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Notas del tema

Presciencia de Jesucristo

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ECR 15.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

15.2 Está para desaparecer del mundo ya la causa de todas las desesperaciones que han torturado a las víctimas. Por tanto, María, también cesa para ti el tiempo de este tremendo sufrimiento por demasia­das causas tan en contraposición con tu modo de sentir. No terminará tu sufrir: eres víctima; pero, parte de él, ésta, cesa. Después llegará el día en que Yo te diga, como a María de Magdala moribunda: “Descansa. Ahora es tiempo de descanso para ti. Dame tus espinas. Ahora es tiempo de rosas. Descansa y espera. Te bendigo, mujer bendita”.

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16 de septiembre de 1944. Jesús profetiza el final de la Segunda Guerra Mundial.

El dictado de María Magdalena moribunda se encuentra en los Cuadernos de 1944, en la visión del 30 de marzo de 1944.

ECR 37.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

37.7 Hay muchos que piensan que Yo no sufrí humanamente cuando la muerte apagó esa mirada de santo, esa mirada celadora presente en nuestra casa. Si bien, siendo Dios — y, como tal, conociendo la feliz ventura de José — no me apenó su partida (que tras breve estancia en el Limbo le había de abrir el Cielo), como Hombre sí lloré en esa casa privada de su amorosa presencia. Lloré por el amigo desaparecido. ¿Y es que, acaso, no debía haber llorado por este santo mío, en cuyo pecho, de pequeño, yo había dormido, y del cual había recibido amor durante tantos años?

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Jesús dijo:

ECR 41.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La voz infantil de Jesús lee: «“Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor...”».

Siammai: «Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías».

Jesús: «Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír».

Siammai: «¿Así le hablas a un maestro?».

Jesús: «Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que le separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo; no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando Dios los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor, por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado».

Siammai: «¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venideros. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!».

Jesús: «En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no le conoces, ni le conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo».

ECR 41.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Gamaliel: «Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí».

Jesús: «¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: “Paz a los hombres de buena voluntad”? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque le espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no le amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de Él espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre “la asna y el pollino”, o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le seguirá, y crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su mala voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirle en el Rey de dolor de que habla Isaías».

ECR 41.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

41.8 Siammai: «Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?».

Jesús: «Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: “Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; en seguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros”? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: “Comienza la misión del Cristo”. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando — más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines — el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, “las de Dios”, a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la humanidad la Vida verdadera».

Anotación

Libro de Malaquías 3, 1:

He aquí que envío a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí; y de repente vendrá a su Templo el Señor que buscáis. El mensajero de la Alianza que deseáis, he aquí que viene, - dice el Señor del universo".

ECR 41.9

El Evangelio como me ha sido revelado

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41.9 Siammai y sus seguidores: «¡Este nazareno es Satanás!».

Hil.lel y los suyos: «No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios».

Jesús: «En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los pies del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: “Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla”».

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Jesús responde a los maestros en el Templo.

ECR 48.3

El Evangelio como me ha sido revelado

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«Es Él en persona. ¡Si vieras qué palabras!... Hemos estado con Él todo el día y por la noche hasta tarde. Ahora hemos venido a deciros: “Venid”».

«¿Es Él? ¿Estás completamente seguro? Apenas si le vimos entonces, cuando nos le mostró el Bautista».

«Es Él. No lo ha negado».

«Cualquiera puede decir lo que le viene bien para imponerse a los crédulos. No es la primera vez...» murmura Pedro malhumorado.

«¡Oh, Simón, no hables así! ¡Es el Mesías! ¡Sabe todo! ¡Te oye!».

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Juan habla a Andrés de Cristo y le dice:

ECR 48.6

El Evangelio como me ha sido revelado

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48.6 Pero Pedro, después de algunos metros, se detiene, coge a Juan por un brazo, y pregunta: «Has dicho que sabe todo y que oye todo...».

«Sí. Imagínate que cuando nosotros, viendo la Luna alta, dijimos: “¡Quién sabe lo que estará haciendo Simón?”, Él contestó: “Está echando la red y no sabe resignarse a tener que estar haciéndolo solo, porque vosotros no habéis salido con la barca gemela en una noche tan buena como ésta para pescar... No sabe que dentro de poco ya no pescará sino con otras redes y no conseguirá sino otros pe­ces”».

«¡Misericordia divina! ¡Es exactamente así! Entonces, habrá oído también... también que le he llamado poco menos que mentiroso... No puedo ir a Él».

«¡Oh!, es muy bueno. Ciertamente sabe que has pensado de esa forma. Ya lo sabía. Efectivamente, cuando le dejamos, diciendo que veníamos aquí, adonde tú estabas, respondió: “Id, pero no os dejéis vencer por las primeras palabras de burla. Quien quiera venir conmigo debe saber no dejarse avasallar por los escarnios del mundo y por las prohibiciones de los parientes; porque Yo estoy por encima de la sangre y de la sociedad, y sobre ellos triunfo. Y quien esté conmigo triunfará eternamente”. Y añadió: “Sabed hablar sin miedo. Quien os va a oír vendrá, porque es hombre de buena voluntad”».

«¿Ha dicho eso? Entonces voy.»

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Pedro escucha a Santiago y Juan. Inicialmente escéptico, declara que "cualquiera puede decir lo que le conviene e imponerse a gente crédula". Expresa todas sus dudas ("¡Vamos! ¡El Mesías! ¡Y se muestra a ti, y a Santiago y Andrés! A tres pobres ignorantes"). Pero cuando oye a los hijos de Zebedeo, cambia de opinión y el grupo se pone en camino para ver a Jesús.

ECR 49.4

El Evangelio como me ha sido revelado

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49.4 El poblado está cercano. Algunos niños juegan en la calle; uno, corriendo, se choca con las piernas de Jesús, y, se hubiera caído, si Él no le hubiese aferrado con solicitud. El niño llora de todas formas, como si se hubiera hecho daño, y Jesús, sujetándole, le dice: «¿Un israelita que llora? ¿Qué habrían debido hacer los miles y miles de niños que se hicieron hombres atravesando el desierto siguiendo a Moisés? Pues bien, más por ellos que por los otros — porque el Altísimo ama a los inocentes y cuida providentemente de estos angelitos de la tierra, de estas avecillas sin alas, como de los pájaros del bosque y de los aleros —, justamente por éstos envió tan dulce maná. ¿Te gusta la miel? ¿Sí? Bueno, pues si eres bueno comerás una miel más dulce que la de tus abejas».

«¿Dónde? ¿Cuándo?».

«Cuando, después de una vida de fidelidad para con Dios, vayas a Él».

«Sé que no iré a Él si no viene el Mesías. Mamá me dice que por ahora cada uno de nosotros, israelitas, somos como Moisés y morimos teniendo ante nuestros ojos la Tierra Prometida. Dice que nos quedamos a la espera de entrar en ella y que sólo el Mesías hará que entremos».

«¡Pero qué israelita tan genial! Pues bien, Yo te digo que cuando mueras entrarás en seguida en el Paraíso, porque el Mesías, para entonces, habrá abierto ya las puertas del Cielo. Pero tienes que ser bueno».

«¡Mamá! ¡Mamá!». El niño se desata de los brazos de Jesús y corre hacia una joven esposa que regresa con un ánfora de cobre. «¡Mamá! El nuevo Rabí me ha dicho que iré inmediatamente al Paraíso cuando muera, y que comeré mucha miel... pero si soy bueno. ¡Seré bueno!».

«¡Dios lo quiera! Perdona, Maestro, si te ha molestado. ¡Está lleno de vitalidad!».

«La inocencia no molesta, mujer. Dios te bendiga, porque eres una madre que cría a los hijos en el conocimiento de la Ley».

La mujer se sonroja ante esta alabanza y responde: «Que Dios te bendiga también a ti», y desaparece con su pequeño.