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Notas de la palabra clave

Buena voluntad

Tema: Temas de la A a la Z · Página 5 de 6

Comodidad de lectura

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ECR 180.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Les hablo en parábolas para que viendo vean sólo lo que les ilumina su voluntad de seguir a Dios; para que oyendo — con la misma voluntad de adhesión — oigan y comprendan. ¡Vosotros veis! Muchos oyen mi palabra, pocos se adhieren a Dios; es incompleta la buena voluntad de sus espíritus. En ellos se cumple la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos pero no comprenderéis, miraréis con los ojos pero no veréis”. Porque este pueblo tiene un corazón insensible; sus oídos son duros y han cerrado los ojos para no oír y para no ver, para no comprender con el corazón y no convertirse para que los cure. ¡Pero, dichosos vosotros por vuestros ojos que ven, por vuestros oídos que oyen, por vuestra buena voluntad!

Detalle

¿Por qué les hablas en parábolas?

Anotación

Libro de Isaías 6, 9-10

Is 6, 9-10 : Dijo: "Ve y di a este pueblo: "Oíd, pero no entendáis; ved, pero no comprendáis. Endurece el corazón de este pueblo, y endurece sus oídos, y tapa sus ojos, para que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos, y para que no se vuelva y se cure.

Evangelio de Mateo 13, 10-17

Mt 13, 10-17 : Los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: "¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: "A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Les hablo en parábolas, porque miran y no ven, y escuchan y no oyen ni entienden. Así se cumple para ellos la profecía de Isaías: Podréis escuchar, pero no entenderéis. Por mucho que miréis, no veréis. Los corazones de este pueblo se han vuelto pesados: se han vuelto duros de oído, han cerrado los ojos, para que sus ojos no vean, sus oídos no oigan, sus corazones no entiendan, no se conviertan... y yo los curaré. Pero en cuanto a vosotros, benditos sean vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos han deseado ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído.

ECR 180.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escuchad ahora el espíritu de la parábola.

Tenemos cuatro tipos de campos: los fértiles, los espinosos, los pedregosos y los que están llenos de senderos. Tenemos también cuatro tipos de espíritus.

Por una parte, están los espíritus honestos, los espíritus de buena voluntad, preparados por esta misma buena voluntad y por la obra buena de un apóstol, de un “verdadero” apóstol. Porque hay apóstoles que tienen el nombre pero no el espíritu de apóstoles: su efecto sobre las voluntades que se están formando es más mortífero que los propios pájaros, espinos y piedras; con sus intransigencias, prisas, reprensiones y amenazas, trastocan todo, de tal forma, que alejan para siempre de Dios. Hay otros que, al contrario, por regar continuamente benevolencia desfasada, ajan la semilla en un terreno demasiado blando. Enervan, con su enervamiento, las almas que están bajo su custodia. Mas refirámonos a los verdaderos apóstoles, es decir, a los espejos límpidos de Dios: son paternos, misericordiosos, pacientes, y, al mismo tiempo, fuertes como su Señor. Pues bien, los espíritus preparados por éstos y por la propia voluntad se pueden comparar a los campos fértiles, exentos de piedras y zarzas, limpios de malas hierbas y cizaña; en ellos prospera la palabra de Dios; cada palabra — una semilla — produce una macolla y luego espigas maduras, y da en unos casos el cien, en otros el sesenta, en otros el treinta por ciento. ¿Entre los que me siguen hay de éstos? Sin duda. Y serán santos. Los hay de todas las castas, de todos los países, incluso gentiles hay (que darán también el cien por ciento por su buena voluntad; por ella únicamente, o también, además de por ella, por la de un apóstol o discípulo que me los prepara).

Detalle

Jesús explica la parábola del sembrador.

ECR 181.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El buen Dios os da la Palabra. El Enemigo vigila para transformarla en nociva, porque harina de trigo mezclada con harina de cizaña da pan amargo, nocivo para el vientre. Si tenéis cizaña en vuestra alma, sabed con vuestra buena voluntad separarla, para arrojarla fuera y no ser indignos de Dios.

ECR 204.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Entonces, ¿tenemos un alma exactamente igual que la de los israelitas que llamáis “justos”?».

«No, Plautina. Cambia según a lo que te refieras; si te refieres al origen y naturaleza, es exactamente igual que la de nuestros santos; si te refieres a la formación, entonces te digo que es distinta; si te refieres a la perfección que alcanza antes de la muerte, entonces la diversidad puede ser absoluta. No obstante, esto no sucede sólo con vosotros, paganos: un hijo de este pueblo puede también ser absolutamente distinto de un santo en la vida futura. El alma sufre tres fases. La primera es de creación; la segunda, de nueva creación; la tercera, de perfección. La primera es común a todos los hombres. La segunda es propia de los justos que con su voluntad llevan a su alma hacia un renacimiento más lleno, uniendo sus buenas acciones a la bondad de la obra de Dios; edifican, por tanto, un alma que ya es espiritualmente más perfecta que la primera: son, así, eslabón entre la primera y la tercera. Ésta, la tercera, es propia de los beatos, o santos si lo preferís, los cuales han superado en miles de grados a su alma inicial, adecuada sólo al hombre, y han hecho de ella una cosa que puede descansar en Dios».

ECR 206.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Vigilancia, vigilancia, vigilancia. Aquel que, imprudente, se confía diciendo: “Dios llegará antes de que me quede sin luz”, o quien se induce a sí mismo a dormir antes que a velar (¡además duerme sin aquello que necesitaría para estar listo inmediatamente a la primera llamada!), o aquel que espera al último momento para procurarse el aceite de la fe o la mecha fuerte de la buena voluntad... incurren en el peligro de quedarse fuera cuando llegue el Esposo. Velad, por tanto, con prudencia, constancia, pureza, confianza, para estar siempre preparados cuando llame Dios, porque en realidad no sabéis cuándo vendrá Él.

ECR 209.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El dolor es cruz, pero también es ala. El luto despoja, pero para volver a vestir. ¡Alzaos, vosotros que lloráis! ¡Abrid los ojos, abandonad pesadillas, tinieblas y egoísmos! Mirad... el mundo es la landa donde se llora y se muere. El mundo suplica auxilio por boca de huérfanos y enfermos, por boca de los que viven en soledad, de los que vacilan, por boca de los que viven prisioneros del rencor por causa de una traición o de un acto de crueldad. Id a estos que gritan. ¡Olvidaos entre los olvidados! ¡Sanad entre los enfermos! ¡Esperad entre los desesperados! El mundo está abierto a las buenas voluntades que desean servir a Dios en el prójimo y conquistarse el Cielo: unión con Dios, reunión con aquellos cuya ausencia lloramos. Aquí nos ejercitamos, allí será la victoria. Venid. Estad cerca de todos los dolores, como Rut. Decid también vosotros: “Estaré con vosotros hasta la muerte”. Persistid aunque oigáis esta respuesta de los desgraciados que se consideran insanables: “No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque Dios me ha colmado de amargura”. En verdad os digo que un día, por vuestra persistencia, estas calamidades exclamarán: “Bendito sea el Señor, que me ha liberado de la amargura, de la desolación, de la soledad, por obra de una criatura que ha sabido hacer que su dolor diera un fruto bueno; que Dios la bendiga eternamente por haberme salvado”.

Anotación

Si estos desgraciados que se creen incurables te dicen: "No me llames más Noemí, sino Mara, porque Dios me ha llenado de amargura", persiste. Cf. Rut 1, 1-22.

Libro de Rut 1, 1-22

Rut 1, 1-22 : En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra. Un hombre de Belén de Judá se fue con su mujer y sus dos hijos a vivir a los campos de Moab. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahalón y Quelón; eran efrateos de Belén de Judá. Fueron a los campos de Moab y se establecieron allí.

Cuando murió Elimelec, el marido de Noemí, ésta se quedó sola con sus dos hijos; tomaron esposas moabitas, una de las cuales se llamaba Orfa y la otra Rut, y vivieron allí unos diez años. También murieron Mahalón y Queljón, y la mujer se quedó sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces ella y sus nueras se levantaron y salieron de los campos de Moab, porque había oído decir en el país de Moab que el Señor había visitado a su pueblo y le había dado pan. Así que ella y sus dos nueras salieron del lugar donde se había establecido, y se pusieron en camino para regresar a la tierra de Judá. Noemí dijo a sus dos nueras: "Id y volved cada una a casa de su madre. Que el Señor sea bondadoso con ustedes, como lo fue conmigo y con los que murieron. Que el Señor haga que cada una encuentre descanso en la casa de su esposo. Y las besó. Ellas alzaron la voz y lloraron, y le dijeron: "No; volveremos contigo a tu pueblo". Noemí dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Acaso tengo todavía hijos en mi vientre que puedan ser vuestros maridos? Volved, hijas mías, volved. Soy demasiado vieja para volver a casarme. Y cuando digo: tengo esperanza; cuando esta misma noche me casara y tuviera hijos, ¿esperaríais a que crecieran? ¿os abstendríais por eso de volver a casaros? No, hijas mías. Es muy amargo para mí, por vuestra culpa, que la mano de Yahvé haya descendido sobre mí. Y, alzando la voz, volvieron a llorar. Entonces Orfa besó a su suegra, pero Rut se aferró a ella.

Noemí dijo a Rut: "He aquí que tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con su dios; vuelve con tu cuñada". Rut respondió: "No me presiones para que te deje cuando me aleje de ti. Donde tú vayas, iré yo; donde tú habites, habitaré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras, moriré yo y allí seré enterrada. ¡Que Yahvé me trate con dureza si algo que no sea la muerte me separa de ti! Al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, Noemí puso fin a sus súplicas.

Las dos siguieron su camino hasta llegar a Belén. Cuando entraron en Belén, todo el pueblo se conmovió con ellas, y las mujeres dijeron: "¿Es ésta Noemí? "20Ella les respondió: "No me llaméis Noemí; llamadme Marah, porque el Todopoderoso me ha amargado. Me fui con las manos llenas, y Yahvé me trae de vuelta con las manos vacías. ¿Por qué has de llamarme Noemí, después de que Yahvé ha testificado contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?".

Así que Noemí regresó, y con ella su nuera, Rut la moabita, que había venido de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.