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Notas de la palabra clave

Ignorancia de Jesucristo

Tema: Virtudes y características humanas de Jesucristo

Comodidad de lectura

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ECR 59.5.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.5 Se levanta a rebatirle un israelita togado y de barba abundante. Habla así: «Maestro, cuanto dices me parece en contraste con lo que está escrito en el libro segundo de los Macabeos, gloria de Israel. En él puede leerse: “Efectivamente, es signo de gran benevolencia el no permitir a los pecadores que sigan durante largo tiempo sus caprichos, sino pasar en seguida al castigo. El Señor no hace como con las otras naciones, que las espera con paciencia, para castigarlas en el día del juicio, colmada ya la medida de los pecados”. Sin embargo Tú hablas como si el Altísimo pudiera ser muy tardo a la hora de castigarnos, esperándonos, como a los otros pueblos, para el tiempo del Juicio, cuando esté colmada la medida de los pecados. Verdaderamente los hechos te desmienten. Israel sufre el castigo, como dice el historiógrafo de los Macabeos. Si fuera como Tú dices, ¿no habría desacuerdo entre tu doctrina y la contenida en la frase que te he mencionado?».

«No sé quién eres, pero quienquiera que seas te respondo.

[Jesús da su explicación y la conversación continúa. Él proclama ser el Mesías.]

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero. Mis discípulos lo saben».

«¡Oh, ellos!... Pueden decir lo que quieran, o lo que Tú les hagas decir».

«Hablará otro, que no me ama, y dirá quién soy. Espera que llame a uno de los presentes».

59.7

Jesús mira a la muchedumbre (asombrada de la disputa, enfrentada y dividida en corrientes opuestas), la mira, buscando a alguno con sus ojos de zafiro, y dice con fuerte voz: «¡Ageo! ¡Pasa adelante! ¡Te lo ordeno!».

Se oye un gran murmullo entre la multitud, que se abre para dejar pasar a un hombre todo convulso, sujetado por una mujer.

«¿Conoces a este hombre?».

«Sí. Es Ageo de Malaquías, de aquí, de Cafarnaúm, poseído por un espíritu malvado que le arrastra a repentinos y furiosos estados de locura».

«¿Todos le conocen?».

La multitud grita: «¡Sí, sí!».

«¿Puede alguien decir que haya hablado conmigo, aunque sólo sea durante algunos minutos?».

La multitud grita: «No, no, es casi un idiota; no sale nunca de su casa y nadie te ha visto en ella».

«Mujer, acércamelo».

Detalle

Esta afirmación de Jesús se explica por la siguiente nota de Maria Valtorta en una copia mecanografiada:
"Cristo, como Dios y como Santo de los Santos, penetró en las conciencias; traspasó sus pensamientos más secretos (perfecta introspección); como Hombre, conoció personas y lugares sólo de un modo humano, cuando su Padre y su propia naturaleza divina no consideraron útil que los conociera sin tener que preguntar."

Sobre esta misma copia María Valtorta añade la siguiente nota sobre las palabras: "Hageo, acércate":
"Aquí es porque debe probar al fariseo su omnisciencia divina por lo que llama por su nombre a Hageo, que le era desconocido, pero al que sabe poseído, mientras que en la página anterior, como Hombre, había dicho al fariseo: "No sé quién eres"."

Estas dos notas de Maria Valtorta serán confirmadas por los textos de 224.2, 357.3, 527.4/6, 554.7 y justifican las declaraciones de "ignorancia" de Jesús, que encontraremos por ejemplo en: 73.7, 75.3, 362.2, 365.10, 376.9, 377.2, 382.5, 395.2, 406.9, 413,8, 433.5, 472.4, 488.5, 583.23, 584.6.

Anotación

«No sé quién eres »: esta afirmación de Jesús se explica mediante la siguiente nota de María Valtorta en una copia mecanografiada:

«Cristo, como Dios y como Santo de los santos, penetraba en las conciencias; discernía sus pensamientos más secretos (introspección perfecta); como Hombre, conocía a las personas y los lugares únicamente de manera humana, cuando su Padre y su propia naturaleza divina no consideraban útil que los conociera sin tener que preguntarlo».

En esa misma copia, María Valtorta añade la siguiente nota sobre las palabras: «Ageo, acércate»:

«Aquí, como debe demostrar al fariseo su omnisciencia divina, llama por su nombre a Hageo, a quien no conocía, pero del que sabe que existe, mientras que en la página anterior, como hombre, le había dicho al fariseo: “No sé quién eres».

Estas dos notas de María Valtorta se ven confirmadas por los textos de 224.2, 357.3, 527.4/6, 554.7 y justifican las declaraciones de «ignorancia» de Jesús, que encontraremos, por ejemplo, en: 73.7, 75.3, 362.2, 365.10, 376.9, 377.2, 382.5, 395.2, 406.9, 413.8, 433.5, 472.4, 488.5, 583.23 y 584.6.

Nota del editor: Se ofrece una segunda explicación de las «ignorancias» de Jesús en relación con una serie de preguntas que él le formula a Annalie en 156.3. He aquí la nota que María Valtorta recoge al respecto en una copia mecanografiada: «Jesús sabía y recordaba, pero quería que las almas se abrieran con total libertad y confianza».

Esta explicación se ve confirmada por los pasajes 128.1 y 153.1, así como por una expresión concreta de Judas en 468.4: «Sé que tú lo sabes, pero que esperas a que yo te lo diga».

Una tercera explicación es objeto de una larga nota de María Valtorta sobre esta afirmación de Jesús: «No sé de quién se trata» (175.5). Reproducimos lo esencial de la nota manuscrita que ocupa cuatro páginas de una hoja insertada en una copia mecanografiada: *«Y el Padre eterno, para poner a prueba los corazones y separar a los hijos de Dios, de la Luz, de los hijos de la carne y de las tinieblas, permitía, en presencia de los apóstoles, los discípulos y las multitudes, lagunas en la perfecta clarividencia del Hijo, similares a estas preguntas y respuestas: “¿Quién es este hombre? No lo conozco...” Y esto por los hombres. Pero también para su Hijo amado, a fin de prepararlo para la gran oscuridad de la hora de las tinieblas, para el abandono del Padre, pues se había hecho “anatema por nosotros”».

Esta explicación de María Valtorta se ve confirmada por las palabras del apóstol Juan en el contexto de 334.2/3 en lo que respecta a los corazones que han de ser puestos a prueba. En cuanto a la preparación del Hijo Amado para la hora de las tinieblas, se ve confirmada y profundizada en 582.14, 598.4, 602.5 y 603.4; se trata de una explicación que confiere un profundo significado a ciertas indecisiones de Jesús (como en 302.4.7) y, sobre todo, a sus desconcertantes incertidumbres de 339.14 y 464.14.

Salvo estas excepciones, la obra de María Valtorta presenta a un Jesús omnisciente y clarividente, o presciente y previsor. Véanse: 48.6, 60.7, 78.3, 80.9.10, 89.2, 117.5, 133.2, 149.1/2, 160.6, 174.7, 203.1, 204.4, 218.1, 220.4, 224.2, 236.5, 317,3/5, 329,14, 335,13, 340,5, 351,4, 357,3, 371,9, 387,3, 391,8, 406,11, 409,3, 411,8, 471,3, 473,5, 503,2, 522,5, 524,8, 525,2, 531,10 (últimas líneas), 531.20 (últimas líneas), 532.4.6, 534.9, 540.7, 548.27, 555.4, 561.14, 563.5, 565.3/4, 566.18, 567.18.21, 580.2, 587.5.8, 595.6, 602.4/5.

ECR 180.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Sí. Morirá. Él lo sabe y Yo también. Nada ni nadie le salvará esta vez. ¿Cuándo? No lo sé. Sé que no saldrá vivo de las manos de Herodes».

«Sí, de Herodes. Escucha. Juan fue hacia esa hoz por donde pasamos también nosotros regresando a Galilea, entre el Ebal y el Garizim, porque el traidor le había dicho: “El Mesías ha sido agredido por unos enemigos y está muriendo. Quiere verte para confiarte un secreto”. Y Juan fue, con el traidor y con algún otro. Acechaban en la hoz los soldados de Herodes, y le prendieron. Los otros huyeron y llevaron la noticia a los discípulos que se habían quedado cerca de Enón. Acababan de llegar, cuando me presenté yo con la Madre. Lo que es horrible es que era uno de nuestras ciudades... y que a la cabeza del complot preparado para apresarle estaban los fariseos de Cafarnaúm. Habían ido a verle diciendo que Tú habías estado en su casa y que de allí partías para Judea... No habría abandonado su refugio sino por ti...».

Detalle

Juan el Bautista acaba de ser capturado, y Jesús confirma su muerte inminente.

ECR 187.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿A dónde vamos exactamente?» pregunta Pedro.

«A llevar la Pascua a algunos que sufren. Hacía tiempo que quería hacerlo, pero no he podido. Lo habría hecho al regreso a Galilea. Ahora, que nos obligan a andar por caminos que no hemos elegido nosotros, iré a bendecir a los pobres amigos de Jonás».

«¡Perderemos tiempo! ¡La Pascua está ya cercana! Por distintos motivos, pero siempre hay retardos». Es otro coro de quejas que se eleva al cielo.

Y yo no sé cómo Jesús puede tener tanta paciencia... Dice, sin regañar a ninguno: «No me pongáis obstáculos, os lo ruego; comprended que preciso amar y ser amado. El único consuelo que tengo en la tierra es el amor y hacer la voluntad de Dios».

«¿Y vamos por aquí? ¿No hubiera sido más bonito ir por Nazaret?».

«Si os lo hubiera propuesto, os habríais rebelado. Ninguno imaginará que estoy en esta zona... Y lo hago por vosotros, porque... tenéis miedo».

«¡Miedo? ¡No, no! ¡Estamos prontos para combatir por ti!».

«Rogad al Señor que no os ponga a prueba. Sé que sois rencillosos, rencorosos; conozco vuestro vehemente deseo de dañar a quien me daña, de humillar al prójimo. Todo esto lo conozco. Lo que no conozco es vuestro coraje. Si por mí fuera, habría ido solo y por el camino normal, y no me habría sucedido nada, porque no ha llegado la hora. Pero siento compasión de vosotros. Además, presto obediencia a mi Madre, y... sí, también esto, no quiero que se sienta molesto el fariseo Simón: Yo no les daré motivo, pero ellos sí mostrarán animosidad conmigo».

«¿Y aquí por dónde se pasa? No conozco bien esta zona» dice Tomás.

«Llegaremos al Tabor. Lo bordearemos en parte. Luego pasaremos cerca de Endor para ir a Naím, y de allí a la llanura de Esdrelón. ¡No temáis!... Doras, hijo de Doras, y Jocanán están ya en Jerusalén».

ECR 203.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Gracias, amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais. Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros. Convenceos de que por mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar... Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por mí. Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros. Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en mí, en todo.

ECR 218.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La aurora despierta con su hálito fresco a los durmientes. Se alzan del lecho de arena en que han dormido al abrigo de una duna salpicada de escasas hierbas resecas. Trepan hasta la cima. Ante ellos se abre una profunda pendiente arenosa, mientras que un poco más allá y acá de ella hay parcelas cultivadas bonitas. Un torrente carente de agua marca con sus guijarros blancos el oro de la arena, y va con este blancor de huesos resecos hasta el mar, que cabrillea a lo lejos con sus olas llenas por la marea de la mañana, más llenas por un ligero mistral que peina el océano. Caminan por el borde de la duna, hasta el torrente desecado; lo pasan; siguen caminando, en diagonal, por las dunas, que ceden bajo sus pies y que, con su superficie toda ondulada, parecen continuación del océano, de materia sólida y seca en vez de las móviles aguas.

Llegan a la húmeda playa. Ahora andan más deprisa. Juan se queda como hipnotizado ante la visión del mar sin límites, labrado en infinitas caras encendidas por los primeros destellos del Sol; parece beber esa belleza, parecen teñirse aún más de azul sus ojos. Mientras, Pedro, más práctico, se descalza, se sube un poco la ropa y chapotea por las suaves olas de la orilla, con la esperanza de encontrar algún cangrejillo o alguna concha de molusco que chupar.

A dos kilómetros largos de distancia se ve una bonita ciudad marítima, edificada en la orilla, siguiendo el arrecife de forma de media luna al otro lado del cual el viento y las borrascas han transportado las arenas. El arrecife, ahora que el agua con la baja marea se está retirando, emerge también aquí, obligando a volver a la arena seca para no torturar con los escollos los pies desnudos.

«¿Por dónde entramos, Señor? Por este lado se ve sólo una muralla bien sólida. Por el mar no se puede entrar. La ciudad está en el punto más hondo del arco» dice Felipe.

«Venid. Sé por donde se entra».

«¿Has estado alguna otra vez aquí?».

«Una vez, de niño; no creo que recuerde cómo es, pero sé por dónde se pasa».

«¡Extraño! He notado muchas veces que Tú no yerras nunca el camino; alguna vez te lo hacemos confundir nosotros. ¡Tú... parece como si hubieras estado en todos los sitios por donde te mueves!» observa Santiago de Zebedeo.

Jesús sonríe, pero no responde.

Detalle

Cristo sabe perfectamente hacia dónde dirigirse durante su vida pública, y Santiago, hijo de Zebedeo, se lo hace notar.