ECR 5.12
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
La carne habitada por el espíritu es la obra maestra de Dios.
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 5.12
La carne habitada por el espíritu es la obra maestra de Dios.
ECR 5.13
Vosotros habéis tenido como maestro a Satanás, le habéis querido y le queréis como maestro. Y las obras que realizáis son dignas del maestro que habéis querido.
ECR 5.13
5.13 Dios, Padre Creador, había creado al hombre y a la mujer con una ley de amor tan perfecta, que vosotros no podéis ni siquiera comprender sus perfecciones; vuestra mente se pierde pensando en cómo habría venido la especie si el hombre no la hubiera obtenido con la enseñanza de Satanás.
Observad las plantas de fruto y de grano. ¿Obtienen la semilla o el fruto mediante fornicación, mediante una fecundación por cada cien uniones? No. De la flor masculina sale el polen y, guiado por un complejo de leyes meteóricas y magnéticas, va hacia el ovario de la flor femenina. Éste se abre y lo recibe y produce; no — como hacéis vosotros, para experimentar al día siguiente la misma sensación — se mancha y luego lo rechaza. Produce, y hasta la nueva estación no florece, y cuando florece es para reproducirse.
Observad a los animales. Todos. ¿Habéis visto alguna vez a un animal macho y a uno hembra ir el uno hacia el otro para estéril abrazo y lascivo comercio? No. Desde cerca o desde lejos, volando, arrastrándose, saltando o corriendo, van, llegada la hora, al rito fecundativo, y no se substraen a él deteniéndose en el goce, sino que van más allá de éste, van a las consecuencias serias y santas de la prole, única finalidad que en el hombre, semidiós por el origen de Gracia, de esa Gracia que Yo he devuelto completa, debería hacer aceptar la animalidad del acto, necesario desde que descendisteis un grado hacia los brutos.
Vosotros no hacéis como las plantas y los animales. Vosotros habéis tenido como maestro a Satanás, le habéis querido y le queréis como maestro. Y las obras que realizáis son dignas del maestro que habéis querido. Mas si hubieseis sido fieles a Dios, habríais recibido la alegría de los hijos santamente, sin dolor, sin extenuaros en cópulas obscenas, indignas, ignoradas incluso por las bestias, las bestias sin alma racional y espiritual.
ECR 5.13-14
Dios quiso oponer, frente al hombre y a la mujer pervertidos por Satanás, al Hombre nacido de una Mujer suprasublimada por Dios hasta el punto de generar sin haber conocido varón: Flor que genera Flor sin necesidad de semilla; sólo por el beso del Sol en el cáliz inviolado de la Azucena-María.
5.14 ¡La revancha de Dios!...
Echa resoplidos de odio, Satanás, mientras Ella nace. ¡Esta Párvula te ha vencido! Antes de que fueras el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor, eras ya el Vencido, y Ella es tu Vencedora. Mil ejércitos en formación nada pueden contra tu potencia, ceden las armas de los hombres contra tus escamas, ¡oh, Perenne!, y no hay viento capaz de llevarse el hedor de tu hálito. Y sin embargo este calcañar de recién nacida, tan rosa que parece el interior de una camelia rosada, tan liso y suave que comparada con él la seda es áspera, tan pequeño que podría caber en el cáliz de un tulipán y hacerse un zapatito de ese raso vegetal, he aquí que te comprime sin miedo, te confina en tu caverna. Y su vagido te pone en fuga, a ti que no tienes miedo de los ejércitos; y su aliento libera al mundo de tu hedor. Estás derrotado. Su nombre, su mirada, su pureza son lanza, rayo, losa que te traspasan, que te abaten, que te encierran en tu hura de Infierno, ¡oh, Maldito, que le has arrebatado a Dios la alegría de ser Padre de todos los hombres creados!
Se demuestra inútil ahora el haber corrompido a quienes habían sido creados inocentes, conduciéndolos a conocer y a concebir por caminos sinuosos de lujuria, privándole a Dios, en su criatura dilecta, de ser Él quien distribuyera magnánimamente los hijos según reglas que, si hubieran sido respetadas, habrían mantenido en la tierra un equilibrio entre los sexos y las razas que hubiera podido evitar guerras entre los hombres y desgracias en las familias.
Obedeciendo, habrían conocido también el amor. Es más, sólo obedeciendo lo habrían conocido y lo habrían poseído. Una posesión llena y tranquila de esta emanación de Dios, que de lo sobrenatural desciende hacia lo inferior, para que la carne también se goce santamente en ella, la carne que está unida al espíritu y que ha sido creada por el Mismo que le creó el espíritu.
¿Ahora, ¡oh, hombres!, vuestro amor, vuestros amores, qué son? O libídine vestida de amor o miedo incurable de perder el amor del cónyuge por libídine suya y de otros. Desde que la libídine está en el mundo, ya nunca os sentís seguros de la posesión del corazón del esposo o de la esposa; y tembláis y lloráis y enloquecéis de celos, asesináis a veces para vengar una traición, os desesperáis otras veces u os volvéis abúlicos o dementes.
Eso es lo que has hecho, Satanás, a los hijos de Dios. Estos que tú has corrompido habrían conocido la dicha de tener hijos sin padecer dolor, la dicha de nacer y no tener miedo a morir. Mas ahora has sido derrotado en una Mujer y por la Mujer. De ahora en adelante quien la ame volverá a ser de Dios, venciendo a tus tentaciones para poder mirar a su inmaculada pureza. De ahora en adelante, no pudiendo concebir sin dolor, las madres la tendrán a Ella como consuelo. De ahora en adelante será guía para las esposas y madre para los moribundos, por lo que dulce será el morir sobre ese seno que es escudo contra ti, Maldito, y contra el juicio de Dios.
ECR 5.14
La sublime revancha de Dios contra la venganza de Satanás ha consistido en llevar la perfección de la dilecta criatura a una superperfección que anulara, al menos en una, cualquier vestigio de humanidad susceptible de recibir el veneno de Satanás, por lo cual el Hijo vendría no de casto abrazo de hombre sino de un abrazo divino que, en el éxtasis del Fuego, arrebola el espíritu.
Jesús habla de María.
ECR 5.15
Hasta en el más santo ha habido al menos un contubernio: el de origen, entre el espíritu y la Culpa, esa unión que sólo el Bautismo disuelve. La disuelve, sí, pero — como en el caso de una mujer separada de su marido por la muerte — no devuelve la virginidad total como era la de los Primeros antes del pecado. Una cicatriz queda, y duele, recordando así su presencia, cicatriz que puede siempre en cualquier momento traducirse de nuevo en una llaga, como ciertas enfermedades agudizadas periódicamente por sus virus. En la Virgen no existe esta señal de un disuelto ligamen con la Culpa. Su alma aparece bella e intacta como cuando el Padre la pensó reuniendo en Ella todas las gracias.
ECR 6.7
«Es el ojo que mira a Dios con amor, ya llore, ya ría, y que por amor a Dios acaricia y perdona, y todo lo soporta; el amor a su Dios le ha hecho inmune a los asaltos del Mal, que muchas veces se sirve del ojo para penetrar en el corazón; es el ojo puro, tranquilizante, bendecidor que tienen los puros, los santos, los enamorados de Dios.
Ya lo dije: “El ojo es luz de tu cuerpo. Si el ojo es puro, todo tu cuerpo estará iluminado; mas si el ojo es túrbido, toda tu persona estará en las tinieblas”. Los santos han tenido estos ojos, que son luz para el espíritu y salvación para la carne, porque, como María, durante toda su vida sólo han mirado a Dios; o, más aún, han tenido recuerdo de Dios.
Ya te explicaré, pequeña voz, el sentido de estas palabras mías».
Jesús habla de María, de los santos y de los bienaventurados.
Evangelio de Mateo 6, 22-23
Mt 6, 22-23 : La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará en la luz; pero si tu ojo está mal, todo tu cuerpo estará en las tinieblas. Por eso, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué grandes serán las tinieblas!
Evangelio de Lucas 11, 34-35
Lc 11, 34-35 : La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará en la luz; si está malo, también tu cuerpo estará en las tinieblas.
ECR 7.3-4
7.3 Mamá, ¿me sigues contando alguna otra historia?...».
«¡Oh, hija mía! ¿Cuál quieres saber?».
María se queda pensando; seria y recogida como está, habría que pintarla para eternizar su expresión. En su carita infantil se reflejan las sombras de sus pensamientos. Sonrisas y suspiros, rayos de sol y sombras de nubes pensando en la historia de Israel. Luego elige: «Otra vez la de Gabriel y Daniel, en que está la promesa del Cristo».
Y escucha con los ojos cerrados, repitiendo en voz baja las palabras que su madre le dice, como para recordarlas mejor. Cuando Ana termina, pregunta: «¿Cuánto falta todavía para tener con nosotros al Emmanuel?».
«Treinta años aproximadamente, querida mía».
«¡Cuánto todavía! Y yo estaré en el Templo... Dime, si rezase mucho, mucho, mucho, día y noche, noche y día, y deseara ser sólo de Dios, toda la vida, con esta finalidad, ¿el Eterno me concedería la gracia de dar antes el Mesías a su pueblo?».
«No lo sé, querida mía. El Profeta dice: “Setenta semanas”. Yo creo que la profecía no se equivoca. Pero el Señor es tan bueno — se apresura a añadir Ana, al ver que las pestañas de oro de su niña se perlan de llanto — que creo que si rezas mucho, mucho, mucho, se te mostrará propicio».
La sonrisa aparece de nuevo en esa carita ligeramente alzada hacia la madre, y un ojalito de sol que pasa entre dos pámpanas hace brillar las lágrimas del ya cesado llanto, cual gotitas de rocío colgando de los tallitos sutilísimos del musgo alpino.
Mamá, ¿me sigues contando alguna otra historia?...».
«¡Oh, hija mía! ¿Cuál quieres saber?».
María se queda pensando; seria y recogida como está, habría que pintarla para eternizar su expresión. En su carita infantil se reflejan las sombras de sus pensamientos. Sonrisas y suspiros, rayos de sol y sombras de nubes pensando en la historia de Israel. Luego elige: «Otra vez la de Gabriel y Daniel, en que está la promesa del Cristo».
Y escucha con los ojos cerrados, repitiendo en voz baja las palabras que su madre le dice, como para recordarlas mejor. Cuando Ana termina, pregunta: «¿Cuánto falta todavía para tener con nosotros al Emmanuel?».
«Treinta años aproximadamente, querida mía».
«¡Cuánto todavía! Y yo estaré en el Templo... Dime, si rezase mucho, mucho, mucho, día y noche, noche y día, y deseara ser sólo de Dios, toda la vida, con esta finalidad, ¿el Eterno me concedería la gracia de dar antes el Mesías a su pueblo?».
«No lo sé, querida mía. El Profeta dice: “Setenta semanas”. Yo creo que la profecía no se equivoca. Pero el Señor es tan bueno — se apresura a añadir Ana, al ver que las pestañas de oro de su niña se perlan de llanto — que creo que si rezas mucho, mucho, mucho, se te mostrará propicio».
La sonrisa aparece de nuevo en esa carita ligeramente alzada hacia la madre, y un ojalito de sol que pasa entre dos pámpanas hace brillar las lágrimas del ya cesado llanto, cual gotitas de rocío colgando de los tallitos sutilísimos del musgo alpino.
7.4 «Entonces rezaré y me consagraré virgen para esto».
«Pero, ¿sabes lo que quiere decir eso?».
«Quiere decir no conocer amor de hombre, sino sólo de Dios. Quiere decir no tener ningún pensamiento que no sea para el Señor. Quiere decir ser siempre niña en la carne y ángel en el corazón. Quiere decir no tener ojos sino para mirar a Dios, oídos para oírle, boca para alabarle, manos para ofrecerse como hostias, pies para seguirle velozmente, corazón y vida para dárselos a Él».
«¡Bendita tú! Pero entonces no tendrás nunca niños, ¿sabes?; y a ti te gustan mucho los niños y los corderitos y las tortolitas. Un niño para una mujer es como un corderito blanco y crespo, como una palomita de plumas de seda y boca de coral: se le puede amar, besar; se puede oír que nos llama “mamá”».
«No importa. Seré de Dios. En el Templo rezaré. Y quizás un día vea al Emmanuel. La Virgen que debe ser Madre suya, como dice el gran Profeta, ya debe haber nacido y estar en el Templo... Yo seré compañera suya... y sierva suya. ¡Oh, sí! Si pudiera conocer, por luz de Dios, a esa mujer bienaventurada, querría servirla. Luego Ella me traería a su Hijo, me conduciría hacia su Hijo y así le serviría también a Él. ¡Fíjate, mamá!... ¡¡Servir al Mesías!!...». María se siente sobrepujada por este pensamiento que la sublima y la deja anonadada al mismo tiempo. Con las manitas cruzadas sobre su pecho y la cabecita un poco inclinada hacia adelante, y encendida de emoción, parece una infantil reproducción de la Virgen de la Anunciación que yo vi. Y sigue diciendo: «¿Pero, el Rey de Israel, el Ungido de Dios, me permitirá servirle?».
«No lo dudes. ¿No dice el rey Salomón: “Sesenta son las reinas y ochenta las otras esposas y sin número las doncellas”? En ello puedes ver que en el palacio del Rey serán sin número las doncellas vírgenes que servirán a su Señor».
«¡Oh! ¿Lo ves como debo ser virgen? Debo serlo. Si Él por madre quiere una virgen, es señal de que estima la virginidad por encima de todas las cosas. Yo quiero que me ame a mí, su sierva, por esa virginidad que me hará un poco similar a su dilecta Madre... Esto es lo que quiero...
María está con su madre y le pide que le cuente una historia de la Sagrada Escritura.
"De nuevo, la palabra de Gabriel a Daniel, aquella en la que se nos promete a Cristo". Daniel 9, 20-27. Esta palabra profética se interpretará en EMV 10.5 y EMV 41.3/4.
Libro de Daniel 9, 20-27
Daniel 9, 20-27: Todavía estaba hablando, orando, confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, elevando mi súplica ante el Señor, mi Dios, por el monte santo de mi Dios; todavía estaba hablando en mi oración cuando Gabriel -el ser que había visto al principio de la visión- vino velozmente a mí a la hora de la ofrenda vespertina.
Me instruyó diciendo: "Daniel, he salido ahora para abrir tu entendimiento. Desde el principio de tu súplica, ha surgido una palabra, y he venido a anunciártela, pues eres amado por Dios. Comprended la palabra y procurad comprender la aparición.
Setenta semanas han sido reservadas para tu pueblo y tu ciudad santa, para poner fin a la perversidad y acabar con el pecado, para expiar la iniquidad y realizar la justicia eterna, para cumplir la visión y la profecía, y para consagrar el Santo de los Santos.
¡Conócelo y compréndelo! Desde el momento en que se dio la orden de reconstruir Jerusalén hasta la venida de un mesías, un líder, habrá siete semanas. Durante sesenta y dos semanas, reconstruirán las plazas y los muros, pero será en la angustia de los tiempos. Y despues de las sesenta y dos semanas, un mesias sera removido. El pueblo de un futuro líder destruirá la ciudad y el Lugar Santo. Entonces, en una inundación, su fin vendrá. Hasta el final de la guerra, las devastaciones decidido tendrá lugar. Durante una semana, este gobernante reforzará el pacto con una multitud; durante la mitad de la semana, hará cesar el sacrificio y la ofrenda, y en un ala del Templo estará la Abominación de la Desolación, hasta que el exterminio decidido se derrita sobre el autor de esta desolación."
ECR 7.4
«Entonces rezaré y me consagraré virgen para esto».
«Pero, ¿sabes lo que quiere decir eso?».
«Quiere decir no conocer amor de hombre, sino sólo de Dios. Quiere decir no tener ningún pensamiento que no sea para el Señor. Quiere decir ser siempre niña en la carne y ángel en el corazón. Quiere decir no tener ojos sino para mirar a Dios, oídos para oírle, boca para alabarle, manos para ofrecerse como hostias, pies para seguirle velozmente, corazón y vida para dárselos a Él».
María habla de la venida del Mesías. Declara que para ello permanecerá virgen, y ella misma define lo que significa la virginidad consagrada.
ECR 7.8
¿Qué es la razón? Un don de Dios. Él, por tanto, puede darla con la medida que quiera, a quien quiera y cuando quiera. Es, además, una de las cosas que más os asemejan a Dios, Espíritu inteligente y que razona. La razón y la inteligencia fueron gracias otorgadas por Dios al Hombre en el Paraíso Terrenal. ¡Y qué vivas estaban cuando la Gracia moraba, aún intacta y operante, en el espíritu de los dos Primeros!
En el libro de Jesús Bar Sirac está escrito: “Toda sabiduría viene del Señor Dios y con Él ha estado siempre, incluso antes de los siglos”. ¿Qué sabiduría, pues, habrían tenido los hombres si hubieran conservado su filiación para con Dios?
Libro de Ben Sira el Sabio
Si 1, 1 : Toda Sabiduría viene del Señor y permanece con él para siempre.