ECR 209.5 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
«La paz sea con vosotros.
Ayer he oído hablar a dos personas muy desdichadas: el uno, en la aurora de la vida; la otra, en el ocaso: dos almas que lloraban su desolación. Y he llorado en mi corazón con ellos, al ver cuánto dolor hay en la tierra, y cómo sólo Dios lo puede aliviar, sólo el conocimiento exacto de Dios, de su grandeza e infinita bondad, de su constante presencia y sus promesas. He visto cómo el hombre puede ser torturado por sus semejantes y cómo la muerte le puede arrastrar a estados de desolación en los que Satanás trabaja para aumentar el dolor y devastar. Entonces me he dicho: “No deben sufrir los hijos de los hombres esta tortura añadida a las otras torturas. Demos el conocimiento de Dios a quien no lo tiene, devolvámoselo a quien lo ha olvidado en medio de tempestades de dolor”. Pero también he visto cómo Yo solo no doy abasto a cubrir las infinitas necesidades de mis hermanos; y he decidido llamar a muchos, para que todos los que tienen necesidad del consuelo del conocimiento de Dios lo puedan recibir.
Estos doce son los primeros; son segundos Cristos, y, como tales, capaces de conducir a mí, y, por tanto, al consuelo, a todos los que se sienten oprimidos bajo pesos de dolor demasiado grandes. En verdad os digo: Venid a mí los que estéis afligidos, desazonados, los que tengáis el corazón herido o estéis cansados, que compartiré con vosotros vuestro dolor y os daré paz; venid a través de mis apóstoles, a través de mis discípulos y discípulas, que cada día aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontraréis consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontraréis, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudaréis de nada; no volveréis a decir: “¡Todo está acabado para mí!”, sino: “Ahora todo empieza para mí en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separación”; y los hijos huérfanos volverán a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarán a los hijos o al consorte perdidos.»
Anotación
Ayer escuché hablar a dos grandes desgraciados, uno en el alba de la vida, el otro en su ocaso: son dos almas hechas a llorar por el peso de su desgracia. Son Marziam(EMV208,1-4) y Elisa(EMV 208,7-11). Este discurso se dirige a ambas.
En verdad os digo: Venid a mí todos los que estáis afligidos y disgustados, todos los que estáis pusilánimes y cansados; yo compartiré vuestro dolor y os traeré la paz. Cf. infra Mateo 11, 28-29.
Evangelio de Mateo 11, 28-29
Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.