ECR 24.9
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
“Padre, perdónalos”
Notas de la palabra clave
Comodidad de lectura
ECR 24.9
“Padre, perdónalos”
ECR 25.11
Hijos, es necesario esperar, orar, perdonar, para obtener que Dios intervenga en favor nuestro. Vivid también vosotros vuestra pasión, merecida por vuestras culpas. Yo os enseño a superarla y convertirla en gozo. Esperad sin medida, orad con confianza, perdonad para ser perdonados; el perdón de Dios será, hijos, la paz que deseáis.
ECR 26.8
Caridad absoluta. Caridad que sabe perdonar, que quiere perdonar: perdonar de antemano, disculpando dentro del propio corazón las faltas del prójimo; perdonar en el momento, concediendo todos los atenuantes al culpable.
María establece las condiciones esenciales para agradar a Dios y acoger su venida continua a nuestros corazones.
ECR 32.9
Considerad que Dios se ha dado para cancelar la obra de Satanás en los espíritus. ¿No va a poder derrotar ahora a los diablos que os torturan? ¿No va a poder enjugar vuestro llanto, dispersando a estos diablos y volviendo a enviar de nuevo la paz de su Cristo? ¿Por qué no se lo pedís con fe? Pero con fe verdadera, impetuosa, una fe ante la cual el rigor de Dios — indignado por tantas culpas vuestras — caiga con una sonrisa, y llegue el perdón, que es ayuda, y venga su bendición, como arco iris, a esta tierra que se hunde en un diluvio de sangre querido por vosotros mismos.
ECR 42.9
Aprended, vosotros, que morís, a merecer que Jesús esté a vuestro lado para confortaros. Mas, aunque no lo hubierais merecido, tened la osadía, de todas formas, de llamarme para que vaya a vuestro lado. Yo iré, llenas mis manos de gracias y consuelo, lleno mi corazón de perdón y de amor, llenos mis labios de palabras de absolución y de palabras de aliento.
ECR 47.3
Mi doctrina es todavía más severa que la de Juan, porque prohíbe incluso el resentimiento.
Jesús habló a Juan y le dijo:
ECR 49.3
«Tenía un poco de miedo...».
«¡No! ¡No miedo a mí! He venido por los buenos y más aún por quien está en el error. Yo quiero salvar, no condenar. Con los honestos seré todo misericordia».
«¿Y con los pecadores?».
«También. Por deshonestos entiendo los que lo son espiritualmente, y con hipocresía fingen ser buenos, mientras que realizan obras malvadas. Y hacen esas cosas, y de esa forma, para obtener algún beneficio propio y sacar algún provecho del prójimo. Con éstos seré severo».
ECR 52.9
“Dad gracias a María. Por Ella os ha sido dado el Dueño del milagro y por Ella tenéis mis gracias, especialmente el perdón”.
ECR 56.7
Decidles a los enfermos (...) que Aquel que cura viene. Decidles a los que esperan que el Mesías está entre su pueblo. Decidles a los pecadores que hay quien perdona para dar la fuerza necesaria para subir...
ECR 59.4
Mas no se formará este Reino con turbas de soldados ni con crueldades sangrientas, y en él no tendrán cabida ni los violentos, ni los déspotas, ni los soberbios, ni los iracundos, ni los envidiosos, o los lujuriosos, o los avaros; sí los buenos, los mansos, los continentes, los misericordiosos, los humildes, los que se muestran amantes del prójimo y de Dios, los pacientes.
Jesús habló del Reino y dijo: