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Notas del tema

Otros hechos notables sobre la religión judía

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Comodidad de lectura

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ECR 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

A veces", escribió Maria Valtorta en una copia mecanografiada, "los nombres [de los meses] se expresan en italiano para que el lector pueda entenderlos mejor".

Por ejemplo, nuestro mes de octubre coincide con los meses hebreos de Tisri (o Etanim) y Marchesvan (o Bul). De hecho, el calendario judío se basaba en el año lunar, que comienza en primavera (como vemos en 68.4), y el nuestro en el año solar, por lo que las correspondencias son aproximadas.

He aquí los nombres de los meses:

1. Nisan o Abib, como en 413,6 (marzo-abril) ;

2. 2. Ziv o Iyyar como en 461,7 (abril/mayo);

3. Sivân (mayo-junio) ;

4. Tammuz como en 442.3 y 461.16 (junio-julio);

5. Ab o Av (julio-agosto);

6. Elul (agosto-septiembre);

7. Tishri o Tisri o Etanim (septiembre-octubre);

8. Marchesvân o Bul (octubre-noviembre), nombre que nunca se menciona en la obra: parece más bien darle el nombre de Etanim, distinguiéndolo de Tishri ;

9. Kisleu o Casleu (noviembre-diciembre);

10. Tebet (diciembre-enero);

11. Shebat (enero-febrero);

12. Adar (febrero-marzo). La luna nueva, llamada neomenia, marcaba el comienzo del mes. Para que el ciclo lunar y el solar coincidieran lo más posible, a veces se redoblaba el mes de Adar para obtener un año de trece meses, conocido como año embolismal (114,8).

ECR 4

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Los días

Los días transcurren de sol a sol. La noche se divide en 3 vigilias (4 en la época romana). Sin embargo, se mantienen costumbres ancestrales: Jesús en Getsemaní habló de las tres vigilias de la noche (9.21). Entre la salida y la puesta del sol (12 horas) contamos la primera hora a la salida del sol, la tercera a las 9.00 h, la sexta a las 12.00 h y la novena a las 15.00 h.

Los meses

Se regulan según las fases de la luna y alternan entre 29 y 30 días. El primer día del mes coincide con la aparición de la luna nueva (neomenia).

El año

En la antigüedad, el año comenzaba en otoño (el mes de Tishri) y aún se recuerda en el Año Nuevo del judaísmo. Así lo confirma Jesús en Maria Valtorta: "¿Acaso el año comienza con el lluvioso mes de Etanim o con el triste mes de Casleu, con días más cortos que un sueño y noches tan largas como un día sin pan? No, comienza con el mes de Nisan, lleno de flores, sol y alegría, cuando todo es alegre, cuando el corazón del hombre, incluso el más pobre y triste, se abre a la esperanza porque llega el verano" (EMV 68 - 2.31).

Como se trata de un año basado en la revolución lunar de 354 días, el retraso del año solar de 365 días se compensa añadiendo, cada dos o tres años, un decimotercer mes: el nuevo Adar (We Adar), aparentemente de 29 días.

Esto da lugar a dos o tres ciclos a lo largo de un ciclo completo de 19 años.

Fuente

maria-valtorta.org (con el acuerdo de François-Michel Debroise)

Palabras clave

ECR 58.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

58.3 Jesús le pregunta a un apóstol: «¿Tendremos buena pesca?».

«Es el tiempo propicio. El agua está tranquila y habrá claro de luna. Los peces subirán a la superficie desde las capas profundas y mi red los arrastrará».

«¿Vamos solos?».

«¡Maestro! ¿Cómo crees que podemos ir solos con este sistema de redes?».

«No he ido nunca a pescar y espero que tú me enseñes». Jesús baja despacito hacia el lago y se detiene en la orilla de arena gruesa y guijarrosa, cerca de la barca.

«Mira, Maestro: se hace así. Yo salgo al lado de la barca de Santiago de Zebedeo, y se va hasta el punto adecuado, así, emparejados. Después se echa la red. Un extremo lo tenemos nosotros; Tú lo quieres tener ¿no?, eso me has dicho».

«Sí, si me explicas lo que tengo que hacer».

«No hay más que vigilar el descenso, que la red baje despacio y sin formar nudos; lentamente, porque estaremos en aguas de pesca y un movimiento demasiado brusco puede alejar a los peces; y sin nudos para no cerrar la red, que se debe abrir como una bolsa, o una vela, si lo prefieres, hinchada por el viento. Luego, cuando toda la red haya bajado, remaremos despacio, o iremos con vela según la necesidad, describiendo un semicírculo sobre el lago, y cuando la vibración de la cabilla de seguridad nos diga que la pesca es buena, nos dirigiremos a tierra firme, y allí, casi en la orilla — no antes, para no correr el riesgo de ver huir la pesca; no después, para no dañar ni a los peces ni la red con las piedras — sacamos la red. En ese momento hace falta tacto, porque las barcas deben acercarse tanto que desde una se pueda retirar el extremo de la red dado a la otra, pero no chocarse para no aplastar la bolsa llena de pescado.

58.4 Atención, Maestro, es nuestro pan. Ojo a la red; que no se descomponga con las sacudidas de los peces. Defienden su libertad con fuertes coletazos, y si son muchos... entiendes... son animales pequeños, pero cuando se juntan diez, cien, mil, adquieren una fuerza como la de Leviatán».

«Como sucede con las culpas, Pedro. En el fondo, una no es irreparable. Pero si uno no tiene cuidado en limitarse a esa una y acumula, acumula, acumula, sucede que al final esa pequeña culpa (quizás una simple omisión, una simple debilidad) se hace cada vez más grande, se transforma en un hábito, se hace vicio capital. Algunas veces se empieza por una mirada concupiscente, y se termina consumando un adulterio. Algunas veces se comienza por una falta de caridad de palabra hacia un pariente, y se termina en un acto violento contra el prójimo. ¡Ay si se empieza y se deja que las culpas aumenten de peso con su número!... Llegan a ser peligrosas y opresoras como la misma Serpiente infernal, y arrastran al abismo de la Gehena».

«Tienes razón, Maestro... Pero, ¡somos tan débiles...!».

«Vigilancia y oración para ser fuertes y obtener ayuda, y firme voluntad de no pecar, luego una gran confianza en la amorosa justicia del Padre».

ECR 64.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

64.1 Veo las orillas del lago de Genesaret, y también las barcas de los pescadores sacadas a tierra; en la orilla, apoyados en ellas, están Pedro y Andrés, dedicados a reparar las redes que los peones les llevan goteando después de quitar los detritos que habían quedado aprisionados en éstas aclarándolas en el lago. A una distancia de unos diez metros, Juan y Santiago, centrados en su barca, tratan de poner orden en ella, ayudados por un peón y por un hombre de unos cincuenta o cincuenta y cinco años, que creo que es Zebedeo, porque el peón le llama “jefe” y porque es parecidísimo a Santiago.

Pedro y Andrés, de espaldas a la barca, se dedican silenciosos a volver a atar cuerdas y corchos señalizadores. Sólo de vez en cuando se intercambian algunas palabras acerca de su trabajo, el cual, por lo que puedo entender, ha sido infructuoso.

ECR 65.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

65.2 Jesús dice a Simón: «Llama a los otros dos. Vamos a adentrarnos en el lago para echar la red».

«Maestro, tengo los brazos deshechos de echar y subir la red durante toda la noche para nada. El pescado está en zona profunda, quién sabe dónde».

«Haz lo que te digo, Pedro. Escucha siempre a quien te ama».

«Haré lo que dices por respeto a tu palabra» y llama con fuerza a los peones, y a Santiago y a Juan. «Vamos a pescar. El Maestro así lo quiere». Y mientras se alejan de la orilla le dice a Jesús: «Maestro, te aseguro que no es hora propicia. A esta hora los peces quién sabe dónde estarán descansando...».

Jesús, sentado en la proa, sonríe y calla.

Recorren un arco de círculo en el lago y luego echan la red. Después de pocos minutos de espera, la barca siente extrañas sacudidas, extrañas porque el lago está liso como si fuera de cristal fundido bajo el Sol ya alto.

«¡Esto son peces, Maestro!» dice Pedro con los ojos como platos.

Jesús sonríe y calla.

«¡Eúp! ¡Eúp!» dirige Pedro a los peones. Pero la barca se inclina hacia el lado de la red. «¡Eh! ¡Santiago! ¡Juan! ¡Rápido! ¡Venid! ¡Con los remos! ¡Rápido!».

Se apresuran. Los esfuerzos de los hombres de las dos barcas logran subir la red sin dañar el pescado.

Las barcas se colocan una al lado de la otra, completamente juntas. Un cesto, dos, cinco, diez; todos llenos de estupendas piezas, y hay todavía muchos peces coleteando en la red: plata y bronce vivo que se mueve huyendo de la muerte. Entonces no hay más que una solución: volcar el resto en el fondo de las barcas. Lo hacen, y el fondo se vuelve todo un bullir de vidas en agonía. Esta abundancia cubre a los hombres hasta más arriba del tobillo y el nivel externo del agua llega a superar, por el peso excesivo, la línea de flotación.

«¡A la orilla! ¡Vira! ¡Venga! ¡Con la vela! ¡Cuidado con el fondo! ¡Pértigas preparadas para amortizar el choque! ¡Demasiado peso!».

65.3 Mientras dura la maniobra, Pedro no reflexiona. Pero, una vez en la orilla, lo hace. Entiende. Siente una gran turbación. «¡Maestro, Señor! ¡Aléjate de mí! Yo soy un hombre pecador. ¡No soy digno de estar a tu lado!». Pedro está de rodillas sobre la grava húmeda de la orilla.

Jesús le mira y sonríe: «¡Levántate! ¡Sígueme! ¡Ya no te dejo! De ahora en adelante serás pescador de hombres, y contigo estos compañeros tuyos. No temáis ya nada. Yo os llamo. ¡Venid!».

«Inmediatamente, Señor. Vosotros ocupaos de las barcas. Llevadle todo a Zebedeo y a mi cuñado. Vamos. ¡Del todo para ti somos, Jesús! Sea bendito el Eterno por esta elección».

Y tiene fin la visión.

ECR 73.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Se le esperaba desde hacía tanto tiempo al Mesías...! Siglos de espera. Muchas desilusiones en los últimos tiempos por los falsos mesías. Uno era galileo, como Tú, otro se llamaba Teoda. ¡Embusteros! ¡Mesías ellos!... ¡No eran más que ambiciosos aventureros en busca de fortuna! Deberíamos haber aprendido la lección. Sin embargo...

ECR 179.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los hijos de Israel están anclados; es más, incrustados como madreperlas al banco en que nacieran

Anotación

La pesca de perlas se practica en el Golfo Pérsico desde la antigüedad. Estrabón menciona las perlas (Libro XVI, 3 - Arabia - El Golfo Pérsico).