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Notas de la palabra clave

Alejandro (soldado romano)

Tema: Personajes principales y secundarios

Comodidad de lectura

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ECR 86

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús se encuentra en la Puerta de Piscis, donde ha de reunirse con Judas y los pastores (Isaac, Leví y José). Se encuentra con el soldado Alejandro, que le invita a calmar a los judíos. Jesús dirige un breve discurso a sus hermanos en la fe. Luego sigue hablando con Alejandro, en particular sobre el alma. Entonces llegan Judas y los pastores. Annalia, que había sido curada, llega también para bendecir al Salvador y, tras decirle unas palabras, el Señor la deja marchar. Finalmente, Judas le habló. Estaba desanimado, así que Jesús le animó y le dijo que las derrotas son normales en el apostolado, pero que luego todo se transforma en victoria. Por último, habló a los pastores y ahí terminó todo.

ECR 115

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en el Templo de Jerusalén. Está rezando. Pero aparece Alejandro, el soldado romano que había conocido antes. Su caballo ha herido a un niño que agoniza, así que viene en busca del Maestro, que está seguro de poder salvar a este inocente. Su llegada provoca un escándalo, porque un pagano en el Templo es muy grave a los ojos de los fariseos. Así que Jesús se dirigió directamente a él y curó al muchacho. Los doctores de la Ley le reprocharon entonces todo el alboroto que estaba causando en el lugar santo...

ECR 201.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La comitiva de los apóstoles y las mujeres, encabezada por Jesús y María y el pequeño, que va entre ambos, se está acercando a la Puerta de los Peces. Por tanto, debe ser el miércoles por la mañana. Va con ellos también José de Arimatea, que, fiel a su palabra, ha salido a su encuentro.

Jesús busca con la mirada al soldado Alejandro, pero no le ve.

«Tampoco está hoy. Quisiera saber qué ha sido de él...».

Pero la muchedumbre es tanta, que no hay modo de hablar con los soldados, y quizás sería imprudente, pues los judíos están más intransigentes que nunca ante la inminencia de la fiesta; están, además, resentidos por la captura de Juan el Bautista, y consideran cómplices a Pilatos y a sus hombres de confianza. Deduzco esto por los epítetos y las disputas que continuamente se encienden en la Puerta entre los soldados y la gente, y los insultos... pintorescos, no precisamente urbanos, que estallan a cada momento como el fuego de una girándula perpetua.

Las mujeres de Galilea se sienten escandalizadas y se arrebujan más que nunca en sus velos y mantos. María se ruboriza, pero sigue andando segura, derecha como una palma, mirando a su Hijo, el cual, por su parte, ni siquiera intenta hacer razonar a los exaltados hebreos, o aconsejar a los soldados que tengan piedad de éstos. Y, dado que algún epíteto poco bonito va también a parar al grupo de los galileos, José de Arimatea pasa adelante, al lado de Jesús; de forma que la gente, que le conoce, calla por respeto a él.

Atraviesan por fin la Puerta de los Peces. El río humano que afluye a oleadas a la ciudad, mezclado con burros y hatos de otros animales, se extiende por las calles...

Anotación

El grupo de apóstoles y mujeres, precedidos por Jesús y María con el niño en medio, se acercan a la Puerta de Piscis. Puerta al norte, al pie de la fortaleza Antonia.

ECR 204.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡La Luz descienda sobre todos vosotros!».

«¡Salve, Maestro!» es el saludo de Quintiliano, que está vestido de paisano.

Las damas se ponen en pie para saludar a Jesús (son Plautina, Valeria y Lidia, y otra, anciana, que no sé ni quién es ni qué es, o sea, si es del mismo grado o de grado inferior; están todas vestidas con mucha sencillez y nada las distingue).

«Hemos venido porque queríamos oírte hablar. No has venido nunca. Estaba de guardia cuando llegaste, pero no te he visto nunca».

«Yo tampoco he visto nunca en la Puerta de los Peces a un soldado amigo mío. Se llamaba Alejandro...».

«¿Alejandro? No sé exactamente si es él, pero sé que hace un tiempo tuvimos que quitar, para calmar a los judíos, a un soldado acusado de... haber hablado de ti. Ahora está en Antioquía. Quizás vuelva. ¡Caray, qué molestos son esos... los que quieren mandar incluso ahora, que están sometidos! Y no hay más remedio que moverse con maña para no provocar cosas graves... Nos hacen la vida difícil, créelo... Sin embargo, Tú eres bueno y sabio. ¿Nos hablas? Quizás pronto tenga que irme de Palestina, quisiera llevarme conmigo algo tuyo que recordar».

«Os hablaré, sí. No decepciono nunca a nadie. ¿Qué es lo que queréis saber?».

Detalle

Unos romanos vinieron a hablar con Jesús.