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Notas del tema

Presciencia de Jesucristo

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Comodidad de lectura

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ECR 78.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tengo ochenta y cuatro años... el camino está terminándose. Ya no esperaba encontrar la Gracia de Dios, y, sin embargo, te he encontrado... y ahora ya no deseo ver más luz que la tuya... Sí. Te veo cual eres bajo esta vestidura de piedad que es la carne que has tomado. ¡Te veo! ¡Oíd la voz de aquel que al morir ve la Luz de Dios!».

La gente se arremolina en torno al anciano inspirado que está en el grupo de Jesús y que, no teniéndose ya en pie apoyado sobre su bastoncito, levanta los brazos trémulos, la cabeza toda canosa, con su barba larga y bipartida, una verdadera cabeza de patriarca o profeta.

«Yo veo a Éste, el Elegido, el Supremo, el Perfecto, que ha venido aquí abajo por fuerza de Amor, subir a la derecha del Padre, tornar a ser Uno con Él. Pero, ¡ved!, no Voz y Esencia incorpórea como Moisés vio al Altísimo y como el Génesis dice le conocieran los Primeros y con Él hablasen en el viento de la tarde. Como verdadera Carne le veo subir al Eterno, ¡Carne refulgente!, ¡Carne gloriosa!; ¡oh, pompa de Carne divina!, ¡oh, Belleza del Hombre Dios! ¡Es el Rey! Sí. Es el Rey. No de Israel; del mundo. Y ante Él se inclinan todas las realezas de la tierra, y todo cetro y toda corona se anulan en el fulgor de su cetro y de sus joyas. Una guirnalda, una guirnalda tiene en su frente. Un cetro, un cetro tiene en su mano. En el pecho, un racional: en él hay perlas y rubíes de un esplendor jamás visto. De él salen llamas como de un horno sublime. En las muñecas, dos rubíes, y lleva una fíbula de rubíes en sus pies santos. ¡De los rubíes, luz, luz...! ¡Mirad, oh pueblos, al Rey Eterno! ¡Te veo! ¡Te veo! Subo contigo... ¡Ah! ¡Señor!, ¡Redentor nuestro!... La luz crece en mi ojo del alma... ¡El Rey está ornado con su Sangre! La guirnalda es una corona de sangrantes espinos, el cetro es una cruz... ¡Aquí está el Hombre! ¡Aquí está! ¡Eres Tú!... Señor, por tu inmolación ten piedad de tu siervo. Jesús, a tu piedad entrego mi espíritu».

El anciano, hasta este momento derecho, rejuvenecido en el fuego de su profecía, se derrumba al improviso, y caería al suelo si Jesús, atento, no le hubiera sujetado contra su pecho.

«¡Saúl!».

«¡Se está muriendo Saúl!».

«¡Venid a ayudar!».

«¡Corred!».

«Paz en torno al justo que muere» dice Jesús, que lentamente se ha ido arrodillando para poder sujetar mejor al anciano, que pesa cada vez más.

Silencio.

Jesús le depone extendido en el suelo y se levanta. «Paz a su espíritu. Ha muerto viendo la Luz. En la espera — y será breve — verá ya el rostro de Dios y se sentirá feliz. No hay muerte, o sea, separación de la vida, para quienes murieron en el Señor».

78.9

La gente, un rato después, se aleja haciendo comentarios. Se quedan las personalidades, Jesús, los suyos y el jefe de la sinagoga.

«¿Ha profetizado, Señor?».

«Sus ojos han visto la Verdad. Vamos».

ECR 80.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La llanura es cada vez más estéril y triste. Titileos de lascas brillan en ciertas arrugas del terreno, en concavidades que hay entre las escabrosidades del suelo. Parecen lascas de brillantes sucios. Juan se agacha a mirarlas.

«Es la sal del subsuelo; está saturado de sal. Aflora con las aguas de primavera y después se seca. Por eso la vida no resiste aquí. El mar Oriental, a través de profundas venas, esparce su muerte en muchos estadios a la redonda. Sólo donde manantiales dulces combaten su acción mordiente es posible encontrar plantas... y también alivio» explica Jesús.

Detalle

María describe los alrededores del lugar donde tuvo lugar la Tentación de Cristo. Los apóstoles permanecieron allí un rato y luego se marcharon. Tras haber caminado durante horas, escribe:

ECR 80.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo, como Dios, sabía todo, con mi inteligencia, incluso, Yo podía comprender las luchas del hombre, por poder intelectivo e intelectualmente. Pero un día algún pobre amigo mío, algún pobre hijo mío, habría podido decir y decirme: “Tú no sabes qué es ser hombre y tener sentido y pasiones”. Habría sido un reproche justo. Vine aquí, o mejor, allí, a aquel monte, para prepararme... no sólo a la misión... sino también a la tentación. ¿Veis? Aquí, donde vosotros estáis, Yo fui tentado. ¿Por quién? ¿Por un mortal? No. Demasiado débil habría sido su poder. Fui tentado por Satanás directamente.

ECR 81.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) Cuando le veáis al Bautista — le veréis aún y todavía le serviréis hasta la hora signada — decidle que no es él el último en el corazón del Cristo. No tanto por la sangre cuanto por la santidad, a él le quiero como a éste. Y vosotros acordaos de esto. Si la humildad del santo se proclama “última”, la Palabra de Dios le proclama compañero del discípulo que amo. Decidle que amo a éste porque tiene su nombre y porque en él encuentro los signos del Bautista, preparador de corazones para Cristo».

«Se lo diremos... Pero, ¿le volveremos a ver?».

«Le veréis».

Detalle

La omnisciencia de Jesús. Jesús habla con los discípulos de Juan el Bautista, que en ese momento se encuentra encarcelado en casa de Herodes Antipas.