ECR 17.12
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
La presunción es ya levadura de soberbia.
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 17.12
La presunción es ya levadura de soberbia.
ECR 17.12 · Volumen 1
La imprudencia hace que (...) parezca inútil el mandato divino.
ECR 17.13
Traducción en curso
ECR 17.16
17.16 Dice Jesús:
«Las palabras de mi Madre deberían disolver cualquier vacilación de pensamiento, incluso en los más atrapados por las fórmulas.
[Cita por venir]
Este texto sólo aparece en la edición de 1985, tomo 1, capítulo 26, pp.109-111.
ECR 17.17
17.17 Llega ya a mis oídos vuestra objeción: “¿No fue excesiva la condena y pueril el medio que condujo a ella?”.
No lo fue. Una desobediencia actualmente en vosotros, que sois sus herederos, es menos grave de lo que lo fue en ellos. Vosotros estáis redimidos por mí, pero el veneno de Satanás, como ciertos morbos que no desaparecen nunca totalmente de la sangre, está siempre pronto para reactivarse. Ellos, los dos progenitores, eran posesores de la Gracia sin haber tenido nunca el más mínimo contacto con la Desgracia. Por tanto, eran más fuertes, estaban más respaldados por esa Gracia que generaba inocencia y amor. Infinito era el don que Dios les había dado; mucho más grave, por tanto, su caída poseyendo ese don.
Jesús habla de Adán y Eva y de la Caída.
ECR 17.20-21
17.20 No seáis como esos niños estúpidos de que hablo en el Evangelio, los cuales oían cantar y se tapaban los oídos, oían tocar y no bailaban, oían llorar y querían reír. No seáis mezquinos ni negadores. Aceptad la Luz, aceptadla sin malicia, sin testarudez, sin ironía o incredulidad. Y ya basta sobre esto.
17.21 Para que entendáis cuánto debéis sentiros agradecidos a Aquel que murió para levantaros y orientaros de nuevo al Cielo y para vencer la concupiscencia de Satanás, he querido hablaros, en este tiempo de preparación a la Pascua, de este primer eslabón de la cadena con que el Verbo del Padre, el Cordero Divino, fue llevado a la muerte, al matadero. Os he querido hablar de ello porque al presente el noventa por ciento de vosotros está, como Eva, intoxicado por el hálito y por la palabra de Lucifer, y no vivís para amaros sino para saciaros de sensualidad, no vivís para el Cielo sino para el barro; ya no sois criaturas dotadas de alma y razón, sino perros sin alma y sin razón. Habéis matado el alma, habéis depravado la razón. En verdad os digo que las bestias, en sus amores, son más honestas que vosotros».
ECR 18.10
18.10 Confiadle a Dios la tutela de vuestro buen nombre y de vuestros intereses afectivos. Mereced, con una vida santa, la tutela de Dios, y... caminad seguros. Podrá el mundo entero ponerse en contra de vosotros; Él os defenderá ante quien os ama, y hará brillar la verdad.
ECR 20.7
20.7 ¿Sois débiles, pobres, imperfectos? Invocad la santidad del Señor: “¡Santo, Santo, Santo!”. Invocad al Santo bendito para que socorra vuestra miseria. Vendrá, transfundiéndoos su santidad. ¿Sois santos, ricos de méritos ante sus ojos? Invocad igualmente la santidad del Señor, la cual, siendo infinita, aumentará cada vez más la vuestra. Los ángeles, seres que están por encima de las debilidades de la humanidad, no cesan un instante de cantar su “Sanctus”, y su belleza sobrenatural crece con cada acto de invocación de la santidad de nuestro Dios. Imitad, pues, a los ángeles.
ECR 20.7
No os despojéis nunca del amparo de la oración. Contra ella se despuntan las armas de Satanás, las malicias del mundo, los apetitos de la carne, las soberbias de la mente. No bajéis jamás esta arma, por la cual los Cielos se abren, lloviendo así gracias y bendiciones.
ECR 22.4
Cuando se padece una pena o se tiene una alegría, tenemos necesidad de alguien capaz de comprender, no de criticar.