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Notas de la palabra clave

Los reproches de Jesucristo a los fariseos

Tema: Jesucristo

Comodidad de lectura

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ECR 53.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

53.5 Acuden sacerdotes, rabíes y fariseos. Jesús está todavía en medio del patio, de vuelta de su persecución. El azote está todavía en su mano.

«¿Quién eres? ¿Cómo te permites hacer esto, turbando las ceremonias prescritas? ¿De qué escuela provienes? Nosotros no te conocemos, ni sabemos quién eres».

«Yo soy Él que puede. Todo lo puedo. Destruid este Templo verdadero y Yo lo levantaré de nuevo para dar gloria a Dios. No turbo la santidad de la Casa de Dios y de las ceremonias, sois vosotros los que la turbáis permitiendo que su morada se transforme en sede de usureros y mercaderes. Mi escuela es la escuela de Dios. La misma que tuvo todo Israel por boca del Eterno que habló a Moisés. ¿No me conocéis? Me conoceréis. ¿No sabéis de dónde vengo? Lo sabréis».

Detalle

Jesús acaba de expulsar a los mercaderes del Templo y llegan los sacerdotes.

ECR 174.13 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

He hablado de fidelidad a la Ley, humildad, misericordia, amor, no sólo hacia los hermanos de sangre sino hacia quien por el simple hecho de haber nacido, como vosotros, de hombre, es hermano vuestro. Os he dicho que el perdón es más útil que el rencor, que la compasión es mejor que la intransigencia. Mas ahora os digo que no se debe condenar si no se está exento del pecado por el que se tiende a condenar. No hagáis como los escribas y fariseos, que son severos con todos pero no consigo mismos; que llaman impuro a lo externo, que sólo puede contaminar lo externo, y luego dan cabida a la impureza en su más profundo interior: su corazón.

ECR 206.13 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Cuántos, hoy día, en esta tierra a la que Dios ha enviado a su Verbo! Dios verdaderamente ha invitado, a través de sus siervos — y los seguirá invitando, cada vez más impelentemente a medida que se va acercando la hora de mi Desposorio —, a amigos, a aliados, a los grandes de su pueblo. Mas no responderán a la invitación, porque son falsos aliados, falsos amigos, grandes sólo de nombre pues son mezquinos».

Jesús va elevando cada vez más la voz. Sus ojos — a la luz del fuego que ha sido encendido entre Él y los que le escuchan, para iluminar esta noche en que todavía falta la Luna, que está en fase menguante — lanzan destellos de luz como si fueran dos gemas.

«Sí, son mezquinos. Ya se ve por qué no comprenden el deber y el honor que supone la adhesión a la invitación del Rey. Soberbia, dureza, lujuria crean un baluarte en torno a su corazón. Siendo malos, me odian a mí, a mí, y por eso no quieren venir a mis bodas. No quieren venir. Prefieren unirse a la sucia política, al dinero (más sucio todavía), a la sensualidad (sucísima). Prefieren el cálculo astuto, la conjura, la ratera conjura, la celada, el delito.

Yo condeno todo esto en nombre de Dios. Se odia por tanto la voz que habla y la misma fiesta, objeto de la invitación. En este pueblo han de ser identificados los que matan a los siervos de Dios (los profetas, siervos hasta este momento; mis discípulos, siervos de hoy en adelante), aquí están; y también los que, pretendiendo burlarse de Dios, dicen: “Sí. Iremos”, pensando para sus adentros: “¡Ni soñarlo!”. Todo esto es una realidad en Israel.

Y el Rey del Cielo, para que su Hijo goce de un digno aderezo de bodas, dispondrá que vayan a los cruces de caminos para congregar a todos aquellos que no son amigos o grandes o aliados sino simplemente pueblo que pasa. La convocatoria ha comenzado ya, de mi propia mano, de mi mano de Hijo y siervo de Dios. Indiscriminadamente vendrán... De hecho ya han venido. Yo los ayudo a asearse y engalanarse para la fiesta de bodas.

¡Ah, pero habrá, para desgracia propia, quien se aproveche indignamente de esta magnificencia de Dios — que le ofrece perfumes y vestiduras regias para que pueda aparecer como en realidad no es, o sea, rico y noble —, y se aproveche para seducir, para obtener una ganancia...! ¡Oh, individuo de alma torva, atrapado por el repugnante pulpo de todos los vicios...! Éste substraerá perfumes y vestidos para obtener una ilícita ganancia, para usarlos no en las bodas del Hijo sino en sus bodas con Satanás.

Sí, esto sucederá — en efecto, muchos son los llamados, mas pocos los que, por saber perseverar en la llamada, alcanzan la elección—; pero también sucederá que estas hienas, que prefieren la carroña al alimento fresco, serán arrojados, como castigo, fuera de la sala del Banquete, a las tinieblas y al fango de un lodazal eterno en que Satanás emite su horrible risa estridente por cada triunfo sobre un alma, y en que resuena, eterno, el llanto desesperado de los mentecatos que siguieron al Delito en vez de seguir a la Bondad que los había llamado.»

Detalle

Jesús acaba de contar la parábola del rey que ofrece a su hijo un banquete de bodas. La comenta y habla de los que se niegan a venir a la boda, de los que matan a los siervos de Dios, del Rey del Cielo que va a invitar a los transeúntes (paganos). También habla de los que traicionarán a Cristo y hace una mención del Infierno al final de su discurso.

ECR 206.15-17 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Lázaro se congratula con Jesús. Dice: «Siento que te marches, pero estoy más contento que si te hubiera visto marcharte anteayer».

«¿Por qué, Lázaro?».

«Porque te veía muy triste y cansado... No hablabas, sonreías poco... Ayer y hoy has vuelto a ser mi santo y dulce Maestro. Me alegro mucho...».

«Lo era, aunque guardase silencio...».

«Lo eras, sí; pero Tú eres no sólo serenidad sino también palabra. Esto buscamos en ti. En estas fuentes bebemos nuestra fuerza, y estas fuentes parecían sin agua... Penosa era nuestra sed... Ya ves cómo hasta incluso a los gentiles les ha sorprendido, y han venido a buscarlas...».

Judas Iscariote, al cual se había acercado Juan de Zebedeo, se decide a hablar: «Sí, me habían preguntado también a mí... porque muchas veces estaba cerca de la Torre Antonia, con la esperanza de verte».

«Sabías dónde estaba» responde escuetamente Jesús.

«Lo sabía. Pero no pensaba que pudieras decepcionar a quienes te esperaban. Los romanos también se sintieron decepcionados. No entiendo por qué has actuado así...».

«¿Y tú me lo preguntas? ¿No estás al corriente del estado de ánimo del Sanedrín, de los fariseos y de otros, respecto a mí?».

«¿Quieres decir que tenías miedo!».

«No. Náusea.

206.16

El año pasado, estando solo — uno solo contra todo un mundo que ni siquiera sabía si Yo era profeta —, mostré que no tenía miedo. Y tú fuiste ganado con mi audacia. Hice oír mi voz contra todo un mundo de gente que gritaba; hice oír la voz de Dios a un pueblo que se había olvidado de ella; purifiqué la Casa de Dios de las inmundicias materiales que tenía. No pretendía limpiarla de las bajezas morales, mucho más graves, que en ella anidan, porque no ignoro el futuro de los hombres. Lo hice para cumplir mi deber; por celo de la Casa del Señor eterno, la cual se había convertido en una plaza vociferadora de mercachifles, usureros y ladrones; lo hice para remover de su sopor a quienes siglos de abandono sacerdotal habían hecho caer en el letargo espiritual. Fue el reclamo que debía congregar a mi pueblo, para llevarle a Dios... Este año he vuelto... He visto que el Templo sigue lo mismo... Incluso ha empeorado. Ha pasado de ser cueva de ladrones a ser sede de conjura, y será sede del Delito, y luego lupanar, para terminar destruido a manos de una fuerza más poderosa que la de Sansón que aplastará a una casta indigna de llamarse santa. Es inútil hablar en ese lugar, en el cual, además — te lo recuerdo — se me prohibió hablar. ¡Pueblo desleal a la palabra dada, envenenado en sus cabezas, pueblo que osa poner veto a que la Palabra de Dios hable en su Casa! Sí, me fue prohibido. He guardado silencio por amor a los más pequeños. No ha llegado todavía la hora en que habrán de matarme. Son demasiados los que tienen necesidad de mí, y mis apóstoles no son todavía suficientemente fuertes como para recibir en sus brazos a mi prole: el Mundo. No llores, Madre buena; perdona esta necesidad de tu Hijo de decir, a quien quiere o puede engañarse, la verdad que sé... Yo callo... pero, ¡ay de aquellos por los cuales Dios calla!... ¡Madre, Margziam, no lloréis!... ¡Que nadie llore! ¡Os lo ruego!».

Pero en realidad todos, con más o menos pena, lloran.

Judas, pálido como un muerto, con ese indumento suyo de rayas amarillas y rojas, tiene la osadía de insistir, con una voz gimoteadora y ridícula: «Créeme, Maestro, que estoy sorprendido y apenado... No sé qué quieres decir... Yo no sé nada... La verdad es que no he visto a ninguno de los del Templo, pues he roto los contactos con todos... Pero, si Tú lo dices, será verdad...».

«¡Judas!... ¿Tampoco has visto a Sadoq?».

Judas baja la cabeza y farfulla: «Es un amigo... Le he visto como amigo, no como uno del Templo...».

Jesús no le responde; se vuelve a Isaac y a Juan de Endor para darles algunas recomendaciones relativas a su trabajo. Entretanto, las mujeres consuelan a María, que está llorando, y al niño, que llora al ver llorar a María. También a Lázaro y a los apóstoles se les ve apenados.

Anotación

El año pasado, cuando estaba solo -solo contra todo un mundo que ni siquiera sabía si yo era profeta-, demostré que no tenía miedo y os conquisté con la audacia que demostré. Jesús echando a los mercaderes del Templo impresionó mucho a Judas. Cf. EMV 53, y EMV 54.3.

- ¡Judas! Y Sadoc, ¿no lo has visto? Cf. EMV 201.2.

ECR 217.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« Pero, mientras, Tú, que te dices santo, permites ciertas cosas... Tú, que te dices Maestro, no instruyes primero a tus apóstoles... ¡Míralos, ahí, detrás de ti!... ¡Ahí están, todavía con el instrumento de su pecado entre sus manos! ¿Ves? Han cogido espigas, y es sábado; han cogido espigas que no son suyas: han violado el sábado y han robado».

«Teníamos hambre. En el pueblo al que llegamos ayer por la tarde, hemos pedido alojamiento y comida. Hemos sido rechazados. La única que nos dio algo, parte de su pan y un puñado de aceitunas, fue una viejecita; que Dios se lo pague, multiplicado por cien, pues ha dado todo lo que tenía, pidiendo sólo una bendición. Luego caminamos durante una milla y nos detuvimos, como establece la ley, y bebimos agua de un regato. Después de la puesta de sol, fuimos a aquella casa... Nos rechazaron también. Como puedes ver, en nosotros ha habido voluntad de obedecer a la Ley» responde Pedro.

«Pero no lo habéis hecho. No es lícito, en sábado, hacer obra manual; nunca es lícito coger lo que es de otros. Estamos escandalizados yo y mis amigos».

«Pues Yo no lo estoy. ¿No habéis leído nunca cómo David, en Nob, cogió los panes de la Proposición para alimento suyo y de sus compañeros? Los panes sagrados eran de Dios, estaban en la casa de Dios, reservados, por dictamen eterno, a los sacerdotes. En efecto, está escrito: “Serán de Aarón y de sus hijos, que los comerán en lugar santo porque son cosa santísima”. Y, sin embargo, David los cogió para sí y sus compañeros, porque tenía hambre. Entonces, si el santo rey entró en la casa de Dios y comió los panes de la Proposición en sábado, y ello no le fue imputado como pecado, pues siguió siendo grato a Dios después de ello, ¿cómo dices tú que somos pecadores por coger del suelo de Dios las espigas que por su voluntad han crecido y madurado, las espigas que pertenecen incluso a las aves, las que tú niegas para alimento de los hombres, que son hijos del Padre?» pregunta Jesús.

«Esos panes los pidieron, no los cogieron sin pedirlos, lo cual cambia la situación; y, además, no es verdad que Dios no imputara a David este pecado, porque le castigó con mucha severidad».

«Pero no por eso, sino por la lujuria, por el empadronamiento, no por...» contesta Judas Tadeo.

«¡Basta! No es lícito y no es lícito. No tenéis derecho a hacerlo y no lo haréis.

217.4

Marchaos. No queremos teneros en nuestras tierras.

No os necesitamos. No sabemos qué hacer con vosotros».

«Nos iremos» dice Jesús, impidiendo a los suyos seguir replicando.

«Y para siempre, no lo olvides; que Jonatán de Uziel no vuelva a encontrarse contigo. ¡Fuera!».

«Sí. Me voy. No obstante, nos volveremos a ver. Será Jonatán el que me querrá ver para repetir la condena y para librar para siempre al mundo de mí. Pero entonces será el Cielo el que te dirá: “No te es lícito hacerlo”, y ese “no te es lícito” lo oirás en tu corazón, como pitido de cuerna, durante toda la vida, y después de la vida. De la misma forma que en sábado los sacerdotes del Templo violan el reposo sabático sin cometer por ello pecado, nosotros, siervos del Señor, podemos, dado que el hombre nos niega el amor, tomar del Padre santísimo el amor y el auxilio, sin cometer pecado por ello. Aquí hay Uno que es mucho mayor que el Templo y puede coger lo que quiera de la creación, porque Dios ha puesto todo como escabel de la Palabra. Así que Yo tomo y doy: tomo y doy las espigas del Padre, depositadas en la inmensa mesa que es la Tierra, así como tomo y doy la Palabra. Tomo y doy: a los buenos y a los malos; porque soy Misericordia. Pero vosotros no sabéis qué es la Misericordia. Si supierais qué quiere decir que soy Misericordia, comprenderíais que no quiero sino misericordia. Si supierais qué es la Misericordia, no condenaríais a los inocentes. Pero no lo sabéis. Ni siquiera sabéis que no os condeno. No sabéis que os perdonaré, o, más bien, que pediré al Padre que os perdone. Quiero misericordia, no castigo. No, no sabéis, no queréis saber; y éste es un pecado mayor que el que me imputáis a mí, mayor que el que decís que han cometido estos inocentes. Y sabed que el sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado; sabed que el Hijo del hombre es también señor del sábado. Adiós...».

Se vuelve a los discípulos: «Venid. Vamos a buscar un lecho entre las arenas, que ya están cercanas. Las estrellas serán nuestras compañeras; nos procurará alivio el rocío. Dios, que mandó el maná para Israel, proveerá a nutrirnos también a nosotros, que somos pobres y le somos fieles».

Y Jesús deja plantado al grupo de rencorosos y se marcha con los suyos mientras declina la tarde con las primeras sombras violetas...

Por fin, encuentran una mata de higos picos, en cuya parte más alta, erizada de palas espinosas, están los frutos, que ya empiezan a madurar. Pero... todo es bueno para quien tiene hambre, y, pinchándose, cogen los más hechos y caminan hasta el punto en que los campos terminan en dunas arenosas. En la lejanía se oye el rumor del mar.

«Nos paramos aquí. La arena es blanda y está caliente. Mañana entraremos en Ascalón» dice Jesús... Y todos caen, derrengados, al pie de una alta duna.

Detalle

Los apóstoles tienen hambre y empiezan a arrancar espigas de trigo de los campos al no recibir comida de los habitantes (EMV 217.1). Jesús se encuentra entonces con un grupo de fariseos, entre los que se encuentra Jonatán ben Uziel, miembro del Sanedrín. Este se muestra hostil hacia él y le reprocha al Maestro el comportamiento de los discípulos. Simón Pedro y Judas intervendrán brevemente en 217.3.

Anotación

¿Nunca habéis leído cómo David, en Nob, tomó los panes consagrados para alimentarse, él y sus compañeros? Los panes consagrados pertenecían a Dios, en su casa, reservados por un orden eterno a los sacerdotes. Se dice: «Pertenecerán a Aarón y a sus hijos, quienes los comerán en un lugar sagrado, pues es cosa santísima». Véase 1 Samuel 21, 1-4 y Levítico 24, 9.

Dios castigó duramente a David por su lujuria y por su censo: en cuanto a su lujuria, véase 2 Samuel 12, 9-14 (véase también 94.7). En cuanto al censo, véase 2 Samuel 24, 1-17 y 1 Crónicas 21, 1-17.

Tanto a los buenos como a los malos, pues yo soy la Misericordia. Pero vosotros ignoráis lo que es la misericordia. Si supierais lo que significa, comprenderíais también que solo quiero eso. Véase Oseas 6,6, citado también en Mateo 9,13.

Finalmente encuentran un seto de higueras de India en cuyas copas, erizadas de espinas, comienzan a madurar los higos. Esta mención intriga: se supone que la higuera de India o higuera de Barbaria fue importada de México por Cristóbal Colón. ¿Se trata de un anacronismo flagrante o de un conocimiento poco común de María Valtorta? Véase el comentario.

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Libro del Levítico 24, 9

Lv 24, 9: Pertenecerán a Aarón y a sus hijos, quienes los comerán en lugar santo; pues para ellos es cosa santísima entre las ofrendas quemadas a Yahvé. Es una ley perpetua.

Primer Libro de Samuel, 21, 1-7

1 S 1-7: David se levantó y se marchó, y Jonatán regresó a la ciudad. David se dirigió a Nob, donde estaba el sumo sacerdote Aquimélec; y Aquimélec salió corriendo, asustado, al encuentro de David, y le dijo: « ¿Por qué estás solo y no hay nadie contigo?» David respondió al sacerdote Aquimélec: «El rey me ha dado una orden y me ha dicho: “Que nadie sepa nada del asunto por el que te envío, y te he dado una orden. He fijado un lugar de encuentro para mis hombres. Y ahora, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que haya». » El sacerdote respondió a David y le dijo: «No tengo a mano pan común, pero hay pan consagrado; siempre y cuando tus hombres se hayan abstenido de las mujeres. » David respondió al sacerdote y le dijo: «Nos hemos abstenido de mujeres desde hace tres días, que partí, y los cuerpos de mis hombres son cosa santa; y aunque el viaje sea profano, ¿no queda santificado en cuanto al cuerpo? » Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, pues no había allí otro pan que el pan de la ofrenda, que habían retirado de delante de Yahvé para sustituirlo por pan recién horneado en el momento en que lo retiraban.

Segundo libro de Samuel 12, 9-14

2 S 12, 9-14: ¿Por qué has despreciado la palabra de Yahvé, haciendo lo que es malo a sus ojos? Has matado a Urías el heteo a espada; has tomado a su mujer para hacerla tu esposa, y lo has matado a espada por mano de los hijos de Amón. Y ahora, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado a la mujer de Urías el heteo para hacerla tu esposa. Así dice Yahvé: He aquí que voy a hacer que la desgracia caiga sobre ti desde tu propia casa, y tomaré tus mujeres ante tus ojos para dárselas a tu vecino, y él se acostará con tus mujeres a la vista de este sol. Porque tú has actuado en secreto; y yo haré esto ante todo Israel y a la luz del sol».

David dijo a Natán: «He pecado contra Yahvé». Y Natán dijo a David: «Yahvé ha perdonado tu pecado; no morirás. Pero, como con esta acción has hecho que los enemigos de Yahvé lo menosprecien, el hijo que te ha nacido morirá».

Segundo libro de Samuel 24, 1-17

2 S 24, 1-17: La ira de Yahvé se encendió de nuevo contra Israel, e incitó a David contra ellos, diciéndole: «Ve, haz un censo de Israel y de Judá». » El rey dijo a Joab, jefe del ejército, que estaba con él: «Recorre, pues, todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Bersabé; haz el censo del pueblo, para que yo sepa el número de los habitantes. » Joab respondió al rey: «¡Que Yahvé, tu Dios, multiplique al pueblo cien veces más de lo que es ahora, y que los ojos de mi señor el rey lo vean! Pero ¿por qué se complace mi señor el rey en hacer esto? » Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los jefes del ejército; y Joab y los jefes del ejército se retiraron de ante el rey para hacer el censo del pueblo de Israel.

Tras cruzar el Jordán, acamparon en Aroer, a la derecha de la ciudad, que está en medio del valle de Gad, y luego en Jazer. Llegaron a Galaad y a la tierra de Tahtim-Hodsi; luego llegaron a Dan-Jaan y a los alrededores de Sidón. Llegaron a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y los cananeos, y terminaron en el Neguev de Judá, en Bersabé. Cuando hubieron recorrido así todo el país, regresaron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. Joab entregó al rey la lista del censo del pueblo: en Israel había ochocientos mil hombres de guerra que empuñaban la espada, y en Judá, quinientos mil hombres. A David se le aceleró el corazón después de haber contado al pueblo, y David dijo a Yahvé: «¡He cometido un gran pecado con lo que he hecho! Ahora, oh Yahvé, te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, pues he actuado como un necio».

Al día siguiente, cuando David se levantó, la palabra de Yahvé se dirigió a Gad, el profeta, el vidente de David, en estos términos: «Ve y dile a David: Así dice Yahvé: Te presento tres cosas; elige una de ellas, y yo te la haré. » Gad se presentó ante David y le comunicó la palabra de Yahvé, y le dijo: «¿Vendrá una hambruna de siete años a tu país, o huirás durante tres meses de tus enemigos que te perseguirán, o habrá una peste de tres días en tu país? Ahora, piensa y decide qué debo responder a quien me envía». » David respondió a Gad: «Estoy en una angustia terrible. ¡Ay! Caigamos en manos de Yahvé, pues sus misericordias son grandes; ¡pero que no caiga en manos de los hombres! » Y Yahvé envió una plaga a Israel desde la mañana de aquel día hasta el tiempo fijado; y murieron, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendía la mano sobre Jerusalén para destruirla. Y Yahvé se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que estaba matando al pueblo: «¡Basta ya! Retira ahora tu mano. » El ángel de Yahvé se encontraba junto a la era de Areuna, el jebuseo. Al ver al ángel que azotaba al pueblo, David dijo a Yahvé: «He aquí, yo soy el que ha pecado, yo soy el culpable; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? ¡Que tu mano caiga, pues, sobre mí y sobre la casa de mi padre!»

Aquel día, Gad se presentó ante David y le dijo: «Sube y erige un altar a Yahvé en la era de Areuna, el jebuseo». David subió, según la palabra de Gad, tal y como Yahvé le había ordenado. Areuna, al mirar, vio al rey y a sus siervos que se dirigían hacia él; Areuna salió y se postró ante el rey, con el rostro en tierra, diciendo: «¿Por qué viene mi señor el rey a ver a su siervo?». Y David respondió: «Para comprarte esta era y construir un altar a Yahvé, a fin de que la plaga se aleje del pueblo». Areuna dijo a David: «¡Que mi señor el rey tome la era y ofrezca en sacrificio lo que le parezca bien! Aquí están los bueyes para el holocausto, los carros y los yugos de los bueyes para la leña. Todo esto, oh rey, Areuna se lo da al rey». Y Areuna volvió a decir al rey: «¡Que Yahvé, tu Dios, te sea favorable! » Pero el rey respondió a Areuna: «¡No! Quiero comprártelo por dinero, y no ofreceré a Yahvé, mi Dios, holocaustos que no me cuesten nada. » Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25Y David construyó allí un altar a Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios de paz.

Así se apaciguó Yahvé con respecto al país, y la plaga se apartó de Israel.

Primer libro de las Crónicas 21, 1-17

1 Cr 21, 1-17: Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a hacer un censo de Israel. Y David dijo a Joab y a los jefes del pueblo: «Id, contad a Israel desde Bersabé hasta Dan, y informadme, para que sepa su número». » Joab respondió: «¡Que Yahvé añada a su pueblo cien veces más de lo que hay! Oh rey, mi señor, ¿no son todos siervos de mi señor? ¿Por qué, pues, pide esto mi señor? ¿Por qué traer el pecado sobre Israel?» Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab. Joab partió y recorrió todo Israel, y regresó a Jerusalén. Y Joab entregó a David el registro del censo del pueblo: había en todo Israel mil cien mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá cuatrocientos setenta mil hombres aptos para el servicio militar. No hizo el censo de Leví ni de Benjamín entre ellos, pues la orden del rey le resultaba repugnante a Joab.

Dios miró con desagrado este asunto y castigó a Israel. Y David dijo a Dios: «He cometido un gran pecado al hacer esto. Ahora, te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, pues he actuado como un necio». » Yahvé habló a Gad, el vidente de David, diciendo: «Ve y dile a David lo siguiente: Así dice Yahvé: Te presento tres cosas; elige una, y yo te la haré». Gad se acercó a David y le dijo: «Así dice Yahvé: Elige entre tres años de hambruna, tres meses en los que serás derrotado ante tus adversarios y alcanzado por la espada de tus enemigos, o tres días en los que la espada de Yahvé y la peste estarán en el país, y el ángel de Yahvé causará destrucción en todo el territorio de Israel. Ahora, mira qué debo responder al que me envía». David dijo a Gad: «Estoy sumido en una angustia terrible. ¡Ay de mí si caigo en manos de Yahvé, pues sus misericordias son muy grandes, y no caiga en manos de los hombres!».

Y Yahvé envió una peste a Israel, y murieron setenta mil hombres en Israel. Y Dios envió un ángel a Jerusalén para destruirla; y mientras la destruía, Yahvé lo vio y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que la destruía: «¡Basta ya! Retira ahora tu mano». » El ángel de Yahvé se encontraba junto a la era de Ornán, el jebuseo. David, al levantar los ojos, vio al ángel de Yahvé de pie entre la tierra y el cielo, con la espada desnuda en la mano, apuntando hacia Jerusalén. Entonces David y los ancianos, cubiertos de cilicio, se postraron con el rostro en tierra. Y David dijo a Dios: «¿No fui yo quien ordenó hacer el censo del pueblo? Yo soy quien ha pecado y quien ha hecho el mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho ellas? Yahvé, Dios mío, que tu mano caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero no sobre tu pueblo para su ruina».

Libro de Oseas 6, 6

Os 6, 6: Volvió a quedarse embarazada y dio a luz una niña. Y el Señor dijo a Oseas: «Ponle por nombre Lo-Ruhama (es decir, “No amada”), porque ya no amo a la casa de Israel y ya no quiero perdonarla».

Evangelio de Mateo 9, 13

Mt 9, 13: «Id a aprender lo que significa: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Evangelio de Mateo 12, 1-8

Mt 12, 1-8: En aquel tiempo, un día de sábado, Jesús pasaba por los campos de trigo; sus discípulos tenían hambre y empezaron a arrancar espigas y a comerlas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: «¡Mira, tus discípulos están haciendo lo que no está permitido hacer en sábado!». Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que le acompañaban? Entró en la casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda; ahora bien, ni él ni los demás tenían derecho a comerlos, sino solo los sacerdotes. ¿O es que tampoco habéis leído en la Ley que, en sábado, los sacerdotes, en el Templo, violan el reposo sabático sin cometer falta alguna? Pues os digo: aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubierais comprendido lo que significa: «Misericordia quiero, y no sacrificio», no habríais condenado a quienes no han cometido falta alguna. En efecto, el Hijo del hombre es señor del sábado».

Evangelio según San Marcos 2, 23-28

Mc 2, 23-28: Un día de sábado, Jesús caminaba por los campos de trigo; y sus discípulos, mientras caminaban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le decían: «¡Mira lo que hacen en sábado! Eso no está permitido». Y Jesús les dijo: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se encontraba en apuros y tenía hambre, tanto él como los que le acompañaban? En tiempos del sumo sacerdote Abiatar, entró en la casa de Dios y comió los panes de la ofrenda, que nadie tiene derecho a comer, salvo los sacerdotes, y también dio a los que le acompañaban. » Y les decía además: «El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Por eso el Hijo del hombre es señor incluso del sábado».

Evangelio de Lucas 6, 1-5

Lc 6, 1-5: Un día de sábado, Jesús atravesaba los campos; sus discípulos arrancaban espigas y las comían, después de haberlas frotado entre las manos. Entonces algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?». Jesús les respondió: «¿No habéis leído lo que hizo David un día que tenía hambre, él y los que le acompañaban? Entró en la casa de Dios, tomó los panes de la ofrenda, comió y dio a los que le acompañaban, cuando solo los sacerdotes tienen derecho a comerlos». Y les decía además: «El Hijo del hombre es señor del sábado».