ECR 172.4
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 172.4
Traducción en curso
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ECR 172.5
ECR 172.5
ECR 172.6
ECR 173.3 · Volumen 3
No deseéis acumular en la Tierra vuestros tesoros, viviendo para ellos, siendo crueles por ellos; que no os maldigan el prójimo y Dios a causa de ellos. No merece la pena. Aquí abajo están siempre inseguros. Los ladrones pueden siempre robaros; el fuego puede destruir las casas; las enfermedades de las plantas o del ganado, exterminaros los rebaños, destruiros los pomares. ¡Cuántos peligros se celan contra vuestros bienes! Ya sean estables y estén protegidos, como las cosas o el oro; ya estén sujetos a sufrir lesión en su naturaleza, como todo cuanto vive, como son los vegetales y los animales; ya se trate, incluso, de telas preciosas... todos ellos pueden sufrir merma: las casas, por el rayo, el fuego y el agua; los campos, por ladrones, roya, sequía, roedores o insectos; los animales, por vértigo, fiebres, descoyuntamientos o mortandades; las telas preciosas y muebles de valor, por la polilla o los ratones; las vajillas preciadas, lámparas y cancelas artísticas... Todo, todo puede sufrir merma.
Mas si de todo este bien terreno hacéis un bien sobrenatural, se salvará de toda lesión producida por el tiempo, por los propios hombres o la intemperie. Atesorad en el Cielo, donde no entran ladrones ni suceden infortunios. Trabajad sintiendo amor misericordioso hacia todas las miserias de la Tierra. Acariciad, sí, vuestras monedas, besadlas incluso si queréis, regocijaos por la prosperidad de las mieses, por los viñedos cargados de racimos, por los olivos plegados por el peso de infinitas aceitunas, por las ovejas fecundas y de turgentes ubres... haced todo esto, pero no estérilmente, no humanamente, sino con amor y admiración, con disfrute y cálculo sobrenatural.
“¡Gracias, Dios mío, por esta moneda, por estos sembrados y plantas y ovejas, por estas compraventas! ¡Gracias, ovejas, plantas, prados, transacciones, que tan bien me servís! ¡Benditos seáis todos, porque por tu bondad, oh Eterno, y por vuestra bondad, oh cosas, puedo hacer mucho bien a quien tiene hambre o está desnudo o no tiene casa o está enfermo o solo!... El año pasado proveí a las necesidades de diez. Este año — dado que, a pesar de que haya distribuido mucho como limosna, tengo más dinero y más pingües son las cosechas y numerosos los rebaños — daré dos o tres veces más de cuanto di el año pasado, a fin de que todos, incluso quienes no tienen nada propio, gocen de mi alegría y te bendigan conmigo Señor Eterno”. Ésta es la oración del justo, la oración que, unida a la acción, transfiere vuestros bienes al Cielo, y, no sólo os los conserva allí eternamente, sino que os los aumenta con los frutos santos del amor.
Tened vuestro tesoro en el Cielo para que esté allí vuestro corazón, por encima, y más allá, del peligro, no sólo de infortunios que perjudiquen al oro, casas, campos o rebaños, sino también de asechanzas contra vuestro corazón, y de que sea expoliado o agredido por el óxido o el fuego, asesinado por el espíritu de este mundo. Si así lo hacéis, tendréis vuestro tesoro en vuestro corazón, porque tendréis a Dios en vosotros, hasta que llegue el día dichoso en que vosotros estéis en Él.
Evangelio de Mateo 6, 19-21
Mt 6, 19-21 : No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el gusano los devoran y donde los ladrones traspasan las paredes para robar. En cambio, haceos tesoros en el cielo, donde no hay polillas ni gusanos que devoren, ni ladrones que traspasen las paredes para robar. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
ECR 174.8 · Volumen 3
Incluso de nuestros enemigos debemos sacar cosas buenas. Observando sus errores debemos aprender a no caer en ellos.
ECR 174.8 · Volumen 3
El hombre inteligente no es juguete de la primera doctrina que llega a sus oídos. Quien está saturado de una doctrina no puede hacer espacio dentro de sí para otras. Esto explica las dificultades que uno encuentra cuando trata de persuadir de seguir la verdadera Doctrina a quienes están convencidos de otras. Pero, si me confiesas que tu pensamiento cambia al mínimo soplo del viento, veo que estás lleno de vacíos, veo que tu fortaleza espiritual está llena de fisuras, los diques de tu pensamiento están agrietados en mil puntos por los que salen las aguas buenas y entran las contaminadas. Y eres tan necio y apático, que ni siquiera te das cuenta y no pones el necesario remedio. Eres un desdichado.
ECR 174.8 · Volumen 3
Si estáis corrompidos, ¿cómo podréis actuar con pureza?
ECR 174.9 · Volumen 3
Atención, hombres, con la mirada, la del ojo y la de la mente: una vez corrompidas, por fuerza corromperán lo demás. El ojo es faro del cuerpo; del corazón, tu pensamiento. Si tu ojo no es puro — ten en cuenta que por la sujección de los órganos al pensamiento los sentidos se corrompen por un pensamiento corrompido — todo en ti será tenebroso, seductores velos crearán impuros fantasmas en ti. Todo es puro en quien tiene pensamiento puro, que a su vez da una mirada pura; entonces la luz de Dios, señora, desciende donde no encuentra el obstáculo de la carne. Mas si por mala voluntad has educado tu ojo a torpes imágenes, todo en ti se transformará en tinieblas. Inútilmente mirarás incluso a las cosas más santas; en la oscuridad no serán sino tinieblas, y harás obras de tinieblas.
Evangelio de Mateo 6, 22-23
Mt 6, 22-23 : La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará en la luz; pero si tu ojo está mal, todo tu cuerpo estará en la oscuridad. Por tanto, si la luz que hay en ti son tinieblas, ¡cuán grandes serán las tinieblas!
Este punto ya se ha tratado en EMV 6.7.