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Notas del tema

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ECR 217.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Aquí hay Uno que es mucho mayor que el Templo y puede coger lo que quiera de la creación, porque Dios ha puesto todo como escabel de la Palabra. Así que Yo tomo y doy: tomo y doy las espigas del Padre, depositadas en la inmensa mesa que es la Tierra, así como tomo y doy la Palabra. Tomo y doy: a los buenos y a los malos; porque soy Misericordia. Pero vosotros no sabéis qué es la Misericordia. Si supierais qué quiere decir que soy Misericordia, comprenderíais que no quiero sino misericordia. Si supierais qué es la Misericordia, no condenaríais a los inocentes. Pero no lo sabéis. Ni siquiera sabéis que no os condeno. No sabéis que os perdonaré, o, más bien, que pediré al Padre que os perdone. Quiero misericordia, no castigo. No, no sabéis, no queréis saber; y éste es un pecado mayor que el que me imputáis a mí, mayor que el que decís que han cometido estos inocentes. Y sabed que el sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado; sabed que el Hijo del hombre es también señor del sábado.

Detalle

Jesús se dirige a unos fariseos que se le oponen.

Anotación

Tanto a los buenos como a los malos, porque yo soy la Misericordia. Pero vosotros no sabéis lo que es la misericordia. Si supierais lo que significa, comprenderíais también que solo quiero eso. Véase Oseas 6,6, citado también en Mateo 9,13.

ECR 218

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Diversos encuentros en Ashqelôn (Ascalón), ciudad de Filistea

Fecha de la visión: sábado, 14 de julio de 1945

Calendario: Domingo, 7 de mayo de 28 (25 de Lyar o Ziv de 3788)

Lugares (mapa): Ashqêlon (Ascalón)

Ciclo: Apostolado en Filistea

Resumen: Los apóstoles se despiertan allí y reanudan el camino. Llegan a la orilla del mar y Juan queda hipnotizado por el mar. Los apóstoles preguntan por dónde van a entrar en Asqêlon y Jesús afirma que sabe por dónde ir. Los discípulos le preguntan entonces si ya ha estado allí, y él responde que sí; sin embargo, era demasiado pequeño para recordarlo. Santiago, hijo de Zebedeo, señala entonces que Cristo nunca se equivoca de camino y que no es la primera vez que se da cuenta de ello.

Avanzan hasta un pequeño arrabal rural donde viven unos horticultores. Como tienen hambre, Tomás regatea duramente con uno de ellos para conseguir huevos, y acaba consiguiendo dos docenas. A continuación, van a hablar con otro horticultor que, por su parte, tendría pan. Al principio, el anciano los ignora, pero Pedro acaba por conseguir una reacción al mencionar a Sansón, el personaje bíblico, y Simón de Jonás acaba diciendo que es cristiano, que pertenece a Cristo, el Mesías y rey de Israel que vencerá «al mundo entero e incluso al infierno». Esto despierta la curiosidad del hombre, que les invita a acercarse. Sus esclavas, dos africanas llamadas Anibé y Nubi, acuden a atenderles y comen juntos. El anciano Ananías explica el origen de las mujeres y pregunta cómo va a llevar a cabo Jesús su conquista. Este último explica entonces que quiere darnos el Reino de los Cielos, incluso a él, que es un filisteo. A este le interesa la noción de la eternidad del alma, que también se les transmite a Anibé y Nubi. Jesús le promete, además, que la esposa y el hijo que ha perdido no han muerto, pues el alma perdura. El horticultor acaba ofreciéndoles alojamiento, y el grupo apostólico se despide de él para ir a la ciudad. Jesús envía a los apóstoles a predicar y él, por su parte, da un paseo a solas por Ascalón.

Allí se encuentra con Alejandro, un niño al que han expulsado de clase por ser revoltoso. Tras conseguir que el niño le prometa no volver a portarse mal y, sobre todo, no volver a hacer un muñeco de madera que se burla del jefe de la sinagoga, Jesús lo acompaña hasta la tienda de sus padres. Allí se encuentra con su madre y con la pobre Dina, otra niña cuya madre está muy enferma. La pequeña había perdido a su padre en el mar y, como este era empleado de los padres de Alejandro, estos habían cuidado de ella lo mejor que pudieron. Pero la madre de Dina se está muriendo de una enfermedad incurable. Jesús le pide entonces que lo lleve hasta su casa y, por el camino, ella afirma que si supiera dónde está el Mesías, creería en él y le pediría que hiciera un milagro. Jesús sonríe ante su profesión de fe y, cuando llegan junto a la moribunda, se da a conocer tal y como es y cura a la madre. A continuación, se despide de aquella pobre familia de Asqêlon.

Contenido del capítulo: 218.1: De camino, a lo largo de la orilla, hacia la ciudad que ya se divisa. 218.2: En el mercado, Tomás regatea por unos huevos con un filisteo. 218.3: Pedro le pide pan al filisteo Ananías y le habla del Mesías. 218.4: Ananías invita a comer a Jesús y a los suyos. 218.5: Jesús le habla del Reino para todos, incluso para los filisteos, y de su alma. 218.6: Jesús envía a los apóstoles a predicar en cuatro grupos. A solas, rechaza a una prostituta, pero acoge a los niños. 218.7: Se va con el pequeño Alejandro, quien le cuenta la historia de la pequeña Dina. A Jesús le entregan un títere irrespetuoso. 218.8: Admira las alfombras de la fábrica y la bondad de la madre. 218.9: Habla del Mesías a la pequeña Dina, que lo lleva a su casa. 218.10: Donde cura a su madre moribunda.

Edición antigua: Tomo 3, capítulo 80

ECR 433

El Evangelio como me ha sido revelado

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