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Notas del tema

Religiones y creencias

Página 35 de 39

Comodidad de lectura

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ECR 202.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Víspera de la Pascua. Jesús — sólo con los apóstoles, pues las mujeres no están con el grupo — espera a que Pedro vuelva de llevar el cordero pascual para el sacrificio.

Está hablando de Salomón al niño. En esto, hele ahí a Judas: está cruzando el patio más grande. Va con un grupo de jóvenes. Habla con grandes, ampulosos gestos y poses enfervorizadas. Su manto se agita continuamente y él se lo coloca con ademán de sabio... Creo que Cicerón no era tan pomposo cuando pronunciaba sus discursos...

«¡Mira Judas, está allí!» dice Judas Tadeo.

«Va con un grupo de saforimes» observa Felipe.

Y Tomás dice: «Voy a oír qué dice» y va sin esperar a que Jesús exprese su previsible negativa.

¿Y Jesús!... ¡Ay, el rostro de Jesús!... Su expresión es de hondo sufrimiento y severo juicio. Margziam, que le estaba mirando ya desde antes, mientras, delicado y levemente triste, le hablaba del gran rey de Israel, ve este cambio, y casi se asusta; entonces, agita la mano de Jesús para volver a atraer su atención, diciendo: «¡No mires! ¡No mires! ¡Mírame a mí, que te quiero mucho!»....

202.2

Tomás logra llegar hasta donde Judas sin ser visto, y así le sigue durante unos metros. No sé lo que estará oyendo, lo que sí sé es que suelta una inesperada exclamación retumbante que hace volverse a muchos, especialmente a Judas, que se pone lívido de rabia: «¡Pero cuántos rabíes tiene Israel! ¡Te felicito, nueva lumbrera de sabiduría!».

«No soy una piedra, sino una esponja, y, por tanto, absorbo; y, cuando el deseo de los hambrientos de sabiduría lo solicita, me exprimo para darme con todos mis humores vitales». Judas se muestra ampuloso y despreciativo.

«Se diría que eres eco fiel. Pero el eco, para subsistir, debe estar cerca de la Voz; si no, muere, amigo. Y tú, me parece que te estás alejando de ella. Él está allí. ¿No vienes?».

Judas se pone de todos los colores, con esa cara suya rencorosa y repugnante de sus momentos peores; pero se domina, y dice: «Adiós, amigos. Aquí estoy, contigo, Tomás, querido amigo mío. Vamos inmediatamente con el Maestro. No sabía que estaba en el Templo. Si lo hubiera sabido, le hubiera buscado» y pasa el brazo por los hombros a Tomás como si sintiera un gran afecto por él.

Anotación

Está con un grupo de saforim. Saforim (sopherîms): escribas. No se les nombra.

ECR 203

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : El Padre Nuestro

Fecha de la visión: Jueves 28 de junio de 1945

Calendario: jueves 30 marzo 28 (17 Nissan 3788)

Lugares (mapa) : Jerusalén y después Getsemaní

Ciclo: El segundo viaje pascual

Resumen: Jesús sale de la casa donde se aloja con los apóstoles, excepto Judas, que no está presente. Pide a Juan de Endor que cuide de las discípulas en su ausencia y se dirige al monte de los Olivos con los discípulos. Por el camino, les dice que quiere hacerles un gran regalo y les agradece su amor por él.

Mientras caminan, el Maestro les dice que los apóstoles tuvieron que soportar continuas decepciones y pruebas, pero que siempre deben confiar en Dios. Mientras tanto, les dice que van al Monte de los Olivos, a Getsemaní.

Contenido del capítulo: 203.1: Jesús quiere estar a solas con sus apóstoles. 203,2: Voy a enseñarles a orar. 203.3: Simón de Jonás se transforma en Pedro de Jesús. 203.4: Judas, ausente, se ha vuelto menos bueno. Tiene celos de Jesús. 203,5: La oración perfecta: cuando recéis decid así. 203,6: Padre nuestro: sentiros hijos. 203,7: Santificado sea el santo y dulce Nombre. 203.8 : Que venga a la tierra el reinado de Dios. 203.9 : Obediencia perfecta en la tierra como en el cielo. 203.10 : El pan de cada día pedido al Padre que es bueno. 203.11 : La necesidad del perdón. 203.12 : Las tentaciones. 203.13 : El don de la segunda Pascua. Regreso a Getsemaní.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 64

ECR 203.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Anotación

Jesús sale con los suyos de una casa próxima a los muros de la ciudad (creo que del barrio de Beceta, porque para salir de los muros se tiene que pasar todavía por delante de la casa de José, que está cerca de una puerta que he oído que la llaman Puerta de Herodes). La ciudad está semidesierta en esta noche serena y lunar. Comprendo que la Pascua ha sido consumida en una de las casas de Lázaro — que no es, de ninguna manera, la casa del Cenáculo —. Ésta se encuentra completamente al otro extremo respecto a aquélla: una al Norte, la otra al Sur de Jerusalén.

En la puerta de la casa, Jesús, con ese gesto suyo cortés, se había despedido de Juan de Endor, dejándole como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo; había besado a Margziam, que también había venido a la puerta.

Ahora Jesús se encamina hacia fuera de la llamada Puerta de Herodes.

ECR 203.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Tan perfecta es esta oración, que no será menoscabada ni por el tempestuoso oleaje de las herejías ni por el paso de los siglos. La mordedura de Satanás fragmentará el cristianismo; muchas partes de mi carne mística sufrirán la separación, para formar células aisladas en el vano deseo de constituirse en cuerpo perfecto, como será el Cuerpo místico de Cristo (el formado por la totalidad de los fieles unidos en la Iglesia apostólica, que será la única verdadera Iglesia mientras exista la tierra). Estas partículas, separadas, privadas por tanto de los dones que habré de dejar a la Iglesia Madre para nutrir a mis hijos, se llamarán de todas formas cristianas, pues darán culto a Cristo, y, a pesar de su error, siempre recordarán que de Cristo han venido. Pues bien, también ellas dirán esta oración universal. Recordadla bien. Meditadla continuamente. Aplicadla en vuestras acciones. Basta para santificarse. Si uno estuviera solo, entre paganos, sin iglesias, sin libros, tendría ya en esta oración todo lo cognoscible para meditar y una iglesia abierta en su corazón para esta oración; tendría una regla segura y una segura santificación.

Detalle

Jesús habla del Padre Nuestro.

ECR 203.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Padre nuestro”.

Yo le llamo “Padre”. Es Padre del Verbo, Padre del Encarnado. Así quiero que le llaméis vosotros, porque vosotros sois uno conmigo, si permanecéis en mí.

El hombre debía echarse rostro en tierra para exclamar, suspirando, envuelto en los temblores del miedo, la palabra “Dios”. Quien no cree en mí y en mi palabra está todavía inmerso en este temblor paralizador... Observad lo que sucede en el Templo: no sólo Dios, sino incluso el recuerdo de Dios, están celados tras triple velo a los ojos de los fieles. Separaciones de espacio, separaciones con velos, todo se ha tomado y aplicado para decir al que ora: “Tú eres fango; Él, Luz. Tú, abyecto; Él, Santo. Tú, esclavo; Él, Rey”.

¡Mas ahora!... ¡Alzaos! ¡Acercaos! Yo soy el Sacerdote eterno, puedo tomaros de la mano y deciros: “Venid”. Puedo descorrer el velo del Templo y abrir de par en par el inaccesible lugar que ha permanecido cerrado hasta ahora. ¿Y por qué cerrado?... Por la Culpa, sí; pero aún más clausurado por el pensamiento degradado de los hombres. ¿Por qué cerrado, si Dios es Amor, si Dios es Padre?... Yo puedo, debo, quiero elevaros al azul del cielo, no rebajaros al polvo; no que estéis lejanos, sino cerca; no como esclavos, sino como hijos que se reclinen sobre el pecho de Dios.

“¡Padre! ¡Padre!”, decid. No os canséis de pronunciar esta palabra. ¿No sabéis que cada vez que la decís el Cielo resplandece por la alegría de Dios? Aunque no expresarais otra palabra, diciendo ésta con verdadero amor ya haríais una oración grata al Señor. “¡Padre! ¡Padre mío!”, dicen los pequeñuelos a sus padres. Ésta es la primera palabra que dicen: “Madre, padre”. Pues vosotros sois los pequeñuelos de Dios. Yo os he generado: con mi amor he destruido el hombre viejo que erais, haciendo nacer así al hombre nuevo, al cristiano. Invocad, pues, al Padre santísimo que está en los cielos con la primera palabra que aprenden los niños.

ECR 204.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Qué quieres, Madre?».

«Hijo mío, han llegado unos gentiles, con algunas mujeres. Dicen que han sabido por Juana que estabas aquí, y que durante todos estos días te han esperado junto a la Antonia...».

«¡Ah, ya sé! Voy en seguida. ¿Dónde están?».

«En casa de Lázaro, en el jardín. A Lázaro le estiman los romanos; él, por su parte, no siente por ellos esa aversión propia de nuestro pueblo. Los ha introducido en su casa, con sus carros; en el vasto jardín, para no dar escándalo a nadie».

«De acuerdo, Madre.

204.2

Son soldados y damas romanas, lo sé».

«¿Qué quieren de ti?».

«Lo que muchos en Israel no quieren: Luz».

«¿Cómo creen en ti? ¿Qué te creen: Dios, quizás?».

«A su manera, sí. Para ellos, más que para nosotros, es fácil aceptar la idea de la encarnación de un dios en carne mortal».

«Entonces ya creen en tu fe...».

«Todavía no, Mamá. Primero debo demoler la suya. Por el momento soy para ellos un hombre sabio, un filósofo, como ellos dicen. De todas formas, tanto ese deseo de conocer doctrinas filosóficas, como su tendencia a creer posible la encarnación de un dios, me ayudan mucho a conducirlos a la verdadera Fe. Créeme que son más simples en su modo de pensar que muchos de Israel».

«Pero, ¿serán sinceros? Se dice que Juan el Bautista...».

«No. Si de ellos hubiera dependido, Juan estaría libre y seguro. Dejan tranquilos a todos, con tal de que no sean rebeldes. Es más, te diré que con ellos el hecho de ser profeta — usan la palabra “filósofo” porque la altura propia de la sabiduría sobrenatural es igualmente filosofía para ellos — es una garantía de que te respetarán. No estés preocupada, Mamá, que el mal no me vendrá por esa vía...».

«Pero los fariseos... Si vienen a saberlo, ¿que dirán de Lázaro? Tú... eres Tú y debes manifestar la Palabra al mundo. ¡Pero Lázaro... ya de por sí le ofenden mucho...!».

«Pero es intocable. Saben que Roma le protege».

«Te dejo, Hijo mío. Aquí está Maximino que te llevará adonde los gentiles». Y María, que había caminado al lado de Jesús durante todo este tiempo, ahora se retira, ligera, y se encamina hacia la casa de Simón Zelote. Jesús, por su parte, entra por una puertecita de hierro abierta en el muro que rodea el jardín, en una parte alejada, en que ya no es jardín sino pomar, es decir, cerca del lugar en que, pasado el tiempo, sería enterrado Lázaro.

ECR 204.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡La Luz descienda sobre todos vosotros!».

«¡Salve, Maestro!» es el saludo de Quintiliano, que está vestido de paisano.

Las damas se ponen en pie para saludar a Jesús (son Plautina, Valeria y Lidia, y otra, anciana, que no sé ni quién es ni qué es, o sea, si es del mismo grado o de grado inferior; están todas vestidas con mucha sencillez y nada las distingue).

«Hemos venido porque queríamos oírte hablar. No has venido nunca. Estaba de guardia cuando llegaste, pero no te he visto nunca».

«Yo tampoco he visto nunca en la Puerta de los Peces a un soldado amigo mío. Se llamaba Alejandro...».

«¿Alejandro? No sé exactamente si es él, pero sé que hace un tiempo tuvimos que quitar, para calmar a los judíos, a un soldado acusado de... haber hablado de ti. Ahora está en Antioquía. Quizás vuelva. ¡Caray, qué molestos son esos... los que quieren mandar incluso ahora, que están sometidos! Y no hay más remedio que moverse con maña para no provocar cosas graves... Nos hacen la vida difícil, créelo... Sin embargo, Tú eres bueno y sabio. ¿Nos hablas? Quizás pronto tenga que irme de Palestina, quisiera llevarme conmigo algo tuyo que recordar».

«Os hablaré, sí. No decepciono nunca a nadie. ¿Qué es lo que queréis saber?».

Detalle

Unos romanos vinieron a hablar con Jesús.

ECR 204.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) ¿No es así?».

«Así es, Maestro. Los has visto y estudiado muy bien» dice Plautina, confirmando y en tono de alabanza.

«¡Pero si nos consta que no ha salido nunca de Palestina!» exclama Quintiliano.

«Nunca he salido para ir a Roma o a Atenas, pero no ignoro la arquitectura de Grecia ni la de Roma. En el genio del hombre que decoró el Partenón Yo estaba presente, porque Yo estoy dondequiera que haya vida y manifestación de vida; dondequiera que un sabio piense, un escultor esculpa, un poeta componga, una madre cante curvada hacia una cuna, un hombre trabaje los surcos, un médico luche contra las enfermedades, un ser vivo respire, un animal viva, un árbol vegete, allí estoy Yo, junto a aquel de quien procedo. En el estruendo del terremoto o el fragor de los rayos, en la luz de las estrellas o en el curso de las mareas, en el vuelo del águila y en el zumbido del mosquito, Yo estoy presente con el Creador altísimo».

«¿Entonces... Tú... Tú sabes todo?, ¿conoces tanto el pensamiento como las obras humanas?» pregunta Quintiliano.

«Yo sé».

Los romanos se miran estupefactos.

Detalle

Jesús describe extensamente los templos construidos por romanos y griegos.

ECR 204.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Sólo hay un único y verdadero Dios».

«¿Entonces... Él está allá arriba, solo, en su Olimpo? ¿Y qué hace si está solo?».

«Se basta a sí mismo, aunque se ocupa de todas las cosas de la creación. Te he dicho que hasta en el zumbido del mosquito Dios está presente. No se aburre, no lo pongas en duda. No es un pobre hombre, dueño de un inmenso imperio en que se siente odiado y vive temblando. Él es el Amor y vive amando. Su Vida es Amor continuo. Se basta a sí mismo porque es infinito y potentísimo; es la Perfección. Y tantas son las cosas creadas, las cuales viven porque Él continuamente lo quiere, que no tiene tiempo de aburrirse. El aburrimiento es fruto del ocio y del vicio. En el Cielo del verdadero Dios no hay ni ocio ni vicio. Pronto tendrá, además de los ángeles que ahora le sirven, un pueblo de justos que en Él exultarán, y este pueblo irá creciendo cada vez más por los que en el futuro creerán en el verdadero Dios».

«¿Los ángeles son los genios?» pregunta Lidia.

«No. Son seres espirituales, como lo es Dios, que los ha creado».

«¿Y los genios qué son entonces?».

«Como vosotros los imagináis son una falsedad. Como los imagináis vosotros no existen. Lo que sucede es que, por esa instintiva necesidad del hombre de buscar la verdad, también vosotros habéis sentido que el hombre no es sólo carne y que una realidad inmortal está unida a su cuerpo perecedero. El hombre busca la verdad aguijoneado por el alma, que vive y está presente también en los paganos, aunque atribulada porque en ellos su deseo está ahogado, porque se siente hambrienta en su nostalgia del Dios verdadero, que sólo ella recuerda, en ese cuerpo en que vive, gobernado por una mente pagana. Y también las ciudades y las naciones posean una realidad inmortal. Por eso creéis, sentís la necesidad de creer, en los “genios”; y os dais el genio individual, el de la familia, el de la ciudad, el de las naciones. Así, tenéis el “genio de Roma”, el “genio del emperador”... y los adoráis como divinidades menores. Entrad en la verdadera fe: conoceréis a vuestro ángel, seréis amigos de él y le veneraréis, aunque sin adorarle, porque sólo a Dios se le adora».

ECR 204.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Has dicho: “Aguijón del alma, viva y presente también en los paganos, atribulada en ellos porque su deseo está frustrado”. Pero, ¿de quién procede el alma?» pregunta Publio Quintiliano.

«De Dios. Él es el Creador».

«¿Pero no nacemos de mujer, por unión con el hombre? Nuestros dioses también han sido engendrados de la misma manera».

«Vuestros dioses no son reales: son los fantasmas de vuestro pensamiento, que tiene necesidad de creer. En efecto, esta necesidad es más imperiosa que la de respirar. Aun quien dice que no cree cree, en algo cree; el simple hecho de decir “no creo en Dios” presupone otra fe, que puede ser fe en sí mismo, en su propia, soberbia mente. Creer, se cree siempre. »

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