierto. Pero ¿esto disminuirá tu mérito? No. Aunque todo el mundo creyera las calumnias, aunque te quedaras en la ruina más que Job, aunque el cruel te quitase la vida, ¿qué cambiaría a los ojos de Dios? Nada. O, más bien, sí, habría un cambio, pero en favor tuyo. Dios, a los méritos de la bondad, uniría los méritos del martirio intelectual, financiero, físico...».

«¡Bien, bien! Será así». Pedro no habla más. Malhumorado como está, tiene la cabeza apoyada en la mano.

Detalle

Jesús habla con Tomás y luego le da una lección sobre la hospitalidad.

ECR 55.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuando uno en nombre de Dios os pida un pan, un sorbo de agua, un lugar donde cobijarse, en nombre de Dios debéis dárselo. Y Dios os recompensará. Esto debéis hacerlo con todos. También con los enemigos.

ECR 55.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

55.4 Pedro masculla unas palabras. Jesús oye.

«Pedro, ¿qué te pasa? ¿Callas o murmuras? Pareces descontento. ¿Por qué?».

«Me siento descontento. Nosotros somos los primeros y Tú no nos ofreces un milagro. Nosotros somos los primeros y Tú sientas a tu lado a un extraño. Nosotros somos los primeros y Tú le confías a él una misión y no a nosotros. Nosotros somos los primeros y... sí, exactamente, y parecemos los últimos. ¿Por qué los esperas en el camino del río? Para confiarles alguna misión, claro. ¿Por qué a ellos y no a nosotros?».

Jesús le mira. No se muestra airado. Hasta incluso sonríe como se le sonríe a un muchacho. Se levanta, va lentamente hacia Pedro, le pone la mano en el hombro y dice sonriendo: «¡Pedro, Pedro, eres un niño grande, un niño mayor!»; y a Andrés, que está sentado junto a su hermano, le dice: « Ponte donde Yo estaba sentado», y se sienta al lado de Pedro, le coge del hombro y le habla, estrechándole contra su costado: «Pedro, a ti te parece que Yo cometo injusticia, pero no es injusticia lo que hago; antes bien, es una prueba de que sé lo que valéis. Mira. ¿Quién necesita pruebas? Quien todavía no está seguro. Ahora bien, Yo os sabía tan seguros de mí, que no he sentido la necesitad de daros pruebas de mi poder. Aquí, en Jerusalén, hacen falta pruebas; aquí, donde el vicio, la irreligión, la política, tantas cosas del mundo, ofuscan los espíritus hasta el punto de que no pueden ver la Luz que pasa. Pero allí, en nuestro hermoso lago, tan puro bajo un cielo puro, allí entre gente honesta y deseosa de bien, no son necesarias las pruebas. Tendréis milagros. A ríos derramaré sobre vosotros las gracias. Pero — mira lo que os he estimado — Yo os he tomado conmigo sin exigir pruebas y sin sentir la necesidad de daros pruebas, porque sé quiénes sois. Amados, muy amados, y muy fieles a mí».

Pedro se calma: «Perdóname, Jesús».

«Sí, te perdono porque tu gesto de enojo es amor. Pero acaba con la envidia, Simón de Jonás. ¿Sabes qué es el corazón de tu Jesús? ¿Has visto alguna vez el mar, el verdadero mar? ¿Sí? Pues bien, ¡mi corazón es mucho más amplio que el ancho mar! Y en él hay lugar para todos, para toda la humanidad. Y el más pequeño tiene, como el más grande, un lugar. Y el pecador, como el inocente, encuentra amor en él. A éstos les encargo una misión. Seguro. ¿Me quieres prohibir el darla? Yo os he elegido, no vosotros. Por tanto puedo, libremente, juzgar cómo emplearos. Y si a éstos les dejo aquí con una misión — que también puede ser una prueba, como puede ser misericordia el espacio de tiempo dejado al Iscariote — ¿puedes reprochármelo? ¿Sabes si a ti no te reservo una más grande? ¿Y no es la más hermosa la de oír que te digo: “Tú vendrás conmigo”?».

«¡Es cierto, es cierto! ¡Soy un animal! Perdón...».

«Sí, todo, todo el perdón. ¡Oh, Pedro!... Pero os ruego a todos: no discutáis nunca por los méritos o por los puestos. Habría podido nacer rey; he nacido pobre, en un establo. Podría haber sido rico; he vivido del trabajo, y ahora de la caridad. Y, no obstante, creedlo amigos, no hay nadie más grande que Yo a los ojos de Dios; que Yo que estoy aquí: siervo del hombre».

«¿Siervo Tú? ¡No, jamás!».

«¿Por qué, Pedro?».

«Porque yo te serviré».

«Aunque me sirvieras como una madre sirve a su pequeñuelo, Yo he venido para servir al hombre. Seré su Salvador. ¿Qué servicio puede ser comparado a éste?».

«¡Maestro, Tú lo explicas todo, y lo que parecía oscuro se torna claro en seguida!».

«¿Contento ahora, Pedro? Entonces déjame terminar de hablar con Tomás.»

Detalle

Jesús encomendó una misión a Tomás, que acababa de unirse al grupo apostólico, y Pedro refunfuñó.