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Notas de la palabra clave

Santiago de Zebedeo (apóstol)

Tema: ¿Quiénes son los apóstoles? · Página 15 de 17

Comodidad de lectura

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ECR 197 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro entra en el recinto del Templo, en funciones de padre, con aspecto verdaderamente solemne; lleva de la mano a Yabés. Camina con tanta gallardía, que hasta parece más alto.

Detrás, en grupo, todos los demás. Jesús va el último, ocupado en una animada conversación con Juan de Endor, al cual parece que le da vergüenza entrar en el Templo.

Pedro pregunta a su pupilo: «¿Has venido aquí alguna vez?» a lo que recibe como respuesta: «Cuando nací, padre; pero no me acuerdo» lo cual hace reír de satisfacción a Pedro, que repite la respuesta a los compañeros, y éstos se echan a reír también, y dicen, con bondad y perspicacia: «Quizás es que dormías y por eso...» o: «Estamos todos como tú. No nos acordamos de cuando vinimos aquí recién nacidos».

Detalle

Los Doce están presentes en este capítulo, aunque no se les nombra a todos.

ECR 199.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una mañana espléndida, que invita verdaderamente a pasear, dejando cama y casa. Los que están en la casa de Simón Zelote, cual abejas con los primeros rayos solares, se levantan muy temprano y salen a respirar el aire puro al huerto de Lázaro, que circunda la casita hospitalaria. Pronto se suman a ellos los que están alojados en casa de Lázaro, es decir: Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Andrés y Santiago de Zebedeo. El sol entra alegre por las ventanas y puertas abiertas de par en par, y las habitaciones, sencillas y limpias, se visten de un tono oro que aviva los colores de los vestidos y hace más brillantes los de los cabellos y las pupilas.

María de Alfeo y Salomé están centradas en servir a estos hombres de vigoroso apetito. María está atenta a cómo un servidor de la casa de Lázaro le arregla a Margziam sus delicados cabellos, igualándoselos con más destreza que su precedente peluquero.

ECR 199.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Viene Jesús de la casa de Lázaro. El niño corre a su encuentro y Jesús le dice: «La paz entre nosotros, Margziam. Démonos el beso de la paz».

El niño saluda también a Lázaro, que venía con Jesús, y recibe una caricia y un dulce.

Todos se reúnen en torno a Jesús. También María, que lleva ahora una túnica de lino color turquesa y un manto más oscuro de elegantes pliegues, viene sonriendo hacia su Hijo.

«Entonces, podemos empezar a marcharnos — dice Jesús —. Tú, Simón, con mi Madre y el niño, si es que estás empeñado todavía en comprar, aunque ya Lázaro haya resuelto el problema».

«¡Ciertamente! Además... podré decir que una vez pude caminar al lado de tu Madre, lo cual es un gran honor».

«Pues ve. Tú, Simón, me acompañarás a hacer una visita a tus amigos leprosos...».

«¡Sí, Maestro? Entonces, si me lo permites, me adelanto, corriendo, para reunirlos... Me verás allí; total... ya sabes dónde están...».

«De acuerdo. Ve. Los demás, haced lo que os parezca más conveniente; disponed libremente todos hasta el miércoles por la mañana. A la hora tercera todos ante la Puerta Dorada».

«Yo voy contigo, Maestro» dice Juan.

«Yo también» dice Santiago, su hermano.

«Y también nosotros» dicen los dos primos.

«Yo también» dice Mateo, y con él Andrés.

«¿Y yo? También quisiera ir contigo... pero, si voy a hacer las compras, no puedo...» dice Pedro sujeto a dos deseos.

«Hay una solución. Primero vamos a ver a los leprosos. Entretanto, mi Madre va con el niño a una casa amiga de Ofel. Luego la alcanzamos y vas con Ella mientras Yo y los demás vamos a casa de Juana. Luego nos reunimos en Getsemaní para comer, y luego, al atardecer, volvemos aquí».

«Yo, con tu permiso, voy a donde unos amigos...» dice Judas Iscariote.

«Pero si ya he dicho que hagáis lo que creáis más conveniente».

«Entonces yo voy a ver a la familia. Quizás ha vuelto ya mi padre. Si es así, te lo traigo» dice Tomás.

«¿Qué te parece, Felipe, si nosotros dos vamos a ver a Samuel?».

«Me parece bien» responde éste a Bartolomé.

«¿Y tú, Juan?» le pregunta Jesús al hombre de Endor. «¿Prefieres quedarte aquí a ordenar tus libros o venir conmigo?».

«Verdaderamente preferiría ir contigo... Los libros... ahora ya me gustan menos. Prefiero leerte a ti, Libro vivo».

«Pues ven. Adiós, Lázaro, hasta...».

«No, no; también voy yo. Las piernas están un poco mejor. Después de los leprosos te dejo y voy a Getsemaní a esperarte».

«Vamos. La paz a vosotras, mujeres».

Hasta las cercanías de Jerusalén van todos juntos. Luego se separan: Judas se va por su cuenta (entra en la ciudad, probablemente por la Puerta que está hacia la Torre Antonia); Tomás, Felipe y Natanael, con María y el niño, caminan todavía con Jesús y los otros compañeros unas cuantas decenas de metros para luego entrar en la ciudad por la parte del suburbio de Ofel.

Anotación

Tú, Simón, me vas a acompañar con tus amigos leprosos ... Simón el Zelote es un antiguo leproso, curado por Jesús.

Todos son libres hasta el miércoles por la mañana. A la hora de la tercia, todos se dirigen a la Puerta Dorada. Esta puerta conduce directamente al Templo desde Betania y Getsemaní.

Mientras tanto, mi Madre y el niño van a una casa amiga en Ofel. Este barrio está al sur del Templo y, por tanto, al este de la ciudad.

¿Qué te parece, Felipe, que vayamos los dos a casa de Samuel? Probablemente Samuel, el prometido de Annalia.

Probablemente entra en la ciudad por la puerta cercana a la Torre Antonia. La Puerta de Piscis.

ECR 199.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro se marcha contento con María; llevan los dos de la mano al niño: parecen una pequeña familia feliz. Muchos se vuelven a mirarlos. Jesús, sonriendo, observa cómo van.

«¡Simón se siente feliz!» exclama el Zelote.

«¿Por qué sonríes, Maestro?» pregunta Santiago de Zebedeo.

«Porque en ese pequeño grupo veo una gran promesa».

«¿Cuál, Hermano? ¿Qué es lo que ves?» pregunta Judas Tadeo.

«Veo que me podré marchar tranquilo cuando llegue la hora; no debo temer por mi Iglesia. Entonces será pequeña y débil como Margziam. Pero estará mi Madre, cual Madre suya, para sujetarla de la mano; y, cual padre suyo, estará Pedro, en cuya mano honesta y callosa puedo depositar sin preocupación la mano de mi naciente Iglesia. Pedro le dará la fuerza de su protección; mi Madre, la fuerza de su amor. Así la Iglesia se desarrollará... como Margziam... ¡Verdaderamente es un niño-símbolo! ¡Dios bendiga a mi Madre, a mi Pedro y al niño de ellos y nuestro! Vamos a casa de Juana...».

ECR 200.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pasa todavía otro rato más y suben en grupo los apóstoles con el niño y Juan de Endor. Los siguen las mujeres con las viandas y las candelas. Por último, Lázaro y Simón.

ECR 201.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La comitiva de los apóstoles y las mujeres, encabezada por Jesús y María y el pequeño, que va entre ambos, se está acercando a la Puerta de los Peces. Por tanto, debe ser el miércoles por la mañana. Va con ellos también José de Arimatea, que, fiel a su palabra, ha salido a su encuentro.

Jesús busca con la mirada al soldado Alejandro, pero no le ve.

«Tampoco está hoy. Quisiera saber qué ha sido de él...».

Pero la muchedumbre es tanta, que no hay modo de hablar con los soldados, y quizás sería imprudente, pues los judíos están más intransigentes que nunca ante la inminencia de la fiesta; están, además, resentidos por la captura de Juan el Bautista, y consideran cómplices a Pilatos y a sus hombres de confianza. Deduzco esto por los epítetos y las disputas que continuamente se encienden en la Puerta entre los soldados y la gente, y los insultos... pintorescos, no precisamente urbanos, que estallan a cada momento como el fuego de una girándula perpetua.

Las mujeres de Galilea se sienten escandalizadas y se arrebujan más que nunca en sus velos y mantos. María se ruboriza, pero sigue andando segura, derecha como una palma, mirando a su Hijo, el cual, por su parte, ni siquiera intenta hacer razonar a los exaltados hebreos, o aconsejar a los soldados que tengan piedad de éstos. Y, dado que algún epíteto poco bonito va también a parar al grupo de los galileos, José de Arimatea pasa adelante, al lado de Jesús; de forma que la gente, que le conoce, calla por respeto a él.

Atraviesan por fin la Puerta de los Peces. El río humano que afluye a oleadas a la ciudad, mezclado con burros y hatos de otros animales, se extiende por las calles...

ECR 203.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Ver en su contexto

Cita

«Hay otro motivo, Simón...».

«Dilo, Maestro; con gusto cambiaré de opinión acerca de mi compañero».

«Judas está celoso. Su inquietud es por celos».

«¿Celoso! ¿De quién? No tiene mujer, y, aun en el caso de que la tuviera y fuera con otras mujeres, yo creo que ninguno de nosotros manifestaría desprecio hacia este condiscípulo...».

«Está celoso de mí. Observa esto: Judas se ha alterado después de Endor y de Esdrelón, o sea, cuando ha visto que me he ocupado de Juan y de Yabés; ya verás como ahora, que Juan — sobre todo Juan — dejará nuestro grupo, pasando de mí a Isaac, volverá a estar alegre y tranquilo».

«¡Bien!... ¡bien!, pero no me irás a decir que no se ha apoderado de él un diablo; y, sobre todo... ¡no!, ¡lo digo!... sobre todo, no me irás a decir que ha mejorado en estos meses. Yo también estaba celoso el año pasado... cuando quería que no fuésemos más de nosotros seis, los primeros seis, ¿te acuerdas? Sin embargo, ahora... ¡déjame invocar a Dios por una vez como testigo de mi pensamiento!... ahora digo que cuanto más discípulos hay en torno a ti más feliz me siento: ¡quisiera tener a todos los hombres y conducirlos a ti, y todos los medios para auxiliar a los que lo necesitan, para que la miseria no le significase a ninguno un obstáculo para llegarse a ti! Dios ve que digo la verdad. Pero, ¿por qué soy así ahora?: porque me he dejado cambiar por ti. Él no ha cambiado; es más... ¡que sí, Maestro!... ¡que le ha entrado un demonio, hombre!».

«No digas eso. No lo pienses. Ora porque se cure: los celos son una enfermedad...».

«... que a tu lado se cura, si uno quiere. ¡Le soportaré por ti!... Pero, ¡qué difícil!...».

«Ya te he dado el premio: el niño. Ahora voy a enseñarte a orar...».

«Sí, hermano, hablemos de esto... Hablemos de mi homónimo sólo para recordar que es esto lo que necesita. Creo que ya ha recibido su castigo en el hecho de no estar en este momento con nosotros» dice Judas Tadeo.

Detalle

El sufrimiento de Simón Pedro ante los celos de Judas y los Iscariote de Juan de Endor. Algunos de los apóstoles intervienen durante este intercambio.

Anotación

Mi tocayo: Judas y Jude son el mismo nombre de pila, aunque los franceses utilizaran formas diferentes.

ECR 203.13 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Alzaos. Vamos. Estaremos en la ciudad para el alba. Es más, mañana, tú, Simón, y tú, hermano mío (señala a Judas), iréis por las mujeres y el niño; tú, Simón de Jonás, y vosotros, os quedaréis conmigo hasta que éstos vuelvan; luego iremos juntos a Betania».

Bajan hasta el Getsemaní y entran en la casa para descansar.